viernes, 29 de diciembre de 2017

Apostillas al documento presentado por Iceta al Duodécimo Congreso del psC. VI


Sexta entrega: Crónica del fracaso "nacional" anunciado del socialismo catalán... 

La necesidad de renovar el proyecto nacional del socialismo catalán
Ciertamente tenemos los mismos retos que toda la izquierda europea. Pero nuestro combate se desarrolla en una nación concreta, Catalunya, que comparte *con el resto de pueblos de España un mismo Estado, **que no reconoce todavía plenamente su plurinacionalidad, pluriculturalidad y plurilingüismo, que no es todavía plenamente el Estado Federal que deseamos.
         *Ya he señalado con anterioridad que los españoles no se ven a sí mismos organizados en “pueblos” al modo político como en esta ponencia se usa y cuya raíz romántica tan lejos está de la ciudadanía constitucional que representa la votación de la Constitución de 1978. Por este camino conceptual se acortan tanto las diferencias ideológicas con el nacionalismo que el PSC se vuelve masa indiferenciada, al integrarse en ese discurso emocional.
         **Sí que lo reconoce. Y reconocer que lo reconoce sería el primer mensaje que marcaría distancia con el discurso exclusivista del nacionalismo. ¿Cómo no va a reconocerse la pluriculturalidad y el plurilingüismo en un país cuyas diferencias culturales y sus cuatro lenguas nos convierten en quizá el país más singular de Europa? Debajo de esa queja, más que juicio, late el afán soberanista, e incluso secesionista, porque lo que se alimenta con ella es el marcar distancias para exagerar los supuestos “fets diferencials” que, “al capdavall” no van más allá de lo anecdótico, de lo folclórico, si no se quiere caer en el joseantonismo de la unidad de destino en lo nacional, lo universal y todos esos absurdos nacionalistas e imperialistas tan del agrado de D’Ors. Reconocer que el Estado reconoce las nacionalidades y proclama que lo específico de España es la pluralidad de costumbres, culturas, lenguas, etc., y que ello es, acaso, su principal riqueza como país, es defender una realidad objetiva, lo cual no implica que no sea perfeccionable, pero lo que un partido socialista no puede hacer es pasarse, acríticamente, al bando nacionalista, so pena de renunciar al socialismo como guía inspiradora de su acción política.
 El proyecto socialista en Catalunya está estrechamente ligado a una concepción radicalmente democrática del autogobierno, que *interpreta el catalanismo político desde una perspectiva progresista, de unidad civil y de cohesión social, y que encuentra en **el federalismo el hilo conductor de un entendimiento fraternal con el resto de los pueblos de España, de Europa y del mundo.
         *Sobre el mito de la “unidad civil” y la “cohesión social” habría mucho que hablar. Tan tópicas expresiones ¿acaso sugieren que yo me he de sentir cohesionado y unido a sujetos indeseables como Millet o como el paniaguado Àngel Colom, como los filomafiosos Prenafeta y Alavedra? ¿Qué suerte de expresión querubínica  es ese canto de la unidad y de la cohesión? ¿Acaso no defiende el socialismo intereses sociales que poco o nada tienen que ver con los de otros colectivos a quienes representan otros partidos, como ha de ser en democracia? ¿A qué vienen los cantos navideños del amor universal? ¡Menuda ingenuidad! El párrafo parece sacado de una película de Capra, pero sin su sabiduría narrativa, claro está. Lo que el socialismo ha de buscar es la defensa de aquellos que menos posibilidad de defenderse tienen frente a quienes detentan poderes capaces de imponerse hasta el extremo de regresar a formas de esclavitud laboral que creíamos superadas, como ocurre con los contratados en las explotaciones agrícolas de la unida y cohesionada Cataluña, por ejemplo, o en los talleres clandestinos de las mafias chinas, por poner otros ejemplos no connotados “nacionalmente”. Tengo para mí que cada vez que oigo esos salmos unitarios lo que se está escondiendo es que la desunión y la falta de cohesión son ya una realidad, y que se manifiesta, por ejemplo, en los altísimos índices de abstención que hay, o en los cada vez más frecuentes choques culturales entre la Administración catalana y quienes quieren ejercer su derecho al uso del castellano, como lengua propia de Cataluña que es, porque negar eso es convertir en “impropia” a la mitad de los habitantes de nuestro país o, como sugirieron los soberanistas, en una “anomalía histórica”, ¡tan cerca, ay, de la “animalía” con la que esos patriotas suelen caracterizar a los otros catalanes!, como es frecuente leer en las publicaciones de esos ámbitos ideológicos.
         **No ignoro el porqué de la contumacia con que se vuelve una y otra vez al mito del federalismo piimaragalliano, que no es otro que la necesidad de autoafirmación simbólica en el establecimiento de la “diferencia”, de la “distancia”, de la “otredad”, como rasgo identitario. ¿Es necesario repetir que el federalismo ya está aquí y que recibe el nombre de España de las Autonomías? ¿Sorprende aún a alguien el hecho de que seamos una monarquía autonomista? La aceptación del diseño constitucional, con todas sus carencias, sus limitaciones y sus incongruencias sería el mejor mensaje que podría llegarles a nuestros votantes. La pereza conceptual nos lleva a veces a inercias que, aun teniendo encomiables tradiciones, han de ser superadas para renovar, para actualizar los mensajes socialistas. El entendimiento fraternal no se produce entre pueblos, sino entre personas. Convendría, pues, usar un preparado de laboratorio para combatir la caspa de los mensajes, que tan poco dice del espíritu innovador de a quien se le cae en ellos.
El pacto constitucional de 1978 fue una meta histórica en el proceso de conciliar el ansia de autogobierno del pueblo catalán y la vertebración de un proyecto español común adecuado a una nación de naciones. Ciertamente el desarrollo del autogobierno de Catalunya y el proceso de reconocimiento de la realidad plurinacional de España han topado con *obstáculos e incomprensiones, entre las que destacan la presión centralizadora y uniformizadora de la derecha española que ha encontrado en algunos sectores progresistas una complicidad o una pasividad descorazonadora. **La hostilidad de la derecha española es también la principal causa del bloqueo a la reforma del Senado, pieza imprescindible en la evolución federal del Estado de las Autonomías, a través de la reforma de la Constitución.
         *Algo errado va el juicio sobre la “presión centralizadora” de una derecha que antes bien ha hecho bandera del autonomismo frente a la Administración Central, sobre todo si está gobernada por el PSOE, como hemos tenido ocasión de comprobar repetidamente en sus insubordinaciones frente a las propuestas y directrices de la Administración Central. El conflicto ha de plantearse, a mi parecer, en otros términos y, sobre todo, ha de hacerse una poderosa autocrítica del modo como se ha entendido esa pluralidad. En cierta manera, es paradójico que se reclame el plurilingüismo en el Estado y que se niegue desde la Administración catalana, que se convierte así en una monstruosa paradoja gobernante: se queja de que no se reconoce lo que ella no está dispuesta a reconocer. Por este camino sólo se llega al ridículo intelectual, aunque, desde según qué perspectivas nacionalistas, se accede a la gloria del más acendrado patriotismo…
         ** ¿Por qué no correr un tupido velo sobre una reforma del Senado que con gobiernos de mayoría absoluta el PSOE siempre se negó a emprender? El maquillaje estético de la Cámara plurilingüe –después de haber renunciado a una pedagogía efectiva sobre la transformación del Estado que suponía el Estado de las Autonomías- no acaba de parecer sino un espectáculo de opereta que va contra el sentido común de un gasto en traductores absurdo entre quienes comparten una misma lengua. ¿Es tarde ya para eso? Para la pedagogía, nunca. Para salvar el Senado, sí. A mí me parece una Cámara absolutamente prescindible, un gasto suntuoso que no se puede permitir un país pequeño, como el nuestro. Se habla en párrafos anteriores de controlar los gastos en salarios de las empresas en dificultades, pero ¿cómo se explica esta política de embudo para los actores políticos de un país sobre el que se cierne la amenaza de la intervención? Ya es tarde para el Senado. Descanse en paz. Es decir, que, ahorrándonos muchos dineros, no notaremos que haya desaparecido.
