domingo, 29 de junio de 2014

Rito dominical: Desayuno con prensa.

Domingo Pérez Minik


La perseverancia feliz o el peligro de extinción...

Estamos hechos de tradiciones, grandes y minúsculas, forjadas ni se sabe a veces por influencia de quién o de qué, y en muchas ocasiones, de nuevo cuño. La lectura dominical de la prensa es una de ellas, que se repite con una constancia admirable y que se repetirá, con toda probabilidad, hasta el final de mis días. Hay quienes la realizan en el bar, de preferencia gente perezosa que no madruga; yo siempre lo hago en casa, porque en ningún sitio me desayuno mejor, y la preparación es lo suficientemente breve como para no tornarse enojosa. Madrugar para comprar los diarios, compartiendo la calle con los intoxicados rezagados que ponen fin a una noche en la que juran y perjuran habérselo pasado "en grande", a pesar del lastimoso estado que ofrecen a la visión ajena, es el primer paso del rito, después le sigue el desayuno propiamente ingerido, que no dicho, y, finalmente, el gran despliegue de las ventanas al exterior. Lo primero, ver si hay películas susceptibles de ser grabadas o alguna transmisión deportiva capaz de generar alguna sombra de emoción. Después, extraer el suplemento de economía, despacharlo con la relativa presteza del ignaro y, finalmente, entrar en el diario con la morosidad de quien está dispuesto a consumir su buena hora u hora y media en esos reportajes que, los domingos, sustituyen al caudal noticiero.
Tengo la sensación de cumplir con un rito tan antiguo como la vieja misa dominical de la infancia, perdido voluntariamente a los 14 años, no sin la lucha familiar correspondiente, la primera de tantas otras que jalonaron la independencia individual y la creación de mi estado personal actual.
 Es un rito muy común, lo sé, pero cada cual tiene sus propias estrategias de lectura. Hay quienes leen desde la TV hacia el principio, los hay que van directamente a los deportes o a Política (Nacional, España..., según las ópticas ideológicas), a las cotizaciones bursátiles o a Internacional o a la Cartelera o incluso al obituario... Yo soy muy tradicional: desde la primera página hasta la última, y ya llegará lo que haya, e ir cerrando el foco, desde Internacional hasta la TV, me parece un buen método. No soporto, por ejemplo, entrar directamente en Opinión...
Hubo un tiempo en que nuestros diarios españoles quisieron competir con los usamericanos, como el Boston Globe, el que leía en Boston, pero aquel mazacote de información de casi quilo y medio, era imbatible: había lectura para todo el día, ¡y aun para la semana! Aquí se optó por la revista dominical, el suplemento semanal en papel, la economía en sepia y poco más, y aun así ya me parece demasiado. Es cierto que El País tuvo una época en que primó la objetividad y la independencia, pero a partir de la irrupción de El Mundo, pronto todos se convirtieron en "prensa de partido", con el descrédito consiguiente. Y aún seguimos en él, sin levantar cabeceras...
Como leo en la misma mesa de desayuno, en la cocina, he de hacer malabarismos, a menudo, para mantener la verticalidad de las páginas y, con mi miopía, enfocar adecuadamente el texto. Todo lo doy por bien empleado porque me permite un comentario con mi conjunta, lo que alarga la sobremesa sus buenas dos horas. 
Desde hace tiempo, sin embargo, vengo observando que los quioscos de prensa van desapareciendo del paisaje urbano. Suelen quedar aquellos que son de propiedad familiar, traspasados de padres a hijos, como si la prensa hubiera iniciado el camino que la llevará a la desaparición. De hecho, y como, por hacer un paralelismo, pasa con las farmacias, que parecen tiendas de cosméticos, muchos quioscos despliegan una oferta comercial que poco o nada tiene que ver con para lo que nacieron. Sería una pérdida solo comparable a la de la desaparición de las abejas.
Hoy había muchas historias, pero me he entretenido en la del ecologista alemán nacionalizado holandés cuyo cadáver ha sido hallado en el corazón abrupto de la Galicia profunda. Se abre una hermosa investigación criminal para descubrir al o a los culpables del asesinato. Ya veremos si se confirma la impericia de los asesinos aficionados y hay hilos en la escena del crimen (una ranchera incendiada) de los que tirar para detenerlos y llevarlos ante la justicia.  Fago al fondo... se advierte.


sábado, 21 de junio de 2014

Acá vienen reyes, do quieren leyes...



