domingo, 30 de junio de 2013

Gayxample y nacionalcatalanismo..

La orgullosa interiorización del gueto.

Vivo en el gayxample y estoy encantado de que así sea, aunque también tiene sus inconvenientes, sobre todo los sábados y domingos por la mañana. Dada la gran variedad de gentes que lo habitan, pasearse por este cogollito de calles llenas de tiernas promesas arcoirisadas de delicadeza y lujuria le da al paseante desprejuiciado, como yo lo soy, una sensación de modernidad y liberalidad que es todo lo contrario de ese amilitarado movimiento etnofolclórico del independentismo. Si alguno de los miembros de la gaya comunidad anda bajo de defensas o es, como yo, corto de vista, el paseante complacido puede incluso acabar recibiendo un piropo que, a cierta edad, es como la parte de los ángeles de la viticultura, porque le sube a uno a la gloria de la vanidad. Como soy hermano de gay, he vivido muy de cerca el proceso de reivindicación de la carta de naturaleza social  del colectivo y me siento muy cercano a sus reivindicaciones sociales y, sobre todo, a la perentoria necesidad de penalizar legalmente la defensa de la homofobia, del mismo modo que está penada la negación del Holocausto en Alemania; si bien he discrepado, por ejemplo, de la reivindicación del derecho al matrimonio, por carcunda y tradicional, en la acepción más peyorativa del término.La unión libre e incluso el reconocimiento legal de las parejas de hecho me ha parecido siempre suficiente. Dicho esto, no dejo de reflexionar, sin embargo, sobre el fenómeno paradójico de que este barrio, de tan caras tiendas exclusivas para la comunidad gay, y donde un afeitado cuesta la friolera (del aftershave) de 12 euros, supone, en su concepción, una interiorización del concepto de gueto, algo alejado de lo que ha de ser el verdadero objetivo de la comunidad: no constituir "capítulo aparte" dentro de la sociedad, sino ser parte de ella con el mismo grado de relevancia, visibilidad o combatividad que otros colectivos como los obreros, los estudiantes, los estafados por los bancos, los desahuciados o cualesquiera otros que salgan. Falta, a mi parecer, un querer huir de ese espíritu de gueto que lleva a actitudes excluyentes, propias, como todo el mundo sabe, de los totalitarismos. Me parece que elevar la tendencia sexual a categoría social no le hace ningún bien a la defensa de los derechos del colectivo. Fellini dirigió una película bastante incomprendida, pero radicalmente mala y aburrida, a pesar de su intención ideológica profeminista: La ciudad de las mujeres. A veces, tengo una sensación parecida cuando me paseo por las calles de mi gayxample: Tiendas para gays, restaurantes para gays, hoteles para gays, bares para gays, discotecas para gays, barberías para gays (adinerados, como lo son muchos de ellos, por cierto, cuyo poder adquisitivo ha generado ya paquetes turísticos -y que nadie vea un fácil juego de palabras donde no lo hay...- exclusivos), saunas para gays, etc. Como se advierte, no es difícil hacer un paralelismo con el nacionalcatalanismo que, desde una perspectiva antropológica, aspira a convertir la sociedad en esa suerte de La ciudad de los catalanes -los que ellos acepten como tales, claro-, donde MM, ¡el divino Marcello!, sería un auténtico paria. Esta tendencia, pues, al grupo cerrado, al club exquisito en el que no se admite a cualquiera, es una manifestación de la paradójica interiorización del concepto totalitario de segregación. Entiendo perfectamente que acaso aún no hayamos llegado a la madurez social en la que la orientación sexual de los individuos no haya de ser una bandera de batalla y de vindicación, pero del mismo modo que las sociedades han de tender a la pluralidad no excluyente, los guetos como el del gayxample, aunque sea un gueto de lujo, deberían tender a desaparecer para fusionarse con la vida ciudadana de tú a tú. Mientras, y a pesar de esa desalentadora paradoja, sigue siendo un placer vivir en este barrio, salvo los sábados y los domingos por la mañana, claro.

miércoles, 19 de junio de 2013

La soledad alada del urinario

El ecosistema lozano...

Llevo muchos días dándole vueltas a la pertinencia de escribir unas breves palabras sobre uno de los animales que menos curiosidad y atención suscitan de cuantos comparten con nosotros el ecosistema urbano. Me refiero a la mosca de urinario, y en ningún caso es metáfora de nada. Este animalejo, de poco a ningún vuelo, suele hallarse adherido, casi con vocación de calcomanía, a la loza de los urinarios verticales, a las paredes de azulejo de los cubículos de los retretes y, a veces, en insólito narcisismo, en los espejos donde hacen muecas terapéuticas quienes se lavan las manos después de miccionar o deponer, los que lo hacen... No suelen amilanarse por la presencia de los humanos y es raro que se desplacen unos centímetros cuando uno se acerca para aliviar la vejiga o abrir las columnas de Morgagni. 
Tienen una fisonomía simple pero interesante, porque se asemejan a aviones de alas triangulares y despegue vertical, como los famosos Harriers. Tienen un punto de aerodinamismo que choca con su tendencia a la inmovilidad, al quietismo molinosiano*; nada que ver con el incesante correveimolesta de otras moscas de salón, terraza, huertas o alcobas, enojosas hasta decir un basta que ni oyen ni ven, excepto que se les atine con la raqueta matamoscas, momento de triunfo cinegético que nos llena de orgullo, como si hubiéramos abatido "à la juancarlina" un poderoso elefante. 
La mosca de urinario tiene, sin embargo su estudioso. Se trata de Carlos Pradera, un desinsectador que ha hecho de su profesión una vocación científica y cuya página web:  http://desinsectador.com/  es un prodigio de información científica de máximo nivel, y en un campo, además, al que poca gente suele dedicarse. En ella fue donde descubrí no sólo todos los secretos morfológicos y biológicos de la mosca de urinario, esa compañía callada, durante las esforzadas, a veces,  operaciones escatológicas, y que no nos abandona aunque diseminemos olores capaces de provocar el vómito en nuestros semejantes. Gracias a Carlos he podido saber que la presencia de nuestra hierática amiga indica escasa limpieza, y ello permite apretar las tuercas al servicio de limpieza del trabajo, por ejemplo. Aunque aparentemente se la ve lisa, la mosca de urinario es peludilla, pero sin llegar a suscitar la ternura del peluche, y es muy probable que si algún deponente agresivo se espanta por su presencia y decide acabar con ella, antes de que la naturaleza lo haga en pocos días, dejará un chafarrinón de sangre negra, como la de ciertas polillas de cocina. Cuesta cogerle cariño, sin embargo. Es demasiado sosa y anodina, aunque, como manifestación vital que es, y por su curioso hábitat, la mosca de urinario bien podría ser emblema pasivo de ciertos caracteres estancados en la fase anal freudiana.
Es extraño encontrarse la mosca de urinario, tan precisamente definida por su hábitat, fuera de él, de modo que quien, a partir de esta reflexión, se sienta movido a curiosidad, ya sabe dónde ha de buscarla, y sabrá que si no la encuentra en su urinario habitual es una excelente señal, y que habrá de frecuentar otros, menos salubres, para observarlas en su medio, si bien dicha observación habrá de realizarse de tal manera que, en el movimiento de acercamiento al urinario vertical no nos confundan, las visitas inesperadas, con los parisinos mangeurs du blanc de los que hablaba John Gregory Bourke en su apasionante Escatología y civilización, con un prólogo de Freud, por cierto, y perdón por esta cita bibliográfica que no pretende la exhibición, sino la información.