*El proceso de elaboración del Estatuto de 2006 pretendía superar algunos obstáculos y señalar una nueva etapa en el desarrollo del autogobierno de Cataluña. A pesar de los avances conseguidos de los que el nuevo sistema de financiación constituye una buena prueba, la hostilidad manifiesta del PP a la reforma y la feroz campaña anticatalana por este motivo, han proporcionado argumentos a los sectores que consideran que Catalunya no conseguirá nunca un reconocimiento nacional suficiente ni un nivel adecuado de autogobierno en el marco español. Nosotros, en cambio, consideramos que en un mundo de interdependencias crecientes y de soberanías compartidas, el secesionismo, la independencia, no tiene sentido ni futuro. La Sentencia del Tribunal Constitucional sobre los recursos presentados contra el Estatuto, ley orgánica española acordada entre el Parlament de Catalunya y las Cortes Generales, aprobada por éstas y refrendada mayoritariamente por el pueblo catalán, han supuesto un nuevo varapalo, una causa de malestar generalizado entre amplísimos sectores catalanistas y un nuevo argumento a favor de las tesis soberanistas e independentistas. El editorial conjunto de los diarios catalanes, la manifestación del 10 de julio de 2010 y el proceso de consultas independentistas han sido ejemplos evidentes de la insatisfacción creciente de sectores importantes de la sociedad catalana con respecto al alcance del autogobierno de Catalunya, así como de la percepción de insuficiencia e incluso de injusticia del sistema de financiación y, muy en especial, de un insuficiente reconocimiento de la realidad nacional, cultural y lingüística de Catalunya en el marco español.
         *No es éste el lugar para desarrollar una crítica de las estrategias seguidas por el PSC en su corto camino hacia el hundimiento electoral, de una dimensión como jamás la habíamos conocido en derrotas anteriores. Suele hablar la cursilería política de fines de ciclo, de cambios de época, de cambios de paradigma, e incluso de revoluciones o, como se sostuvo en algún párrafo anterior, de cambio de civilización; pero lo cierto es que hay un desajuste tan grande entre las propuestas políticas y la realidad del pueblo que bien puede hablarse de un divorcio cuyas consecuencias aún no se han evaluado con la mesura y la gravedad que el caso requiere. Me limitaré a decir que hay conceptos que los carga el diablo, y eso le ha pasado al PSC con el tan manido de la “desafección”, que le ha estallado en la cara y se la ha dejado que ya no lo reconoce nadie. Dicho brevemente, se ha jugado con el fuego de los sentimientos, porque “desafección” no es un término neutro, sino muy marcado por el sentimiento, por los “afectos”, y ahí el discurso político pisa un terreno tan resbaladizo que bien puede acabar dando, quien se sube a ellos, un traspiés monumental. No hay más que ver la estrechez mental y la falta de cortesía del Trias culé para darse cuenta de los peligros que encierran ciertos usos verbales. Al final, como por arte de birlibirloque, y como ya te avancé en alguno de mis correos, han sido los ciudadanos los que han sentido desafección hacia el PSC. Entiendo que la impostura política de Montilla, algo así como el sueño de la ignorancia, que no de la razón, haya producido el monstruo político de creer que el espíritu del Timbaler del Bruc de la Catalunya eterna se encarnaba en nuestro hombre de Iznájar; pero la impostura ha durado lo que una agitada legislatura ha dado de sí, y ahí se acaba la historia, o el relato, como dicen los modernos a la violeta como Ramoneda. ¡Cuántos esfuerzos  se gastan en Cataluña para fomentar el rechazo a España! Y pensar que eso no tenga respuesta es algo así como pensar que el desdén con amor se paga. La simplificación de los mensajes es una de las grandes pérdidas del sistema democrático y una de las grandes ganancias de los sistemas autoritarios, de ahí que convenga estar siempre alerta contra la incursión en ese terreno de la demagogia en el que solo se habla a fieles, no a espíritus críticos. Si el gran éxito del Estatut ha sido el cambio en la financiación y la posibilidad de que se den a conocer las famosas balanzas fiscales, ¿habíamos de embarcarnos en tamaña aventura simbólica para lograrlo? ¿Quién que viva en Cataluña no va a defender una financiación más justa, un reparto más equitativo de la riqueza? Se optó por el totum revolutum y nos ha salido todito un revolcón. Que al menos sirva para extraer las lecciones pertinentes.
Es en este contexto que el PSC tiene que ofrecer *una alternativa concreta a los dos polos que parecen monopolizar hoy el debate catalanista: por un lado el independentismo sin matices, y por el otro la ambigüedad oportunista de CiU, empecinada en el “derecho a decidir” y un pacto fiscal de perfiles inconcretos. Nuestra alternativa es la recuperación del espíritu del pacto constitucional a partir de un acuerdo federal, un pacto que desarrolle el potencial federal del Estado de las Autonomías y asegure el carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüístico de un Estado español eficiente, entendido como **marco de cooperación federal entre administraciones, garante de los derechos de ciudadanía y de la prestación de servicios públicos de calidad, de la adecuada regulación de los mercados e instrumento para la acción europea e internacional. Este acuerdo federal no debe excluir la posibilidad de acuerdos bilaterales subscritos entre el Estado y la Generalitat ni un pacto fiscal solidario en el proceso de revisión del acuerdo de financiación subscrito en el 2009.
         *La afirmación es sorprendente, porque excluye al PSC como “polo” posible del debate abierto en la sociedad catalana, si éste se organiza a partir de dos posturas como las señaladas, que en modo alguno pueden ser consideradas antagónicas, sino meras fases de un mismo proyecto unitario.
         **Se describe lo que hay y lo que se quisiera que hubiera, la relación bilateral, es decir, que le sea reconocida a Cataluña la categoría de pseudoestado, algo que nada tiene que ver con la soberanía nacional que constata la Constitución del 78 como su propio fundamento. Por otro lado, el pacto fiscal solidario sigue siendo una exigencia que en modo alguno puede combatirse desde las torpes amenazas de “desafección” y otros falaces planteamientos políticos por el estilo, sino con la mejora de los mecanismos de redistribución de los ingresos y una dura negociación sobre los techos de la contribución a lo que antiguamente llamaban los tratadistas el procomún y hogaño el estado del bienestar.
*Si no somos capaces de dar contenido a esta alternativa, movilizando a la mayoría de catalanes que creen que esta opción es la que mejor sirve a los intereses del país, y estableciendo complicidades políticas, sociales y culturales en el resto de España en favor de este nuevo pacto federal, Cataluña parece abocada a una lenta deriva hacia un soberanismo oportunista hegemonizado por CiU.
         *El problema insoluble de este planteamiento, ya reiterado, es el de la incapacidad de reconocer que el estado autonómico es, “de hecho”, nuestro  estado federal, y que reclamar este último no pasa de un problema nominal que no va a encontrar la complicidad en el resto de España porque el país no da para tantos “sentimientos” federales, y menos para un pacto que ya se fraguó en la Constituión del 78. La ansiada bilateralidad, desde nuestra perspectiva catalana, no es sino una reivindicación “encomanada” del independentismo nacionalista. Si España se ha caracterizado como país ha sido por estar siempre preguntándose qué era España, como ocurrió con la generación del 98, cuyos principales representantes era todos, paradójicamente, escritores e intelectuales periféricos. Si el ser de un país ha sido siempre el conflicto de su identidad, ¿cómo puede aspirarse a la realización política de esa unión federal casi imposible? Cuando el sentimiento de diferencia respecto del resto de España domina nuestro pensamiento y nuestras emociones lo honesto es declararse independentista, pero ese paso implica una negación de ese “resto”, negación que, por lo general, suele ir unida al menosprecio prepotente. En el fondo, repensar España no parece que haya de ser una cuestión política, sino meramente intelectual. Que después pueda tener consecuencias políticas, pues ya se verá. Pero aspirar a crear un debate artificial para el que las otras partes no solo no están preparadas, sino que no tienen ninguna necesidad de él, es condenarse a la ambigüedad y al fracaso.

