sábado, 7 de enero de 2017

La vieja retórica política vacía: un artículo de Ignacio Urquizu.



La retórica del lugar común sin referente: Articular el cambio, de Ignacio Urquizu o más piedras para el pavés de la Caína...

Es privilegio de gente ociosa, aun poco cultivada, poder coger un lápiz y sentarse un martes por la tarde a leer y subrayar un artículo de fondo que propone, ¡nada menos que "articular el cambio"!, es decir, según la RAE: 2.tr. Construir algo combinando adecuadamente sus elementos. Ese "algo" no puede ser otra cosa que el tan traído y llevado "cambio" que, si fuera voz que por un accidente cósmico desapareciera del mundo hispanohablante, iba a dejar políticos más míseros que el sabio de la fábula famosa. El señor Urquizu, a quien no tengo el gusto de conocer, ha tratado de construir lo que a él le debe parecer una máquina ingeniosa de acción política que, a poco que se use, logrará votos para el PsoE como mataba fascistas la guitarra de Woody Guthrie. Me hizo ilusión, lo confieso, acercarme  a un intelectual de izquierdas, desde mi humilde condición de observador anónimo. y escasamente formado, de la realidad social, próxima y lejana, para ver si sacaba en claro "exactamente" cuál era el retrato, sin seis ni cuatro, de ese cambio que alterará  de raíz el panorama político español. Llevado por el entusiasmo con que suelo hacer la mayoría de mis cosas, por modestas que sean, como no ignoran los frecuentadores de esta Provincia, me apliqué a la lectura dispuesto a subrayar todas las revelaciones que me iluminaran, que me sacaran de la ceguera política en que suelo vivir, a juzgar por lo mucho que discrepo de casi todos y lo poco en que se tiene mi opinión. He de confesar que la descripción no es el fuerte de Urquizu, pues cuando habla de los modelos de bienestar muy generosos e inclusivos cae en la parquedad, en la que se instala cuando dice que los grupos sociales activos (ecologistas, feministas y otros grupos sociales) acabaron generando cambios en los partidos y en nuestros modelos de bienestar. Al parecer, la ausencia de mecanismos compensatorios en el proceso de globalización y el progreso tecnológico no solo han generado incertidumbre e inseguridades, sino brechas, muchas brechas: perdedores de la globalización, la inmigración, la visión crítica de Europa y una profunda brecha generacional. De ello se deriva que las ambiciones transformadoras requieren coaliciones más amplias. [Hasta el momento, adviértase que de todos esos enunciados no se ha explicitado el contenido del referente: puras enunciaciones tan vagas como dispares podrían las concreciones de ellos. Dar por consabido es otra manera de ignorar.] El autor define que el gran peligro del PsoE, transitando por un momento muy crítico, es que se desarticule el espacio político de centroizquierda. Entre dos fuegos, el de Ciudadanos, con vocación de vertebrar el statu quo y otro, Podemos, liderando la ruptura, el PsoE significa un proyecto político de transformaciones profundas, para lo cual, ineludiblemente, ha de articular una coalición de cambio político. El primer movimiento en ese sentido pasa, según el autor, por rehacer la convivencia con el psC, un proceso que, segun Urquizu se entenderá en clave del encaje de Cataluña dentro de España. [Y adviértase ahora ese complejo catalanista del PsoE que lo lleva a considerar implícitamente la soberanía que defiende el psC, una versión light del *derecho a decidir, y que les permite hablar, irracionalmente, de Cataluña y España en pie de igualdad, como si Cataluña fuera exclusivamente la Cataluña monolítica y uniformizadora del secesionismo o el catalanismo soberanista, y el resto de la población que no comulga con esos postulados poco menos que escoria de la Historia.] La cultura federal basada en la lealtad mutua forma parte de esa interpretación restrictiva de los derechos de los ciudadanos y generosa de los inexistentes de los pueblos que defiende el articulista. La empatía con los antipáticos que preconiza el autor, más suena a concesiones extraconstitucionales de difícil aceptación en un referéndum nacional que a una concepción inequívoca de lo que sea esto a lo que llamamos España. Que el autor venga a decirnos que para articular un nuevo cambio será necesario una coalición social muy plural, donde el conflicto territorial nos pone a prueba, no significa otra cosa que la última posición antedefenestración de Pedro Sánchez: renunciar al proyecto autónomo socialista y entregarse, atado de pies y manos, al caudillismo de Pablo Manuel Iglesias y a los partidos independentistas del Parlamento. ¡Pues bonito artefacto que le ha salido de su articulación al señor Urquizu! ¿Y cómo se ha propuesto llamarlo, Federación de Taifas Ibéricas? En fin, me ha sido casi imposible traducir todos esos conceptos generosos, ardorosos, emotivos, luchadores, progresistas, etc., que ha derramado el señor Urquizu en su artículo, pero estoy seguro de que es mi falta de formación la que lo ha provocado. Prometo enmendarme y, por supuesto, no volver a atreverme a quejarme de la opacidad de los intelectuales socialistas como el señor Urquizu, de quien espero que participara en su tiempo, al menos, en aquella bella campaña que proclamaba !Teruel existe!, y que yo defendí ardorosamente por mi amor a Teruel, a Albarracín y a los Montes Universales.

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