martes, 24 de septiembre de 2013

Mosaico (sin segundas) dominguero...

Teselas polícromas de un domingo municipal y espeso...

     He de reconocer que Barcelona, desestelada, cambia mucho, y para bien. La ciudad se vuelve más habitable e incluso no saber de qué pie demagógico calza el vecino con quien nos cruzamos nos permite relajarnos e imaginar que tanto afán secesionista no es más que una lluvia de finales de verano, de esas que nos llenan de melancolía el corazón cuando nos despedimos del lugar de veraneo donde sepultamos tan buenos propósitos como llevamos al llegar.
     Una pareja de jóvenes de 14 años en Montjuïc. No saben qué decirse. Están parados. "¿Adónde vamos?" "No sé, donde tú quieras, me es igual". "No, escoge tú, de verdad". Y vuelven a pasar legiones de ángeles. Son guapos, los dos. Él repeinado a la gomina, como un chulo de baja estofa. Ella, provocativa, sin llegar a putón verbenero. Es indudable que se gustan. Pero son dos almas intransitivas. No sale nada de ninguna de ellas hacia la otra. Ni palabras. Se aburren. Como las clásicas ostras. Aún no bostezan. En el fondo piensan que se lo estaríab pasando mejor con los y las colegas, en vez de forzar una unión de pareja a la que poco pueden aportar, además de que se gustan "a rabiar". Y ahí se acaba la cita. Y las comillas. Son expresión directa de la precipitación y la ignorancia. Aún no han empezado a vivir y quieren tener un pasado hecho y derecho. Recuerdo Dos en la carretera. El final, claro. Pero son dos críos.
       Doy vueltas a l'Escorxador como meritorio fondista de vía estrecha. Me llega la música del escenario que hay ante la fuente de Montjuïc. Pasan bandadas de nenas impacientes y nerviosas, porque van a ver a sus ídolos musicales, que cantan en inglés desembotellado. Son casi todas esqueletos andantes, puros huesos que triunfarían en la fiesta de Todos los Santos en México (dígase Méjico). Los cantantes quieren oír el calor del público y se empeñan en que borregueen a voz en grito algunas respuestas que les estimulen. Tengo la sensación de que solo irán niñas al concierto. Me pregunto cuántas se estelaron más de una semana atrás. 
       El Ayuntamiento paga las fiestas de la Mercè. No ayuda como debería a las familias en riesgo de exclusión social -doy fe profesional- , pero ofrece todos los espectáculos "gratis" a sus saqueados vecinos. Mientras me estiro sobre la verja de la guarida de la grúa, infernal Hades donde los haya, me viene a la cabeza la soberbia del alcalde y sus deseos olímpicos invernales.
Regreso a la carrera por Diputación y continúo con la estadística de las banderas. Siempre me sale el mismo resultado: son una minoría.
      Como en un restaurante francés. Los clientes hablan en castellano, alemán e inglés. 
      Leo el diario y  hago punto de Cruz. ¿O fue ayer? Su artículo es imperecedero.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Pederastia ideológica secesionista



A SU IMAGEN Y SEMEJANZA: 
La paidófila manipulación secesionista de la infancia.

