domingo, 20 de enero de 2019

La aventura empresarial y las "botigues" de barrio.



   



Quesarium, ¿experimento, perspectiva de futuro o demanda del presente?

Cerca de la Pl. Goya, en la calle Muntaner, por donde suelo pasar a menudo, han abierto hace unos meses una tienda de "diseño" llamada Quesarium. Está ubicada en un tramo de calle en el que hay, en apenas una setentena de metros, doce establecimiento de restauración - miento, once, que acaba de cerrar uno de ellos, justo al lado del que me ocupa la atención- de diversa naturaleza y muy desigual público consumidor. Mi naturaleza d'home de barri, preocupado por esas aventuras empresariales del pequeño comercio, siempre me ha llevado a realizar, ante la apertura de los muchos que he conocido en mi larga residencia en el que vivo, una evaluación inicial de las perspectivas halagüeñas o agoreras de los mismos. El caso de Quesarium me ha sorprendido, porque en un barrio popular que está dejando de serlo, Sant Antoni, para convertirse en gueto turístico,  una boutique del queso o una delicatessen, tanto monta, no parece, en principio, que haya de tener un público cuyas compras justifiquen semejante negocio, precedido, además, por una sonora inversión, pues remodeló de arriba abajo un local antes ocupado por una casa de ordenadores y regentado por una cooperativa que acabó sucumbiendo al descenso que las ventas de lo cibernético ha experimentado en este mismo barrio, antaño meca ciudadana de dicho mercado. La decoración del local, con amplias zonas de penumbra, con poca iluminación cenital y con una quesera monumental a la entrada de la tienda donde se exponen selectas variedades de queso que, sin embargo, no pueden ser contempladas desde el exterior, porque se ha despreciado el concepto "escaparate", tan consustancial al del propio establecimiento comercial, no anima a pararse, ante una puerta que se abre automáticamente por la cercanía del cliente, y tratar de distinguir si algún género de los exhibidos pudiera ser del gusto y/o necesidad del observador. En los pocos meses que lleva abierto el negocio, jamás he tenido la oportunidad de ver compradores en su interior, lo cual no significa nada, porque no estoy "apostado" frente a él todo el día, por supuesto. El barrio, hasta no hace mucho considerado uno de los típicos barrios "menestrales" de la ciudad, no creo yo que dé para formar una clientela  si no diaria,  sí regular, que es la que permite sobrevivir a un negocio de alimentación con bienes perecederos, aunque buena parte de los quesos tienen fechas muy largas de caducidad. He hecho una pequeño investigación y el local tiene su página web: http://www.quesarium.com/, su blog y su página de Instagram, lo cual viene a corroborar la dimensión cibernética que ha de tener cualquier negocio que se abra, lo que le quitaría, a la ubicación concreta, el valor operativo que solía tener en los barrios anteriormente, al estar "abierto al mundo", como suelen decir quienes, a veces, venden más por internet que in praesentia... No sé si será este el caso. Sigo vigilante, al respecto. A mí, como vecino suyo, me "impone", porque uno entiende que su poder adquisitivo, a mirada de buen degustador, no está para esas alegrías exquisitas y ha de conformarse con la tabla de quesos del Consum, que no está nada, pero que nada mal, sea dicho en honor a la verdad. No sé si nuestros convecinos turistas, siempre distintos, ¡cada semana!, pueden convertirse en esa clientela "regular" que compre la cena para degustarla en la habitación del hotel, como mi Conjunta y yo solemos hacer cuando viajamos, porque la edad no da para comer y cenar en restaurante, ni la pensión tampoco..., pero me extrañaría. De momento, ha aparecido como por ensalmo en el barrio y su presencia imponente de exquisitez impropia de este barrio constituye un reto comercial que me ha llamado tanto la atención como para dejar noticia de ello en esta página abierta, bien lo saben los pocos que la frecuentan, al latido de la vida cotidiana.




domingo, 6 de enero de 2019

Ara fa 40 anys… La política deportiva en Barcelona: «Todo estaba por hacer y todo era posible».




Una mirada diacrónica a la políticas deportivas de la ciudad de Barcelona desde los primeros ayuntamientos democráticos hasta hoy.