El ocaso de los símbolos: el relevo en la jefatura del estado.

              No sé si se podrá vivir sin símbolos, pero es evidente que vivir para ellos es una considerable limitación de las potencialidades del ser humano. Ser uno, debe de ser, por otro lado, la rehostia. Pocos seres humanos tienen esa vivencia, y pocos nos han transmitido lo muy parecidos que se deben de sentir al elegante propietario de la máscara de hierro de la Bastilla. La vida de un sersímbolo es difícil. Como poco, se ha de haber sido entrenado para ello, años y años, de modo que, llegado el momento, se haga creer a los demás que se actúa con toda normalidad e incluso, hasta donde a los símbolos les es posible eso, que se tiene una vida propia extramuros de su función, porque el símbolo, nos parezca bien o mal, es eminentemente una función, y en ningún caso una realidad trascendente. ¡Huy, que se me ha subido el calor! 
               Viene el preámbulo a cuenta de la sucesión en la jefatura del estado: el alto funcionario Juan Carlos de Borbón ha cedido el puesto a quien por línea dinástica machista, aún en vigor, le corresponde, una irregularidad que, en este caso, pocos objetarán, a la luz de las experiencias previas y del pudo haber sido escalofriante: imagínese el lector la escena al revés: Felipe en la tribuna y la reina Elena jurando guardar y hacer guardar la Constitución, con el Froilanillo Marichalar llamando por el móvil desde su asiento.Sé que a los reyes les pirran los uniformes, parte de la simbololatría, pero el uniforme de capitán general de los ejércitos acredita, porque ha sido instruido para ello, que la percha sabe hacer la guerra y matar en defensa de la independencia e integridad territorial de la nación española, pero desde fuera del culto a los símbolos no deja de chocar que se recalque, ten enfáticamente, la condición de militar del jefe del estado en vez de su condición civil y civilizadora.
            Lo mejor de este relevo es que la sociedad española no se ha sentido convocada a iniciar una guerra civil para dirimir cuál haya de ser la forma de estado, si la república o la actual monarquía constitucional, diferente, por el adjetivo, de cualquier monarquía anterior a ella. No es un truco semántico, sino una realidad contundente. Como se ha despertado el hambre consultiva, ahora, al parecer, ya hemos de decidirlo todo en consultas, menos quiénes hayan de dirigir los partidos, que esos se lo consultan entre ellos, y a los demás nos marginan, porque, llevado al absurdo, y España parece un país de la literatura del absurdo, lo primero que tendríamos que consultar sería quiénes tienen la legitimidad para reclamar una consulta, porque si cada vecino propone que se consulte desde la contrata de la empresa de recogida de basuras hasta la concesión del servicio de lavandería de los hospitales públicos, mucho me temo que, una de dos, o nos convertíamos en el hazmerreír del planeta o superábamos la tan reconocida Transición Demócrática y acabábamos como la meca del turismo político. Que conste que en Albacete, aunque no se siguió el ejemplo, el Ayuntamiento abrió a la participación vecinal la fijación de la partidas presupuestarias. Eso sí que es democracia directa, pero no veo que haya cundido el ejemplo.
      Los republicanófilos han puesto el grito histórico en la tierra -porque si alguno lo ha puesto en el cielo, es un criptomonárquico- y han comenzado a vomitar tópicos de baratillo hasta quedarse solos. Ha sido muy curioso asistir a la lucha de tantos tradicionalistas, más anticuados en realidad que la propia monarquía contra la que combaten: gente anclada en una visión acrítica del pasado; gente dispuesta a derramar lágrimas por una de las mayores derrotas trágicas de la sociedad española; gente intolerante dispuesta, de nuevo, a "acabar" con la jefatura legal del estado, caiga quien caiga, es decir, el Borbón, no por nada sino por el bonito juego del quítate tú que me pongo yo; gente que posee la verdad de las verdades y nada más que la verdad, y está dispuesta a imponerla "cueste lo que cueste", porque la "dignidad del pueblo español" está por encima de todo..., y lindezas de ese jaez. 
               Votos a favor de la proclamación del nuevo jefe del estado: 299. Votos en contra: 19.
           Ahora bien, es "evidente", en términos políticos, que ha habido una traición al pueblo español, que los representantes no lo representan y que la mayoría coincide con lo que yo digo, es decir, que queremos que se consulte si monarquía o república... La antilógica del Nada Honorable Mas* hace estragos entre los figurones pseudoizquierdistas de este país del absurdo.
            Suma y sigue capítulos del esperpento.
            

