viernes, 11 de enero de 2013

Barcelona y sus barbaroi...


Del Titànic de Azúa al ocaso del cosmopolitismo.

La cosmopolita ciudad de Barcelona, como la república de Weimar frente a la barbarie, está siendo asediada por las hordas nacionalistas que pretenden acabar con los barbaroi que llevan instalados en ella desde cuando no se contabilizaba el paso del tiempo. Políticos deshonestos, rapiñadores y totalitarios, abrazados al martillo de herejes y barbaroi que es el nacionalismo excluyente (tautología que utilizo para quienes acaso piensen que la publicidad de la condición "abierta e integradora" del nacionalismo tenga algún viso de racionalidad) pretenden construir, no se sabe si mediante un "golpe de estado" o mediante "un estado que dé todos los golpes" (como amenazaba el jefe de la policía autonómica), y ya se sabe en la cabeza de quiénes, una Barcelona monolingüe, mononacional, monopatriótica, monofolclórica y monoinformativa, con un modelo autárquico que no tardaría ni un lustro en quitarle a la actual ciudad políglota y multicultural todo el lustre del que ha disfrutado hasta que la ola nacionalista se ha encargado de oscurecerla con los tonos grises del pensamiento atávico y la rigidez mistico-cuartelaria de la subordinación al dios sanguinario de la patria. Barcelona es, hoy por hoy, una ciudad en peligro. El desierto aldeano de la Cataluña eterna, carlista, meapilas y trabucaire, busca apoderarse de su vida metropolitana para convertirla en la expresión irracional de una capital rural que fundamente su dominio en la consecución de esos sueños adolescentes de la unidad, forzada, de los Países Catalanes. ¿Dejaremos que los partidos pardos humillen a Barcelona? ¿Permitiremos que la noche medieval de los delirios milenarios caiga sobre ella? Hago un llamamiento a los barbaroi barceloneses para oponernos a destino tan aciago. ¿Nos resignaremos ante una inmersión que ahogue el mestizaje y cree castas lingüístico-patrioticas? Sí, Barcelona, hoy por hoy, descabezada en su propio gobierno municipal, sin un alcalde que la defienda, obsequioso con la voracidad pseudomitológica del vecino de enfrente, es una ciudad en peligro de muerte política y cultural.

2 comentarios:

  1. El raca raca nacionalista es incesante y tiene abducidos a una buena parte de los catalanes que saben inequívocamente que España les roba, que todos los males del mundo pasan por Madrid, que aquí se es honrado y decente frente a la molicie y vagancia españolas, que aquí se trabaja más que en cualquier otro sitio, que aquí se pagan más autopistas que en ningún sitio del mundo, que aquí somos modernos y europeos frente al atavismo del mundo de los toros castellano andaluz, aquí vivimos en la modernidad y viviríamos mucho mejor, infinitamente mejor, sin ese lastre que es España que nos corroe desde hace trescientos años … Creíble o increíble este es el discurso que tiene su asiento en millones de catalanes. Por supuesto que no resiste una discusión seria histórica que hablara de todo lo que Cataluña se ha beneficiado de la unión con España … pero es tiempo perdido. El discurso monotemático agotador que cualquier emisora, diario o institución catalana difunde desde hace mas de treinta años es este. Es una especie de ensueño colectivo a mi juicio tremendamente peligroso porque acabará con esa Barcelona metropoliitana libre, ácrata, multipolar, genetiana, abierta, plurilingüe, diversa para llevarnos a una sociedad empobrecida, temerosa y ensoberbecida de sus virtudes patrióticas, incapaz de olerse la propia inmundicia y ser conscientes de sus errores y altísimos niveles de corrupción instalada en el corazón del sistema. Probablemente muchos de los que hoy tienen su corazón en la estelada deberían experimentar lo que sería una independencia liderada por el Círculo de Economía, la Caixa, Foment del Treball y su correa de transmisión, la sacrosanta CIU, los chanchullos de los Pujol, y su extremo más folklórico, ERC de los que hemos tenido una amplia experiencia de su seriedad y coherencia. Deberían experimentarlo y además explicarnos que habría que constituir unas fuerzas armadas catalanas y mantenerlas hecho del que no habla nadie, porque cuando se habla desde el discurso catalanista independentista se hace como si iniciáramos el tiempo en un adanismo en el que los que son sujeto político no hubieran roto un plato en su vida y fueran tan inocentes como si acabaran de nacer. Ya se sabe: el mal absoluto, metafísico es Madrid. Aquí somos inocentes, puros y castos.

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  2. Yo no creo en fronteras y la separación de Cataluña me la trae al pairo pues ni siquiera soy de ahí. Sí que soy de uno de los llamados “Països Catalans”, aunque no negaré que la reacción típica de los mallorquines cuando oímos cómo tratan de meternos en su saco está entre el odio y la sonrisa irónica (aunque algunos sí que se muestran de acuerdo y muestran con orgullo la estelada).

    También estudié en la Universidad Autónoma de Barcelona durante años y también comprendo la realidad catalana, y sé que la mayoría de los que hablan de independencia y tratan de darte razones lógicas en general poco saben de lo que hablan. Pero poco puedo contestar a los que me responden que “la terra la portem al cor”. ¿Qué se le puede decir a alguien que te dice eso? Eso no entiende de razones y si la mayoría de catalanes se sintieran así tendrían el derecho a obtener la independencia.

    Por otro lado, siendo más pragmáticos, la economía de Cataluña es mucho más competitiva que la del resto de España, a pesar del paro en la provincia de Barcelona lo consideraréis un hecho, y por ello en caso de ser independientes se les calificaría más positivamente su economía en las agencias de “rating” y por tanto deberían menos dinero equivalente a los intereses pagados por sus deudas. Pragmáticamente a Cataluña les saldría a cuenta independizarse si Europa luego los aceptara como país. Eso no lo digo yo, o me lo ha contado un amigo independentista, lo podéis leer en el New York Times de no hace más que unos meses.

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