En el Museo Olímpico y del Deporte Juan Antonio Samaranch -no entiendo esta manía institucional de catalanizar nombres que jamás han sido oídos en boca de los protagonistas en catalán-  hay colgada una exposición relativa a los 40 años de políticas deportivas del Ayuntamiento de Barcelona desde las primeras elecciones municipales democráticas. El comisario de la exposición es mi entrañable amigo Joan Carles Burriel, profesor y exdirector del INEFC, en colaboración con Sixte Abadía. El pasado 13 de diciembre se inauguró la exposición con una mesa redonda sobre esas políticas deportivas públicas. El acto fue presentado por Marta Carranza, también vieja amiga, presidenta de la Fundación Barcelona Olímpica y comisionada de deportes del Ayuntamiento de Barcelona, y a sus breves palabras de bienvenida al acto, siguió un coloquio, moderado por el periodista deportivo de TV3. Jordi Fandiño, en el que debatieron los comisarios de la exposición junto con Enric Truñó, concejal de Deportes del Ayuntamiento de Barcelona en el período 1979-1998, es decir, uno de los máximos responsables de los Juegos Olímpicos BCN'92, y Laia Palau, jugadora profesional de baloncesto. Reconozco que cuando cogí el paraguas y me dirigí a dicha celebración pensé que íbamos a ser entre 25 y 30 personas mal contadas y, como suele pasar en esos casos, desperdigadas por los cuatro rincones de la sala de actos… Para mi sorpresa, dado lo muy específico del asunto, poco atractivo para las masas o públicos numerosos, se llenaron las gradas (¡y no solo de familiares!) del rincón de actos del Museo y dio comienzo una amenísima charla en torno a una actividad que puede parecer muy burocrática -las políticas deportivas- pero que, por el contrario, esconde, ¡a flor de piel!, una pasión por el deporte y por la difusión de la práctica deportiva a todos los niveles sociales, sexos y edades que los administrados hemos de agradecer. En el pleistoceno, Joan Carles y yo nos iniciamos como pioneros de los cursillos de natación para escuelas en el Club Natació Catalunya bastante antes de las llegada de la democracia a la iniciativa pública. Yo seguí un derrotero filológico, pero él siempre siguió vinculado al deporte de forma directa y, más tarde, como profesor del INEFC y durante varios años como Director del mismo. Su tesis doctoral sobre políticas deportivas publicas lo convertía en el comisario idóneo para esta exposición que puede verse hasta el 14 de marzo, de martes a domingo de forma gratuita. Ojo, no voy a engañar a nadie: se ha de haber tenido una relación intensa con el deporte y con la política para disfrutar de una exposición que incluye, eso sí, como gancho popular, todo lo relativo al gran éxito deportiva de estos años: la organización de los Juegos Olímpicos. No solo los paneles informativos, sino también los videos son altamente interesantes, aunque no para personas no interesadas por el deporte.
El debate, muy enriquecido con las confidencias humanas, demasiado humanas, de Enric Truñó, a quien ha de agradecérsele su sinceridad y llaneza sin afectación,  y de otros  responsables públicos, algunos presentes en el acto y otros presentes a través de un vídeo grabado específicamente para la exposición, trató, sobre todo, del gran reto que suponía para el Ayuntamiento articular una política deportiva pública que no existía. Aunque esa situación pudiera entenderse como una ventaja para crear ex nihilo, está claro que lo que hacía era multiplicar las incertidumbres sobre cuáles habrían  de ser los caminos que deberían seguirse, porque eran muchos los frentes abiertos: el deporte de base, el deporte escolar, el deporte popular, el deporte profesional… Marta Carranza nos facilitó una encuesta en su presentación que hablaba de que aproximadamente el 70% de los barceloneses dedicamos más de dos días a la práctica deportiva, lo que nos sitúa en el top del ránking de ciudades “deportivas”. Pero el deporte es también profesión y espectáculo, y un cultivo de la base no tiene sentido si esa dedicación no puede alcanzar, después, la práctica de élite e incluso la profesionalidad como echaba de menos Laia Palau que ha desarrollado su carrera profesional como baloncestista fuera de su propia ciudad natal. Joan Cales Burriel, que ejercía en el debate como “repartidor del juego temático”, muy a lo Xavi en el Barça, fue poniendo el énfasis en la responsabilidad de las instituciones a la hora de articular políticas que tuvieran en cuenta los esfuerzos federativos y lo que podríamos llamar, la dedicación lúdica al deporte como actividad al servicio de las necesidades integrales sanas de cualquier individuo. Se ha hecho mucho y bien, pero en la mente de todos los participantes en el coloquio bullía la idea de que aún hay mucho por hacer y que la situación en modo alguno puede permitirnos la complacencia o siquiera “tomarnos un descanso”… La adjudicación de la organización de loa JJOO vino a complicar más la situación, pero ha de decirse que, en resumen, esa organización supuso un impulso definitivo para la consolidación de las políticas deportivas municipales, tanto de creación y gestión de nuevas instalaciones como de crecimiento del número de practicantes. La aparición de torneos escolares de forma paralela a los torneos federativos, sin competir con ellos, ha significado un extraordinario paso adelante para imbuir a las nuevas generaciones de la necesidad de la práctica deportiva permanente a lo largo de su vida. Quienes no concebimos la vida sin una sólida actividad física, siempre estaremos agradecidos a las políticas públicas que ponen el deporte al alcance de todos, pues esa ha de ser la verdadera naturaleza del servicio público. La buena relación con las organizaciones privadas y con los entes federativos se vio, en el debate, que era el único camino de seguir progresando en esas políticas públicas, complementando esfuerzos. Hay, en resumen, un objetivo que comparten el deporte y las humanidades: a partir de los 14 años, los escolares que habían sido lectores, dejan de serlo; y lo mismo pasa, no sé si en mayor o menor medida, con la práctica deportiva. Evitar ambas “deserciones” ha de ser el norte de la estrategia política en estos asuntos, deportivos y educativos. Voto por ello.





viernes, 21 de diciembre de 2018

Endesa no tiene clientes, sino siervos… (+ Adenda)



La irresponsabilidad de una empresa que maltrata a sus abonados: la luz, como servicio básico, quizás no debería estar en manos privadas/depravadas...

Todos nos quejamos, con razón, del SAT, el servicio de atención al cliente  que la mayoría de las empresas tiene subcontratados a operadores, usualmente ubicados no en España, sino en países terceros desde donde a ciertas personas les pagan para quitarse de encima a los clientes molestos que, como en el caso de Endesa, nos quejamos de un corte de suministro que, sin causa natural o social de fuerza mayor, terremoto, atentado terrorista, etc., se alarga hasta 14 horas en las que todos los vecinos de una finca, ancianos, adultos, niños, etc. sufrimos los rigores del invierno y las incomodidades manifiestas de no disponer de luz. Los teleoperadores contratados como “Servicio de Averías” por la compañía, se limitan a mentir al cliente, diciéndole que hay una “avería masiva” y que en hora y media restablecerán el servicio. Te dan un número de incidencia. Llamas a la hora y media y todo sigue igual. Les explicas que hace un mes tuvisteis otra avería semejante y que la compañía tardó casi 10 horas en reconocer que era de la compañía, después de haberle hecho gastar dinero a la Comunidad en un electricista que lo verificase. Pues a pesar de ser tan evidente el patrón de la avería, ni puñetero caso. Vuelta a llamar y vuelta al engaño masivo de la afectación masiva. Un poco cabreado, se te ocurre preguntarle si no será que los cdr han hecho un sabotaje con motivo de la visita de snchz a la ciudad condal (mai a la vida “reial”, como pretenden en Netflix), y el operador te dice: Ahorita mismo no podemos verificar que la avería se deba al motivo que Vd. nos expone. Tendría que consultarlo con mis superiores , y lo animé a que lo hiciera, no fuera a ser que… Nueva llamada y una prolija explicación tuya en la que reiteras, aunque les da igual lo que les digas, que en las dos manzanas contiguas, la propia y la de enfrente, todas las fincas tienen luz y que eso no casa de ninguna de las maneras con lo de la “afectación masiva”. Ni caso, de nuevo. La avería se declara a las 16’00. A las 4’30 a.m, después de haber llamado cada hora y media al servicio de averías, en un crescendo de airada indignación,de repente se te pone una operadora, en inteligible castellano, que te dice que han anulado todos los avisos porque para la compañía no hay ninguna avería en nuestra finca que les competa a ellos, y que tengo que buscarme un electricista para que nos arregle una avería de la finca, no de Endesa. Al borde del infarto, tras una noche sin dormir, en calidad de presidente de la comunidad, llamando cada hora y media, incurres en las amenazas y les dices que te vas a un juzgado de guardia para acusarlos de negligencia grave en la atención de un bien básico a personas mayores y niños. Que si quieres arroz, Catalino… A las 8’30 a.m. llaman, finalmente, los técnicos de Endesa, diciendo que llegan en hora y media, pero que si la avería es nuestra, hemos de abonar el servicio. Le digo que por qué no me han dicho eso a las cuatro de la tarde del día anterior y por qué no han venido entonces. Ellos no saben nada. En el servicio de Averías se lavan las manos. Así que he concertado la cita para que vengan los técnicos, vuelvo a llamar al servicio de Averías y me repiten la cantinela: hay una avería masiva y están trabajando en ello, sin saber que los técnicos vienen de camino. Llegan los técnicos y, en efecto, se trata de una avería de la compañía que nos ha desatendido durante 14 horas un frío día de invierno y que, por supuesto, como la de hace un mes, solo nos afecta a nosotros. Uno de los dos técnicos me dice, con no poca sorna, que, si quiero que me atienda alguien de “aquí”, de CAT, que pida que me atiendan en catalán, y así hablaré con alguien de aquí, me entenderán mejor y es posible que me atiendan antes…, aunque eso no lo pueden asegurar, porque la compañía ha recortado en personal, en mantenimiento y en atención a un mercado, el español, que ya le interesa poco. A los tres días nos la vuelen a cortar porque necesitan localizar la avería y quienes vinieron no hicieron un puente que les permitiera buscarla sin dejarnos sin luz. Durante más de una hora me tienen en el vestíbulo de la finca siguiendo de cerca unos trabajos de búsqueda como el de quienes buscan metales por la mañana en la playa con un detector… Al final se van, porque han localizado la avería ¡y eso se lo dijimos al servicio de averías cuando el corte de luz a las 16’00h! en el mismo lugar que la de hace un mes. Se van, pero amenazan con volver, y eso sí, me recuerda que, cuando tengamos una avería, llamemos cuantas más personas mejor, porque solo de ese modo proceden a enviar los técnicos, a ellos... El dueño de la tienda de uno de los bajos está que trina, en plena campaña de navidad…, pero ellos van a cursar denuncia por daños, por supuesto. Nosotros deberíamos, pero te complican tanto la vida para hacerlo, pierdes tanto tiempo vital en ella, que, una vez vuelta la luz, tratas de recuperar lo que el apagón te robó, y recuerdas, entre acongojado y desesperado al Jack Lemmon de El Prisionero de la Segunda Avenida. ¡Perra vida de abonado en la que solo crece la espiga nutrida de la indignación!