         Desde nuestra perspectiva partidista, el famoso problema de las dos almas del partido solo puede resolverse con la fusión de las mismas, de modo que, no sin cierto orgullo, podamos defender la estricta igualdad de ambas, sin complejos paranacionalistas ningunos. Que ello implica señalar las diferencias con otros territorios es algo obvio. Cuando John dos Passos escribió su libro sobre España: Rocinante vuelve al camino, de lo que más se admiró era de cómo España podía ser un único país con las diferencias tan enormes que había entre sus territorios y sus gentes. Esa unidad en la diferencia ha de ser, pues, una seña de identidad que deberíamos defender frente a los exclusivismos nacionalistas. 

jueves, 28 de diciembre de 2017

Apostillas al documento presentado por Iceta al Duodécimo Congreso del psC. V

Qué curiosa criba de personajes, de entonces acá, ha sufrido el Partido...
Sigamos con la quinta entrega de las apostillas de base al discurso político...

El socialismo democrático tiene que saber *recoger los cambios económicos, sociales y culturales para asimilarlos y poderlos gobernar, revitalizar los valores que nos identifican, innovar radicalmente nuestras propuestas y nuestras formas de organización y actuación, e impulsar, en este nuevo contexto, la justicia social, la igualdad de oportunidades, la defensa de la igual dignidad y **el reconocimiento de la igualdad de derechos de todas las personas.
         *En la coletilla de esta frase: “y poderlos gobernar” se trasluce con asombrosa claridad el espíritu intervencionista y prepotente de quien se siente llamado a organizar la realidad desde una concepción del poder casi absolutista, algo que ya se manifestó en la redacción de la pseudocartamagna catalana, puesto que en todo lo relativo a la nacionalidad catalana se ha optado por actuar políticamente desde el simulacro, desde la ficción, antes que desde la realidad. Trasluce, así mismo, el miedo a la libertad ajena y el desamparo ante lo desconocido y, por ello mismo, temido. Esos cambios, tópicamente adjetivados, con la tríada inexcusable del pseudodiscurso político–económico-social-cultural–, se manifiestan, como ha ocurrido con el 15-M, al margen de la capacidad de los partidos para “asimilarlos y poderlos gobernar”, y a la que sospechan esa intención, salen por piernas de la cercanía de los partidos que se les acerquen. Otro tanto ocurre con movimientos como los antidesahucio, los ecologistas, etc.
         **Las coletillas de relleno tienen eso, que aumentan el volumen del mensaje, pero ya se incurre en la redundancia ya en el sinsentido, cada vez que nuestras buenas intenciones no nos dejan percatarnos del alcance exacto de lo afirmado. Que todos seamos iguales ante la ley es algo recogido en la Constitución, y que no necesita mayores impulsos. Que todos los derechos sean exactamente iguales es una afirmación arriesgada, porque parece que la frase dé pie a iniciar una competencia entre derechos que no tiene ningún sentido, excepto que lo que se quiera afirmar es que todos somos iguales porque todos tenemos derechos y esos derechos son iguales entre sí, algo, como ya decía, discutible, y más en estos tiempos de plena expansión de derechos y drástica restricción de deberes. Poner en pie de igualdad derechos como el que garantiza la propiedad privada y el inejercible del de la vivienda digna, por ejemplo, suena casi a sarcasmo. ¿No se trataría, antes bien, de garantizar que los ciudadanos puedan ejercer sus derechos reconocidos en las leyes?
Para conseguirlo hay que atacar frontalmente la carencia mayor y más urgente que tenemos: la necesidad de renovar profundamente nuestros planteamientos en materia de política económica y fiscal. La provisión universal de servicios públicos de calidad, la reducción de las desigualdades sociales y los desequilibrios territoriales, el ofrecimiento de oportunidades a todos y la erradicación de la pobreza no dependen sólo de mecanismos de transferencia de renta desde las “clases acomodadas” a los “perdedores” de las grandes transformaciones económicas, pero es evidente que en el centro de nuestra reflexión económica habrá que situar una profunda reforma fiscal. *La prioridad es también incorporar a los sectores más débiles de la sociedad en unas mejores condiciones a una economía que tiene que crecer de forma sostenible. Así, la inclusión social tiene que ir vinculada a una política de modernización, competitividad y crecimiento económico, en la que el capital humano, la formación, la investigación y la innovación tengan un papel central.
         *Es admirable el repertorio de buenas intenciones que se puede desplegar cuando de lo que se trata es de “quedar bien” políticamente, de decir lo correcto, lo que se espera y aun lo que se desea que ocurra, independientemente de que tengo poco, algo o nada que ve con la realidad. Afirmaciones como “que tiene que crecer de forma sostenible”, cuando ese crecimiento depende de la acción de terceros a los que, por otro lado, no se les dan los instrumentos legales necesarios para crear empleo, suena a mensaje vacío, pero congruente con los principios ideológicos, aunque incongruente con la realidad. Vincular la inclusión social a políticas como las reseñadas es un contrasentido casi absoluto, porque los sectores más débiles son precisamente aquellos que nada tienen que ver ni con la formación ni con la investigación ni con la innovación. Se trata, por lo tanto, de idear otros planes de inclusión que pasen, en efecto, por la formación, a niveles básicos, y la reorganización del mapa del trabajo en España, acentuando la necesidad imperiosa de la movilidad laboral, por ejemplo.
Avanzar hacia un nuevo paradigma de política económica implica también *un nuevo conjunto de regulaciones e incentivos a la inversión y a la producción, que contribuyan más a **una prosperidad sostenida al alcance de todos. En este momento la renovación ecológica de los patrones de producción y de consumo es inevitable, y eso tiene que proporcionar  también un gran impulso al crecimiento económico. Tenemos que saber maximizar la prosperidad satisfaciendo los criterios de sostenibilidad ecológica y social. Y para ello hacen falta ajustes y reformas para recuperar la competitividad y garantizar el mantenimiento y consolidación de los avances sociales conseguidos. ***Unas reformas que pasan por el acuerdo social y también por la introducción de mecanismos de cogestión en las empresas, que promuevan la participación efectiva de los trabajadores y sus organizaciones representativas en los órganos de dirección empresarial.
         *Así unidos, los conceptos “regulación” e “incentivos”, el mensaje que le llega al emprendedor es la decantación socialista hacia el primero: el intervencionismo; asegurarse un control exhaustivo de la vida empresarial que, al final, la acaba asfixiando. Si por algo se caracteriza nuestro país es, precisamente, por la falta de dinamismo de la actividad económica, lo cual en modo alguno implica que no haya de ejercerse un control sobre las actividades económicas, todo lo contrario. Pero cuando las regulaciones se vuelven más un factor de disuasión de emprender un negocio que de protección del consumidor o del medio ambiente, ¿de dónde saldrá la riqueza que se quiere repartir?
         ** La “prosperidad al alcance de todos” es, de nuevo, una ingenua petición de principio, porque ¿cómo es posible dar por supuesta la prosperidad si ciertas regulaciones disuasorias la hacen imposible? Por otro lado, la simplicidad de que esa prosperidad esté “al alcance de todos”, como si nuestra participación en ella no dependiera de nuestro esfuerzo individual, ¿qué quiere decir exactamente? ¿Que somos hijos del estado paternalista que velará por nosotros, cubriendo nuestras necesidades pero controlando nuestras vidas?
         *** Hay mantras que se repiten como si tuvieran un poder incuestionable. Entre ellos está el del “acuerdo social”. Es obvio que la políticas basadas en acuerdos de los actores sociales son siempre las mejores, pero no es menos cierto que no siempre se consiguen. Ahí está el último desacuerdo entre sindicatos y patronal sobre la negociación colectiva para atestiguarlo. Que la actividad sindical sea de “cogestión” de las empresas no deja de ser un ideal, pero para que eso suceda así primero han de darse algunos cambios de mentalidad que aún no se han producido. La idea de que la empresa es del dueño y de que yo sólo he de defender mis intereses como trabajador me parece una de las principales rémoras de nuestro país. ¡Ojalá pudiera llegarse a la cogestión! Para ello han de cambiar no poco las mentalidades de los sindicatos y de los patronos.
*Pero las reformas no pueden ser sólo locales, tienen que ser globales. Por este motivo hay que reivindicar al mismo tiempo una Europa federal capaz de defender el modelo social europeo y de impulsar una verdadera gobernanza económica común, y una nueva regulación de los mercados globales para asegurar que la economía esté al servicio de las personas y de las sociedades.
         * Con todos mis respetos: bla, bla, bla…, más una apostilla: ¿De verdad que la economía no está también al servicio de las personas y las sociedades? Pensar en términos dicotómicos: economía por un lado y personas y sociedad por otros, revela un pensamiento casi primitivo, a fuerza de simplificación demagógica. Se precisan análisis más finos que revelen las contradicciones reales de nuestras sociedades, no lemas de rebotica agitadora que apestan a naftalina.
Hay que situar en el centro de nuestra reflexión y de nuestra acción cuestiones como, entre otras, *Renta Básica de Ciudadanía, la fiscalidad ecológica, la introducción de **tasas sobre las transacciones financieras, la limitación de los beneficios empresariales cuando se produzcan ajustes de plantillas o deslocalizaciones, ***la limitación de las retribuciones de los directivos que tienen que estar también fuertemente condicionadas por la marcha de la empresa, la introducción de cláusulas sociales y ecológicas en los acuerdos internacionales de libre comercio, la lucha contra el fraude fiscal,**** la introducción de mecanismos de garantía hipotecaria que preserven la vivienda de residencia habitual, la recuperación y revisión del impuesto sobre el patrimonio, una regulación estatal del impuesto de sucesiones para evitar una competencia fiscal a la baja, la eliminación de los paraísos fiscales o la penalización de los movimientos especulativos.
         *Esto suena al viejo adagio de comenzar la casa por el tejado, lo que priva a propuestas semejantes de cualquier viso de verosimilitud. ¿No resulta más oportuno sugerir cómo y dónde se va a crear la riqueza que permita esa “Renta básica de ciudadanía”? Damos por supuesto que el estado del bienestar es el de la redistribución de la riqueza, pero ¿qué ocurre cuando esa riqueza no es sino un arsenal de deudas que nos tiene agarrados por el cuello, hipotecados de por vida? La magnanimidad rumbosa de los buenos sentimientos tiene mucho que ver con un ancestral discurso español de oposición al trabajo que nos ha llevado a no considerar éste como un valor sólido de nuestras costumbres, quizás por las excesivas injusticias que comporta, entre las cuales los misérrimos sueldos no son con mucho la peor. A guisa de ejemplo expongo el caso del anuncio de las loterías de la Generalitat: un  despertador chafado. ¿Dónde queda el proverbial amor al trabajo y a la “feina ben feta” de los catalanes? Arrumbado como una reliquia ante ese menosprecio godo del ganarse la vida con el propio esfuerzo.
         ** ¿Tasas sobre transacciones financieras que se convierten en aumentos de los costes que gravan el consumo y que acaban pagando, en buena lógica, los usuarios de la banca, como un impuesto mediante intermediario? ¿Acaso no somos todos, en mayor y menor medida usuarios de ella?
         ***Extraña sobremanera esa obsesión por limitar el sueldo de quienes libremente contratan una remuneración y la ausencia radical del mismo cuando de lo que se trata es de los sueldos de los políticos, que gobiernan unas “empresas” endeudadas hasta las cejas y con unas expectativas de beneficios nulas. Abrir ese melón electoral implica llenarse inocentemente de tanta vergüenza que más valdría abstenerse de meterse en la tópica camisa de once varas. El miserable espectáculo de las regalías políticas, los sueldos sobredimensionados, los privilegios, etc., sí que merecen una reflexión y, al modo católico, un examen de conciencia, un impulso de contrición y un propósito de enmienda. No es posible, políticamente, seguir predicando lo contrario de lo que se practica e incluso posicionarse contra usos que, en última instancia, responden a la libertad de contratación y ponen en juego recursos generados en el ámbito privado. Otra cosa es que hablemos de empresas financiadas con dineros públicos, por supuesto.
         **** Es obvio que un informe como el presente no es el lugar idóneo para explayarse en qué consistirían esas garantías; pero no es menos cierto que nadie  firma un contrato hipotecario con la amenaza de una pistola en la sien, aunque es probable que se haya podido abusar de la hipotética ingenuidad de algunos adquirentes, aunque para la firma de los contratos sólo se requiere el consentimiento de los firmantes mayores de edad y el compromiso de cumplir lo pactado en el contrato. ¿No es sospechoso de demagogia que en ningún momento se hable de la irresponsabilidad individual de quienes han querido vivir por encima de sus posibilidades y han firmado lo que objetivamente era un despropósito financiero individual o familiar? Establecer esa garantía me parece un mensaje equivocado que no va en la línea de fomentar la responsabilidad individual, sino en la tristemente tópica de poner parches a situaciones que requieren otros planteamientos. En cualquier caso, es cierto que hay innumerables fórmulas de renegociación de la deuda individual que deben explorarse para evitar desahucios que son expulsiones a la marginalidad y al fracaso vital.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Apostillas al documento presentado por Iceta al Duodécimo Congreso del psC. IV