*Nota pseudoerudita: Del turolense Miguel de Molinos,  autor de la doctrina "quietista", que no de Miguel de Molina, famosísimo tonadillero exiliado durante la Guerra Civil, que hizo célebre, entre otras, La bien pagá.




miércoles, 12 de junio de 2013

Hechos diferenciales

Tan iguales, tan distintos....

Camino por las calles del barrio y voy fijándome en las personas, en sus fisonomías, en sus actos, y presto singular atención a sus palabras, unas captadas al vuelo del cruce pasajero, otras oídas durante el tiempo de estar sentado en la mesa de al lado en el café o la estratégica parada para anudarme, sobre un banco público, unos zapatos que previamente he de desanudar para no perder ripio de las inviolables comunicaciones humanas que tan generosamente, por otro lado, se empeñan hoy en día las gentes en compartir con sus vecinos, habituales o esporádicos, al más puro grito de quien cree que gritando las confidencias les añade empaque, importancia. He de reconocer que me siento un extraño absoluto, que entre estas gentes que me rodean y yo hay un abismo insondable, una distancia mayor que la que nos separa de la luna, por poner un cuerpo astral próximo. Comparto con cada uno de esos individuos la pertenencia a la misma especie, me digo; pero ahí entra el viejo Swift enseguida a hacer de las suyas, es decir, a indisponerme contra la idea y a revelarme que acaso seamos especies distintas, como los yahoos de quienes tan distante se siente Gulliver. El desarrollo de la mente humana ofrece una escala bien definida en la que, nos guste o no, ocupamos un puesto determinado. De ese desarrollo podría derivarse  una jerarquía, pero la sociedad, por suerte o por desgracia, no funciona así, y un sistema democrático no premia el conocimiento, sino la alienación. Camino y me cruzo con auténticas miserias de la primera fase de la revolución industrial: misma pobreza, misma ignorancia, misma esclavitud, misma carencia de higiene, mismo alcoholismo, misma desnutrición... y yo voy pensando en  el libro de Cioran, Del inconveniente de haber nacido, que hojeo con la sensación del extraño que se cuela en un convite para el que no va adecuadamente atuendado; y me pregunto si entre la patada en el culo de los hados y comer las migajas del  de los poderosos hay algo en común, ademas del incomprensible afán de seguir vivos. Es muy probable que nadie sea como otros, que lo más artificial del mundo sea el concepto de pueblo, poroso como pocos. Yo he me escurrido de él. A mis vecinos les inquieta mi presencia y mi incomunicación. Intuyen que soy diferente. Yo los veo a ellos del mismo modo. ¿La peor tentación? Considerar que hay mónadas individuales y mónadas colectivas. Que en la primera habitamos algunos "raros" sueltos; y en las segundas moran (y mueren de semejanza) los demás. ¿Lo chocante de esa visión? Que, frente a los demás, el individuo que se reconoce ajeno y extraño vive su exclusión forzosa como una derrota, y también como un alivio. La realidad es demasiado parecida a la parodia de sí misma. Nada que ver con el humor quijotesco, desde luego.

martes, 4 de junio de 2013

El gato por liebre del psC




PseudoFisking al projecte federalista del PSC*



*Para los visitantes de fuera de Cataluña, les pido disculpas por mi "pereza" a la hora de darfles traducido este texto. A poco que lean, sin embargo, se darán cuenta de que lo entenderán casi a la perfección, por lo que podrán sumar otra lengua a su currículo lingüístico.



