viernes, 19 de diciembre de 2025

«La mujer nerviosa», de Manuel Segura, diplomado en Alta Psicología y Metapsíquica Experimental.

 

Un curioso manual práctico de exoayuda psicológica de 1960.

 

          De repente, y donde menos imagino, no salta liebre alguna, sino un libro sin cubiertas que la curiosidad me lleva inmediatamente a abrir para descubrir su título y la autoría: La mujer nerviosa por Manuel Segura. Diplomado en Alta Psicología y Metapsíquica Experimental. Publicado por la Editorial Mensaje, ubicada, en su tiempo, en la calle Vallespir, 39 de Barcelona, y hoy desaparecida, como compruebo tras una infructuosa búsqueda en el ISBN y en el buscador de Google. Sí descubro que la metapsíquica fue fundada por Charles Richet, Premio Nobel de Medicina en 1913 por sus estudios sobre la anafilaxia. El término fue sustituido después por el de parapsicología, creado por Max Dessoir. La verdad es que la figura de Richet da como para hacer una digresión de urgencia, dada su afición a la eugenesia y al supremacismo racial blanco. Participó en alguna sesión con la célebre médium Eusapia Paladino, otra que tal baila, pero yo estoy comprometido con este estudio sobre la mujer nerviosa que, nada más comenzar a leer, prometía mucho, dadas las referencias que menciona el autor: Siguiendo el compás científico que se inicia a comienzos de siglo dando a la «caracterología» forma unitaria ―Dilthey, Klages, etc.― avanzada y sintética, todos y cada uno de los diversos temas que son causa de «nerviosismo», se tratan en forma científica, amena y sobre todo muy eficaz. Dilthey es bien conocido, pero no sucede lo mismo con Ludwig Klages, el creador de la grafología como «ciencia» y de la caracterología, en cuyo ámbito de conocimientos publicó Wilhelm Reich un libro capital: Análisis del carácter.

          Tras esa sorpresa inicial, comenzó a molestarme el tono algo panfletario de la exposición, la deficiente escritura y cierta ufanía sobre el alcance práctico de la obra, un autobombo que parecía querer persuadir a las hipotéticas lectoras de que habían encontrado su Enquiridión psicológico, o poco menos:  Esta obra es a modo de inmenso espejo que refleja todos los «comos» (sic) y «porqués» del nerviosismo femenino, señalando los medios psíquicos de curarlo dentro de un estilo apasionante y amenísimo. Teniendo en cuenta que, como dice poco después, De cada diez mujeres, ocho son nerviosas, que es el título del capítulo primero, promete un remedio eficaz e insustituible para curar a esa mujer nerviosa a quien dedica a obra: Practicando la autosugestión consciente, el relajamiento mental y físico y los ejercicios convenientes de gimnasia psicofísica y complementando este tratamiento psíquico con lectura, deportes y otras normas psíquicas, cada caso de nerviosismo es reducido y suprimido rápidamente.

          Recurre, como no podía ser de otro modo, dada la Alta psicología de la que presume, al saber freudiano como guía analítica y práctica, aunque no tardaremos en ver de qué manera particular lo aplica: Toda la Psicoanálisis se fundó en la necesidad de hacer salir a la superficie de mente y alma esas emociones guardadas a fin de que al suprimirlas, suprimir también sus «complejos» anímicos  y sus síntomas físicos que revisten toda clase de dolencias y enfermedades fisiológicamente inexistentes. [El femenino para psicoanálisis es influencia catalana, lengua para la cual es palabra femenina]. Inmediatamente después nos avisa del poder de algunos factores extrapsicológicos: Siguiendo el reconocido principio de que «toda fuerza mayor sojuzga a la menor» y por ello todo nerviosismo no solo personal sino de cuantas personas la rodean, desaparecerá como por mágico efecto, frente a un pensar robusto en sentido digno, elevado, moral, noble y positivo; el tener siempre buenos y nobles pensamientos, buscando el bien en todos y nunca el exclusivamente propio, haciendo siempre el bien por el bien mismo y teniendo ardiente y expectativa fe en las propias energías y en la Divina Providencia, es instrumento maravilloso para «curar» radicalmente todo «nerviosismo» y también todo «complejo» y «neurastenia». Esa intervención religiosa que se aparta de los fundamentos teóricos desarrollados al principio irá adquiriendo mayor relieve a lo largo de la exposición, del mismo modo que, sin duda por la parte de la metapsíquica, recurrirá al método de la autosugestión, inventado por Émil Coué, un psicólogo anterior a la revolución freudiana, y en el que su mantra por excelencia: Tous les jours, à tous points de vue, je vais de mieux en mieux («Todos los días, en todos los sentidos, me va cada vez mejor») será propuesto como método de superación de esos nervios que tanto afectan a la mujer.