Y vamos con la cuarta entrega creciente...

Ciertamente una de las causas de esta pérdida de capacidad de atracción es generalmente compartida por el conjunto de la izquierda europea, hasta ahora incapaz de plantar cara a la crisis y de desarrollar una alternativa económica y social al modelo neoliberal y desregulado de globalización hoy hegemónico. La actual debilidad del proceso de construcción europea y las dificultades para cambiar las reglas de juego de las finanzas internacionales marcan un terreno de juego especialmente desfavorable para las izquierdas. *Es evidente que una de nuestras prioridades tiene que ser un compromiso de reflexión, presencia y activismo en este ámbito.
         *Aunque más adelante se avanza un repertorio reducido de concreciones, la frase que señalo es representativa del mal endémico del discurso político que tanto aleja a los ciudadanos críticos de la participación en los partidos: “compromiso de reflexión, presencia y activismo” vale tanto como los catálogos de buenas intenciones que nunca acaban concretándose en nada. Otra cosa es que se quiera indicar que han de crearse think tanks o laboratorios de ideas donde buscar las recetas políticas que permitan construir una alternativa a la mera gestión paliativa del  capitalismo imperante, es decir, resucitar la Internacional Socialista que tanto juego daba en la época de Olof Palme, por ejemplo. Desaparecida esa instancia de cohesión ideológica, se ha quedado todo en una suerte de “sálvese quien pueda” que, dado el ciclo económico que padecemos, ha acabado con la izquierda en Europa tal y como la conocíamos, al menos.
        
*La crisis económica favorece un repliegue individualista o de identidad que abona las posiciones conservadoras. Para ello hace falta que la izquierda combata el miedo generado por la crisis y su utilización política por parte de los conservadores. Como señalaba acertadamente Tony Judt, la derecha utiliza la crisis como excusa para desplegar de forma descarnada sus prioridades: menos Estado, menos protección social, menos solidaridad.
         *He aquí una afirmación que podría calificarse de rotundamente falsa. No sólo no ha sido así, sino que se han producido movimientos sociales de protesta que han buscado la fuerza de la masa, aunque ésta no supiera, más allá de la indignación, cómo podría hacerse frente a cuestiones de tanta trascendencia y sencillez como devolver lo que nos ha sido prestado. En esas masas, además, como ha ocurrido también en Portugal, no se genera un espíritu crítico que permita identificar a los responsables de ese alocado endeudamiento, sino que se manifiesta la más cruda desesperación frente a la amedrentadora pobreza inminente. En este juicio, querido Miquel, hay otra petición de principio que me es imposible aceptar: el individualismo es de derechas. Se trata de un análisis tan perezoso de la realidad que incluso me sorprende que lo hayas podido formular. Por otro lado, identificar  individualismo e identidad peca también de escaso rigor. ¿Qué opones, individualismo identitario frente a masa anónima, sin identidad individual? No acabo de entenderlo. Hay ahí una confusión que procede sin duda del viejo cliché del “individualismo burgués” que merece un desapolillamiento radical. El individualismo de nuestro siglo poco o nada tiene que ver con ese otro concepto esclerotizado, y el partido ha de entenderlo y adaptarlo a sus propuestas de acción política. De lo que se trata en realidad es de que las políticas socialistas permitan que la mayoría de los ciudadanos puedan desarrollar ese proyecto individual inalienable en un marco de posibilidades que no choque con las políticas que permiten ese desarrollo. Ahora, lamentablemente, muchos proyectos individuales no encuentran sino trabas e indiferencias que van creando un espíritu de rechazo del ideario socialista. 
*La cuestión es saber cómo impulsar las reformas necesarias para vencer la batalla de la competitividad en la economía global y, al mismo tiempo, garantizar la justicia social proporcionando una red de protección a los que la necesitan y también seguridad a todos.
         *Otro ejemplo más del lenguaje políticamente correcto que aleja a la ciudadanía de la participación política. Miquel, esta frase la puedo encontrar en algún discurso de los que va pronunciando Rajoy en sus mítines de fin de semana, porque se la he oído. Es obvio, por consiguiente, que algo falla. Los discursos de partidos tan diferentes pueden tener algo en común, por supuesto, pero no pueden ser intercambiables, porque entonces la política se reduce a un juego de personalidades y poco más. Vayamos un poco más allá de esta frase tratando de aportar algo positivo. Cuando hablas de “vencer la batalla de la competitividad”, por ejemplo, ¿por qué no entras en ese problema crucial de nuestra economía que es el despilfarro horario de las jornadas laborales, las más largas de Europa, y las menos productivas? ¿Por qué no se lanza el Partido a una campaña pedagógica sobre las virtudes de unos usos horarios más racionales que permitirían, además de mejorar la productividad, mejorar la conciliación laboral y familiar, uno de los grandes talones de Aquiles de nuestra democracia? La pomposidad de la frase “vencer la batalla de la competitividad”, con ecos marciales de pífanos que honran a los vencedores, esconde la complejidad de las estrategias para lograrla. Sobre la segunda parte, la política paternalista de subvención a fondo perdido, más vale correr el tupido velo que nos impida sonrojarnos ante la contemplación de semejante disparate, porque nada es tan contraproducente con el primer objetivo (la batalla de la competitividad) como hacer llegar a todo el mundo el mensaje de que nadie ha de “ganarse la vida”, que ya está el Estado para resolvérsela. Hay fórmulas de exigencia de formación a cambio de la ayuda social que aún no se han explotado del todo. Del mismo modo que tampoco se ha puesto de relieve la exigencia social de aceptar la movilidad laboral como un nuevo paradigma productivo. El modelo del trabajo al lado de casa, o a menos de hora y media, está acabado definitivamente; del mismo modo que el arraigo indefinido en una parte del territorio. Las generaciones jóvenes, parte de sus miembros, al menos, quizás los más preparados, saben que habrán de trabajar lejos de su residencia habitual. Y así ha de ser. No otra cosa es la economía global. Ahí están las deslocalizaciones para recordárnoslo: el trabajo “fijo”, geográficamente hablando, ha pasado a peor vida para los trabajadores y a mejor para los empresarios. Ninguna actividad económica está garantizada, y la competencia interterritorial será cada vez más dura. El valor sobreañadido que ha de definir la economía de los próximos años es el objetivo que se ha de perseguir.
Como dicen nuestros compañeros socialistas franceses en su nuevo programa, el sistema neoliberal es incapaz de situar a las personas por encima del beneficio, los fines por encima de los medios. Los retos son claros: *la regulación del sistema financiero, el abandono del dogma de la mano invisible del mercado que todo lo resuelve y **la sumisión de los intercambios comerciales a normas sociales y ambientales, evitando confundir derechos con mercancías que sólo están al alcance de los que las pueden comprar. ***Ninguno de estos objetivos es factible sin un combate cultural y de valores, sin una acción decidida a nivel europeo, sin una visión global de los problemas, los retos y las oportunidades, participando activamente en los esfuerzos de renovación del Partido Socialista Europeo y la Internacional Socialista.
         *Me parece bien el objetivo, y en esa dirección se ha de trabajar. Pero de aquella solemne declaración de Sarkozy en los primeros momentos de la crisis, “hay que refundar el capitalismo”, a la política de vasallaje a las instituciones financieras de “todos” los gobiernos del mundo hay un abismo casi imposible de saltar. ¿No sería más fácil comenzar por recordar el carácter de préstamo del dinero concedido a la Banca para su estabilidad, que habría de ser devuelto hasta el último euro, con los intereses correspondientes? ¿O las deudas de los partidos con la banca condicionan estos préstamos? Se intuye una interrelación “política-sistema financiero” cuya opacidad levanta las sospechas de todo hijo de vecino.
         ** Esa “sumisión” suena a algo así como a un brindis al sol, teniendo en cuenta la relación de vasallaje que antes he descrito. ¿No sería lo propio trabajar para desvincular la economía real del sistema especulativo, de la gran “casa de juegos” que es, hoy por hoy, la Bolsa, y cuyos efectos tan dramáticamente actúan sobre las economías reales? En cualquier caso, el radio de acción de un gobierno local es lo suficientemente amplio como para marcarle al sistema financiero ciertos cargas fiscales que permitan la adecuada redistribución de la renta.