Adenda: Nos vienen a "localizar" la avería y nos vuelven a dejar sin luz. Con técnicas algo rudimentarias, a mi ignaro malentender en estos menesteres, buscan por ultrasonidos y luego por contacto acuoso dónde está el cable roto. Marcan un sitio posible. Se van. Vienen otros. Cavan y se encuentran con una avería de una tubería de agua. Hasta que no la arreglen, ellos, la luz, no pueden hacer nada. A las 8.a.m llegan dispuestos a localizar, de nuevo y a tiro fijo, la situación del cable averiado.  LO primeor es cortarnos la luz. Bajo y les digo que hay un scape de agua donde, presumiblemente, está la avería. ¡Entonces, tras haber cortado la luz, se acercan a la zanja y dsscubren que, en efecto, está llena de agua! Pero, oiga, ¿es que no pueden Vds. confirmar con el Agua que la hayan arreglado, antes de venir y cortarnos, pobres de nosotros, la luz, a la hora del desayuno? ¡Qué va, esos del Agua trabajan fatal...!, me dice. A las 9'30 -seguimos en a.m.-  los del Agua cavan y cavan y vuelven a cavar, y solo les sale agua, agua, agua, y sin peces en ese río... Vuelvo del gimnasio y no están. No sé si la han arreglado, pero después de sacar tres sacos de arena, han echado las planchas y no sé si volverán los de la luz para volver a cortárnosla,  en esta página kafkiana que me está tocando vivir como Presidente (sic, sí, con una mayúscula como mandan los cánones del sufrimiento infraestructural), y a la que se sumó, ayer por la noche, el atasco entre dos pisos de cuatro personas, una de ellas un bebé, y una perrita, para rescatar a las cuales hube de avisar a los bomberos que, ¡al menos algo funciona!, vinieron enseguida y los "liberaron" de tan angustioso y peligroso encierro forzado. En fin... (que es un fin que está a punto de finiquitarme a mí...) Casi estoy por pedir, si la palmo de esta, que esparzan mis cenizas en la zanja de la avería...

lunes, 10 de diciembre de 2018

La comarca de las cinco villas. La escapada.



Tres días y dos noches por espacios y poblaciones  privilegiados.