         El señor Homs, portavoz del gobierno de la Particularidad, ve con buenos ojos y por lo tanto razonable que los adultos abusen ideológicamente de personas en periodo de formación para, mediante poderes taumatúrgicos, diseñarlos a imagen y semejanza de sus progenitores, tutores, maestros -hay vídeos en youtube que son prueba inequívoca de esa demencia nacionalista-, etc. Entiendo que quien no quiere respetar la pluralidad ni sabe qué significa gobernar para todos los ciudadanos, independientemente de su opcion política, se preocupe por asegurar el relevo generacional de sus innumerables agravios comparativos, de la exaltación por sus numerosas derrotas y de otros extremos propios de la ideología que ni gobierna ni legisla, pero que sí se lucra con el ejercicio de su limitado poder;  pero lo conocido sobre el alcance del lavado de cerebro de las generaciones de niños catalanes que fueron exhibidos el día de la vía estrecha a la independencia como auténticos animales de feria y el uso que de ellos se ha hecho en algunas escuelas, roza lo permitido por el código penal. 
          La sociedad tradicionalista  -entre quienes se ha de incluir a buen número de los yayos y yayas que se manifestaron, enérgico bastón en ristre, el otro día-  no ve con buenos ojos que las parejas homosexuales tengan derecho a la adopción, porque, suponen ellos, que harán lo posible para que el niño o la niña adoptada se convierta en homosexual. Este prejuicio nos sirve para entender mejor la perversa tolerancia hipócrita de esa misma sociedad tradicionalista con  una práctica que se aparta años luz del ejemplo citado. La falta de respeto a los derechos de los niños que se ha observado en Alò3 -televisión a la que ya dediqué en su día una entrada: ( http://provinciamayor.blo,gspot.com.es/2013/04/alo-3.html)- 
y la contemplada el día de la diada de exaltación secesionista forma parte de esa pederastia ideológica que consiste en hacer de los niños propios réplicas de los adultos, en vez de formarlos en el espíritu crítico y en el uso de la razón.  Como yo he vivido en mis propias carnes ese abuso de la Formación del Espíritu Nacional, tan de moda en nuestro sistema escolar y familiar catalán, sé cuál es el futuro de esa alienación infantil y cómo, en el futuro, se volverá contra quienes ahora, amparados en la transmisión de valores familiares, están inculcando la semilla del odio, del desprecio y de la infatuación megalómana. Se volverá contra ellos y provocará agrios y tristes divorcios por el abuso de poder que ahora los niños no pueden comprender, pero que luego les pesará como una violación dramática de su derecho a una formación integral, basada en la razón y en el espíritu crítico, esto es, en el ejercicio del razonamiento, no en la repetición de las consignas. La futbolización de las ideas, la fanatización de ellas es el abuso de hoy, pero será el amargo reproche del mañana, al menos entre quienes consigan convertirse en auténticos individuos libres, cuyo número deseo generoso, para su bienestar y su bienser.

domingo, 15 de septiembre de 2013

DE DEBAJO DE LAS PIEDRAS

Masa, individuo y caenas.

Hoy es un día ceniciento. Chispea. Desaparecidos la grana y el oro de las cubanyeras del paisaje ciudadano, pañales del capricho, la urbe recupera su presencia habitual. Desde la calle llega el sonido sordo de las zapatillas de corredores que celebran, con excesiva antelación, la festividad de la patrona de la ciudad, aunque en vez del incienso escogen el sudor matutino, pero la patrona no cambia, ahí está, rindiéndosele tributo por ser quien fue. Pocos corren cubañerados y tampoco han crecido los gritos abanderados de los balcones, a pesar de la ola de público fiel al espectáculo de la afirmación que es negación y exclusión del otro si no comulga con los credos de esa supuesta mayoría que jamás ha sido testada en las urnas de unas elecciones en las que quienes deseen proclamar la ¿*? [República, Virreinato, Veguerelandia, Estat, a secas..., que cada cual rellene a su gusto, aunque la polémica para escoger qué fuera podría durar años..., sin acabar resolviéndose...]catalana lo dijeran expresamente a sus futuros electores en el programa con que se presentaran, y que, de salir escogidos, supusiera la negativa inmediata a asumir ningún poder que estuviera dentro de la Constitución española ni al amparo de ninguna de sus leyes, por lo que, de hecho, se constituirían como gobierno rebelde contra el reino de España y aspirarían a obtener el reconocimiento internacional que les permitiese consolidarse como tal estado. ¿Darán ese paso los de CiU, que solo piensan en asegurarse la mensualidad y en que devengue, en el caso de Mas, generosa pensión de jubilación tras el ejercicio de su breve poder liante? Me temo que quizás no vayan por ahí los tiros, los retóricos, se entiende... Cuando se ha hecho de la indefinición y la conservación del poder una ideología, como en el caso de CiU y del psC, la realidad se ve con diferentes ojos de los del resto de la ciudadanía. 
Los ecos de la celebración de la derrota del 11-S, de la mayúscula torpeza política de elegir el perdedor -un caso parecido al de Mas a legislatura de hoy- dejan el poso de una amenaza en el ambiente: si la secesión triunfara, saldrían secesionistas de debajo de las piedras, del mismo modo que cuando triunfaron los nacionalistas rebeldes a la república, salieron aquí franquistas de debajo de las mismas piedras, con la palma de la mano bien tiesa y terne el ademán. Si cometieran el error primario de declarar unilateralmente la independencia de nuestra autonomía y hubiera de ser intervenida por la fuerza, igualmente saldrían constitucionalistas de debajo de esas piedras, siempre dispuestas, por lo que se ve, a cubrir el impulso acomodaticio de las personas movidas por los resortes del egoísmo personal. El sistema educativo de la Particularitat, puesto que solo gobierna para los secesionistas, no para todos, se ha empeñado en formar masa en vez de formar individuos con espíritu crítico, capaces de pensar por sí mismos y anteponer la razón a la divinidad nacional.
En todo caso, los individuos libres de las ataduras de la "obediencia debida" a los dioses de la nación, hemos de estar satisfechos y darles las gracias a señoras como la Forcadell, o la Casals de Unum Cultural, por volver a ofrecernos, como antes nos lo dio el patán ventrudo que fue Franco, un hermoso motivo para luchar contra el fascismo, esa suma de valores tradicionales "de toda la vida", presididos por el repique de las campanas "del único dios verdadero" que tiene el detalle, además, de dirigirse a sus súbditos en la única lengua nacida para hablar con él...; además de un rosario de exclusividades antropológicas que serían de tediosa enumeración, y en la que no sé si los de "vivan las caenas" incluirán a Josep Pujol, el famoso pedómano..., aunque por tradición, embolica que fa fort..., lo más seguro es que ocupara un lloc d'honor, como glòria catalana, pues tiene su importancia pasear por el mundo la tibia fragancia de les seques...