* Es evidente que para la agitprop secesionista el hecho de que suba al trono un Felipe VI parece como de recochineo centralista; pero deberían mirarlo desde la única óptica posible: les fue muy bien con el 5º y, en cuanto se despierten del itaquismo mesiánico, les irá mejor con el 6º; si se empecinan en navegar contra corriente, deberían recordar el dicho: a la sexta va la vencida...o ansí.

jueves, 12 de junio de 2014

Pecio seco del saco roto: la crisis del psC

                La indecisión es mala consejera, como bien saben los pocos que lo saben, y la vaguedad, peor aún. Un aseado funcionario municipal con escasa visión ideológica y mínima capacidad hermenéutica ha dimitido de sus responsabilidades y se retira al segundo plano de donde acaso un mal consejo le animó a decidir salir. Fin del trayecto. ¿Y ahora qué? 
                A mi íntimo amigo Juan Poz le he pedido prestadas unas reflexiones que tuvo a bien enviarle a Miquel Iceta justo antes del duodécimo congreso del psC, por ver si "el hombre de la calle" era capaz de hacer oír su voz ante alguien con influencia para contribuir con una visión no endogámica a que el partido saliera del marasmo del que con Pere Navarro no ha logrado salir, como se acaba de demostrar. Mejor él, Juan Poz, que yo, para desgranar estas ideas sobre cuya actualidad, a pesar de haber sido formuladas en 2011, creo que hay pocas dudas. Si alguien tiene el humor de leérselas, ya me dirá lo que va de ayer a hoy:

Cataluña (Todo por la patria)
Mientras que a nivel nacional español el retruécano de “no te preguntes qué puede hacer tu país por ti…” tiene un sentido evidente, que enlazaría con la reflexión sobre los derechos vs. los deberes, en Cataluña, donde es  bandera de CiU –de ahí, quizás, la mercadotécnica intención de kennedyficar a Mas, a quien no le falta, eso sí, la estupenda “mandíbula de Yale” de la que hablaba Tom Wolfe (si bien su otro yo es un referente fílmico: el demediado Lord Farquaad de Shrek)– es imprescindible cambiar la óptica para poner la política al servicio de los catalanes en vez de al de un concepto de patria secuestrado por la casposa derecha nacionalista, la que aún cree en la autarquía franquista como método para no “contaminarse” por los “agentes provocadores” del exterior, a juzgar por las declaraciones miccionadoras del ínclito Carod o los ataques al vino de rioja del peregrino consejero de campo y playa  del gobierno de “los mejores”. Algo está fuera de toda duda: el socialismo catalán ha sido incapaz de inscribir en el imaginario popular una Cataluña diferente de la creada por CiU y el soberanismo secesionista en general. En vez de alimentarse para ello en el presente, tratando de perfilar el retrato de la verdadera Cataluña a la que ha dicho reiteradas veces que representa como nadie, ha mirado siempre hacia la idealización del pasado y ha hecho de su proyecto justo lo contrario de lo que decía representar: ahí están, por ejemplo, las vergonzosas políticas lingüísticas a remolque del ideario soberanista, por ejemplo, entre otros ejemplos.. De todo ello se derivan no pocas discordancias que han llevado a muchos electores desamparados por el relato soberanista del país, encarnado por el PSC, a buscar cobijo “narrativo” en la Cataluña española de Ciudadanos.
La divinización del “país” y el abandono de los “paisanos” a quienes se les quiere imponer a toda costa lo que los modernos denominan, siguiendo a Bajtin y Ricoeur, el “relato” nacionalista, es una de las previsibles causas del descenso de apoyo para el psC, que ha abandonado casi por completo la defensa del carácter catalanoespañol del PSC, tratando de reafirmar un  relato que ya tiene narradores que no se empachan a la hora de cubrir, con la estéril arena de la demagogia, todos los campos de la realidad.

