miércoles, 29 de mayo de 2013

La lengua ideológica del amor...

Los amantes monolingües.

Tengo observado que entre la juventud catalana se está produciendo un fenómeno que afectará al  futuro de la comunidad a no muy largo plazo: el establecimiento de lazos amorosos -y a la larga es posible que la descendencia correspondiente- entre  quienes comparten la misma lengua, una tendencia que excluye la fértil unión de parejas mixtas, que, hasta la fecha, eran las más comunes en nuestro territorio. Es sabido que los jóvenes tienen un alto sentido del grupo y de la cohesión grupal, a la que someten cualquier rasgo individual de personalidad por valioso que les pueda parecer. La ideologización abusiva del uso del catalán ha llevado a que nuestros jóvenes se separen por la lengua a la hora de establecer relaciones de amistad y amorosas. Cada vez resulta más extraña la creación de parejas bilingües, en el sentido de la unión de dos lenguas maternas diferentes, y hablamos del catalán y del castellano, porque otros bilingüismos diferentes sí que ganan terreno día a día, y cada vez son más frecuentes las parejas internacionales. En Cataluña, sin embargo, la radicalización del debate secesionista va de la mano de esa división de la juventud  que prefiere emparejarse exclusivamente en una lengua, algo que reza, sobre todo, para el catalán, más cerrado en este aspecto. El dicho coloquial castellano asevera que "tiran más dos tetas que dos carretas", pero si a la carreta va subida la defensa heroica y minyonesca de la lengua catalana, poco pueden las "tetas" castellanas, todo sea dicho con pesar y como demérito de los insensibles a los triunfos del amor. Ahí están los de la CUP, pseudoprogres donde los haya, totalitarios acreditados e ilusos manifiestos, que cortan en seco cualquier intento de aproximación de cualquiera a quien se le ocurra dirigirse a ellos en castellano. El panorama amoroso de Cataluña quizás tenga poca importancia a día de hoy, pero evoluciona, a mi parecer, hacia la clausura de dos comunidades que complicarán, y mucho, la convivencia en el futuro a medio plazo. La quimera de que formemos, los catalanes,  "un solo pueblo", esgrimida por los secesionistas como argumento es falsa de raíz, y este apunte sociológico que aporto insinúa que más nos acercaos al caso belga de escisión comunitaria que al melting pot norteamericano. A mí me parece lamentable, pero el poder de las ideologías se pone de manifiesto en la orientación  de conductas que van incluso contra la naturaleza. Me pongo en la piel de  un nano al que li agradi una Carmen "de bandera" a la que haya de renunciar para que el resto del grupo no se le eche encima y lo machaque por el hecho de que le guste una "espanyolista", porque las ideologías tienen eso, son capaces de borrar  incluso la percepción de lo objetivamente bello, ¡no digamos de lo bueno! Hace poco emitieron por televisión la película sobre el infiltrado en ETA, Lobo, que tanto contribuyó a la lucha contra los asesinos. Lo mejor de la película, con ser, al tiempo, lo aparentemente más inverosímil, eran las reuniones de la banda y sus intentos de pseudorazonamiento. A la que surgía el más mínimo atisbo de discrepancia, uno del grupo entonaba el Eusko Gudariak, todos le seguían, puño en alto y voz en grito, y ahí se acababa la dialéctica, que continuaba, después, con la de las pistolas que eliminaban "físicamente" a quienes se habían atrevido a discrepar, caso Yoyes, por ejemplo.
Mucho me temo que más de un joven catalanoparlante debe de estar hasta los mismísimos de Els Segadors, aunque si supieran que tiene su origen en una canción erótica, y que el bon cop de falç es metáfora transparente, es posible que vieran bien "desviarse" desde la sublimidad del carro hasta donde no es necesario ser un héroe para ser bien recibido.

domingo, 26 de mayo de 2013

El macho lacrado.

