lunes, 9 de junio de 2014

Entre la abdicación y la cabdillficació

                 Hay asuntos sobre los que volver al cabo de los días en que han ocupado todo el espacio social, desde los media hasta las barras de bar pasando por los comedores de cualquier casa de clase media o los bancos de los parques resulta poco menos que una crueldad. Así pues, con bien se vaya el cazador de elefantes súbitamente aniñado en el perdón pedido, y con bien venga un  Felipe VI que nos impida, al común de los mortales amparados por la constitución del 78 que aprobó la monarquía constitucional y democrática, reeditar las negras páginas del pasado. En los ríos revueltos de las crisis siempre se gestan los fascismos. La demagogia reinante -entre los republicanos idealizadores, que esas paradojas nos da la vida- es el primer vagido del totalitarismo. No sé qué pudiera venir. Por si acaso es la entronización republicana de Aznar, prefiero quedarme como estoy. Y si es la del Anguita a quien le contemplé una entrevista en la Sexta, más aún. Y si vienen de la mano, reeditando aquel prodigio de estrategia política que fue la famosa pinza contra Felipe, entonces me exilio...
Ni quito ni pongo rey, porque me trae al pairo; pero sí quiero que se cumpla lo previsto por la constitución. De momento, y, tal y como se respira socialmente, por mucho tiempo. Hay en ciertas mitificaciones la expresión de pulsiones atávicas muy peligrosas. Esta del fervor republicano acrítico es quizás la más espeluznante de todas ellas.
Pero he dicho que renunciaba a entrar en los comentarios de corrillo de la actualidad, porque, si así lo hiciera, quizás me parezca más trascendente, para la política nacional, el portazo de UDC a CDC, que propiamente la sucesión en la jefatura del estado, algo irrelevante, desde el punto de vista democrático. Nos falta, a pesar de estos 39 años, ese poso de "lo que toca", contra el que tanto luchó el virrey -y ya es curioso que así se le conociera...-, y que constituye algo así como el sustrato básico de un régimen de libertades.
Me he dedicado durante dos días de fiesta a pasear por las riberas del Ebro en buena compañía y con mejor desconexión, salvo esa entrevista a Anguita que me llevó al paleolítico político, ese pedantesco maestrillo con su librillo y hombre de mesa de camilla y aparato telefónico de los años 40, y la contemplación de la gesta deportiva de Nadal en Roland Garros. Sí, yo, como GdB también soy hijo de los tiempos de la pérgola y el tenis, aunque a destiempo.
Miravet es un pequeño pero encantador pueblo de Tarragona, coronado por un castillo templario y con unas vistas magníficas sobre el río-madre de la península. Además de comer un cordero excelente, tuvimos la oportunidad de asistir a un concierto de dos corales hermanadas, la del pueblo y la de los funcionarios del Departament de Ensenyament, ambas en la línea de esa dedicación a la música tan propia del levante, y que baja por todo el litoral hasta Murcia y Almería. El repertorio del coro local estaba muy enfocado hacia la temática patriótica, pero los trabajadores d'Educació, la Coral Edu.cant nos deleitaron con una suite de canciones inglesas, The Sprig of thyme y con un breve repertorio de canciones sudamericanas que supuso un desahogo ideológico-canoro. Conjuntamente, como fin de fiesta, interpretaron el Va pensiero del Nabucco de Verdi, de indudable metafórica secesionista y No sentiu la gent cantar? de Los miserables, de idéntica connotación. Con todo, la interpretación fue magnífica. Los asistentes, familia y pocos vecinos del pueblo, más algunos visitantes, como yo.
Al día siguiente, desde el comedor, me llegaron ecos aún más patrióticos: en la orilla del río actuaba una colla castellera, como si fuese día d'aplec.
Hoy lunes, sin embargo, me entero de que formaba parte de una "plantada" simultánea como prueba y demostración, al decir de la Muriel convocadora de que "los catalanes podemos hacer de todo y todo hacerlo muy bien", cito de memoria, pero no yerro en lo esencial.
¡Y yo que quería perderme un par de días en un pueblo recóndito donde no me llegara la voncinglería secesionista, ni la prensa del Movimiento... que buscan cabdillficar  a Gregorio XVIII! De hecho, ya no llega ni El País, que tuve que comprar, de vuelta, en la estación de Sants, a las 22h. No somos naide.

1 comentario:

  1. magnifica entrada
    estoy de acuerdo contigo aqui por USA
    esta pasando lo mismo

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