Tot prenent les afirmacions que s’hi fan, al projecte de reforma federal presentat pel PSC, faig, al fil de la detallada exposició teòrica, alguns comentaris als quals anomeno pseudofisking perquè, com és sabut, el propòsit d’aquesta tècnica periodística té com a fonament fer escarni de la persona les idees de la qual es comenten, però la meva intenció ha estat la de posar de relleu les possibles contradiccions, incongruències, incoherències i fins i tot disbarats que s’hi poden detectar en aquest projecte que sembla més una reedició de l’Estatut retallat pel Tribunal Constitucional que un projecte nou de trinca, com de seguida veurem. Comencem.
Societats integrades per pobles diferents que acorden construir institucions comunes
Conceptes com “poble” són d’una imprecisió impresentable, tan plens d’idealisme barat com de frareria casposa de poble petit. D’altra banda, com arribem a aquest “acorden” de tan senzilla enunciació i tan complicadíssima realització?
Estats que contenen diferents nacions i per això resulta adequat per a Espanya, formada per comunitats amb consciència de si mateixes, amb història, llengua, cultura i tradicions que configuren una determinada manera de ser i una ferma voluntat d’autogovern
Això de la “determinada manera de ser”, aquest essencialisme que homogeneïtza les manifestacions existencials sense deixar espai a la pluralitat, adobat, a més a més, amb l’atribució de voluntat a la comunitat, tot substituint les manifestacions populars inequívoques mitjançant votacions i/o referèndums, com es processa intel•lectualment sense caure en la superstició, és a dir, en la religió? No vull entrar en allò de la “comunitat amb consciència de si mateixa”, perquè entenc que parlem d’un text que vol ser llei i que es reclama com a racional, raó per la qual cau fora dels nostres judicis.
La Sentència del Tribunal Constitucional que va alterar una llei que havia estat ja sotmesa a la ratificació ciutadà.
Callen, però, que només va ser aprovada pels vots positius d’un 37,23% de la població amb una participació del 48’85, dada que, en cap cas, permet parlar d’una adhesió ciutadana a l’Estatut que s’oferia com el que, després, va ser rebutjat pel Constitucional: la Constitució d’un país independent.
Nosaltres no ens resignem a contemplar impassibles com s’engrandeix una bretxa entre els catalans i la resta dels espanyols, per l’aparició de problemes que no s’han resolt bé, i per tancar aquesta bretxa proposem una reforma federal
Aquesta “bretxa” entre “els catalans” i “la resta d’espanyols” reflecteix un pensament totalitari que no depassa l’ús col•loquial de la llengua, quan a conceptes com “catalans” toca, en nom dels quals es parla com si aquests fóssim una totalitat amb una única ideologia, al més pur estil del pensament nacionalista que diuen no compartir, o “la resta d’espanyols” com si succeís el mateix, una entitat homogènia sense cap pluralitat ideològica. Aquests usos conceptuals cauen de ple en allò tan antic que s’anomena maniqueisme i que és, ho recordo, per si de cas algú ja no se’n recorda, una reducció radical a l’enfrontament de dos conceptes, el be i el mal, que neguen la pluralitat dels molts matisos que hi ha entremig. És evident que des d’aquestes simplificacions matusseres no es poden abordar els problemes de què al paràgraf se’n parla.
Els impulsos de les CCAA no es reflecteixen a l’Estat, perquè no hi ha canals de comunicació entre les diferents CCAA i l’Estat, tasca que pot complir un Senat federal
Que no funcionin els canals que hi ha no vol dir que no n’hi hagi. Podem dir, però, que tal vegada són pocs i ineficients, i que cal una reforma per crear-ne de nous i dotar-los de contingut, tot i que aquest projecte proposa la reforma del Senat en aquest sentit territorial.
El rebuig majoritari a Catalunya a la Sentència sobre l’Estatut, que va alterar la voluntat ciutadana expressada mitjançant referèndum.
Si només van votar al referèndum el 48’85 dels ciutadans, i d’aquests tan sols van aprovar l’Estatut el 37’23% , d’on surten les dades que avalen l’adjectiu “majoritari”? Són aquestes afirmacions demagògiques les que enverinen els discursos i ens allunyen de la realitat-real, que és una modalitat tautològica que només s’ha d’usar en llocs molt concrets del món, allà on el sentiment nacionalista vol imposar “la seva realitat fictícia”.
Ara cal un nou consens constituent que legitimi, reforci i garanteixi una estructura creada amb la voluntat de tots, perquè en cas contrari algunes nacionalitats, allunyades de la interpretació més recent del marc constitucional, podrien desitjar iniciar un camí separat
D’això no se’n diu una “amenaça” o un “xantatge”? O ens avenim tots a obrir un procés constituent, perquè jo (és a dir, aquí s’ha de substituir “jo” pel concepte demagògic que vulgui afegir-hi el demanant, sigui Catalunya, sigui els catalans, sigui la pàtria, sigui la nació, o el primer que se li passi pel cap, tot donant per fet que és incontrovertible i que no admet discussió) ho demano, o agafem els fòtils (1ª accepció en sentit metafòric) i ens en anem per establir el nostre propi procés constituent com a estat independent. Això darrer no ho diuen al text, és evident, però ho donant a entendre de manera clara, perquè aquí hi ha un bon quid de la qüestió: Des de quina legalitat independent, encara per constituir, es convoca un procés constituent de l’estat català?
El principi federal, a través de la mútua lleialtat de totes les parts, ha d’inspirar la solució als problemes existents i ha de resultar compatible amb la diversitat de nacionalitats i regions que integren Espanya i amb el reconeixement d’opcions polítiques i legislatives pròpies de cadascuna d’elles.
Hi ha dues afirmacions aquí. Una d’elles és una tautologia; l’altra, una petició que converteix la nostra constitució en paper mullat. Dir-ne que el principi federal ha de ser compatible amb la diversitat de nacionalitats i regions que integren Espanya val tant com dir que l’aigua és líquida. Passem-ho per alt. Ara bé que federalisme vol dir reconèixer sense més possibilitat d’intervenció jurídica les opcions legislatives de cadascuna d’aquestes regions o nacionalitats equival a establir la independència legislativa de fet.