         ***De nuevo el todo o nada como coartada para la inacción: o vamos todos juntos o será imposible; o es tarea de “todos” los gobiernos o será imposible. Estoy completamente de acuerdo, sin embargo, en el relanzamiento ineludible de la Internacional Socialista como instrumento de presión para conseguir esa “refundación del capitalismo” de la que habló Sarkozy, tarea en la que no pocos gobiernos de derecha estarían dispuestos a participar, dado cómo se las gastan los famosos “mercados” con ciertas economías. Dejo de lado, no obstante, el problema acuciante del uso de los dineros públicos, algo en lo que el propio PSC no ha puesto suficiente énfasis como propuesta política “diferenciadora”: la transparencia de las cuentas públicas y el buen uso del dinero de todos permitiría unas políticas de austeridad ejemplarizantes. La acción de gobierno, sin embargo, tiende al uso generoso y superfluo de los dineros públicos  y al sobreendeudamiento irresponsable.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Apostillas al documento presentado por Iceta al Duodécimo Congreso del psC. III



Tercera entrega infatigable...
*¿Seremos capaces de reencontrar confianza en nuestras ideas? ¿Seremos capaces de rehacer **lazos de confianza con la ciudadanía? ***¿Seremos otra vez capaces de cambiar de futuro? La izquierda, junto con otros, ha conseguido históricamente avances muy importantes: el reconocimiento de derechos de ciudadanía, primero, y de derechos sociales, después, la consolidación de sistemas democráticos, la extensión de derechos y libertades, la construcción de sistemas de bienestar, el establecimiento de instituciones europeas e internacionales capaces de superar guerras  e impulsar dinámicas de cooperación entre Estados y pueblos. Pero hoy constatamos, nuevamente, que los avances conseguidos no tienen por qué ser definitivos, y que asegurarlos en el presente y consolidarlos en el futuro requiere de una voluntad reformadora capaz de vertebrar mayorías sociales y políticas a nivel local, nacional, estatal, europeo y global. Y tenemos que reconocer que ****hoy no parecemos capaces de luchar contra la crisis y dar una respuesta coherente con nuestros principios de igualdad y justicia social.
         *Así planteado, más parece una cuestión terapéutica que política. No excluyo que ésta lleve a la necesidad de aquélla, pero en un congreso político está fuera de lugar esta perspectiva psicoterapéutica. La confianza está estrechamente asociada a las convicciones, no a las ideas. Ahora bien, lo propio de la izquierda es someter a debate todas las convicciones e incluso acabar con ellas y generar otras. De eso es de lo que se ha de hablar en el futuro congreso.
         ** La expresión “lazos de confianza con la ciudadanía” usa una palabra “lazos” que ignoro si se ha escogido deliberadamente, pero, de ser así, peca de una vaguedad que le impide conectar de forma sólida y asertiva con los posibles votantes. Se ha de buscar “compromisos” con la ciudadanía, no lazos que (es lo propio de ellos) se desatan con tanta facilidad como se anudan. Los “compromisos” son otro cantar. No está de moda comprometerse ni mantener la palabra dada, pero me parecen valores que han de figurar en el ideario socialista de manera indeleble. Esos compromisos unidos a una ética firme que anteponga el bien común a los intereses del partido es el mejor aval para buscar la complicidad de la ciudadanía.
Por ello la izquierda pierde el apoyo de la clase trabajadora tradicional y de las clases populares, desencantadas por una política económica y fiscal incapaz de defender sus intereses. Y también pierde la confianza de parte de la clase media, que considera que contribuye a unos servicios públicos que utilizan básicamente otros, y que no se siente identificada con un discurso socialista que cree anclado en el pasado.
         ***Me sorprende la expresión “cambiar de futuro”, cuando lo propio hubiera sido “cambiar el futuro”. La primera da a entender que se disponen  de varios futuros previstos y que, fracasado uno, se escoge otro de la reserva de los mismos. La segunda, que de lo que se trata es de cambiar el único futuro posible, el que pertenece a todos, para evitar que nos lo escriban otros (fundamentalmente los todopoderosos Mercados)  en vez de hacerlo nosotros. Es evidente que me quedo con la segunda. La primera parece una banalización de la segunda.
         ****El derrotismo de esta frase honra a quien la escribe porque reconocer la realidad es un principio del que la política suele alejar, quizás condicionada por la ebriedad de creer, ingenuamente, que el PODER, así, con estas mayúsculas tan agresivas, lo puede todo. Antes ya me referí a la necesidad de redefinir, desde el socialismo, el concepto de igualdad, tan deturpado; ahora cabría preguntarse sobre el alcance de una rancia expresión “justicia social” que parece sacada de la doctrina joseantoniana. Sobre los conceptos de justicia y de injusticia se articula la vida de cualquiera de nosotros día a día, y los juicios se multiplican exponencialmente, si juzgamos los supuestos considerados. “Justicia social”, pues, no puede ser un “marbete” que oculte un proceso de reflexión en el que muy probablemente no se llegue a un acuerdo, pro que, sin embargo, ha de orientar las acciones sociales del Partido. En el contexto en que aparece da la impresión de ser un resabio descolocado del Manifiesto Comunista.
Por ello la izquierda pierde el apoyo de *la clase trabajadora tradicional y de *las clases populares, desencantadas por una política económica y fiscal incapaz de defender *sus intereses. Y también pierde la confianza de parte de *la clase media, que considera que contribuye a unos servicios públicos que utilizan básicamente otros, y que no se siente identificada con un discurso socialista que cree anclado en el pasado.

         *Quizás buena parte del desconcierto ideológico del PS (da igual que sea C que OE) se manifiesta de forma casi paradigmática en la falta de rigor conceptual sociológico que preside este párrafo. ¿No son demasiadas clases, Miquel? La perspectiva de analizar la realidad en términos de “clase”, y además de modo tan laxo, ya demuestra que se está a años luz de lo que ha sido la evolución social de nuestro país. Si ahora mismo se hiciera una encuesta pidiéndole a los españoles que se encuadraran en alguna de las clases reseñadas en el párrafo, lo más probable es que se tuviera que añadir otra casilla: los desclasados. Y la sorpresa mayúscula sería que nadie se identificaría con las aquí propuestas. Otra cosa es que se hablara de poder adquisitivo a secas, y ahí sí que todos sabemos qué lugar ocupamos en la sociedad, cuál es nuestro techo de gasto y, salvo numerosas excepciones, de endeudamiento. El concepto de clase evoca, sin embargo, aspectos de formación, de cultura, de sensibilidad estética, de gustos, de tradiciones etc. que complican no poco la elección. Tú mismo hablas ya de una distinción “trabajadores tradicionales”, que lleva implícita una crítica a la taxonomía habitual que se ha vuelto, como diría Felipe González, obsoleta. Lo mismo ocurre con el concepto “sus intereses”, cuya capacidad de simplificación es de tal naturaleza que parece formulado por quien viva en otro planeta. ¡Nada menos que “sus intereses”! ¡Como si hubiera una comunidad de ellos perfectamente identificados e indiscutibles! Pensar que existen los tales, tan bien definidos, es empezar la casa por el tejado. Se abre ahí, sin duda, un trabajo que ha de hacerse: identificar cuáles sean esos intereses mayoritarios y tratar de satisfacerlos. Pero ahí no valen las impresiones personales, los “a mí me parece que”, “yo creo que”, etc. No hacen falta augures, adivinos de baja estofa, sino trabajo de campo serio y riguroso.