miércoles, 11 de septiembre de 2013

De Haffner a Pérez.


                        

Historia de un catalán

Sirva el título de homenaje a un libro que nunca leerán con simpatía los secesionistas catalanes: Historia de un alemán, de Sebastian Haffner, escrito por su autor al hilo de los acontecimientos históricos que llevaron a la sociedad alemana a un cul-de-sac nacionalista del que aún están saliendo con no pocas dficultades. Leer ese libro y hacer un cotejo con nuestra sociedad catalana es un ejercicio de obligado cumplimiento porque en él se explica, desde la vida cotidiana, que es donde yo tengo montado mi observatorio, cómo fue posible que la irracionalidad perversa del nacionalismo se apoderara de todo un pueblo, salvo excepciones honrosas, pero impotentes ante una realidad que derivó hacia el estado policíaco bastante antes de llegar Hitler al poder. Los mecanismo de la mentira repetida ad nauseam, de la exaltación patriótica acrítica, de la comunión con el ídolo nacional, de la supremacía de la condición de catalán-catalán, aunque haya escasos ejemplares, dado el mestizaje de nuestra sociedad, si bien no son pocos los que se adhieren a esa xenofobia de la que extraen una suerte de exultante autoexaltación soberbia que les hace creerse "de otra pasta", y, los más extremistas, "de otra raza", Rh incluido; todas las estrategias tradicionales, digo, de los rancios nacionalismos totalitarios y expansionistas que refleja Haffner en su libro pueden descubrirse, sin tener que rebuscar demasiado, en nuestra asfixiante sociedad dominada mediáticamente e institucionalmente por el discurso nacionalista, ahora ya incluso por la amenaza secesionista. Haffner reprochaba a sus compatriotas, sobre todo, la cobardía ante las pruebas manifiestas de irracionalidad del Movimiento Nacional que se había llevado por delante viejas virtudes alemanas de tolerancia y crítica  y la servil sumisión  a ideales que deformaban la realidad hasta, por un lado el esperpento, y, por otro, la acción criminal. Hace unos días pasaron por televisión, no Alò3, claro, una película, Napola, sobre las escuelas de élite del Movimiento Nacional nazi, dirigida por Dennnis Gansel, el director de La ola, un experimento fílmico sobre el origen del fascismo, y en ella se observaba a la perfección la perversión del nacionalismo, de todos los nacionalismos.
En toda la sucia bazofia de propaganda que se nos trata de inocular día tras día desde este segundo Movimiento Nacional que a algunos nos está tocando vivir, para nuestro mal, hay una petición de principio que quisiera rebatir: que con la creación de un estado catalán independiente nada cambiaría respecto de la situación actual en la relación con el resto de España, y menos aún entre los catalanes dentro del nuevo estado. No es posible que desde el uso de la razón -no de las pseudorazones que son la propaganda y las creencias ideológicas- pueda ofrecerse una tesis semejante. La historia de este catalán que esto escribe es más que contraria a aquella tesis. No hace ni tres días que en una cena con unos amigos con quienes antes hablábamos de todo, insisto, de todo, ni siquiera mencionamos, como un pacto tácito previo, ni la vía catalana ni la situación de la política catalana ni nada de nada: nos centramos en las enfermedades, la familia y algunos excelentes chistes sobre la Botella. Es evidente que algo ha cambiado poderosamente y que sobrevolaba el encuentro la más que seria posibilidad de que una amistad de 40 años pudiera deteriorarse dolorosamente, aunque el silencio sobre ciertas zonas de la realidad nuestra de cada día ya es en-sí, un deterioro evidente. Si extrapolamos, y es legítimo hacerlo, esa situación a la relación de esa futura Cataluña independiente con el resto de España, ¿en qué cabeza cabe que los analistas secesionistas nos hablen de una realidad económica que no se verá alterada ni un ápice, lo que implica unas cuentas públicas de las que, restada la solidaridad interterritorial actual, sólo se derivarían jaujas para los catalanes? Quienes hemos tenido la desgracia de vivir un Movimiento Nacional en nuestra juventud, nos hallamos ahora, a la puerta de la vejez, sufriendo otro. Se mire como se mire, vivir dos Movimientos Nacionales en una misma vida es una condena trágica sin que medie una culpa objetiva que pueda justificarla. 
La historia de un catalán, inédita es La historia de un alemán, édita, punto por punto. Y desde la vida cotidiana, no desde las mentiras de los historiadores.