Tener un amigo que ha nacido en Uncastillo  -la lucha de sus habitantes es que no lo escriba nadie separado…- es siempre un motivo sobrado para visitar la villa y, puestos a darse una regalía para el cuerpo y el alma, albergarse en el Parador de Sos del Rey Católico, villa que recibe la adscripción por haber nacido en ella uno de los creadores de España tal y como la conocemos, aunque, al parecer, nació allí accidentalmente, pues su madre iba a alumbrarlo en Uncastillo. El privilegio turístico de esta, sin embargo,  incluso desde Sos lo reconocen, y animan al visitante ocasional de la Comarca a no perderse la belleza especial de un pueblo medieval y una judería muy digna de verse con la documentada explicación de la guía. Viajar, como nos sucedió, por paisajes por donde nunca antes han girado las ruedas del coche, es ya una recompensa notable para los modestos descubridores de realidades cercanas. El desvío hacia Egea de los Caballeros nos metió de hoz y coz en un escenario plácido y próximo a las bellísimas Bárdenas reales, rescatadas por los ecologistas al uso de campo de tiro del Ejército del Aire. Egea tiene algunos monumentos de interés, pero como la oficina de turismo cerró una hora antes de lo que indicaba el horario, nos quedamos sin información y sin la posibilidad de acceder a ellos. Por fuera es un pueblo grande, con ínfulas, aunque edificios notables como la antigua Casa de la Música hablan bien a las claras de un noble pasado. Estar desinformados nos llevo a acortar la estancia y seguir hacia Sos, para comer en el Parador, cuya reputación gastronómica es algo así como la señal de identidad del grupo de Paradores -en cuya dirección el presidente snchz ha enchufado a un próximo, por cierto, que en algo se ha de notar que ha cambiado el gobierno de dedo adjudicador de sinecuras…-. Y así lo hicimos, pero unas exquisitas migas de antología se me atravesaron por su contundencia, excesiva para un casi minusválido gástrico como yo… Nada que un par de horas de habitación tranquila y buena lectura no pudieran remediar. La visita al pueblo, construido todo él sobre roca,
bajo una lluvia de la que era fácil defenderse, dada la estrechez de sus calles y el insólito gentío que en fines de semana inunda la población, nos descubrió una ciudad en mucho parecida a Albarracín, también con su judería y sus iglesias y hasta una simpática escultura de José Luis Berlanga, de traje y con los pies descalzos y desnudos, en recuerdo del rodaje, en aquella población, de esa aproximación en clave de comedia a la Guerra Civil que fue La vaquilla, uno de los últimos destellos de su contrastado genio creador.
Entre Sos y Uncastillo nos desvió la recepcionista del Parador por una carretera comarcal que nos llevaba directamente a Uncastillo y en la que no nos cruzamos, en los cuarenta minutos de recorrido, con  ningún otro coche. Esa es otra de las grandes experiencias del turismo por las carreteras secundarias, atravesar el espacio por donde, desde tiempos remotos han viajado las personas a lomos de bestias o en toscas carretas. Con tantas curvas ceñidas a los lomos de las suaves colinas, la velocidad permite controladas distracciones para apreciar bosques, cultivos, montañas y un horizonte lleno de esplendor.  Tan temprano un domingo, e ignorantes de lo que la villa era, aparcamos al borde de la carretera y nos adentramos, sin otra guía que la percepción despierta de la belleza, por la distribución circular de la villa en torno al castillo, al que subimos y del que bajamos para concertar una visita guiada con vuelta, después de comer, de nuevo a los restos del castillo, lugares en los que siempre los estudiosos del medievalismo literario y del Romanticismo nos movemos como Pero por su casa. El guía supo darnos razón del linaje de nuestro amigo, el hijo de la hija del panadero, y en el restaurante de la villa nos confirmaron su nobleza y bondad natrales: “muy majo, el Paco, muy majo”. El guía, harto simpático y documentado, nos llevo como al ganado por las calles de la villa, ¡Vaaamos, vaaamos!, y apenas nos quedó rincón del que no nos explicara sus singularidades.
Dos visitas guiadas hicimos, y ambas muy diferentes. El paseo por la judería con la visita a los restos de la antigua sinagoga mayor y con un trozo de calle oculto a los ojos del visitante que llevaba al río para tener agua con que trabajar en los obradores, tenía algo de especial emotividad, dado el infortunio que hubieran de padecer habitantes que, de la noche a la mañana, hubieran de empacar sus cosas y poner rumbo al exilio forzado.  De la Iglesia que nos enseñó el dicharachero y socarrón guía que nos amenizó la visita, y más allá del órgano barroco, me impresiono la pila bautismal del siglo VIII. 
Acabamos la jornada en Sádaba, con la única intención, dada la hora, de visitar un castillo mucho mejor conservado que los de Sos y Uncastillo, con su nevero extramuros que, a mí particularmente, me llamó más la atención que el propio castillo, cuya guía lo mostraba con un enfoque didáctico que nos hizo pensar en las visitas obligatorias de los viajes escolares, ¡nuestro pasado laboral!
Viajar con la calma de quien no tiene objetivos que cumplir nos permitió encarar el largo viaje hacia la catedral románica de Jaca, con una disposición paisajística encomiable. Adentrarse por la esquina noroeste de la provincia de Zaragoza para llegar poco menos que a la confluencia de ella con Huesca y con Navarra, nos hizo dar una vuelta por el norte de las Cinco Villas que nos cercó a bosques en pleno cambio de hoja y a una autovía guadianesca de la que entrábamos y salíamos cada pocos quilómetro, únicamente para deleitarnos con nuevas muestras de la belleza paisajística que atesora España, para quien sepa apreciarla. Jaca, ciudad de deportes de nieve, nos gustó, no solo por la catedral, de cuya visita guiada , por el hecho de llegar cinco minutos tarde, no pudimos beneficiarnos: al no haber nadie a la hora prevista, la cancelaron. Con un tríptico nos informamos de lo que pudimos y apreciamos una suerte de catedral fortaleza de hermosa sencillez y  un entrada lateral llena del encanto de siglos cumpliendo la función de resguardo de los elementos. Tanto en Sos  como en Uncastillo, la queja fundamental era el despoblamiento de ambos pueblos, el escaso futuro que les aguardaba y la imposibilidad de revertir ese destino. El turismo por sí solo no es, para combatir esa situación, industria suficiente. Con todo, tanto uno como otro, suelen recibir, sobre todo en la campaña de verano, visitas diarias para asegurar la supervivencia de ambos. En un tramo del recorrido, al pasar por lo que llamaríamos el centro de la ida social de la villa, distinguí un puesto de diarios en el que pude adquirir El País del domingo, una lectura que nos entretendría las últimas horas del día antes de acostarnos y, al día siguiente, seguir camino hacia Jaca. Es sorprendente la capacidad de distensión que permite una escapada de apenas dos días y medio, desestresantes y llenos de vivencias históricas, artísticas, arquitectónicas y paisajisticas de enorme nivel, y que mejor se aprecian cuando se va a los sitios con el espíritu abierto a la sorpresa, sin albergar ninguna expectativa que, como suele pasar cuando se llevan, acaban siendo defraudadas por la realidad. Aún recuerdo la emoción de haber descubierto in situ la estricta objetividad del diminutivo de la Plaza del Torico, en Teruel. ¡Nunca se me despintará mi admiración por tan sabio rasgo de sentido del humor municipal y ciudadano! Me he apalabrado conmigo mismo que la próxima visita a esa bendecida comarca habrá de serlo a las Bárdenas Reales, mochila a la espalda y sendero por delante, pero no en verano, está claro…