domingo, 24 de diciembre de 2017

Apostillas al documento presentado por Iceta al Duodécimo Congreso del psC. II


Segunda entrega:

La pérdida de vitalidad de nuestro proyecto no nace de la derrota de noviembre de 2010 o del retroceso en las pasadas elecciones municipales. Hace mucho tiempo que tenemos dificultades para vertebrar una mayoría social, para *representar a sectores juveniles y emergentes, para atender a sectores dinámicos e innovadores. Hemos perdido capacidad de atracción y hemos dejado de ser la referencia política para mucha gente.
         *Dudo seriamente de que esta concepción sectorial de la sociedad tenga un respaldo sociológico que permita usar este lenguaje con un significado unívoco. Por el contrario, y es tendencia que he observado en todas estas reflexiones, nos movemos, casi a cada frase, en el ámbito de la inconcreción, de la vaguedad, cuando no de la ignorancia pura y dura de lo que es la realidad, algo que suele ocurrir cuando los clichés lingüísticos sustituyen el auténtico pensamiento y su capacidad analítica. ¿Ha de tenerse una política por franjas de edad? Porque del mismo modo que ha de atenderse a los sectores juveniles, ¿Por qué hemos de desentendernos de los sectores ancianos? Me temo que tras estos clichés hay una ausencia evidente de una concepción seria de lo que es la persona y una sobreabundancia de paternalismo que, paradójicamente, es lo que acaba alejando a aquellos a quienes se aspira a representar o unir a las propias filas. Por otro lado, y concediendo, que no es poco, la existencia de “sectores dinámicos e innovadores”, porque intelectualmente la expresión es tan vacía que resulta casi imposible buscarle un referente unívoco, ¿no es razonable pensar que ese dinamismo e innovación suelen definirse por oposición a lo socialmente establecido, como los propios partidos políticos? Nos moveríamos, pues, en una especie de bucle absurdo que sólo llevaría al suicidio político por indefinición de a quiénes se representa, que es algo de lo que le ha sucedido al PSC. Este deseo de converger con esos “sectores emprendedores” se opone radicalmente a la concepción de la unidad a toda costa del mítico “pueblo catalán” y se enfrenta al férreo afán reglamentista con que se concibió el último Estatut. En términos epistemológicos podríamos decir que al PSC le hace falta una gran dosis de lógica difusa para entender la realidad, en vez de intentar hacerlo aplicando la plantilla dogmática de su ideología. La lógica difusa permite comprender situaciones complejas; la lógica dogmática actúa como Procusto con sus invitados…
No podemos resignarnos a una lenta decadencia, contemplando los éxitos del pasado y confiando en que los errores de nuestros adversarios harán que muchos ciudadanos vuelvan a confiar en nosotros.
La necesidad de renovar el proyecto político del socialismo democrático
Nuestro principal problema, que compartimos con todos los socialistas, socialdemócratas y laboristas de Europa y del mundo, es el de definir un proyecto de cambio social capaz de vencer la actual impotencia política que subordina la democracia a la ley de los mercados, *un proyecto capaz de domesticar el capitalismo global para someter la economía al bienestar de las personas y los pueblos, justo lo contrario de lo que sucede ahora. La apoteosis neoliberal que está en la base de la crisis económica del año 2007 y que todavía padecemos con dureza, no ha sido ni mucho menos vencida, ni ha encontrado todavía la respuesta adecuada desde la izquierda. **El cambio de civilización al que estamos asistiendo no está comportando una ampliación de los horizontes de progreso, más bien al contrario, suscita miedos e inseguridades, genera paro y desigualdades, agota los recursos naturales del planeta y condena a la precariedad y a la pobreza a la mayoría de los ciudadanos del mundo.
         *Más allá de la animalización ingenua del capitalismo –que parece contrarréplica de la animalización orwelliana del comunismo- y de las dificultades intrínsecas de tal acción, no parece que la formulación sea adecuada a lo que se espera de un proyecto político que pretende asegurar ese bienestar, porque “someter la economía al bienestar de las personas” se revela como un juicio no solo carente de lógica, sino incluso tan lleno de ingenuidad que no es digno de un responsable político de tu categoría, Miquel. De tu frase se deriva que la “economía global” y “el bienestar de la gente” son dos conceptos cuya relación ha de ser la de la sumisión del primero al segundo. Ahora bien, ¿acaso el “bienestar popular” y la “economía global” pueden entenderse como realidades que se oponen o que se excluyen, de tal modo que no haya una unión indisoluble entre ambos? Me parece indispensable que los discursos políticos no tiendan a la demagogia, sino al rigor conceptual exigible a quienes pretenden a dirigir una sociedad, a gobernarla. Al final de la frase advierto la coletilla nacionalista “y los pueblos” que le da cuerpo a un concepto tan vagaroso como caro a la derecha nacionalista. Te recuerdo que en la raíz del internacionalismo proletario no está el grito “pueblos de la tierra uníos”, sino “proletarios del mundo uníos”, que es lo que reza en el Manifiesto comunista, donde también se lee, como bien recordarás: “Los trabajadores no tienen patria”, algo en lo que coincide, ¡archiparadójicamente!, nada menos que con Emil Cioran, el filósofo nihilista rumano, de quien suelo repetir este aforismo con el que me identifico a carta cabal: “El hombre que se precie de serlo no tiene patria. La patria es un engrudo”.

         **¡Nada menos que cambio de civilización! Semejante afirmación tiene más de pirueta conceptual que de acierto expresivo. Si nos atenemos al magnífico e iluminador estudio de Gabriel Jackson, Civilización y barbarie, bien podría hablarse del “cambio de barbarie” en vez de del “cambio de civilización”, ¿no?, teniendo en cuenta el neocapitalismo decimonónico que están imponiendo los mercados de forma draconiana, ¿no te parece?

viernes, 22 de diciembre de 2017

Apostillas al documento presentado por Iceta al Duodécimo Congreso del psC. I


Un intento de crítica ideológica desde la base.

Me parece oportuno rescatar una serie de apostillas que tuve a bien dirigirle al entonces Viceprimer Secretario del psC, Miquel Iceta, cuando aún ni siquiera se había producido la escisión soberanista en el seno del partido, que ya comenzaba a apuntarse entonces. Al hilo del documento presentado para su discusión en el Congreso, hilé unas reflexiones cuya oportunidad en estos momentos trascendentes me parece fuera de toda duda, y ello al margen del acierto o desacierto del modo como las formulé. Me parece que hay en esas apostillas una crítica no solo del lenguaje político, sino, sobre todo, de una práctica política que basa en la vaguedad, la anfibología o directamente la trivialidad chapucera una manera de hacer política cuyas resultados estamos viendo. Discuto a través de ella, conceptos axiales en la práctica política de un partido que se preciaba de ser "el verdadero espejo de la sociedad catalana" y que, andando el tiempo, ha devenido apenas una pieza del puzzle endemoniado en que se ha convertido Cataluña. El método seguido es el habitual del fisking: aporto el texto de Iceta y, a continuación, figuran las apostillas. Espero que puedan ser de interés para la pequeña historia de nuestra movida vida política. Estamos en el 2011, es decir, se acaba de inciar la deriva independentista que nos ha traído a la postración actual. Nunca está de más, me ha parecido, echarle un vistazo a la actuación de un partido, entonces importantísimo y hoy en franco declive, porque no son pocas las lecciones que de esa experiencia pueden extraerse. 

