jueves, 3 de septiembre de 2015

Nonálogo del patriotismo catalán… De tal palo…


                    
"El patriotismo es el último refugio de los canallas"


La estafa de la fábula que no cesa… a la luz de las Luces.

Para pasar, pues, un hombre por buen catalán, o lo que es lo mismo, por catalán amante de su patria, es menester que crea, confiese y sostenga a la faz de todo el universo(…) lo primero, que fuera de Cataluña no se halla nobleza propiamente dicha, o que a lo menos la nuestra es más ilustre, más rancia y más antigua que la de las demás naciones, y que vale más un don  que todos los monsieures, monsegneures, signores, monsignores y lores del mundo. Lo segundo, que nuestra lengua es la más sonora, abundante, expresiva y la más digna de ser hablada por hombres que hay, hubo y habrá en ningún tiempo: que nuestra corte es la más brillante, magnífica y populosa de todas; que nuestros templos, palacios y demás edificios públicos son los más suntuosos, y nuestras cosas las más bien dispuestas y más alhajadas de la tierra; que nuestras damas son las más lindas y garbosas de todo el orbe conocido y por conocer; que una sola de nuestras sardanas vale más que cuanto ha producido la Italia, y aun también la Grecia en la antigüedad; que nuestras fiestas son las más lucidas, nuestras diversiones, sin exceptuar las noches de San Juan y San Pedro, ni las corridas de toros, las más racionales; nuestras legumbres, nuestras frutas, nuestras viandas la más delicadas y sabrosas; y en general todas nuestras cosas las mejores del universo. Lo tercero, que la nación catalana es por su naturaleza (…) la más valerosa de cuantas se conocen. Lo cuarto que la religión católica florece en Cataluña como en ninguna parte. Lo quinto, que Cataluña ha sido en todos tiempos, es y será hasta la consumación de los siglos docta y sabia, y que si algo se ignora en ella es justamente lo que no conviene saber. Lo sexto, que nuestras leyes, usos, estilos, prácticas y costumbres son todas conformes a la recta razón, y que no hay entre ellas una siquiera que con justicia pueda ser reprendida o censurada. Lo séptimo, que la agricultura está y estuvo siempre entre nosotros en el pie más floreciente, sin que haya en todo su territorio palmo de tierra inculto que convenga reducir a cultivo, ni alguno que pueda o debe producir más de lo que produce. Lo octavo, que nuestras fábricas, nuestra industria y nuestro comercio se hallan y se hallaron en todos tiempos en el más alto punto de perfección posible o a lo menos en el estado en que conviene estén y se mantengan por siempre jamás para nuestra verdadera y permanente prosperidad. Lo nono, que nuestra población es cuanto puede y debe ser, y que lejos de faltarnos, nos sobra aún gente: por cuanto es claro que canta menos haya, tanto más baratos estarán los víveres, que es lo que importa. En fin, que nuestra nación es la más rica y poderosa de todas, o que a lo menos ella sola goza de aquella dorada medianía, que tanto exageran filósofos y poetas, que sola puede producir el contentamiento de sí propio, y que no conduce menos para la felicidad general de un pueblo que para la de cada ciudadano en particular. Pero aunque no es preciso dar ni aventurar por estos artículos la vida, ni aun exponerse al menor riesgo de perder valor de dos maravedises, no basta con todo creerlos, confesarlos y sustentarlos en la manera que queda referid; es menester obrar también y portarse en todo y por todo de una manera conforme a tales principios, y proceder en su consecuencia. En fin, supuesto que nuestros mayores nada nos han dejado que hacer por el interés del público, el buen catalán debe pensar no más que en dejar bien a sus hijos y tener por máxima fundamental de toda su conducta esta antigua y famosa copla:
                   En este mundo iñimigo
                   De nadie se ha de fiar:
                   Cada cual mire por sigo,
                   Tú por tigo y yo por migo
                   Y percurarse salvar.


Se advierte fácilmente, ¡espero!, la naturaleza de juego paródico que hay en este nonálogo en el que, a través de la pluma ilustrada de Luis Cañuelo, redactor casi único del periódico El Censor, publicado entre 1781 y 1787, se buscaba parodiar el patriotismo español que tanto obstaculizaba el advenimiento del progreso y la europeización del país en el siglo XVIII. Cámbiese catalán y Cataluña por español y España y tendrá a su disposición el lector la sátira original, salvo la pequeña licencia de convertir en “sardanas” lo que en el original son “tonadas, seguidillas y tiranas”, por supuesto. ¿Qué es lo novedoso de esta sátira del XVIII en este siglo XXI de nuestros gozos y pesares? Pues la imposibilidad de su formulación, en la Cataluña actual, tal como yo la ofrezco, es decir, tal y como fue escrita, so pena de excomunión y estigma de anticatalanismo por parte de los milenaristas de la secesión. Semejante libertad de crítica me parece reñida con el ambiente de Movimiento Nacional que asiente enfervorizadamente a cualquier texto del jaez del parodiado en este recuerdo de uno de esos escritores ilustrados que precedieron a Larra y que supieron crear lo más parecido a una actitud intelectual moderna. Las propuestas patrióticas del secesionismo rampante ( y nada lampante) que domina buena parte del escenario político catalán, y que busca una mayoría escañada que poco o nada tiene que ver con los votos individuales de la población para proclamar la independencia de un territorio que en modo alguno le pertenece, constituye un estremecedor viaje al antiguo Régimen que los demócratas catalanes del siglo XXI habremos de evitar el próximo 27 de setiembre, a pesar de todas las triquiñuelas de una convocatoria que bien cabría denominar “disuasoria”, al escoger, con la cobardía típica del President más mediocre que haya tenido nunca la Generalitat, un día que forma parte de un puente festivo. Le saldrá el tiro por la culata, sin duda.

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