          No todos los «nervios» son iguales, de ahí que clasifique a las mujeres nerviosas en dos grandes grupos:  EL PRIMERO lo integran quienes NO SON NORMALES, entendiendo por tal a la que sufre de una mínima, a veces casi insignificante, carencia de su ajuste fisiológico o psíquico; a estas mujercitas los naturales contratiempos y dificultades de la vida las convierten rápidamente en «nerviosas». […] Es el otro grupo aquellas mujeres que SIENDO TOTALMENTE NORMALES, en cuerpo y espíritu, experimentan por azares de la vida, una o varias emociones tan deplorables e intensas que su equilibrio nervioso cede. La clasificación de Manuel Segura se funda en un análisis que plantea una relación interdependiente entre la psique y el físico, de tal manera que ciertos «defectillos» ―así los llama― determinan la aparición de los temidos «nervios» incapacitantes en la mujer. Veamos algunos de ellos: Cualquier «minusvalía» ( o sea, inferioridad, aunque leve y levísima) en el aspecto estético de la mujer, produce en esta una dolencia anímica.[…] Así, la mujer tartamuda, y conste que la tartamudez es grande afectada por la carencia de ajuste psíquico […] lo es en forma mucho más grave que el hombre, se supera mucho más difícilmente. […] Análogamente ocurre con la mujer demasiado baja (pequeñita), gruesa, delgada o alta. […] Son mujeres normales en apariencia, pero preocupadas allá en lo íntimo de sus almitas por ese «defectillo» que siempre las preocupa, y es o el ser muy pequeñas, o muy altas, delgadas como fideos o gruesas como tonelitos; y ese defecto estético las priva de su normal equilibrio nervioso por figurarse cuantas personas as rodean, las observan y critican y creer ha de obstaculizar su felicidad. […] Toda mujer que padezca de un defecto estético y visible será vacilante, tímida, triste y nerviosa. Luego los enumera crudamente: El ojo estrábico, desproporcionado o sustituido. La calvicie precoz. Los dientes deformes, amarillos o que faltan. Los granos o salpullidos del rostro. La carencia de estatura. El defecto de pronunciación.

          La represión freudiana es contemplada por el autor como un recurso que genera el complejo en la mujer: Si el agobio o tensión espiritual se repliega y compulsa a lo más íntimo del ser humano sin encontrar salida, el subconsciente termina por traducirla en una enfermedad, un trauma, un complejo. En consecuencia, lo propio es sacar a la superficie lo que esa represión entierra, para poder disminuir el sufrimiento: Existe el miedo anímico como conjunto y resumen de todo nerviosismo, complejo o neurosis; por ello EL CAMINO ACERTADO ES FOMENTAR, EDUCIÉNDOLA Y DESARROLÁNDOLA, LA SEGURIDAD EN SÍ MISMO, EL APLOMO Y LA FE. Y aunque vuelve a aparecer la fe religiosa en el Cristianismo como recurso de primer orden, no deja de reconocer el autor la verdad de ciertos recursos propios del psicoanálisis: La verdad casi maravillosa de dos normas psicológicas:Jamás pretender ocultar ni soslayar un defecto, bien sea fisiológico o anímico, sino declararlo valientemente y obrando con entera lealtad, para ti y frente a la vida, procurar dominarlo con cuantos medios estén a tu alcance. Nunca reprimir ningún sentimiento, sino analizarlo, estudiarlo, descubrirlo minuciosamente, en su cómo y su porqué, y luego remediarlo.

          Reconozco que no abusa de la verborrea metapsíquica, con raíces gnósticas, y que cuando lo hace parece haber un cierto aire de reconocimiento a la inteligencia y a la razón que se compadece con su preparación académica: Los nervios obedecen perfectamente a la razón y se disciplinan bajo el triple conjunto del alma, mente y cuerpo. Ya los antiguos metapsiquistas, con su idea esotérica del ternario, se refirieron a tal posibilidad, al tratar de los tres principios: activo, pasivo y neutro, y su triple conjunción para educir serenidad, porque, a fin de cuentas, el saber último que destila el libro se centra en lo siguiente: El descubrimiento psicológico llamado «equilibrar su vida». […] Consiste esta norma en trazar cada mujer su vida habitual de manera que deje cada día y cada semana un tiempo para: Sus tareas domésticas. Su trabajo, si lo tiene. Su afición favorita. El cuidado de su belleza y su espíritu. Su vida social. Su bienestar físico. En consecuencia, si la inteligencia dirige, orienta y enfoca la imaginación en su autosugestión consciente, el sentimiento se nutre de ideas altas y elevadas, y la voluntad disciplina el cuerpo físico, los nervios y la nerviosidad desaparecerán como por encanto, siendo sustituidos por una límpida y serena forma de ser, sentir y reaccionar que conducirá, con pasos seguros y firmes, por el ancho sendero de la dicha. […] Habremos alcanzado a donar a esa mujer el «corazón de oro» de que hablan esotéricamente las psicologías china e hindú. No obstante, en todo momento el autor recuerda los deberes religiosos como requisito fundamental pata cualquier curación, lo cual no deja de sonar a algo así como el recurso que evite que su obra sea considerada dentro del terreno de la superchería de lo que actualmente llamamos «parapsicología» o exploración de todos aquellos fenómenos aparentemente sin explicación racional, Por todo ello, la mujer debe disciplinar la mente […] cumpliendo los deberes religiosos puntual y fervorosamente; ocupándose de la vida del alma bajo guía de un buen padre espiritual.