domingo, 4 de noviembre de 2018

Crónicas de Robinson desde Laputa… II



El hallazgo de la lógica rancional

Sorprende que el reducido tamaño de Laputa esconda en su seno jardines tan amenos y tan poco frecuentados que bien pueda yo dedicarme a mi observación metódica y rigurosa  de Torilandia -abreviemos…- sin ser molestado por impertinentes admiradores a lo largo del día, ¡y menos aún de la noche!, porque, sí, lo reconozco, el principal país de esa taurófila península, ¡tan peculiar! -bizarre, habría de decir en nuestra irremplazable lengua- ha logrado cautivarme de tal modo que incluso mis propias aventuras de supervivencia palidecen algo, si comparadas con las insensateces, esperpentos y friquiñuelas que no solo se producen espontáneamente en ese país, sino que se reproducen como los conejos que, al parecer, dieron nombre romano -de origen fenicio, como todo el mundo sabe…- a ese conjunto de tierras diversas y poblaciones en permanente conflicto por un quítame allá esta o aquella identidad tautológica, herencia del cristianismo que aún es motivo de discordia, como enseguida veremos. Diríase del que me acoge, de este fresco jardín arbolado, que es algo así como mi backyard privado. Desde aquí, acompañado por la brisa que convierte en cítaras los pinos y disemina su fragancia por toda la contrada, observo con curiosidad filosófica, mi escoptofilia genética, los aconteceres, sobre todo políticos, que tanto apasionan a esas pobres gentes pendientes siempre de lo que no pueden gobernar y olvidados de sus propias vida, dejadas al azar de los vientos en una nave sin gobernalle y en una noche tempestuosa. El hospitalario Juan Pérez que me ha acogido en su Provincia Mayor, definió perfectamente uno de los rasgos antropológicos de lo que él llamó Torilandia: el uso de la lógica rancional. Esa lógica rancional se multiplica a cada nuevo cráneo inprivilegiado que abre la boca para exhalar regüeldos que quiere hacer pasar por pensamientos. Prestémosle atención al último exabrupto del sector autonómico: equiparar el uso del castellano y del catalán en el sistema educativo catalán es un atentado contra el catalán como no se había visto desde 1978, ha venido a decir la ministra autonómica del ramo con un despliegue de ofendido papo valleinclanesco. Y quedose tan pancha y oronda y filológica. Prohibir una de las dos lenguas oficiales en Cataluña (los progres acomplejados han de escribir Catalunya, como Girona o A Coruña...) se ve que es una defensa de la cultura. Impedir que los escolares se formen en las dos lenguas propias y oficiales de la comunidad autónoma es, así mismo, otra defensa, en este caso acérrima -que está más cerca de lo que en realidad es, una cerrilidad-, de la educación y, de rebote, de la cultura. Y concluye, después de haber diseccionado otra muestra estadística de una tal Fátima Báñez, ejemplar nativo a medio camino entre los retratos de Picasso y Solana: Se ha de reconocer que la lógica rancional es, como dicen ahora los modernos, transversal. Es acogida en cualquier formación política de, como dicen los cronistas, todo el espectro ideológico, una expresión que asusta bastante más que el referente, la verdad, que ya es decir. Viene esto a cuento de los retorcimientos lógicos y lingüísticos que se han visto obligados a hacer quienes sustituyeron, vía moción de retales, al anterior gobierno de un tal don Tancredo o acreditado tancredista, que está por dilucidarse la cosa, dada la silente y sombría presencia pública del censurado, quien por fin puede dedicar sus días, full time,  a caminar y a seguir la actualidad polideportiva. Andan revueltos en Torilandia por la suerte de yenka que baila el Gobierno de la nación en todo asunto en el que fija sus objetivos propagandísticos, que no propiamente de gobierno. Así, la exhumación del Dictador, alguien sepultado en el más polvoriento de los olvidos, devenida resurrección a costa de no haber previsto qué hacer con sus restos, habiendo la familia expresado el deseo de enterrarlos en una nicho de propiedad familiar en un céntrica y horrible catedral de la capital, lo que ha dado pie a una esperpéntica intervención, saldada con copioso ridículo, por parte de la alucinante lugarteniente del Presidente, ante la diplomacia vaticana, acaso la más experimentada del mundo. O las gestiones de cesión de derechos para lograr un acuerdo con quienes quieren destruir el Estado en su actual forma de monarquía democrática, de modo que con su apoyo puedan aprobar unos presupuestos expansivos -a pesar de los tambores de crisis que ya se escuchan…-que los continúen alojando en el Gobierno durante un año más antes de convocar elecciones. Vistos desde Laputa, estos asuntos, parecen menudencias pueriles, porque son tantos los errores de estrategia, de comunicación y de actuación ante otras autoridades, que dan a entender que han sustituido temporalmente a un hipotético gobierno cabal -¡que no es el anterior!, y que en realidad acaso sea, como tal, “gobierno cabal”, una expresion sin referente real…- y se dedican, quienes usurpan sus funciones, a entretenerse en exhibir su poder ejecutivo, por nimio y, sobre todo, reversible que pueda ser tras unas elecciones en las que no saquen mayoría para formar gobierno. Los díscolos antipatriotas de la franja noreste, cuyos líderes siguen en prisión preventiva, ¡y lo que les queda…!, aún continúan sin decidir si se tirarán al monte de la acción directa, y directamente condenada al fracaso y a la cárcel, o insistirán en la senda reciente de los acuerdos “bilaterales”, los llaman ellos, para sacar el pecho de tú a tú, y aparecer ante sus fanáticos seguidores como auténticos “hombres de estado”, a pesar de que no dan la talla ni a pesar de que el sastre les haga el traje a medida, ese my tailor is rich que suelen tener todos los ciudadanos de esa península y del que presumen ante nosotros cuando quieren usar nuestra lengua. Acostumbrado a tan larga experiencia de la autosuficiencia, me choca que quienes gobiernan, y otros partidos que los apoyan, deseen convertir a sus votantes en gentes dependientes y con escasa o nula iniciativa para contribuir al bienestar propio y ajeno en una sociedad donde se premie la industria, el ingenio y el trabajo, pero ese es un camino sobre el que no me puedo extender en estas crónicas de esas gentes arbitrarias y esperpénticas que suelen olvidar lo esencial para perderse en los laberintos de los juicios de intenciones y las descalificaciones ad hominem, la expresión más pueril y deprimente del uso de la razón. Sí, no se me olvida que ahí abajo funcionan con esa lógica rancional, cuyos ejemplos, desde las clases dirigentes hasta las indigentes, más parecen propias de los yahoos que de las personas racionales. Sobre todo en las noches de luna llena y silencio llegan hasta este recóndito jardín esas voces desgarradas de las amenazas, los insultos, los sarcasmos y las chulerías, como si todas las personas acabaran el día colgados de una botella de aguardiente. Entrar en detalles como el de la ¡ministra de justicia! -sí, todo en minúsculas, ¡porque lo exige la objetividad!, que denuncia a compañeros de profesión por tener líos de sexo con menores sin denunciarlos, sin embargo, en sede judicial, o a la que le parece de perlas que un comisario explote a mujeres para sacar información de sus víctimas empresariales y políticas; o tener un ministro de ciencia, innovación y universidades cuyos criterios éticos a la hora de evadir el pago de impuestos -¡pagarlos nos ha hecho grandes, a los ingleses, realmente!- andan tan reblandecidos como los relojes del gran pintor español ampurdanés; o… Bien, no se ha de cansar a los posibles lectores de estas crónicas, no sea que no quieran volver a frecuentarnos. La política es el conjunto de trampas que nos ponemos, socialmente, para complicarnos la vida, en parte por sport, en parte por ese recio instinto de autosabotaje para el que solemos aliarnos hasta con el diablo, y no doy más detalles por no duplicar tal presencia maligna. Desde esa perspectiva, no es extraño que esa lógica rancional halla encontrado tan feliz asiento en Torilandia, para desesperación de los ilustrados que allí habitan, que no son pocos, aunque puedan menos. En fin, esta observación me distrae de la redacción de mis propias aventuras, pero la doy por buena en la medida en que puedo, a partir de ella, andarme por unas ramas de la reflexión por las que no me puede andar en mi largo y penoso cautiverio, tan ajustado como hube de vivir a los pormenores de la propia subsistencia. Me retiro a descansar, pero seguro que no tardaré en asomarme de nuevo a lo que ahí abajo ocurre, cuyas voces, en la noche estrellada, me llegan con una nitidez solo comparable a la de las voces que les llegaban a los viajeros que viajaron durante cinco semanas en globo por el norte de África.


jueves, 18 de octubre de 2018

Traspasando umbrales... Rastreando vida...



La huella de la vida en la casa propia o el peso terrible y cinerario del museo .