HACIA EL 12º CONGRESO
Los retos del PSC
El PSC debe renovarse y ampliar su espacio. Tiene que encontrar fuerza en sus valores, en sus raíces y en su historia. Nuestro principal problema no es el de acertar en la elección del nuevo Primer Secretario o Primera Secretaria. Primero hace falta que nos pongamos de acuerdo sobre qué hay que hacer en la próxima etapa. Aquí tenéis mis reflexiones al respecto.
He aquí una de las clásicas peticiones de principio: dar por sentado aquello que ha de ser probado. Es evidente que si hay algo en cuestión desde los últimos fracasos electorales es, precisamente, cuál sea ese espacio y cuáles sus dimensiones. Es probable que todo un congreso dedicado a ese tema no arrojara más que ideas generales y juicios ultrasubjetivos imposibles de casar con la realidad. El espacio socialista se ha de ir construyendo con la praxis del día a día en función de las convergencias ideológicas de sus militantes, y no puede ser definido como algo fijo, inamovible, porque la realidad nos enseña que ha ocurrido todo lo contrario: las ideologías no tienen ya espacios fijos, ni dogmas irrefutables. Y lo peor de todo es definirse por vía negativa: el espacio socialista es el que no es convergente ni democratacristiano ni liberal ni comunista ni ecologista ni…
Nuestros valores siguen siendo los mismos: libertad, *igualdad, fraternidad, laicidad, justicia, **responsabilidad e internacionalismo. Pero nosotros tenemos que cambiar, nuestra organización tiene que cambiar, nuestra forma de hacer política tiene que cambiar, nuestra relación con la sociedad tiene que cambiar. Y los cambios tienen que comenzar aquí y ahora, en nuestro 12º Congreso. El congreso de la renovación del compromiso socialista, del compromiso nacional y del compromiso con todos los y las progresistas.
*Este es un de los conceptos que deberían ser repensados para evitar ciertas argumentaciones de peso que se han vuelto contra el ideario socialista. La igualdad ha acabado confundiéndose con el igualitarismo y, por ende, con la desincentivación de cualquier esfuerzo que no halla recompensa ni reconocimiento. Una prueba de ello la tenemos, por ejemplo, en el ámbito de la enseñanza, donde la desaparición de la carrera docente, en la que estaban marcadas las responsabilidades de cada cuerpo docente, ha promovido una equiparación “a la baja” con los resultados académicos consiguientes; y no digamos ya con la actual política de difuminación de responsabilidades incluso entre cuerpos distintos, como el de Primaria y el de Secundaria, con la nefasta reordenación de la ESO. Repensar un concepto tan aparentemente bien intencionado como la igualdad supone reconocer la radical desigualdad de partida de los seres humanos y la “obligación” socialista de garantizar la única igualdad que tiene significado en nuestros tiempos: la igualdad de oportunidades para que, después, cada cual pueda escribir libremente su destino, algo que, desgraciadamente sigue ignorándose incluso con cierta pertinacia, como la negativa de Ernest Maragall a promoverla mediante la reasignación de las cuotas de inmigrantes entre la escuela pública y la concertada. Es decir, que se ha de ascender desde el empedrado infierno de las buenas intenciones, desde la inmaculada retórica de los valores incontaminados, hasta la dura realidad en la que ha de lucharse contra la desigualdad con medidas auténticamente socialistas, que no pasan, por cierto, seguimos en el campo de la enseñanza, por rebajar los niveles hasta ese infierno, para ofrecer una promoción educativa que ni por asomo puede ser considerada como tal desde un mínimo de exigencia social.
**No ignoro que uno de los grandes males de la política es el encadenamiento de conceptos y frases repetidas hasta la saciedad como una especie de mantra para huir del horror vacui, algo que, sin embargo, le rinde excepcionales intereses electorales a la derecha robótica, máxime cuando la acción socialista traiciona sus orígenes y se ancla a una identidad no renovada. Lo propio es preguntar, Miquel: ¿Hay algún partido que predique la irresponsabilidad? Porque se vuelve un sinsentido la reclamación de ese espíritu de responsabilidad como algo específicamente socialista. Otro tanto de lo mismo ocurre con el internacionalismo. En este mundo global ningún partido puede concebirse sin una dimensión internacional, ni aun siquiera, aunque parezca paradójico, los nacionalistas. De lo que se trata es, a estas alturas, de marcar de forma inequívoca el signo político de ese internacionalismo: gobierno central europeo, reforma de la ONU para evitar la capacidad de veto heredada de la II Guerra Mundial, Instancias judiciales con jurisdicción mundial, desaparición de los paraísos fiscales, comercio mundial basado en el respeto al precio justo, etc. 
Son muchos los catalanes y catalanas que pueden compartir los valores que integran nuestra Declaración de principios, tenemos que construir con ellos un proyecto que aspire a representarlos y una organización útil para hacer vivir los valores compartidos y promover la participación y la creatividad.
La renovación del PSC exige claridad en la definición de un proyecto de progreso para Catalunya, y rotundidad en su defensa dentro y fuera de Catalunya. Un proyecto que asegure *el progreso económico sostenible, la cohesión social y la calidad ambiental, que impulse el autogobierno de Catalunya **y preserve la unidad civil erosionada por tensiones identitarias y el impacto de la inmigración.
         *Hay conceptos mitificados desde la izquierda, y uno de ellos es el ambiguo concepto “progreso”. Del mismo modo que las raíces socialistas nos hablan de la Historia como un proceso con un destino, con un objetivo, el gobierno de los trabajadores y la creación de la gran patria del socialismo, donde ya no exista el capitalismo, algo que ya ningún partido de izquierdas se atrevería a vocear públicamente, salvo los muy fieles a las raíces estalinistas del mismo, ¿no sería conveniente comenzar a hablar de una “actividad económica razonable que permita el mayor bienestar posible de los ciudadanos”? La idea de que la economía implica “progreso” es algo que no se sostiene ni teórica ni prácticamente, atendiendo al deterioro del planeta y a las abismales diferencias entre unos y otros países y entre unos y otros ciudadanos dentro de los propios países avanzados. Las condiciones de vida pueden mejorar, pero en ello no hay ningún progreso, sino el mero proceso lógico del desarrollo del pensamiento, de la técnica.
         **Me consuela que, aunque sea de forma tan atenuada, se mantenga públicamente que la famosa “unidad civil”, un concepto tan resbaladizo que pocos que se atrevieran a definirlo se mantendrían en pie, ha sido erosionada, es decir, que corremos, en Cataluña, un serio riesgo de fractura social que, en el fondo, a nadie debería de asustar, porque cualquier sociedad democrática se estructura en función de esas  “fracturas” que representan las diversas ideologías de sus ciudadanos y de sus intereses de todo tipo: económicos, intelectuales, religiosos, deportivos, ecológicos, etc. El PSC, sin la coletilla logotípica del PSOE, se ha apuntado a la concepción unitarista y milenarista de “pueblo catalán” y de su “unidad sacrosanta”, que únicamente le ha hecho el juego al nacionalismo mercantilista que ha acabado recuperando el poder sin apenas hacer otra cosa que esperar a ver el naufragio de lo que sólo podía entenderse como una impostura, una impostación ideológica que, como era previsible, no ha sido entendida por nadie, ni dentro ni fuera de Cataluña. La unidad, la cohesión de una sociedad no se mide en los términos impuestos por el discurso nacionalista, sino en la calidad del ejercicio de los derechos individuales que garantiza la Constitución y un Estatut que, con su modificación, pretendía, más allá de mejorar el autogobierno, convertirse en otra Constitución en igualdad de condiciones, de lo que se ha derivado una tensión soberanista cuyos frutos están recogiendo ahora aquellos a quienes ha beneficiado políticamente ese disparate socialista incomprensible, esa sobreactuación nacionalista, esa impostación ridícula de una fe sobrevenida quién sabe si entre chistes sobre la coronas de espinas del dios de los cristianos. La teoría germánica de la patria, el pueblo, el caudillo y la lengua está bien para los nacionalistas, que maman desde pequeños el rechazo al otro, el chovinismo y la exaltación de lo propio en términos de competitividad con lo ajeno; pero no para el socialismo del siglo XXI.

 Finalmente, que el “impacto” de la inmigración erosione la “unidad civil” es una tesis que se acerca peligrosamente al discurso derechista de Albiol et alii, porque, desde una óptica defensiva nacionalista, el inmigrante se presenta como la amenaza, como el enemigo. No dudo, Miquel, de la bonhomía desde la que has formulado tu análisis, pero, más allá de las intenciones, está la objetiva textualidad de lo dicho, cuyo significado puede incluso sorprender a quien la ha producido. Las palabras tienen eso, a veces hablan ellas a través de nosotros, y no al revés.

martes, 19 de diciembre de 2017

Un relato erótico de Marsé llevado al cine por el director suizo Markus Fisher: "La liga roja".


Un curioso thriller erótico de lo que los especialistas llaman porno soft, es decir, una sexualidad insinuada, no explícita. Breve, intenso y estilizado, Marsé, y todos los provincianos, pueden verlo aquí.