          La parte sustantiva del libro, en tanto que manual explícito, es el de los ejercicios y buenos propósitos que la mujer nerviosa ha de llevar a cabo para poder «equilibrar su vida». Son un poco un cajón de sastre, y, como en las boticas, hay de todo, para mi sorpresa y para la de cualquiera que se atreva a leer esta obrita rara que, por la portada, debió de llamar lo suyo la atención en aquellos tiempos de puro franquismo en los que los «nervios», si exaltados, más requerían un exorcismo que una sesión de terapia. Comencemos, pues, con un ejercicio cercano al psicoanálisis, porque tiene los sueños como objetivo: Para el ejercicio número nueve es preciso acostarse y una vez rezadas las oraciones habituales y ante de dormirse leer lentamente por dos veces el relato consignado y escribir al despertar, al siguiente día, lo soñado nada más despertar y sin corrección alguna. […] El primero de esos relatos narra la odisea del cadáver de Evita Perón, que desconocía, aunque el relato es una mínima parte del relato real y estremecedor de la odisea del cadáver embalsamado de la líder peronista, que acaso exigiera o una narración muy creativa o un documental de lo esperpéntico. […] El segundo relato comienza con una ambigüedad solo propia de nuestro presente, jamás de los años 60: «Melina Ross fue siempre íntima de su amiga Lilian Cenier, y cuando pasados los años, ambas contrajeron matrimonio…».

          Como hablan por sí mismos con mayor elocuencia de la que yo pueda tener, reseño íntegra la prescripción de la «vida equilibrada» y luego los ejercicios de relajación:

Plan de vida equilibrada:

Diariamente, las tareas propias del estudio, profesión o domésticas. […] Dormir nunca menos de ocho horas, Acostarse a eso de las once.

Cada tarde, a primera hora, un leve descanso. Los pies por encima de la cabeza y sin pensar en nada.

Diariamente, media hora de paseo al aire libre y otra media o una de tertulia con las amigas, meriendas, cafés, etc.

Cada noche, quince minutos para charlar consigo misma y hacer ejercicios de superación anímica y mental

Por la mañana, al levantarse, cinco minutos para gimnasia psicofísica seguida de ducha.

 Cada día, un ratito para lectura favorita.

Dos veces por semana, dedicar la tarde al cine o espectáculo preferido.

Los domingos y fiestas, hacer una vida totalmente distinta al reto de la semana y practicar e deporte preferido al aire libre durante todo el día.

 

Ejercicios de relajación:

          Por la mañana al despertar, por la tarde en un rato disponible y por la noche una vez rezadas las oraciones y antes de entregarse al sueño se repetirá en voz suave, más bien baja, veinte veces esta sugestión: «Me siento cada día más tranquila, feliz, audaz y decidida; estoy mejor y mejor».

          Mantenerse totalmente tranquila y sonriente (el sonreír y mantener la sonrisa en el rostro es IMPORTANTÍSIMO) frente a las pequeñas dificultades.

          No abandonar nunca una labor, una cuestión, un trabajo, sin dejarlo preparado para su continuación al día siguiente.

Recomendaciones para la vida cotidiana:

          Acostumbrarse a andar erguida. (Ayudará a ello el baile y el andar sin zapatos los primeros días hasta adiestrarse, con un libro encima de la cabeza que no debe caerse).

          Entre, algunos días a la semana, a comercios de su agrado, pregunte y vea los géneros, chucherías, etc., y después se dar cordialmente las gracias, salga sin comprar nada.

 

          Otras recomendaciones complementarias serían las siguientes:

Después de recibir precisas instrucciones caligráficas sobre el más armonioso trazado de las letras, se le pide a la mujer que escriba cuatro veces esta sugestión:

Me siento día a día mejor y mejor desde todos los puntos de vista; me siento serena y tranquila, feliz y alegre, con una alegría desbordante y comunicativa que a todo y todos se extiende; cada día me siento más ágil y segura de mí misma y sé dominar y triunfar en todas las situaciones y en todos los momentos; soy y cada día lo soy más: AUDAZ, DECIDIDA, VALIENTE, SERENA, ALEGRE, FELIZ, y para seguir siéndolo cada día más y Más, lo escribo y firmo con mi nombre y apellidos.

          Recomienda también oír a solas música alegre y seguir el ritmo con las manos: «Los discos han de ser de música alegre, optimista y pegadiza, como por ejemplo La danza de las horas, French Can Can, Bajo la doble águila, etc.» La danza de las horas, de Amilcare Ponchielli es una pieza de música de ballet que es parte de su ópera La Gioconda, aunque la popularizó Walt Disney en su película Fantasía. French Can Can es una composición de Jacques Offenbach y Bajo la doble águila es marcha militar de Josef Franz Wagner, que se adoptó en 1961 como himno del Grupo Ligero Blindado nº 1, de Ceuta, hoy Regimiento de Caballería Montesa 3.