viernes, 6 de septiembre de 2013

A la vejez, español de allá...

Paradojas catalanas

         Que los hijos que rondan la cincuentena no puedan encargarse día y noche de sus padres es una realidad tan aceptada que a nadie sorprende que el mercado laboral haya generado una demanda de cuidadores que se hagan cargo de esas personas próximas a la muerte o a la invalidez. Lo sorprendente es, aquí en Cataluña, que la mayoría de esos cuidadores son de origen sudamericano, lo que, para un buen número de mayores catalanoparlantes que por fin han conocido una Cataluña catalana en la que un gobierno -el de unos pocos, que no de todos- impone la lengua catalana, multa por usar el castellano e ignora no sólo el bilingüismo real de la sociedad sino que desprecia a la mayoría que tienen el castellano como lengua materna, más del 60% de los catalanes; que para esos mayores, digo, no deje de ser una paradoja que se vean forzados, en sus postrimerías, a desempeñarse lingüisticamente en la lengua de Cervantes. Es cierto que todos ellos, en mayor o menor medida, por razones históricas, lo dominan y son competentes, si bien no es menos cierto que el castellano con el que han de vérselas no es el de Valladolid o Logroño, sino con variantes que, a veces, se les hace difícil de entender. Es curiosa esa relación catalanohispánica que se ha forjado en tantos hogares y que, por la dedicación, afecto y profesionalidad de esos cuidadores ha significado una nueva perspectiva en la "cuestión catalana". Sé de hogares en los que la cerrazón secesionista de los hijos choca con la incomprensión de esos mayores que agradecen los cuidados y la compañía, sobre todo la compañía, de esos nuevos inmigrantes que les permiten llevar una vida próxima a la calidez humana. Son trabajadores, es cierto, pero realizan un trabajo que no se puede hacer a desgana o mecánicamente, como las impersonales relaciones sociales habituales nos tienen acostumbrados. Me cruzo a menudo con estas parejas desiguales por las avenidas y los parques cercanos a mi domicilio, o coincido con ellas en los supermercados, y doy fe de la naturalidad, espontaneidad y concordia con que se conducen. Incluso diría que muchos de esos ancianos dan gracias por haberse librado de la tortura reivindicativa de unos hijos que no hacen sino echar pestes de a quienes ellos defienden desde una tolerancia que no pueden hallar, para su tristeza, en esos vástagos suyos retorcidos por la ideología del rencor.