La reforma del Senat per convertir-lo en un Consell Federal integrat per representants dels governs autonòmics, amb un nombre mínim de tres membres, més un més per cada milió d’habitants. Les seves funcions principals consisteixen a aprovar necessàriament les lleis bàsiques de l’Estat, juntament amb el Congrés dels Diputats, i en dirigir les relacions entre les CCAA, amb l’Estat i amb la Unió Europea (UE). La decisió del Senat sobre les lleis que de fet vénen a delimitar les competències autonòmiques ha de reduir dràsticament els conflictes en la mesura que són les pròpies CCAA les que tenen la decisió al Senat.
El punt més destacat de la reforma federal és la reforma del Senat per adjudicar-li la funció de representació territorial i d’òrgan legislatiu en tot allò referent no només a les competències de las federacions, sinó a “les lleis bàsiques de l’Estat, juntament amb el Congrés dels Diputats”, la qual cosa vol dir que tindríem una doble representació amb diferent legitimitat, però amb un mateix poder legislatiu: el Congrés i un Senat on serien presents “els governs autonòmics” que no són escollits directament,sinó indirectament als diferents Parlaments autonòmics. A més a més, l’esperit parcial i hiperrepresentatiu d’aquest nou Senat no escollit directament pels ciutadans es veu en l’ús del verb “dirigir” per referir-se a allò que ha de ser la relació de las CCAA amb l’Estat i amb la Unió Europea. De fet gairebé dóna per desaparegut el paper essencial del Congrés a la política de l’Estat, dintre i fora, a Europa, i el substitueix per un òrgan no gaire democràtic que es reserva el paper de “director”, tan proper a Directorio, per cert. Sona a sarcasme que aquesta proposta elimini els recursos al Constitucional...
Una clàusula atributiva de competències a l’Estat que atorgui totes les altres a les CCAA
És una manera de veure-ho, és clar. Es limiten les competències de l’estat i la resta queda a lliure disposició de les CCAA que són, d’acord amb aquesta proposta federal, les que remenen les cireres del nou estat, tot deixant el govern central en mera existència testimonial de què... hi va haver una vegada en què a Espanya hi havia un govern central que intentava governar per a tots, però que no se’n sortia...
La consideració de l’Estatut com a Constitució de la Comunitat Autònoma, canviant també el procediment per la seva aprovació, que serà tasca exclusiva de la CA i la limitació del control del Tribunal Constitucional.
Tot acaba sortint: Es va acusar al darrer Estatut de què volia ser la Constitució d’un nou estat i els proposants d’aquesta reforma van acusar als qui deien això de anticatalans i d’antiautonomistes (Arcadi Espada no em deixarà mentir). Ara, caigudes les caretes, després de la nova posició sobiranista de CiU, ja no calen eufemismes estratègics . Ara bé, que tot aquest plantejament federalista ha de veure’s, venint del psC, com a una mena de revenja pel fracàs dels dos tripartits es veu en la demanda d’exclusió del poder del Tribunal Constitucional sobre aquestes “constitucions”.
Pel que fa a la jurisdicció, el Tribunal Superior de Justícia de les CCAA (TSJ) esgotarà els recursos judicials excepte el d’unificació de doctrina que es reserva al Tribunal Suprem.
La independència estatal pre-federal que proposa aquest escrit inclou, per descomptat, l’establiment d’un poder judicial propi que impedeixi judicis contra catalans per part de tribunals aliens, “de fora”, és a dir, un Tribunal Suprem els membres dels quals sembla que estan mancats de llums i de raons per entendre “gent d’altres contrades”, “estrangers”, tot i que siguin “confederats”, les especificitats dels quals només poden ser jutjades per jutges de la terra.
El debat sobre el finançament autonòmic s’ha de desenvolupar en el marc d’algunes regles constitucionals fonamentals clares i acceptades per tots, fins ara inexistents, sense perjudici de mantenir la Llei Orgànica per al seu desenvolupament
Curiosament, malgrat tota l’embranzida secessionista que traspua la proposta , quan arribem a la qüestió dels diners, tan sensible, el text es limita a fer uns suggeriments buits de contingut en els quals es demana bona voluntat i voluntat d’enteniment, i poca cosa més. Dóna per fet que tots els federats arribaran a l’acord sobre aquestes “regles constitucionals fonamentals clares”. No sembla un brindis al sol tot això?
Un canvi en el funcionament de totes les institucions, tant estatals com autonòmiques, integrant en major mesura a les Comunitats Autònomes en les decisions estatals i assumint, en conseqüència, la legitimitat d’aquestes decisions. Aquests canvis, canalitzats fonamentalment a través del Senat, afecten altres institucions estatals, assenyaladament al Tribunal Constitucional. El TC ha estat superat per la quantitat de conflictes de competències, recursos d’inconstitucionalitat i fins i tot qüestions d’inconstitucionalitat de base competencial, i convé corregir les causes d’aquesta situació. D’altra banda, la composició del TC hauria de tenir alguna connexió amb les CCAA, probablement a través del propi Senat federal.
Si el TC molesta, quin ha de ser el remei? Doncs que sigui escollit per les CCAA mitjançant aquest Senat no escollit directament pel poble per tal d’evitar sentències desfavorables o deslegitimadores com la que va patir l’Estatut independentista del primer tripartit