Entrar en las casas-museo de escritores o artistas tiene siempre un sí sé qué de ambigüedad: Ellos ya no la habitan; pero todo parece disponerse para dar al visitante la impresión de que los artistas acaban de salir a hacer un recado y que volverán enseguida para departir breve y cortésmente con nosotros, antes de retirarse a sus "altas" ocupaciones inaplazables. Ese difícil equilibrio entre la presencia y la ausencia rara vez se mantiene con todo su poder de sugestión. Lo propio es que lo museístico, esa sepultura abierta de las vanidades, acabe imponiéndose a la percepción vital de los personajes en su espacio más íntimo y nos impida "conectar" con la humanidad o inhumanidad de los personajes a quienes se rinde la pleitesía de la visita. Tres espacios íntimos visitados en una semana quizás sean muchos, pero los tres fueron interesantes, en la medida en que, al menos dos de ellos, forman parte de los escritores leídos: Unamuno y Saramago. César Manrique, por su parte, forma parte inextricable de la isla a la que sus afanes artísticos han hecho, más allá de su persona y su obra, famosa en el mundo entero. La morada de Unamuno en Fuerteventura, en la antigua Puerto Cabras, fue un hotel, convertido hoy, claro está, en casa-museo, si bien propiamente solo se guarda de él un eco de su presencia en la isla a través de fotografías y los espacios donde vivía y trabajaba. Me fue imposible, sin embargo, acceder a la azotea, a la que se subía desde el impluvium mediante una escalera, para imaginármelo completamente desnudo, bronceándose, mientras leía, orgulloso, los Episodios Nacionales de Galdós como nunca, antes de él, nadie los había leído: como llegó al mundo. Los espacios del hotelito son pequeños y mantienen un aire solemne que no debió de tener en sus días. ¡Qué trabajo cuesta imaginar a un ser tan vitalista como Unamuno encerrado entre esos muebles "estirados", en esa cama severa donde añoraría la presencia cosoladora de su Concha: esposa, novia, hermana, madre, confidente..., según la definió alguna vez. 

No hube de hacer un poderoso esfuerzo de imaginación para representarme a don Miguel escribiendo en el austero despacho donde acaso no estuviera, en su época, la pequeña escultura que ahora hay de Galdós; y ello porque cuando un escritor escribe, la focalización en el papel blanco es de tal naturaleza que bien puede hablarse de que todo alrededor de él desaparece, incluido el propio autor, sumergido en el texto que parece escribirse solo a medid que la mano se mueve con agilidad por los renglones haciendo aparecer en ellos la vida, el pensamiento o el canto... No, no cuesta trabajo intuir la soledad de Unamuno y el apartamiento de sí mientras va componiendo el diario íntimo en sonetos de su destierro tan lejos de España, por más que toda España estuviera con él en la paupérrima isla, aún no bendecida por un turismo lejano, y su palabra fuera el mejor presente de la dignidad de la nación. El hotel, una planta baja de trazado rectangular con dos pasillos laterales a los que se abren las distintas dependencias: habitaciones, cocina, baño, etc., conserva un silencio como de formol y un lustre de aseada fiesta mayor: ni una voz más alta que otra altera el sosiego del espacio: diríase que el artista cincela sus versos llenos de acritud y de nostalgia, a partes iguales, y que nada ni nadie puede ni debe molestarlo. No, en modo alguno teme uno salir de una estancia y musitar un "Buenos días, don Miguel", tras tropezarse con el afable y severo pensador y literato, mientras va camino del cuarto de baño o a pedir un poco de sal de frutas en la cocina para aliviar el ardor del queso majorero, demasiado curado, del desayuno. El visitante se atreve a ver a Unamuno tumbado en la cama, vestido, los brazos cruzados bajo la nuca, los pies descalzos, en actitud ensoñadora, quién sabe si a punto de quedarse dormido en la siesta del carnero, mientra repasa los rostros individuales de su numerosa familia... Una casa-museo, se le revela entonces al visitante, es casi un oxímoron: la vida y la muerte no pueden compartir el mismo espacio sin que, en tan desigual batalla, pierda la vida su razón de ser y gane el museo su rotunda y atildada presencia marmórea. Sí, salir del hotelito es una bendición, y más aún coger el coche-camello y dirigirse a Betancuria, donde la incuria del tiempo no ha podido hacer desaparecer el breve encanto de la que fue capital interior de la isla; por entre sus escasas calles sí que la presencia de Unamuno adquiere una entidad vital de la que carecía en su alojamiento hotelero.
La casa de César Manrique, perdida en un pueblo de montaña, en Haría, no engaña al visitante: en vida del autor ya fue concebida como museo viviente, y todos sus espacios han sido diseñados para ser usados y para ser admirados, al tiempo. 
Ninguna celebridad que visitara la isla dejaba de visitar esa casa, que fue ampliándose a lo largo de los años con nuevas estancias, cada una de las cuales se caracterizaba por la impronta que el artista dejaba en ellas, imprimiéndoles el sello especial de su genio diseñador. Esa vocación museística no ha impedido, sin embargo, que la casa conserve un aire de espacio vivido, habitado, que se aprecia, sobre todo, en los cuartos de baño, de los que parece que fuera a salir, el dueño, cubierto por un albornoz, para invitarnos a un café o un refresco al tiempo que nos envuelve un fuerte aroma a elixir bucal. El privilegiado espacio de la chimenea en una pared de roca volcánica permite rescatar el eco de algunas veladas dialécticas llenas de evocaciones y confidencias. Sí, se oye el apagado chirrido de los muelles de los sofás y la sofocada respiración de los cojines, mientras tintinea en el aire el sonido metálico de la badila que ha tropezado con uno de los morillos tras reordenar los troncos que se consumen en la chimenea. La presencia dominante de libros de arte, de decoración y de diseño indican no solo la especialización del artista, sino el referente que parece haber guiado la construcción de unos espacios en los que ni siquiera falta algún detalle de relativo mal gusto, como la cocina de estilo inglés, impropia del resto de la casa y, sobre todo, de una construcción en la que no parece que tenga cabida el estilo del cottage, pero así son las decisiones artísticas. 
La última visita a un espacio personal sin la persona que lo definía es la casa de escritor José Saramago. Anticipo que el viejo idealista comunista no me ha sido nunca nada simpático. Me recordaba demasiado a Álvaro Cunhal y su tétrica presencia y trasnochado ideario estalinista. Leí su Ensayo sobre la ceguera y me deslumbró la invención y la prosa. Leí después El año de la muerte de Ricardo Reis y le hice un hueco en mi almario, donde Pessoa ocupa destacadísimo lugar. Me chocó, en el estudio del autor, ordenado, pero no fosilizado, su devoción por Pessoa, en las antípodas de su pensamiento político y vital; pero no seré yo quien se lo reproche. La guía nos recordó cuál era el motto que no se le caía a Saramago de la boca: algo así como que el tiempo apremia, y que no se podía perder, que tenía mucho que escribir... 