          Termina esta obra con un sistema destinado tanto a la mujer «algo» nerviosa como a la «nerviosa» y la «muy nerviosa», ya que se trata de robustecer y reajustar el «yo» moral que desgraciadamente se encuentra en nuestra época muy descuidado, debido a dos formas equivocadas de pensar y sentir: el indiferentismo y el grosero materialismo.

Los psicogramas que añade en el último capítulo del libro no tienen desperdicio, pero ocupan nueve hojas, razón por lo cual voy a entresacar aquellos que pueden, a mi juicio, reflejar los verdaderos núcleos de interés del autor en pro de la cura del nerviosismo en las mujeres, un repertorio en el que los inquietos y ávidos lectores descubrirán no pocas recomendaciones muy propias de los libros de exoayuda más vendidos:

          Me propongo hacer de mi vida una obra maestra de verdad, bondad y belleza.

          Me gusta trabajar en grupo con otras mujeres y compartir con ellas diversiones y recreos. Me siento muy a gusto y feliz en compañía de otras mujeres. [He aquí una muestra de sororidad tan prematura que ni siquiera hay contexto social, en 1960, que la explique, salvo las reuniones «de mujeres» como práctica social. Aún recuerdo  las partidas de Pinacle ―predecesoras de las de Bridge…―de mi madre y sus amigas, para quienes hacía unos pasteles que nos impulsaban a desear la retirada de las «zampadoras», con la esperanza de que hubiera sobras que llevarse al paladar…]

          Desde hoy aborrezco las obras a medias y nada dejaré sin terminar ni terminado de forma mediocre; haré todo lo mejor que sepa y pueda; y cada vez lo haré mejor y mejor.

          Sé que la moderación, el justo término medio es el ideal para la conquista de la humana felicidad y por ello pongo siempre en todas mis tareas, afanes y propósitos un poquito de moderación. [Un «poquito», ojo, no vaya a pasarse del término medio a cualquier extremo…]

          Siempre que tengo que hacer varias cosas, escojo para la primera la más difícil o desagradable y termina con la más fácil y gustosa para mí.

          Desde hoy adoptaré la gran fórmula de la psicología japonesa: simplificaré mi vida. Para qué rodearme de un sinfín de cosas y necesidades que no son más que un estorbo casi siempre. [He aquí un curioso anticipo de la mentalidad zen que en la decoración y en el psiquismo ha borrado fronteras en el mundo.]

          Jamás aparentaré más de lo que mis recursos me permitan, ya que el pretender vivir en un círculo social superior al posible es cosa de mujeres vanas y negativas. Y, sin embargo, esa sigue siendo, en 1960 y en 2025, la tentación de muchos hombres y mujeres que cifran en el «aparentar» lo que no son su particular escalera social.]  

          Toda mujer se integra de vestido, cuerpo y alma; el primero se compra, el segundo se hace, y la tercera se cultiva con la caridad, fe y alegría del Divino creador. Así yo cultivaré más y más mi ser moral. [Resulta algo chocante esta devoción religiosa en el diplomado en Metapsíquica Experimental, pero lo cierto es que para cultivar el «ser moral» cualquier doctrina aporta más de lo que resta.]

          Recordare siempre lo que dice HEINE: Una mujer hermosa sin religión es como una flor sin perfume. Yo dedicaré fervorosamente unos minutos cada día a la religión.

          Toda mujer habladora e indiscreta es una carta abierta para todos y que todos pueden leer. [Los tópicos sobre la mujer y el tratamiento condescendiente hacia ella («mujercitas»…) marca temporalmente el texto, sobre todo si el emisor se considera con una formación a la que pocas mujeres accedían en aquellos años, aunque las había, por supuesto.]

          No olvidaré nunca el sabio consejo de Aparisi a las mujeres exhortándolas a la decisión: Puede más la que se atreve a más, y la que ataca es por lo común la que vence. [ Se trata de Antonio Aparisi y Guijarro (1815–1872), campeón del tradicionalismo español, a quien respetó mucho Castelar, quien lo tenía por modelo de orador.]

          Sé que con mis nervios convertidos en mis amigos y con fe en Dios voy aprovechando y recogiendo las gotas de felicidad que la Divina Providencia va ofreciéndome en el curso natural de la vida, Para ser feliz basta poseer dos cosas: conciencia tranquila y corazón puro. [Tanta insistencia en la obra de la fe parece apartar el manual de los estudios psicológicos para acercarlo a una suerte de recetario espiritual para alcanzar la beatitud en el siglo sin profesar en religión.]

          Prometo desde ahora evitar toda discusión, levantar la voz, irritarme…

          Desde hoy prometo hacer grata y amable la vida de cuantos me rodeen, familiares y amigas y amigos, preocupándome de su felicidad y bienestar antes que el de mí misma y ello con serenidad y sin precipitaciones.