La fuerza macha

       Antes, los periodistas -lejos de mí, con todo, asociarme a profesión tan desprestigiada, aunque algo haya de crónica en esta Provincia- solían hablar con los taxistas para pulsar la opinión del "hombre de la calle", según nos dejó escrito el "indignado" avant la lettre Haro Tecglen en memorable artículo en El País. Yo hablo con mi quiosquero. Hoy, sin embargo, en vez de comentar la atualidad, me ha contado una escena sobrecogedora que quiero trasladar íntegra como homenaje a su valentía. Abre el quiosco a las 5'30h de domingo. Mientras desplegaba su atractiva cola de pavo real de la información, ha comenzado a oír gritos de "¡No me pegues! ¡No me pegues! ¡No me pegues!" justo de al lado de su quiosco. Se ha asomado y ha contemplado la escena del pan nuestro de cada día: un hombre golpeaba violentamente a una mujer que, llorando, intentaba calmar con esas peticiones desgarradas a un machotón furibundo que la molía a palos. No lo ha dudado, ha llamado a la policía, lo primero, y a continuación ha cogido la barra de hierro con  la que extiende el toldo para proteger su mercancía y se ha enfrentado al agresor: ¡"Mira, tío, o paras o te abro la cabeza!" A los cinco minutos se ha presentado la policía, que se ha hecho cargo del machorrante. Y hoy domingo nos iremos a dormir sin que la dramática lista de las víctimas de la brutalidad de los machos de la especie humana se haya incrementado, gracias a mi quiosquero. Es una lacra, sin duda,  porque está impresa en el ADN de la nesciencia masculina con el lacre de la resina más pegajosa, y porque en ella se ha imprimido el sello de la violencia ciega -la hay también con buena vista, como la esgrimida por el quiosquero- que algunos machos están convencidos de que los "identifica", y que algunas mujeres, justo es reconocerlo, la contemplan como un virtud, hasta que sufren sus nada virtuosos efectos. En la construcción de "lo masculino" también tiene parte importante la mujer, y es necesario que contribuyan a derrotar el modelo agresivo de la masculinidad machorrante.
Soy hijo de maltratador, y nada nunca me parecerá más despreciable y miserable que la violencia contra la mujer.

lunes, 20 de mayo de 2013

El horror

La explotación sexual

         Las noticias de cada día nos hablan de miles de mujeres  sujetas a la esclavitud sexual en nuestro país sin que las autoridades, al margen de alguna redada esporádica, hagan algo para evitar esa humillante situación. España es, al parecer, el país de la UE donde más dinero mueve el negocio de la prostitución. La pregunta, sobre todo de carácter ético, es, ¿cuál es el nivel de fracaso sexual de las parejas españolas, como para que sea tan alto el consumo de sexo de pago en España? Un consumo, además, que hace abstracción del hecho de consolidar esas redes de esclavitud, lo que convierte a los consumidores en seres de no mayor catadura moral que el personaje de Django desencadenado interpretado por Di Caprio que usaba los esclavos para, como los gladiadores en Roma, satisfacer la compulsión destructiva que le exigía el asesinato, si bien lo cometía por persona interpuesta. Que algunas de esas mujeres sean menores, no parece importarles lo más mínimo a los depredadores sexuales que pueblan los clubes de alterne de las carreteras españ 
No soy enemigo de la prostitución, siempre y cuando ésta se practique en régimen de libertad y voluntariedad personal. La realidad sexual es lo suficientemente compleja como para que la sociedad pueda prescindir del sexo de pago, pero lo que no vale es la "tolerancia" de la autoridad ante situaciones que atentan contra los derechos humanos esenciales, como es el caso del trato de mujeres. Horroriza conocer los destinos que aguardan a tantas y tantas mujeres que están sometidas a esas redes de proxenetas que las explotan como si fueran ganado de engorde. Quizás la penalización del consumidor, no de la oferente, sea la vía más expedita para atajar el problema. Ello y la lucha sin cuartel contra las redes extorsionadoras.