Esa sola mención a la urgencia de no perder el tiempo me unió a la ausencia del escritor, cuya cama mortuoria me pareció opresiva y, de ser su mujer, para no volver a usarla jamás. Como se trataba de un ser frugal, trabajador, poco dado al exhibicionismo, ningún detalle en la casa excede de la discreción habitual del personaje, quien releía, en los días cercanos a su muerte, La montaña mágica.
La casa es relativamente pequeña y modesta, y los espacios tienen un no sé que de poco prácticos, dado lo abigarrado del mobiliario. ¡Y suerte que construyeron una biblioteca en un espacio adyacente a la casa!,lo que los liberó de un agobio terrible, porque los libros, como los muros la hiedra, lo van ocupando todo y, al final, hasta consiguen echar a los propietarios hacia espacios vacíos donde recuperar una visión deslomada y relajada. Insisto, ninguna pieza, ni siquiera la cocina, donde a veces invitaba el autor a algún despistado que llamaba a su puerta a tomar un café, tan interesante como el estudio: en él se concentras las mejores vibraciones de la casa, las que nos rescatan, como un holograma, la figura del autor dedicado a su labor callada, solitaria y de dimensión universal. Llama la atención una colección de plumas que, sin embargo, son totalmente "postizas": Saramago escribía en el ordenador desde la aparición de estos útiles impersonales. Las plumas son todas regalos de admiradores ignorantes de sus hábitos de escritura electrónica. Esos detalles de decoración, salvo los lienzos que cuelgan en las paredes, le restan vida al museo, y solo la recupera en esos volúmenes "tocados" por el autor y en los que sus ojos castigados se engolfaron con un afán similar al de propio visitante: Gracián, Antonio de Guevara, San Juan de la Cruz... ¡Se siente, entonces, uno como en su propia casa! Ninguna visita más real, a la casa del autor, que la de haber podido sentarse en uno de los sofás de la sala de estar y hojear alguna carpeta donde el autor guardara apuntes, originales, esbozos de futuras obras o pensamientos sueltos anotados en cualquier trozo de humilde papel... La guía, que peca de solemne, por mor de su pasión por el autor, nos recuerda, sin embargo, constantemente, que estamos en un "museo", y es lo peor que le puede pasar al escritor, cuyo espíritu he creído intuir, libre y meditabundo, en el jardín de la casa, junto a los olivos, como el de esa foto entrañable de él transportando uno de ellos en una maceta en el avión para replantarlo en el jardín, donde ahora exhibe todo su orgullo de especie milenaria...

Traspasar el umbral de la vivienda de artistas famosos no siempre significa recuperar la presencia viva de los mismos, pero siempre hay algún rincón que ha sobrevivido al impulso museístico que acalla los rumores, los ecos, de esas vidas. Es extraña la situación del visitante: incómodo por transgredir los límites de la intimidad y, al tiempo, expectante ante cualquier destello de vida que, como una aparición, pueda atesorar en su recuerdo. Como dudoso dueño de una Provincia mayor que el mundo..., el Artista Desencajado entra en el espacio íntimo de los demás y está convencido de que no le gustaría que entraran en el suyo...

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Un libro de historia vivita y coleando... "Anatomía del 'procés'"












Entre la historia, la sociología y la psicología: un análisis académico de un hecho concluido históricamente, pero mantenido con vida artificialmente..., para mayor ridículo de sus deudos.