          En fin, he aquí, como han podido leer, una visión de la mujer que es tratada como un ser relativamente inferior que necesita, como se proponía en las guías matrimoniales de los años cuarenta, de una guía práctica y espiritual para superar afecciones nerviosas e impedir que se conviertan en una patología, en un complejo. En la medida en que es un manual eminentemente práctico, no hay duda de que muchos de los consejos que aquí se ofrecen no son algo disparatado, sino normas «higiénicas» que tanto valen en 1960 como en la actualidad. Ignoro si el volumen se encuentra  fácilmente en las librerías de segunda mano en la red, pero se ha de estar muy interesado en la arqueología del pensamiento tradicional español para adquirirlo y comprobar que el autor, Manuel Segura, se adscribe a la escuela católica de la psiquiatría encabezada por el Dr. López Ibor, de infausto recuerdo.

domingo, 7 de diciembre de 2025

«Diccionario del léxico motrileño», de Francisco M. Ortega (recopilación y notas).

 




La riqueza de los léxicos locales: la identidad social en las palabras singulares.

        

           ¡Qué vasto campo el de la lexicografía!¡Que apasionante, el estudio de las voces singulares que generamos los grupos sociales! Desde los localismos hasta los argots técnicos de las distintas realidades sociolingüísticas o disciplinas del saber, bien puede decirse que el corpus solemne y canónico recogido en el DRAE es una minúscula parte del anchísimo mar de voces que somos capaces de generar y hacer nuestras, a cualquier nivel, ya digo. Y el famoso «trabajo de campo» es, en estos casos, la única herramienta a nuestro alcance capaz de recogerlas, clasificarlas y establecer, a ser posible, la univocidad o plurivocidad de sus significados. Meterse en esa tarea, que pronto nos desborda, tiene mucho mérito si es un escritor quien a ello se dedica, porque significa una suerte de tributo a la herramienta que nos nutre y nos permite crear en cualesquiera géneros que la palabra es el material imprescindible para la construcción.

          Francisco. M. Ortega se ha arremangado y, con paciencia e insistencia, ha salido a buscar un conjunto de voces que pueden definirse como «habla motrileña», puesto que a esa localidad granadina se ciñe su investigación. Motril tiene para mí, fuertes resonancias vitales, pues me llevan a mi adolescencia, cuando era nadador y tuve la fortuna y el privilegio de ser amigo de Ricardo Pérez de Rueda y sus hermanos, en cuya casa familiar me alojaron y trataron, a pesar de mi hipismo, con cariño y afecto. Entonces, Ricardo y yo éramos nadadores. Ricardo es ahora entrenador de baloncesto y yo humilde pero veterano maratoniano. Hoy, mi amistad con Francisco vuelve a unirme a ese espacio singular en donde oí un fandango de Manolo el Malagueño que me estremeció de tal manera que no lo he podido olvidar desde entonces: Yo entré un día en el manicomio/ y a mí me ha pesado el haberlo hecho/yo vi una loca en el patio/se sacaba y daba el pecho/a una muñeca de trapo. De aquellos tiempos conservo aún una copa ganada en la Travesía del Puerto, y donada por el entonces Ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga…

          Pero volvamos al léxico motrileño que ha compilado Francisco con tanto cariño como rigor, porque el conjunto, unas 500 voces, traza un panorama bastante completo de usos en los que cabe todo, porque me he tomado el placer, ¡jamás la molestia!, de investigar brevísimamente para «fijar» algunos orígenes o localizaciones de las palabras que más me han llamado la atención, justo las que quiero compartir con los hipotéticos lectores de estas páginas misceláneas. Puede parecer extravagancia, tener la afición de leer diccionarios, pero, superada esa leve reticencia, el lector que se engolfe en tesoros como este o cualesquiera otros, de los casi infinitos que hay, porque se «arman» vocabularios de casi cualquier cosa, y ahí están los diccionarios técnicos o tan especializados como el de la construcción, la navegación marítima, la fiesta de los toros, los de las palabras supuestamente «malsonantes»…, ¡prácticamente no hay actividad humana que no exija un vocabulario en el que no solo aparecen las palabras registradas en el del DRAE, sino muchas otras, como algunas de las que he seleccionado de este corpus motrileño, que harán las delicias de cualquier lector que no ignore que las palabras tienen una vida etimológica y pragmática propia! Aunque estén ordenadas alfabéticamente, cada entrada de un diccionario es un mundo y aparte, un mundo propio que puede, por el arte de birlibirloque de sus connotaciones, abrirnos resonancias mágicas, insospechadas, y deleitarnos como solo ese prodigio mirífico de la unión del significante y el significado es capaz de lograr. Invito a los lectores, pues, a que entren en esta resumida aventura de la lectura del diccionario de Francisco M. Ortega, para honra de su patria chica y ensanchamiento de nuestra patria grande de la lengua española.

          Comencemos por Abejorroncho. Insecto de la mitología motrileña. 2. Personaje alelado. Se trata de una voz que parece mezclar abejorro y rechoncho, pero, en realidad, es posible que haya un eco de «aberroncho» en ello, pero no en cuanto al significado, porque aberronchos se llaman a los garbanzos tostados, o torrados.