            Esta reflexión me la ha sugerido el conocimiento personal de un caso de prostitución inducida de un joven estudiante de 13 años nada agraciado que había sido seducido/sometido por un compañero suyo que abusaba de él y que, además, "invitaba" a otros jóvenes mayores a "gozar" de su posesión, ignoro si con recompensa de por medio o no. El caso es tan patético y doloroso que uno no sabe si es hijo de la crisis o la crisis es hija de seres tan deleznables como el de ese abusador/proxeneta.
Evidentemente, el caso está ya en conocimiento de la policía.

domingo, 12 de mayo de 2013

Seres Singulares

Las palmas

No son las de Gran Canaria, ni las del domingo de Ramos. Ni siquiera las concertadísimas de los palmeros flamencos sin las cuales no se pueden ni cantar ni bailar unas bulerías o unas alegrías ajustadas al palo y al canon, como exigen los cabales. Cuando uno (yo, claro, pero "adoro", a lo galo..., la despersonalización) tiene la suerte de ir por la calle sin hacerlo cabizbajo, esto es, sin restringir la existencia al escaso territorio de 12 x 58 del Iphone,  Ipad o comoquiera que se llamen, que lo ignoro, no es infrecuente dar con sujetos que hacen de una singularidad su razón de estar, de transitar, y acaso de ser, pero para eso se ha de tener una perspicacia de narrador omnisciente que no pretendo reclamar como "marca de la casa". Hace tiempo hablé del anciano que besaba los árboles como emotiva acción de gracias y como comunión, interpreté, con la escasa naturaleza que la sociedad moderna permite que se desarrolle en la ciudad. Hoy quiero traer a este observatorio a un hombre de mediana edad, barbado, lentudo, tocado con mochila y con inequívoco aire de sindicalista muy reivindicativo, que ama por igual a los niños y a los perros, que camina por el barrio sin dejar de dar palmas continuamente. No es un maestro del compás, ciertamente, e ignoro su origen. Las facciones parecen indicar un aire sureño, pero bien podría ser de Palafrugell. ¿Quién no recuerda que el fallecido Secretario General de Convergència, Pere Esteve, parecía auténticamente un tunecino? Con su mochila al hombro, los pantalones vaqueros y un andar decidido, como el de quien sabe a dónde va, este hombre madurado se anuncia con el repiqueteo de las palmas, pero no son éstas prólogo de ningún mensaje ni él pregonero de unas nuevas que no comparecen. Pero no ceja. Da igual la hora del día o de la noche. Solo abandona el palmoteo si acaricia la cabeza de un niño o se deja olisquear por un perrillo al que luego también acaricia. Acto seguido, ¡zas!, de nuevo al repicar de palmas con un único ritmo que no le complica la existencia antimusical de su singularidad. La dimensión social de ésta es evidente, y no sé cuántos vecinos seremos los que nos hemos percatado de su perseverancia palmera, pero se ha vuelto un "fijo" del barrio. Desde la frecuentación de la poesía, quiero creer que se trata de un lector de Jorge Guillén, amante del mundo "bien hecho" y "pleno"; pero desde la experiencia "a pie de calle", he de reconocer que se trata de una perturbación monomaníaca completamente inofensiva. Los ojos le brillan, tiene presta la sonrisa y, algunas veces, hasta me ha parecido escuchar un conato de tarareo que nada tiene que ver con eslóganes o consignas, sino con una extraña y compleja melodía interior que se sencilla en su torpe repiqueteo. Digamos que es un especialista en perder el compás.

sábado, 4 de mayo de 2013

Salarioscurantismo...


Las oscuras fuentes de los ingresos, el inviolable santuario del patrimonio...