Nació i nacionalitat designen fenòmens socials equivalents, en l’essencial una mateixa forma de consciència col•lectiva d’una comunitat que és a la base i legitima l’organització de les institucions governants. Essent realitats equivalents, la diferenciació s’introdueix principalment per l’estructura política que suporten, perquè la nació se sol referir a la societat d’un Estat reconegut pel dret internacional i la nacionalitat a un Estat federat, un Land o una regió, però en tot cas es tracta d’una distinció convencional, que depèn del context en què s’utilitza. Examinat de manera separada, es pot afirmar que Catalunya o el País Basc són nacions, i contemplades en el conjunt d’Espanya es pot afirmar que aquesta és una nació i aquelles són nacionalitats, o fer un altre tipus d’especificació. En tot cas, es pot afirmar que Espanya és una nació de nacions o bé una nació integrada per nacionalitats i regions, si prenem en compte el grau divers de consciència col•lectiva que hi ha a les CCAA. L’important és que nació i nacionalitats o nació de nacions no són idees contradictòries, excepte si es pretén que cada nació o nacionalitat ha de tenir un Estat independent o que un Estat només pot contenir una nació.
Que una “forma de consciència col•lectiva d’una comunitat” –la qual cosa cau del cantó del jungisme, d’una banda, per via de l’inconscient, i de la ficció conceptual d’altra- serveixi per “legitimar” les institucions de govern és poc menys que una entel•lèquia tan allunyada del empirisme que acaba convertint-la, aquesta “consciència” invisible, inquantificable, intangible i inelegible, en un aval esotèric més proper a les formes del pensament religiós que del sociològic o del polític. L’habilitat per l’embolic conceptual s’expressa admirablement en aquest “eslògan” de la “nació de nacions” que sembla pròpiament inspirat en el dogma de la Santíssima Trinitat, més que no pas en seriosos treballs acadèmics.
En la perspectiva de la reforma constitucional es pot considerar el reconeixement de Catalunya i el País Basc com a nacions, amb un específic tractament simbòlic, institucional i competencial, a més del tractament específic dels fets diferencials, al costat de les altres CCAA que també els tenen. També poden correspondre’ls algunes competències institucionalment rellevants, com el règim local, la policia, la justícia i l’acció exterior, en relació amb les seves competències. En aquest sentit, no hi ha dubte que Galícia, Navarra i Andalusia requereixen també d’un tractament singular.
Bé, i ara comença de debò la classificació de la lliga: primers i empatats a punts: Catalunya i País Basc; i després, a anys llum, el munió dels poulidors, classificats, a la seva vegada, per ordre de suposades legitimitats històriques –de les seves consciències col•lectives, per descomptat–: Galícia, Navarra i, a la cua, Andalusia, com correspon a una nouvinguda. Allò rellevant, però, és que l’”específic tractament simbòlic,institucional i competencial” no vol dir res més que un buidatge de les competències estatals pel que fa al “règim local, policia, justícia i acció exterior, en relació a ble seves competències” que, una vegada passades les lleis per la direcció i aprovació del Senat ja esmentat, converteix, de facto, en estats gairebé independents al suposadament federats, perquè la dimensió de l’administració central es redueix gairebé a zero.
Aquesta unitat complexa requereix que les unitats nacionals que la integren, així com els respectius partits polítics i institucions, no resultin excloents (almenys,no majoritàriament) i siguin capaços de concórrer, des de la diversitat, a la formació d’un expressió comuna superior, que inclogui a tots. És, en el fons el vell lema dels Estats Units: “e pluribus, unum”.
És a dir, que per via contrària, s’obre la porta a que les institucions nacionals (“unitats nacionals” en la terminologia nacionalista d’aquesta proposta suposadament federal, la qual cosa vol dir que sense possibles pluralitats nacionals al seu si) siguin excloents de forma minoritària com, per exemple, va fer el famós primer tripartit amb l’exclusió del PP de la vida política de la comunitat mitjançant declaració “solemne” o el GH Mas amb declaració notarial, per parlar de dues xarlotades d’aquelles que fan època. Ara, en ares de la unitat federal, tots aquest estats independents se’ns diu que formaran una “expressió comuna superior” –de la qual ja ha desaparegut, qui ho havia de dir!, la “consciència” perquè ara parlem de diners i interessos materials–, un acord al qual s’arribarà perquè sí, sense que hi hagi cap renúncia a cap dels postulats dels defensors d’aquesta proposta.
No es tracta de copiar aquests models, que a més presenten diferències notables entre si, sinó d’inspirar-se en ells per trobar solucions vàlides als problemes actuals de Catalunya i Espanya.
Faltava allò de les relacions bilaterals i ja hi fan acte de presència amb aquesta formulació tan benvolguda pels nacionalistes de dividir Espanya pel mig, entre Catalunya i Espanya, tot i que si pensem amb lògica de la teoria de conjunts quelcom grinyola en aquesta formulació que no amaga sinó que exhibeix, sense “tapujos”, aquest convenciment que Catalunya en cap cas és una autonomia dintre d’Espanya, sinó un Estat sense estat que ha de tractar amb Espanya d’igual a igual, tot fent abstracció de la Història, del present i, sobretot, de la pluralitat de concepcions de Catalunya al si mateix de la comunitat que converteixen aquesta de l’”Estat mil•lenari” en una més de les moltes que hi són. Parlar, doncs, dels problemes de Catalunya i d’Espanya com si aquest fossin independents i no estiguessin lligats de cap a peus com a contingut d’una mateixa realitat, és prendre decisions secessionistes, a nivell conceptual, que no contribueixin gaire aquell “acord” federal al qual semblava que s’arribava quasi xiulant i sense despentinar-se.
Les seves funcions consistirien en l’aprovació de les lleis que afecten a les CCAA, en paritat amb el Congrés, en canalitzar la comunicació de les CCAA amb l’Estat respecte a les decisions de les institucions comunitàries i en facilitar la participació de les CCAA en les institucions i organismes de l’Estat que resulten decisius per al conjunt.