Y sigamos por esa maravilla poética que es Aguacuajá. Medusa. Dada la transparencia de tan mortal enemiga de los bañistas, como la la llamada «carabela portuguesa» ―porque todo lo malo siempre se achaca a otro país, como la «gripe española» o «el mal francés»…―, ver en ello el agua cuajada solo puede responder al nervio poético tan propio de la vasta región andaluza, que ha dado poetas inigualables a la literatura universal.

La deformación de voces usadas en toda la geografía es señal inequívoca del particularismo que en este entretenido volumen se recoge. Pongamos por caso Antera. Sensación desagradable que se experimenta en los dientes  encías al comer sustancias agrias o acerbas, oír ciertos ruidos desapacibles, tocar determinados cuerpos y aun con solo el recuerdo de estas cosas. Todos conocemos la voz «dentera», pero pocos dicen este motrileñismo fonético tan curioso.

Apollardao. Dicho de una persona: tonta o que no sabe cómo conducirse. Atontado. Esta palabra es una muestra de la influencia de otras hablas cercanas, porque Granada y Almería son territorios próximos a Murcia, región a la que pertenece esta voz, dada la potencia e importancia de un habla regional como el «panocho». Más adelante veremos otros casos de importación de voces que pueden fijarse incluso en territorios tan alejados como las Canarias. O mejor no, aquí las traigo: Engoar. Ganar la voluntad de alguien con halagos para conseguir de él algo. «Engoar» o «engodar», viene del portugués y se aclimató en las islas Canarias, de donde se exportó a Sudamérica. Y Maúro. Persona fastidiosa, molesta, pesada. En Canarias vale  «pueblerino», «cazurro. Viene, al parecer de «maduro», con pérdida de la d fricativa. En mi casa, sin embargo, esta voz que recibí en su momento infantil como un apodo significaba «obcecado», «cabezota», «terco». Claro que mi padre, militar de profesión, profesó en Marruecos y no descarto alguna influencia canaria.

          Arcagüéis. Cacahuetes. No es difícil hallar en la red abundaqnte información o testimonios personales sobre los vocabularios locales. Teodoro Martín, granañino, evoca la circunstancia en la que uso esta palabra, pero con distinto significado del aquí recogido por Francisco. M. ortega: Allí estaba Agustín detrás del mostrador deseando de servir a los clientes aquello que más le apeteciera: el vasillo de vino, al “comandante”, el quinto de cerveza, acompañados de unos «arcagüéis», o garbanzos tostados.  Eso prueba, en todo caso, el uso arbitrario que hacemos del lenguaje, aunque no cabe duda de que «arcagüéis» está bastante más cerca, fonéticamente de «cacahuetes».

          Brísole. Semilla del guisante. ¿No es una maravilla esta voz tan juguetona? Paree que los guisantes reboten al sacarlos de la vaina y caérsenos en el plato donde los estemos desgranando. Ropero Núñez (1989: 61) registra otras variantes léxicas arcaizantes en Andalucía tales como «presole», «presule», «prisole» y «grisole», e  incluso recoge una voz, quizá de origen prerromano, en las Alpujarras, para denominar al guisante: *mángano, no existente en el DRAE, que siempre ha vivido de espaldas a estas maravillas locales, tan llenas de encanto como de muchas otras connotaciones.

Calicatre. Persona poco hábil o de corta inteligencia. Ignoro el origen de este uso de Calicatre para designar al ignaro, porque lo más parecido es el nombre propio griego Calicrates, arquitecto del Partenón. Por otro lado, el calicatre que a mí me suena es el que seguí durante muchos años en La Codorniz, aquel «Kalikatres sapientísimo» del humorista, hoy muy desconocido, Ángel Menéndez Menéndez. Supongo que este calicatre motrileño nada tendrá que ver con «caliqueño», eufemismo para un «polvo», expresión que se remonta  los tiempos del libertinaje francés, como nadie ignora…

Campuzar. Meter a alguien de cabeza en el agua. Aunque en el DRAE aparece «capuzar», y esa es la voz que siempre usé durante mi infancia en las riberas del Mar Menor en Murcia,  no es menos cierto que en Lope de Vega aparece campuzar, aunque hemos de recordar que en el Siglo de Oro hubo una corriente de fablas inventadas para darle verosimilitud a los arcaísmos que, en muchos casos, eran invención feliz de los poetas..

Carlanca. Roña. Solo conocía la primera acepción de la palabra, el collar con pinchos para los mastines como defensa de los lobos. Pero la segunda acepción coincide con este uso motrileño: «roña». La expresión Tener muchas carlancas: tener más conchas que un galápago, sí que me parece absolutamente impenetrable.

Cermeñazo. Golpe que se recibe por una caída o por topar con un cuerpo duro. Acaso tenga que ver esta palabra con el hecho de caerse de un peral, porque la pera «cermeña» es el único nexo que encuentro con la voz aquí reseñada. Piénsese que la voz equivalente del castellano, «castañazo», equipararía ambos aumentativos, si bien los perales frutales no pasan de los cuatro metros, mientras que un castaño pasa de los 30 m, altura a la que se acercan lo perales silvestres, 20 m.