            Hablar de dinero, y más concretamente del salario y del patrimonio es algo que va más allá de lo que solemos entender por privacidad o propiedad privada: cae de lleno en el ámbito de lo sólo equiparable a los "secretos de estado", esto es, a las "cloacas del poder", de las que tan gráfica como maquiavélicamente hablara F.G. en su día. Popularmente suele repatear que el Fisco haya de saberlo todo y quienes pueden, como es público y notorio, se inventan mil artimañas pseudolegales, por personas y/o empresas interpuestas, para volver opaco lo que debería ser de dominio público. Ni siquiera entre los autodenominados progresistas está bien visto eso de que se sepa "cuánto gana" uno o cuál sea el patrimonio que ha ido acumulando. Nos cruzamos unos con otros por la calle, vecinos, amigos, familiares y desconocidos, y si supiéramos la verdad de esos ingresos nos llevaríamos un chasco tremebundo. Aún recuerdo la estupefacción de un amigo que aprobó las oposiciones a profesor de Secundaria y pasó de ganar 40.000 pesetas a 70.000 cuando se enteró de que la tía de una amiga suya ganaba 75.000 ¡despachando billetes en el metro! 
             Ya entonces el "misterio de los salarios patrios" era para mí motivo de reflexión, sobre todo porque en la casa familiar el "sobre" con el salario del padre, que se guardaba en el armario de la habitación de los padres, jamás en una entidad bancaria, nunca llegaba con sobrante a final de mes, y si había por medio alguna compra imprescindible, de esas que antes eran "de primera necesidad" y que ahora parecen "de último capricho" (los de tantos y tantas consumistas que llenan su ocio con actividad tan deleznable), no había más remedio que pedir un anticipo.
         En la era de la hiperinformación, de la glasnost, de la transparencia, de las "nóminas de los políticos sobre la mesa", el misterio del salario de los amigos y vecinos, y hasta de los familiares, constituye un enigma que no lleva trazas de ser resuelto. Socialmente se considera una impertinencia y una grave falta de educación hacer una pregunta como: "¿Y tú cuánto ganas al mes?" Y si alguien se atreve a formularla, no es extraño que se encuentre con un: "¿Y a ti qué te importa?" que aborta la conversación de forma expeditiva, seca, malencarada y definitiva. Hay personas para quienes la violencia de una respuesta así les resulta imposible de ejercer y, delatándose con una sonrisa conejil, se escabullen con un "mucho menos de lo que tú te imaginas", que nos fuerza multiplicar por 2 o por 3 lo imaginado.
          Ignoro si en todos los países sucede lo mismo, pero tengo la impresión -corroborada por años y años de reflexión y conocimiento de datos al respecto- de que la anárquica estructura de sueldos o ingresos de nuestro país refleja una realidad social en la que la formación apenas cuenta para establecer expectativas razonables sobre lo que un trabajador puede llegar a cobrar según sea su formación. De hecho, no deja de ser una de las grandes ironías de nuestra organización social que un buen número de nuestros investigadores, de cuyo trabajo depende en buena medida el desarrollo económico del país, formen parte del ejército de mileuristas, si es que llegan.
           Todos solemos ser muy reacios a confesar nuestros ingresos: nos parece un acto de nudismo exhibicionista. Si cobramos poco, porque no queremos airear nuestras miserias; si cobramos mucho, porque no queremos ofender a los que cobran menos y están cerca de nosotros. Pero lo objetivo es que en ningún otro país como el nuestro dista tanto lo que se cobra de lo que se merece cobrar en función de la formación y de la dificultad intrínseca (tecnológica o intelectual) del trabajo en sí. 
             Por otro lado, y no es el menos importante, hemos de considerar el nivel de las retribuciones en función de la responsabilidad que se asume. Un caso paradigmático es el del presidente de gobierno cuyo sueldo, 78.185€ anuales, es casi la mitad de lo que gana Artur (léase Art[ú]r, no el [Á]rtur anglicizado) Mas, 144.030, teniendo en cuenta el muy diferente nivel de responsabilidad de cada uno de ellos. De ese tenor podemos multiplicar los ejemplos y, según el caso Bárcenas, también las corrupciones.
            Quienes viven del sueldo de funcionarios saben bien el escaso valor  que ha tenido siempre su sueldo, en comparación con la "empresa privada", por más que ahora, en tiempos de crisis, a todos les parecen "un lujo" esos sueldos. Ya nadie parece querer acordarse de cuando un encofrador, en los buenos tiempos del ladrillazo, ganaba su heroso millón de pesetas mensuales. 
             Sí, necesitamos una revolución copernicana en la estructura laboral de retribuciones. La ley de la oferta y la demanda no puede pasar por encima del mérito, de la formación, de la competencia y de la responsabilidad. ¡Cuantísimo caudal humano no se ha llevado por delante la ceguera de nuestros políticos! ¡Cuantísimos jóvenes, para quienes el estudio ha sido, es y será una auténtica "bicha", acaso por influencia del medio social en que viven, no son ahora ni-nis patéticos que acaso tendrán que ir pasando de subvención en subvención hasta la jubilación final con una paga de miseria. Casi casi es aquella chistosería del vivir de los padres hasta poder vivir de los hijos, que se proclamaba como el ideal de la pigricia patria...    

[Nota: Gano 5 veces el salario mínimo y tengo un patrimonio neto de una anualidad de dicho salario] Las deudas me las reservo...