miércoles, 2 de octubre de 2013

La realidad y el deseo...

Vida oficial y vida real

Cuando en una sociedad se ha producido el divorcio que existió, por ejemplo, durante las postrimerías del franquismo, ambas vidas, ambas realidades se producen de espaldas la una a la otra. ¿Quién diablos se interesaba por lo que hacían las cortes franquistas, con aquellos "procuradores" elegidos por "tercios"? ¿Quién hablaba de si habían decidido esto o lo otro? ¿Quién conocía siquiera el nombre del presidente, ya que no había fuerzas opositoras, que todos eran expresión magnífica del unanimismo, ¡que no, desgraciadamente, del unamunianismo!? Pues lo mismo ocurre ahora en Cataluña, mutatis mutandi, que no hay que cambiar mucho, la verdad sea dicha, porque parece haberse impuesto un cierto "matonismo ideológico" desde el poder que deja poco lugar a dudas de cuál sea la raíz de planta tan maléfica. Quiero decir con este preámbulo que cuando deambulo, y lo hago mucho, por mi barrio, yo soy un "hombre de barrio", atento al microcosmos, antes que a la hipérbole histórico-mesiánico-mosaica que pretende ocupar toda la realidad sin que, la pobre, pueda traspasar más frontera que la de su reducido mundo de seguidores fanatizados, como la nación manda, me percato, digo, de que el vergonzoso Debat de Política General, que ni siquiera llega, nominalmente, a debate sobre el Estado de la Nación, a pesar de las protestas continuas sobre la ineluctabilidad de ambas pretensiones, no es que haya pasado sin pena ni gloria, sino que ni siquiera ha pasado, ha ocurrido. Ni una frase -porque ideas, todo sea dicho en honor a la verdad, no se ha escuchado ninguna- ni latiguillo ni eslogan ni ningún insulto elegante o desplante ingenioso ha llegado a la memoria de las gentes con las que me he cruzado estos días. Ni en los bancos de la calle, ni en las colas del mercado, ni en la parada del autobús, ni en el bar de la esquina, ni en la charcutería, ni en el súper de toda la vida, ni en los bancos del parque, ni en la copistería ni en la farmacia ¡ni en la barbería! he oído dos retazos de conversación que hayan tenido como objeto el famoso debate de política general. Creo recordar que hay una obra que se titula Los secuestrados de Altona, y me acuerdo del título, pero no del autor, porque no soy persona demasiado leída, sino muy paseada, y me parece que es del todo aplicable a quienes nos representan desigualmente: Los autosecuestrados de la Ciudadela, porque parece que se hayan metido en ella para protegerse de la realidad en vez de para influir en ella, excepto en cuestiones anecdóticas como la reescritura de nuestra Historia taurina comunísima con el resto de España. Como si la famosa quema de los conventos de Barcelona en 1835 no hubiera tenido su origen en una protesta por la mansedumbre de los toros que se lidiaban en la plaza de San Miguel de la Barceloneta...
El título de esta entrada es ya un lugar común, pero fue el título de un libro de poemas cuya lectura sería muy instructiva para cuantos hacen del "choque de trenes o de autos" una filosofía de la Historia. Disculpen el cierre. Me ha dado un golpe de calor intelectual. Prometo enmienda.Estos octubres calurosos acaban con cualquiera.

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