Charquetal. Sitio en que abundan los charcos. Voz expresiva y parangonable a otras como cafetal, por ejemplo. Moratín es autoridad para ella: Cuando llueve, charquetales y almodrote de lodo, y está en el DRAE. Les honra a los motrileños perseverar en su uso y resguardarla de los fríos el olvido o la muerte.

Chuminá. Dicho o hecho sin importancia. En el DRAE aparece «chuminada» como propia del andaluz, y está claro que la pérdida de la d final forma parte de ese dialecto. Pero en Murcia, tierra cercana, como ya hemos visto para otras palabras, el uso añade otra palabra: «chuminá campestre», que redunda en el desprestigio de lo rural, como es habitual en los usos lingüísticos, aunque recordemos que la Generación del 98 recorrió la geografía rural española en busca, precisamente, de todas esas voces que identificaban con el «genio verbal español» y que nutre las obras de autores como Unamuno, Azorin, Machado o Baroja.

Churri-churri. Se trata del juego infantil denominado en otros sitios churro, media manga y mangotera (manga entera), muy jugado en toda España y aun en Europa, si juzgaos por su presencia en el cuadro de Pieter Brueghel el Viejo Juegos de niños (1560), lo cual lo convierte, con el escondite, la peonza, las canicas y otros en los más antiguos.

Descalabacinar. Calentarse la cabeza en averiguar algo sin lograrlo. La calabaza siempre ha sido un referente de la mollera o el cerebro o los sesos, y no para bien, porque tener la calabaza hueca es ser un ignorante y que le den a uno calabazas en las asignaturas supone acarrear en carretilla los suspensos, si pasaban de tres, con la consiguiente reprimenda familiar. Hay algo muy de huerta en esos calabacines que sustituyen en esta ocasión a la calabaza, pero sin renunciar a la escasa complejidad de dicho fruto u hortaliza.

Diustao. Disgustado. Se ha de reconocer que la famosa economía lingüística tiene en este *diustao algo así como el colmo de los colmos. Con todo, enseguida sabemos de qué estamos hablando, porque funciona el oído como reconoce la fisonomía los retratos: enseguida añadimos los rasgos que faltan. Algo parecido ocurre con Estrebes. Aro o triángulo de hierro con tres pies, que sirve para poner al fuego sartenes, perolas, etc., que es evidente deformación de la canónica «trébedes».

          Empercudío. Que está sucio, en especial los niños cuando vuelven de jugar en la calle. Pues aquí donde la vemos es propiamente un cultismo de mucho ringorrango y notable constitucion, tan poco usado como desconocido. Que en Motril forme parte del habla popular nos die bien a las claras que los oídos no le hacen ascos a ningún vocablo, por raro o elitista que nos pueda parecer. El DRAE lo recoge y die de él que es propio de Almería, provincia limítrofe con Granada.

          Enfrangollao. Liado, mezclado. Mal hecho. Si la anterior era rara, esta no le va a la zaga, y, al parecer, forma parte de la más natural costumbre expresiva de los motrileños. El origen es rural, porque «frangollo» vale «granos de legumbres». De donde se deriva «frangollar»: 'quebrantar esos granos' y, por extensión, hacer algo deprisa y mal.

Envarracar. Lloro fuerte y continuado. Me parece que la letra e se lleva la palma de las rarezas de esta recopilación de localismos motrileños, porque ninguna de ellas tiene atisbos de ser o conocida o usada en otras partes. Sin embargo, en los diccionarios de americanismos, esta voz significa «enamorarse ciegamente». Y ya me parecería a mí mucho rodeo que se trajera a colación el «quien bien te quiere te hará llorar» para explicar su uso…

Escalichao: Enfermizo. Aunque lo primero en lo que pensamos es que esta voz sea una deformación de «desgalichado», lo más probable es que provenga de «caliche», voz almeriense que vale 'raja en una vasija', y de ahí, seguramente, la metáfora. Pero no deja de ser una suposición que exigiría comprobaciones testimoniales más precisas.

Esfarato, Desgarbado. Ignoro, porque el autor no habla de ello, qué relación ha tenido Motril con el continente americano desde el punto de vista del tráfico marítimo o simplemente comercial, pero está claro que esta voz procede del americanismo «desfaratar», que vale 'deshacer o arruinar algo'.

Espercojao. Muy limpio. Aseado. Pulcro. Como se advierte, vamos descubriendo que, a pesar de estar bien asentadas en Motril, hay voces que la tradición lexicográfica ubica en otras localidades. Es el caso de la presente, que aparece en el léxico local de Porcuna (Jaén), si bien allí se aplica a los bebés y niños pequeños, de piel sonrosada y bien alimentados, guapos en general.

Faición. Cada uno de los rasgos del cuerpo humano. Bien curiosa es la relación de esta palabra que, en apariencia extrañísima para cualquier hablante del castellano, no lo es para quienes lo somos también del catalán, porque faiçó es palabra de uso corriente en la lengua hermana. Así mismo, recordemos que aparece como faicción en el bable asturiano. Que los catalanismos llegan a todo el Reino de Murcia es evidente, y bien pudiera ser que incluso mas allá, aunque, como en otras palabras, se requeriría mayor investigación al respecto.