Coincidiendo con el intento de golpe al estado español dado por el Movimiento Nacional Secesionista Catalán, que creyó poder quebrar la legalidad constitucional con la aprobación de leyes que establecían otra legalidad nueva por las bravas, basada en la inexistente y enigmática "soberanía catalana", se presentó en La casa del libro, que vale decir la casa de la cultura y de la convivencia, el libro coordinado por Joaquim Coll, Ignacio Molina y Manuel Arias Maldonado: Anatomia del procés. Aunque temimos, los asistentes, que la presencia de Manuel Valls acabara fagocitando mediáticamente el acto, este discurrió por los cauces, digamos "académicos", que correspondían. 
El libro surgió de las sesiones de un Seminario dedicado al prusés y celebrado en la UIMP a principios de verano, impulsado, básicamente, por Joaquim Coll. Estamos en presencia, pues, de una novedad editorial cuya oportunidad, en esta fecha tan marcada en el calendario de los horrores antidemocráticos, es indiscutible. La idea original, acercarse al fenómeno del prusés como un proceso acabado y datable, desde 2012 hasta 2017, responde a la necesidad historiográfica de tratar con "hechos conclusos", no abiertos, de modo que la realidad "en curso" no acabe desmintiendo totalmente análisis y conclusiones. Aunque la deriva de algarada y agitprop que han seguido a ese periodo es el pan nuestro de cada día, e indica una lamentable dirección, culminada en la elección del primer presidente abiertamente racista en la Historia de Cataluña, desde la Transición del 78, los presentes, salvo matices, coincidían en que la aplicación timorata del 155 puso punto final al prusés tal y como los propios secesionistas nos lo han vendido, DUI incluida.
Acercarse, así pues, a un hecho "ya" histórico, pero tan cercano, implica unos riesgos ciertos, no solo porque buena parte de los hechos internos, y acaso determinantes, del propio Movimiento Nacional, nos es desconocida -poco a poco vamos conociendo reacciones hasta ahora escamoteadas, como la de Rull: "He hecho el gilipollas", al enterarse de la cobarde huida de Puigdemont a esa Suiza jurídica que ha resultado ser Bélgica; sino porque ni siquiera las conocidas admiten una lectura inequívoca.
La opacidad, la ocultación, el engaño y la propaganda distorsionaban en qué ha consistido el prusés, con su "pompa y circunstancia" de los "astutos"  "acuerdos de País", de las "leyes de transición", de la propia "constitución catalana" de por medio, un conjunto de demencias en las que de forma consciente, pero frívola, colaboró buena parte de la sociedad civil para no pasar por el mal trago de ser considerados traidores, botiflers; esa opacidad, ya digo, ha velado las insufribles contradicciones internas de un Movimiento Nacional con los pies, no ya de barro, sino enterrados en la ciénaga populista del supremacismo, de la xenofobia y de las consignas propias de los regímenes totalitarios de los años 30: un pueblo, una lengua, un Moisés...
Los intervinientes fueron explicando su participación en el volumen con excelente fortuna, porque quedó bien claro a los presentes la génesis y el tenor de las participaciones en una obra que no es una suma de opiniones heteróclitas, sino un enfoque multidisciplinar de un hecho considerado ya, por los  coordinadores "histórico", y no en el sentido en que los secesionistas nos han aburrido con su secuencia infinita de miserias históricas con las que pretendían convencernos de que íbamos hacia la Tierra prometida, en vez de al desastre. Joaquim Coll hizo una distinción muy conveniente entre el título del voumen, Anatomía... y el que pretendían los editores que tuviera, Autopsia... Que hayan dejado Anatomía... lo acerca al título del libro de Cercas, Anatomía de un instante, sobre otro intento de golpe de Estado. A mi parecer, es esta, la de Cercas, una "ausencia" que se echa de menos, sobre todo por el atento seguimiento que ha hecho el autor de todo lo relativo al prusés desde las páginas de El País, pero en modo alguno ensombrece la importancia de los que figuran. Joaquim Coll se centró en el reto que para los historiadores entraña acercarse, como hecho consumado, a esa cálculo erróneo de las propias fuerzas e incluso de la "nobleza" de la propia causa, con los efectos consiguientes, siendo el peor de todos, la insuturable división interna de la población catalana entre quienes quieren una república autoritaria y paraétnica, de un lado, y quienes seguimos defendiendo la radical españolidad de Cataluña y el acatamiento a la Constitución del 78, de otro.
Bassets analizó el fenómeno de la supeditación mediática al prusés, marginando de raíz la expresión de un pensamiento crítico, lo cual ha "unificado" la producción de mensajes de los canales públicos y pseudoprivados, con la consiguiente merma del pluralismo informativo, un hecho poco o nada democrático. Él no lo mencionó, pero en la mente de todos todos los asistentes estaría el famoso inicio de esta perversión mediática: el editorial conjunto que contribuyó, como otras muchas reuniones solemnes de esa "Mesa por el derecho a decidir", y engendros semejantes, a la construcción de la uniformidad de pensamientos y de objetivos "políticos". Insistió, además, en un punto crucial del éxito del prusés: la construcción de un relato eficaz del memorial de greuges, por más que constituya una impostura, una mixtificación. En el haber del prusés señaló dos factores determinantes: los medios de comunicación y la escuela, cuya existencia no explica por sí sola el prusés, pero sin la cual tampoco podría explicarse. El mundo de la información  ha descubierto, malició Bassets, adjudicándoselo a un colega de La Vanguardia, els mitjans privats concertats... A través de ese despliegue mediático se transmitieron con eficacia ideas del XIX con tecnología del XXI. 
Fue Manuel Valls quien recoró la importancia de la manifestación del 8 de octubre como reacción constitucionalista contra el golpe al estado. En la parte de las respuestas a las preguntas de los asistentes, Joaquim Coll recordó la perplejidad del psC ante la explosión de indignación de más de un millón de personas -dijeron, pero ya se sabe que las cifras en CAT sufren de *guarismitis- y ante la ceguera hermenéutica de Josep Ramoneda, incapaz de detectar la puesta de largo del nuevo "sujeto histórico" frente al relato de la Cataluña única, homogénea y excluyente de los secesionistas.
Astrid Barrio expuso su convicción de que el modelo del prusés respondía  a lo que los politólogos llaman el modelo de sobrepuja, según el cual, en ausencia de un poder efectivo y aceptado -como fue en su tiempo el de CiU- entre los partidos y las asociaciones que se disputan la influencia social para conseguir los objetivos políticos se establece una competición para ir "mas allá" en los objetivos o en los métodos que, en este caso, de los partidos secesionistas y los movimientos de la ANC y Ómnium nos han traído al actual cul-de-sac, en el que, sin embargo, como se advierte por el tándem Puigdemont-Torra, algunos insisten, ignorando que ya se ha producido un final "de hecho" con el 155, que ha inutilizado el modelo. Insistir en él solo llevará a una repetición, más dura, del 155 y a las responsabilidades políticas pertinentes. Barrio defendió, también, que el modelo del prusés constituye una deformación sustancial de los fundamentos de la democracia liberal, y de ahí la nula repercusión  internacional favorable a un modelo populista que ataca esos fundamentos compartidos por la Unión Europea. La profunda indefinición de los límites entre partidos y asociaciones de activistas está en la raíz de esa "competición" por liderar la vía unilateral hacia la independencia, al margen de las consecuencias objetivas de la transgresión legal que ello supone y que ha dado con políticos y activistas en la cárcel, de modo preventivo.
 Durante el breve turno de respuestas al público, se abrió un debate que, de hecho, ha de ser el debate que nos ocupe a los catalanes en muchos años por venir: la redefinición del catalanismo político.  Ahí las posiciones de los presentes, como es natural, divergían, porque, dada la emergencia del nuevo sujeto histórico que no "comulga" con lo que hasta ahora había sido tolerado con sorprendente pasividad a cambio, parece, de la paz social, la configuración del relato excluyente del catalanismo ha sufrido un revolcón descomunal y ha provocado un rechazo que va a ir más allá de cuanto conocíamos. Nada, ya, va a ser lo mismo. Auguro, sin embargo, teniendo la manos lejísimos del fuego..., que la tercera va de quienes compartimos las identidades catalana y española en riguroso plano de igualdad oficial y emocional, iremos ganando, poco a poco, el relato de la "nueva Cataluña" que sustituya al antiguo pal de paller que quiso ser un nacionalismo cuya verdadera cara corrupta, supremacista y xenófoba encarnan Pujol, CiU, y cuanto, en forma de secesionismo delirante ha venido después.
Manuel Valls supo huir del vedetismo político que su propio currículo le otorga,  y puso el acento en la recuperación necesaria, urgente, de la dimensión española y europea de Cataluña, porque son las únicas vías a través de las cuales nuestra Comunidad puede ejercer cierta influencia en la realidad política actual.
Al acabar el acto, se me ocurrieron dos cosas. Una, que la mejor definición del prusés la hizo Galdós al relatar la enésima campaña carlista por conseguir la legitimidad del trono: En San Carlos de la Rápita desembarcó la locura. Venía guiada por la necedad y a recibirla salió la ceguera. ¡Y nos habían hecho creer que todo lo tenían bien dispuesto! Dos, que los secesionistas deberían pensar que sin los catalanes constitucionalistas nunca serán nada, pero que juntos, todos podremos serlo todo.
Finalmente, ha de insistirse, por amor a la verdad, que el libro no es una mera recopilación de artículos, sino una exploración, desde diferentes ámbitos y enfoques, de un hecho histórico notable y desgraciado, con una perspectiva académica, esto es, lejos de la confrontación política y adscrita de lleno al análisis metodológico riguroso, de la que se beneficia el lector, quien recibe un plus de ecuanimidad, de objetividad y de desapasionamiento crítico.
Ítem más: Había cierta expectación política por la decisión pendiente de Manuel Valls de aceptar el ofrecimiento de C's para encabezar su candidatura a las municipales en Barcelona ciudad. No la despejó, por supuesto, pero sus últimas palabras fueron un alegato a favor de la consolidación del proyecto europeo y de la importancia de Cataluña dentro de España y de Europa, y de la necesidad de construir un catalanismo plural y abierto. 
Nos va el futuro en ello.