La paritat. Heus ací el concepte eufemístic que reforça la pressa del poder central per part de les CCAA, tot dissolent-lo, per via federal, per evitar cap instància que pugui estar per sobre del conjunt federat.
Una solució semblant significaria que el contingut de les lleis bàsiques vindria determinat pel projecte del govern, per l’aprovació del Congrés dels Diputats i per la posterior aprovació del Senat autonòmic, integrat pels governs de les CCAA. El recurs al TC persistiria per als casos extrems però la major part dels conflictes desapareixerien perquè seria bàsic allò que conjuntament al Congrés i la Cambra autonòmica consideren com a tal. Per aquesta mateixa raó, i davant la impossibilitat d’excloure per complet l’existència de reglaments i decisions governamentals de caràcter bàsic en determinades matèries, el Senat hauria igualment de donar la seva aprovació a aquestes decisions governamentals que excepcionalment, per ser bàsiques, resultin obligatòries per a les comunitats autònomes.
Quantes vegades s’ha insistit en aquesta proposta en la idea-força que el Senat reformat, com a contrapoder autonòmic al Congrés, ha de aprovar tot allò que afecta les CCAA? Doncs, una més. Ara s’afegeix que no només el Senat reformat ha d’aprovar conjuntament les lleis bàsiques, sinó també els reglaments, de tal manera que el marge d’actuació del govern central es redueix fins a la desaparició.
Hi ha altres lleis que per mandat de la Constitució tenen una repercussió directa en les CCAA, amb diferent raó i intensitat, i que per tant mereixerien que la seva aprovació comptés amb el vot d’un Senat autonòmic, com succeeix molt clarament amb les normes que regulen el sistema de finançament autonòmic o l’equilibri pressupostari. En tot cas, per evitar inseguretat, convindria que la mateixa Constitució determinés les lleis ordinàries (que només requereixen l’aprovació del Congrés dels Diputats) i les lleis de participació autonòmica (que necessiten també l’aprovació del Senat), que han d’incloure en tot cas a les normes amb caràcter bàsic i que podrien incloure nominalment altres normes rellevants per a les Comunitats. La tècnica més coherent amb la línia exposada seria limitar la intervenció de la Cambra o Senat autonòmic a les lleis que requereixen la participació de les CCAA (les altres serien aprovades només pel Congrés), però en aquelles “lleis de l’Estat de participació autonòmica” la posició del Senat seria igual que la del Congrés. En aquestes lleis, les diferències entre totes dues Cambres es podrien resoldre per una comissió mixta paritària, Congrés-Senat, semblant a la que preveu l’actual art. 74.2 CE, i si tampoc s’arribés a un acord, podria decidir el Congrés per majoria qualificada. Aquesta sortida sembla convenient per evitar una situació de col•lapse legislatiu, quan la nova llei de l’Estat de participació autonòmica resulta realment necessària en opinió de la majoria. En les lleis de participació autonòmica, el Senat manté el dret de veto en cas de desacord.
Un nou afegitó que expressa amb tota claredat la posició de domini de les CCAA en aquest nou disseny de l’estat: “En les lleis de participació autonòmica, el Senat manté el dret de veto en cas de desacord”. Podríem fer una anàlisi del complex d’inferioritat des del que ha estat redactat aquests proposta federal que sembla posar més l’accent en rebel•lar-se contra una situació de injustícia que en construir un nou estat que tingui present la necessitat d’un poder central amb certs poders operatius que puguin permetre la presa de decisions sense la dependència absoluta de l’assemblearisme inoperant a que sembla abocar aquesta proposta.
La legitimitat del Senat no residiria, per tant, en l’elecció popular sinó en el seu caràcter de representació dels governs autonòmics i en la seva capacitat tècnica per abordar els problemes de les CCAA. Ha de quedar clar que, a diferència del Senat actual, el nou Consell autonòmic tindria uns caràcters molt diferents als del Congrés (mancaria del control sobre el govern, seria de composició més reduïda i variable segons les sessions, etc.), perquè justament la seva funció no és duplicar a la Cambra baixa sinó resoldre els problemes polítics en un Estat que necessita coordinar el Parlament i el Govern de l’Estat amb 17 Parlaments i 17 governs autonòmics.
Se’ns proposa, doncs, una mena de càmera senatorial tecnocràtica que depèn, en darrera instància, dels “governs autonòmics”, als quals es concedeixen, per aquesta raó, uns poders que van molt més enllà del seu mandat popular.
Una altra crítica a la reforma del Senat exposada es refereix a la pèrdua de democràcia que suposaria la substitució de l’actual elecció dels senadors per la designació pels governs. La fal•làcia que tanca aquesta crítica es veu clarament substituint la reforma del Senat per la seva supressió. Si es suprimeix el Senat i es deixa només el Congrés dels Diputats com a Cambra elegida pel poble, disminuiria la democràcia? Gairebé ningú raonaria així, perquè la inutilitat del Senat actual fa que la seva desaparició no minvi la democràcia. La legitimitat democràtica ja està al Congrés dels Diputats i el fet que el Senat actual sigui electiu no proporciona al sistema polític ni un gram més de democràcia. La seva substitució per un Consell de les CCAA pot en canvi disminuir els conflictes i millorar el funcionament de l’Estat.
El mateix argument serveix, aleshores, per demanar la supressió d’aquest Consell, donat que la legitimitat democràtica ja és al congrés, on son representats tots el territoris de l’estat. De que calguin nous canals de relació amb el govern central per establir polítiques comunes , se n’ha de deduir que s’hagi d’escollir un Consell amb unes atribucions que ni tan sols té l’actual Senat? I que a sobre s’ha d’escollir al marge dels electors? Ens prenen per tontos, la veritat sigui dita.