Furular. Funcionar. No furular: no funcionar. Otra voz, y ya van siendo muchas, que comparte Motril con el Reino de Murcia, si bien aquí, además, hay un «furulando» que vale 'deambular, pasear sin rumbo'.

Dentro de las voces sobre las que me ha sido imposible hallar ninguna pista que me conduzca a su origen, tradición o familia léxica, en una investigación no exahstiva, lo confieso, hallo Harcheles. Aparejos necesarios para realizar algún trabajo o labor, de la que no es descartable incluso un origen francés. Lostro. Piedra de gran tamaño. Y Rabinda. Mujer indómita, rebelde. Mujer amiga de riñas. Rinquina. Juguete de forma cónica y disco central, terminado en una púa y con un pequeño mango que sirve para hacerlo girar con los dedos. De siempre hemos llamado a eso, de niños, «pirindola», por lo que ignoro absolutamente los tortuosos caminos lingüísticos que ha seguido «rinquina» para afirmarse en ese significado.  

 

Extraña, de suyo, es la muy peculiar Insonrible. Persona que come abundantemente sin llegar a saciarse. Tragón, ansioso. Por extraños caminos lingüísticos, también ha adquirido esta voz el significado de 'sinvergüenza.', de un raro giro al que llegamos desde «deshonrible»,  de «des-» y «honra», de «honrar», procedente a su vez  del latín honorare.

Morralla. Pescada menudo. Aun siendo voz muy extendida, a mí me choca su uso en Cataluña, en cuyo léxico aparece con idéntica forma. En Mejico, sin embargo, significa 'moneda de poco valor', aunque bien pudiera ser por vía metafórica.

Pasaboga. El que va de un sitio a otro. El autor nos dice que así consta en el diccionario recogido por el también motrileño Paco Pérez. Y la única referencia que he podido obtener la asocia con una maniobra marítima para arriar una vela.

Perigüeta: voltereta mental. Maña, ardid. Otra voz Canaria que sin duda nos habla de la influencia de la navegación en las hablas locales y cómo el trato con marinos de todos los orígenes contribuye a adoptar unas u otras voces.  

Pipote. Botijo. En el DRAE, «Pipote, que es diminutivo de pipa, significa: 'barril pequeño para transportar líquidos u otras cosas'. Se recogió por primera vez según el NTLE (Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española), en la obra de Francisco del Rosal (1611), como «pipa» y «pippote», del latín bibo y poto, que significaban “beber”. La voz pipote se emplea en las provincias de Granada (centro y sur) y Almería (suroeste), principalmente, aunque hay algunas acepciones de ella en la zona norte de ambas provincias.

Retotollúo. De aspecto hermoso y saludable. Persona gruesa, fofa. Curioso que una misma voz se use para conceptos antitéticos. Se trata de una voz típicamente malagueña que debió extender su uso por la costa hasta llegar a Motril donde se dividió su significado en los contrarios actuales, porque, en origen, significa 'persona metidita en carnes y muy colorá'. En Guadix, sin embargo, significa algo muy de la poesía popular barroca: el viejo que quiere aparentar ser joven.

Saltabalates. Se dice de una persona pícara que no tiene crianza ni buenos modales. Teniendo en cuenta que los balates vienen a ser una especie de bancales, está claro que hablamos de la persona que roba de lo ajeno. En Cataluña usamos saltataulells, con idéntico significado.

Volón. Corta extensión o duración de una cosa, acción o suceso. (Se ha pasado la tarde en un volón). En el DRAE significa 'empujón, envite', lo que se asocia de inmediato con la celeridad propia de l paso del tiempo.

Yesaire. Enyesador. Me ha llamado la atención esta palaba por la estrecha relación con el catalán de su sufijo: cantaire, dansaire… y guixaire, que es la voz catalana para «yesaire», que resulta ser una voz valenciana, y de ahí el origen de esta voz catalano-motrileña…

Zampalimoscas. Tonto en sentido cariñoso. Aquel que revolotea alrededor de algo sin oficio ni beneficio. Es relativamente generosa la lista de palabras precedidas por «zampa-» en castellano, aunque casi todas se inclinan hacia significados relacionados con comer. «Papamoscas», que vale 'papanatas', se acerca más a la idea tan hermosamente creada en Motril, porque Zampalimoscas tiene una presencia poética que ya quisieran para sí muchos insultos cariñosos como el presente. De hecho, el autor tiene escrito un poemario en el que entra esta voz: Como un zampalimoscas.

Zóquito. Zurdo. Sin duda deformación de zocato, tiene «zóquito» curiosas connotaciones que lindan con la inhabilidad y la cortedad de inteligencia, aunque contempladas desde la bonhomía típica de los habitantes de tan ilustre y marinera ciudad de la costa granadina.

Y aquí quedan estas voces como ejemplo de las cientos de ellas igual de maravillosas  que los lectores podrán encontrar en un léxico tan concreto como singular. ¡Ojalá lo imitaran otros escritores en todos los rincones de España, para que no se pierdan modos tan poéticos de contemplar la realidad y hablar de ella!