Gracias a un informador que ha leído con atención mi reseña del acto de presentación de los cuentos de Marsé, en esta Provincia, llevado a cabo en la biblioteca Jaume Fuster, diseñada, por cierto, por el hijo de una antigua compañera de trabajo de mi Conjunta, el arquitecto Josep Llinàs, me ha sido revelado el extraño modo de acceder a la película erótica que Marsé dijo que se había hecho de uno de sus cuentos, La liga roja en el muslo moreno.El enlace que gentilmente me ha sido facilitado está nada menos que en ruso, y responde a estos caracteres: кино 18+...Красная подвязка!!! El mediometraje, porque dura escasamente media hora, fue dirigido por Markus Fisher, autor cuya única película en el banco de datos de FilmAffinity es Marnorera, 2007, y de la cual ignoro si se ha llegado a estrenar en España o no. En cualquier caso, la película sobre el cuento de Marsé forma parte de una serie de películas de erotismo light, lo que en la época del destape se clasifico como películas S, titulado Erotic Tales, en cuyo volumen 5 aparecen  Das rote Strumpfband (La liga roja)junto a la explícita Can I be your bratwurst, please?, de Rosa von Braunheim y la enigmática Georgische Trauben (Uvas georgianas), de Georgi Shengelaya. El relato, adaptado a la realidad germánica, se plantea como un caso de secuestro con el objetivo de, mediante la amenaza física expeditiva, abusar sexualmente de la secuestrada, vecina del secuestrador. Toda la acción transcurre, pues, en el piso de él,  en el que la televisión emite, de fondo, permanentemente programas en castellano, pues el inquilino responde al nombre de Juan y se entiende que es un inmigrante. Se establece un insinuante juego de dominaciones que, sorpresivamente, en un momento dado, cambia de protagonistas, pues ella se apodera del cuchillo que confiadamente ha dejado él y  gira la situación 180º, para intranquilidad de los espectadores, quienes en los dibujos de la punta del cuchillo por la morfología del vecino se teme lo peor de la venganza. Antes de ese giro, lo más "transgresor" del relato es la masturbación que él le hace a ella, maniatada, estando ambos frente al aparato de televisión en el que se retransmite una corrida de toros. Adelanto que la película no está subtitulada, que no entiendo del alemán sino palabras sueltas que comparten la raíz con el inglés y que no he leído el relato de Marsé, pero el lenguaje de los actos es transparente, y, en definitiva, la película no busca teorías ni explicaciones ni elucubraciones retóricas, sino excitar a los espectadores, que es lo propio del cine erótico. No estamos, sin embargo, ante una película porno, lo que permite intuir que habrá, me imagino, algo de torturada psicología seductora en personajes que han de recurrir a la amenaza, cuchillo en ristre, para disfrutar de la sexualidad que, al final... No, no, aquí me paro. Dejo en manos de los provincianos pasearse por esta auténtica rareza que es una película erótica suiza a partir de un cuento de Marsé. Agradezco al enigmático provinciano accidental Fazer 30-30 que me haya permitido acceder a esta curiosidad de la que me limito a dejar constancia y a invitar a visitarla a cuantos quieran ver otra adaptación de una obra de Marsé al cine, en el que no ha tenido, a decir verdad, siendo él un cinéfilo de pro, excesiva fortuna. Juzgue cada cual cómo ha sido tratado en el ámbito del cine erótico suizo...

sábado, 16 de diciembre de 2017

Las razones y sinrazones del voto.


Una megaencuesta urgente: ¿por qué votamos lo que votamos?

No voy a recordar aquello cervantino de la razón de la sinrazón que a mi razón se hace..., sino a sugerir que ya va siendo hora de que en España se haga un estudio serio sobre las razones y sinrazones del voto, no solo porque podría ser esclarecedor de nuestra experiencia de la política, sino porque podría convertirse, a pesar del rigor insoslayable con que hubiera de plantearse y redactarse, en una inesperada fuente de excelente humor. Aún recuerdo, a modo de batallitas electorales, cuando siendo yo apoderado de un partido de izquierdas, se presentó una viejecita en el colegio electoral mascullando que quería votar "al del bigote", uséase, en aquel entonces, el inefable Ánsar, sin saber siquiera que había de hacerlo mediante una papeleta. La perplejidad de muchos fue que tomara yo la iniciativa, con harto dolor de mi corazón, pero mayor compasión, de meterle en el sobre a la señora la papeleta que quería. Quizás desde entonces  no ha dejado de darme vueltas en la cabeza la idea de ese macroestudio (no menos de 50.000 entrevistas como fundamento del análisis) que nos informara a los españolitos curiosos del variado mundo de las razones y sinrazones que tuvo y  tiene habitualmente el voto en nuestro país. Lo intenté con dos hijos, para que lo escogieran como tema del trabajo de investigación del último año de bachillerato, pero se olieron que aquello tenía un trabajo para el que no se veían con ánimos, y no estaban equivocados. Con todo, alguien habrá, sigo pensando, que vea en esta sugerencia mía una posibilidad de investigación social con futuro. No ignoro que este tipo de investigaciones no tiene mucha tradición en nuestro ámbito académico, pero estoy convencido de que, bien hecha, arrojaría mucha luz sobre algo trascendental para la vida pública, como los considerandos de la sentencia que cada cual dicta con su voto cuando es llamado a elegir un parlamento y un gobierno. A ver si antes de que me metan en la última urna, en esa suerte de voto definitivo que es la incineración, puedo ver satisfecha mi curiosidad política...

miércoles, 13 de diciembre de 2017

"Las Hurdes, tierra sin pan" en el Reina Sofía.


Entre el panfleto militante, la pasión etnográfica y el fictodocumental: Las Hurdes, tierra sin pan a dos pasos del Guernica...

Una brevísima escapada de unas horas al Reina Sofía, como magro botín de unas jornadas familiares con dedicación exclusiva, me han permitido ver en un escenario inusual, un museo, en vez de en una sala de cine, un documental propiamente mítico, como Hombres de Arán, de Flaherty: Las Hurdes, tierra sin pan, de Luis Buñuel, rodado cuando el aragonés abandonó el surrealismo y se afilió al Partido Comunista. El documental, que propiamente deberíamos calificar de fictodocumental, pues se trata de una obra escenificada conforme a un guion inspirado en el documentadísimo estudio del antropólogo Maurice Legendre, Las Jurdes: étude de géographie humaine, lo que requirió incluso ensayos y actuaciones retribuidas, amén de algunos "trucajes", como el "accidental" despeñamiento de la cabra  o el intercambio de la dentadura de una niña por el de una vieja, amén del sacrificio del burro, atacado por las abejas; el documental, digo, significó un ataque en toda regla a las políticas de la recién nacida Segunda República e incluso llegó a ser prohibido por las autoridades republicanas. Las imágenes, al margen de los "apaños" y de la posible intencionalidad política de la película, son estremecedoras y nos trasladan a una España que en modo alguno podemos entender como una sinécdoque, sino como un caso ni excepcional ni general, sino fruto de una condiciones geográficas y sociales muy particulares. De hecho, si algo me vino a la memoria mientras contemplaba el documental en la sala desangelada del museo fue la película Los santos inocentes, de Camus, basada en la excepcional obra literaria de Miguel Delibes, cuya lectura deparará una grata sorpresa a quienes solo hayan visto la excelente adaptación cinematográfica. Las condiciones de vida de esos Inocentes, sobre todo en La Raya, aislados del mundo, viviendo casi en una cueva, pertenecen a los años 60, treinta después de las miserables condiciones de vida que recoge el documental de Buñuel. Vidas infrahumanas, aquellas de la comarca de las Hurdes y las de los Inocentes sometidos, como Pco el Bajo, al capricho de un señorito fascista. Al margen de la polémica ética sobre la filmación del documental, de su carácter de instrumento político y de su relativo valor antropológico, lo cierto es que las condiciones de vida que se reflejan en él, de una dureza extraordinaria, remueve cualquier conciencia. Más allá de los gallos decapitados, del bocio efectista o del cretinismo rampante en la comarca, hay una galería de rostros, de ademanes, de espacios, de intentos de supervivencia que se le agarran a uno al torozón de la congoja y no le suelta durante la media hora escasa que dura la crónica de un aislamiento, de un olvido, de la incuria política y de la maldición geográfica. Aunque filmado desde la militancia comunista recién asumida, lo cierto es que buena parte de la película, si no toda, nos parece salida de un delirio surrealista instado por la lectura del Infierno de Dante. El traslado del cadáver de la criatura, atravesando sierras  y un río, como un antimoisés, para llegar al lejano cementerio, resulta espeluznante; del mismo modo que los rudimentarios cultivos en terrazas expuestas a ser devastadas por una riada que se lleve por delante tantos ímprobos esfuerzos nos parece algo así como el mito de Sísifo. Las imágenes del pueblo, con sus tortuosas calles de piedras, el hambre, los tétricos interiores de las casas con "cama única", y la sobreabundancia de chiquillería sin futuro, nos meten el corazón en un puño revestido de guantelete que nos lo oprime hasta la extenuación. De poco o nada vale, a posteriori, leer al respecto, sobre las luces y sombras del fictodocumental: hay rostros anfractuosos, juventudes inverosímiles, ropas de escaso abrigo, ignorancias abismales, resignaciones pétreas, calzados que no calzan, hambres de muchas jornadas, silencios desamparados, seriedades de ultratumba y ninguna sonrisa ni mirada clara ni atisbo de esperanza... Muy cerca estaba el Guernica, que vi en el MOMA, en el exilio, y de nuevo en España, a su regreso, pero todo el drama de una guerra civil no puede competir con la guerra sempiternamente perdida de esos antepasados nuestros... A su lado, la excelente obra de Juan Gris y la de tantos cubistas en salas próximas parece, por contraste, el encuentro entre el antropólogo y las tribus perdidas de Papúa Nueva Guinea. El severo recinto del Reina Sofía, que fue hospital en su tiempo, contribuyó con su seriedad desnuda, camino de la salida, a paliar la conmoción sufrida...