El desenvolupament d’aquest model constitucional ha donat lloc a un procés d’igualació substancial dels nivells competencials de les diferents Comunitats Autònomes, caracteritzat per la seva notable complexitat i l’aplicació pràctica ha generat una nombrosa conflictivitat resolta en última instància pel Tribunal Constitucional mitjançant sentències que arriben amb una demora mitjana de vuit anys.
Ací supura la ferida... “el procés d’igualació substancial dels nivells competencials”... Hem tocat en carn viva... Com que no hi ha “fet diferencial” que marqui la jerarquia d’institucions –Com se li acut que Catalunya es pugui posar a l’alçada de Castella i Lleó, si us plau!, o d’aqueixos pidolaires morts de gana extremenys! Un respecte, si us plau!– cal una redefinició de l’estat federat que torni a establir la jerarquia ja esmentada abans.
La Constitució definirà l’abast funcional de les competències exclusives i compartides. De forma particular es definirà l’abast de la competència estatal per establir les bases, limitant el poder estatal a l’establiment de principis o d’un mínim comú denominador en normes amb rang de llei (de participació autonòmica mitjançant el nou Senat) que permetin un desenvolupament posterior autonòmic a través de lleis diferenciades. La possibilitat que el bàsic es concreti en normes reglamentàries o actes d’execució ha de ser excepcional i, en tot cas, sotmesa a l’aprovació per part del Senat d’aquestes decisions governamentals.
El fet que es repeteixin tants aquest pronunciaments sobre la necessitat que aquest Senat reformat que es proposa no pugui sofrir cap imposició del govern central, expressa amb total claredat el punt de partida gens teòric d’aquesta proposta.
Mereix una menció especial, en l’actual context, l’aclariment de les competències autonòmiques en matèria de referèndum i consultes, que hauria, mantenint l’actual configuració de l’art. 149.1.32 ª CE, d’ assumir clarament la possibilitat de consultes de caràcter territorialitzat, modificant en aquest sentit l’actual art. 92 CE.
Ja posats, no ve d’ací afegir una reformeta d’allò dels referèndums perquè el disbarat del “dret a decidir” tingui Carta de naturalesa,tot i que la timidesa del redactat no gossa ni insinuar que aquestes consultes “territorials” puguin servir per decidir trencar aquest Pacte confederal, la qual cosa, per omissió, permetria aquesta interpretació secessionista.
La conveniència d’introduir alguns aspectes de diferenciació, o asimetria, en el repartiment competencial és un dels problemes més complexos que haurà d’afrontar la nova Constitució. És cert que la diversitat que deriva de la diferent realitat de les Comunitats Autònomes per raó de la seva població, geografia, riquesa o cultura política, pot tenir el seu reflex en el diferent ús que es faci d’unes mateixes competències. Un mateix marc constitucional no suposa homogeneïtat en el desenvolupament, si el marc és prou ampli per permetre diverses opcions polítiques. Però també hi ha realitats polítiques, culturals, històriques o geogràfiques, així com col•lectivitats amb un ampli sentit de formar part d’una nació històrica i cultural pròpia (que els constituents van denominar nacionalitats), que justifiquen un tractament constitucional específic, sense que això s’hagi de veure com una concessió de privilegis, com no ho són els drets forals o els drets històrics reconeguts en els Estatuts d’Autonomia vigents. Aquestes singularitats o asimetries no permeten una distinció clara en dos grups, sinó que formen més aviat una escala de caràcters que s’haurien d’incorporar al text constitucional. l Reconèixer en un article diferenciat la competència exclusiva de les Comunitats Autònomes en la regulació del seu règim lingüístic, dins del corresponent marc constitucional i estatutari. l Reconèixer unes competències diferenciades a Catalunya i País Basc en matèria d’organització territorial, seguretat, trànsit i circulació, educació –vinculades a la llengua pròpia-, justícia i acció exterior, en allò referit a les seves pròpies competències. L’abast d’aquestes competències pot remetre’s també a un acord en Comissió bilateral i posterior formalització com a llei orgànica. l Reconèixer la singularitat insular de Balears i Canàries en relació a determinades competències. l Reconèixer la singularitat del Concert per al País Basc i Navarra, sense perjudici del que es digui en l’article corresponent de la part de finançament sobre la quota. l Reconèixer la singularitat de les Ciutats Autònomes de Ceuta i Melilla quines competències es fixaran en sengles lleis orgàniques. l Els preceptes que reconeguin aquestes singularitats poden ubicar-se al títol corresponent a l’organització territorial de l’Estat, o bé en diverses disposicions addicionals
Que aquesta proposta és, de fet, una actualització de l’Estatut anterior a la interpretació correctora que en va fer el Tribunal Constitucional està més clar que l’aigua de les dessaladores. Nomes s’ha de veure l’ èmfasi constant en la necessitat de diferenciar Catalunya de la resta d’autonomies i en establir –i hi surt aquí per primera vegada, com si se’ls hagués colat per descuit– allò de la Comissió bilateral i la famosa jerarquia que posi a cadascú al seu lloc, de tal manera que “no prendràs el nom d e Catalunya en va”, petició congruent amb allò tan místic-jungià de la famosa “consciència de si mateixa”.
Els nous Estatuts s’aprovaran per majoria reforçada de la Comunitat Autònoma i podrien ser objecte d’un recurs previ d’inconstitucionalitat davant el Tribunal Constitucional que s’hauria d’interposar en un termini màxim de tres mesos des de la seva aprovació i resoldre pel TC també en un termini màxim de tres mesos des de la interposició. Transcorregut el termini per impugnar, si aquesta impugnació no s’hagués produït, o un cop dictada la sentència del TC si es va interposar recurs, i corregits si escau per la Comunitat Autònoma els elements d’inconstitucionalitat apreciats pel Tribunal, l’Estatut se sotmetrà a referèndum. Si el text és aprovat, l’Estatut es publicarà com a llei autonòmica, sent ja inatacable
“Sent ja inatacable”, heus ací el desig bàsic, el rovell de l’ou de tota aquesta proposta que entra en contradicció flagrant amb altres apartats, com quan, oblidant el re-disseny de l’estat confederal que proposa, on el Senat reformat poc menys que té el poder “de facto” de l’estat confederal, torna a témer que el Tribunal Constitucional pugui retallar, amb la seva interpretació, la famosa voluntat d’aquella consciència encarnada en els seus representants escollits al Parlament autonòmic (havia escrit, com errata, autobòmbic, i ja veig que equivocar-se és una altra manera d’encertar, com deia Fritz Perls). Semblen més preocupats pels terminis que per la divisió de poders.
L’administració pròpiament dita de tots els jutges i tribunals, excepte el TS i l’AN, dependrà dels governs de les respectives CCAA. L’Administració del Tribunal Suprem i de l’Audiència Nacional dependran del govern de l’Estat
Aquesta insistència en tenir un Tribunal Suprem català, com si els jutges catalans fossin capaços d’entendre millor les formes de delinqüència autonòmiques, de tal manera que no hi hagués una intervenció interessada per part de jutges forans que “no entenen” la idiosincràsia catalana i que poguessin tenir objectius inconfessables, no amaga una intervenció, aquesta sí que interessada, irrespectuosa d’un dels poders bàsics de l’Estat, la independència dels quals forma part dels requisits sine qua non del sistema democràtic.
Garantir la justícia en la distribució dels recursos afegint a la nova formulació transparent del principi de solidaritat la del principi d’ordinalitat, per impedir que les Comunitats Autònomes més dinàmiques perdin incentius a seguir creixent i aportant al conjunt, a través del seu dinamisme.
Sobre el principi d’ordinalitat ja s’han expressat els experts i no paga la pena tornar-hi. Reprendre aquesta demanda fa palesa la “instància de part” de què neix aquesta proposta, la qual en cap cas s’ha plantejat un sistema federal espanyol nou de trinca, sinó una recuperació de l’Estatut suposadament menyspreat per l’Estat.
Regular efectivament els instruments de discussió i acord entre Estat i Comunitats Autònomes en aquest àmbit, reduint la posició tan prevalent de l’Estat en el Consell de Política Fiscal i Financera, i passant l’aprovació de les reformes pel Senat federal.
El buidat de competències del govern central continua implacablement. De nou s’apel•la al poder decisori del nou Senat, format pels governs de les CCAA.
Adoptar una forquilla de distribució dels percentatges de recaptació dels grans tributs estatals (IRPF, IVA, Societats, impostos especials) entre l’Estat i cada Comunitat Autònoma (en funció dels punts de connexió fixats per la llei, considerant adequadament el lloc de generació dels rendiments gravats). Aquesta distribució s’hauria de fer tenint en compte la dinàmica de despesa autonòmica i estatal i valorant especialment la despesa social i la capacitat inversora de les administracions autonòmiques. En conseqüència hauria de significar un creixement rellevant del percentatge actual d’ingressos autonòmics, assumint que aquest increment substitueix d’una sola vegada la dinàmica de constants increments més o menys reduïts en la negociació de cada nou model de finançament.
Ara, però, quan toquem els diners, o els recursos, el tarannà decisori del Senat reformat desapareix i emergeix el “adoptar una forquilla de distribució (...) entre l’Estat i cada comunitat Autònoma”, la qual cosa val tant com l’establiment del famós concert. Amb aquesta bilateralitat en allò que és substancial pel desenvolupament de cada Comunitat Autònoma desapareix el federalisme e pluribus, unum i apareix el “parlem-ne” nostrat,però de tu a tu, deixa’t de federalismes i d’hòsties...
Preveure expressament l’existència del Consell de Política Fiscal i Financera, establint que els seus acords (que resultarien menys rellevants donada l’existència del Senat) s’adoptin per una majoria qualificada que incorpori almenys a tres cinquenes parts de les Comunitats Autònomes i l’Estat.
I perquè s’han de mantenir instàncies que ja han estat substituïdes per d’altres amb més poder executiu?

Preveure l’existència d’agències tributàries consorciades entre l’Estat i les comunitats autònomes que ho sol•licitin, encarregades de la gestió tributària de tots els tributs i de les actuacions de lluita contra el frau.
Agència tributària pròpia, però “consorciada” entre l’estat i les CCAA, la qual cosa ens portaria directament a una mena de Concert,el famós concert, amb tant poca música, del qual encara no s’havia dit ni una paraula.
Establir expressament la inclusió d’una aportació a la solidaritat interterritorial com a nova càrrega de l’Estat en els sistemes de conveni i concert i preveure un sistema de garantia constitucional d’una aproximació gradual de resultats respecte del sistema comú.
Ja ha aparegut el concert, però en companya del conveni, de tal manera que acordar l’un o l’altre es deixarà a petició de cada CCAA
El TC ha estat superat per la quantitat de conflictes de competències, recursos d’inconstitucionalitat i fins i tot qüestions d’inconstitucionalitat de base competencial, i convé corregir les causes d’aquesta situació. D’altra banda, la composició del TC hauria de tenir alguna connexió amb les CCAA, el que és fàcilment articulable a través del propi Senat federal, de manera que la meitat dels magistrats fossin nomenats pel Congrés i la meitat pel Senat. També seria convenient establir algun criteri per elegir bons juristes desautoritzant el sistema de quota dels grups parlamentaris, tot i que és aquesta una qüestió que va més enllà de la reforma federal del sistema. D’altra banda, la pròpia funció del Senat en l’aprovació de la legislació bàsica i de rellevància autonòmica ha de contribuir de manera destacada a la reducció de la conflictivitat en aquest àmbit, permetent al Tribunal Constitucional un enfocament més general i centrat en les qüestions d’especial rellevància per al funcionament del sistema. Amb caràcter general, la reforma del Senat permet canalitzar la participació autonòmica en la composició de la major part d’institucions estatals, coherentment amb el que preveuen diversos Estatuts d’Autonomia en l’actualitat, d’una manera funcional i donant sentit a les actuals previsions de nomenament senatorial de diversos càrrecs institucionals, que podrien mantenir-se o incrementar-se tant a nivell constitucional com legislatiu.
L’enèsima lloa –l’errata em torna a dir que l’ènema té molt a veure amb aquesta concepció del Senat...– al poder del Senat reformat conclou amb un corol•lari previsible: el Senat reformat ha d’escollir la meitat del Tribunal Constitucional per poder tenir vot i veu en un òrgan tan decisiu estatalment. I això tanca l’operació de substitució del poder polític tal com ara l’entenem per un altre en el qual no hi ha gairebé cap poder central que prevalgui sobre els confederats, tot creant un estat de caire assembleari molt difícil de gestionar.