PSC-PSOE;  PSC-psoe; PSC; psC
Si antes me refería a que ha faltado plasmar ideológicamente la concepción de una Cataluña que sea espejo de su presente para poder enfrentarse al relato soberanista del catalanismo, no menos urgente es aclarar la propia identidad como partido, antes de poder tener credibilidad suficiente ante la sociedad. Domina en el socialismo catalán el tactismo identitario sobre todas las cosas: ahora me interesa refugiarme bajo el paraguas del PSOE, para las generales, ahora me interesa destacar mi autonomía fundacional, para las autonómicas. Para bien o para mal, ha de quedar muy claro el vínculo “familiar” ideológico. No puede ser que ciertos planteamientos del psC  los votantes los vean como criptoconvergentes antes que como socialistas, porque de ahí deriva incluso la terminología del “ala catalanista”, del partido, como si la otra ala fuera “españolista”, casi propiamente cercana a los postulados del PP. Esta es una confusión que los partidos nacionalistas explotan con sorprendentes beneficios, pasando incluso por encima de las convicciones socialistas (o pseudosocialistas) de quienes, puestos en el brete de escoger, anteponen como Sobrequés o Mascarell, la posible gloria de la patria al bienestar de los ciudadanos. Si Larra escribía acerca de ¿Quién es el público y dónde se encuentra?, el psC bien podría preguntarse, con él, ¿quiénes son mis votantes y dónde se encuentran? Una vez formulada la pregunta, bien pudiera darse el caso de que la respuesta chocara frontalmente con ciertos planteamientos del partido y que ese choque sea la explicación de los últimos resultados. Incluso en los tiempos en que era votante fidelísimo del PSC-PSOE (y me da legitimidad para hablar desde esa condición el haber soportado un diluvio en un acto electoral en el Parque de la Ciudadela, con Raimon Obiols de candidato, sin moverme de mi asiento hasta que se clausuró el acto, del que casi hube de salir a nado…) intuía ya que la política del entonces PSC-PSOE era deliberadamente “perdedora”, que perdían ex profeso para permitir que CiU fuera conformando la Cataluña que ellos, si ganaran, con la base electoral que tenían, no podrían permitirse el lujo de construir, porque habrían de acercarse a las necesidades de esas bases; hoy, después de los dos tripartitos, ha quedado definitivamente claro que no andaba yo errado, porque, instalado el partido en el poder, no han hecho sino intentar pasar por la derecha nacionalista a los gobiernos de CiU para asegurarse una larga vida en el disfrute del poder. El proceso se nos presenta como lo propio de un delirio ideológico digno de estudiarse en manuales de ciencia política. Anda el psC revuelto y dividido en este asunto de “sacar pecho” identitario frente al PSOE, pero lo cierto es que cuantos más pasos se han dado en la dirección de alejarse del PSOE, más se ha alejado el psC  de los electores y mayor ha sido su decadencia electoral. Después del ridículo de un Montilla prosopopeyescamente hipernacionalista para revestirse de una dignidad a la altura del cargo, sin saber que son las personas las que dignifican los cargos, no al revés, la necesidad urgente de hallar no sólo al electorado propio, sino también de retenerlo, ha de llevar al psC a valorar con mucho mimo todo lo que pueden perder, y, con ellos, la sociedad catalana, en términos de pluralidad y de paz social.

La vida del partido.
Dado el alto nivel de mercantilización en el que se han sumergido los partidos, “marca” incluida”, se ha de reconsiderar no sólo la política de campañas informativas desde el Poder local, estatal o autonómico, sino también la política publicitaria de las campañas electorales: el mejor anuncio es un militante entregado que tenga voz y voto, permanentemente, en la vida diaria del partido, desde cerca, no como mero peón caminero y fuerza de trabajo electoral barata. Al tiempo que la vida de agrupación languidece, el abstencionismo crece. Fomentar la participación política supone captar a los simpatizantes y darles “cancha” en el sentido de garantizarles que podrán ser oídos respetuosamente en los órganos de actividad del partido, desde las agrupaciones de barrio hasta donde ellos, con sus propuestas y razonamientos sean capaces de llegar (a tal efecto no cabe desdeñar el 70% de abstención que se produjo entre la militancia que estaba llamada a participar en las primarias a la alcaldía, porque es una señal que ha de saber leerse, para sacar las conclusiones adecuadas). En este país nuestro de tertulia  política de bar, sin compromiso, debería un partido político ser capaz de ofrecer un cauce que mengüe  esa falta de inquietud. Se trata de reunir a personas en principio afines por sensibilidad social para compartir después, llegado el caso, otros compromisos. En el paraíso del individualismo, lograr que el compromiso se racionalice sería un gran avance. No se necesitan militantes “a lo madre de Calcuta”, superabnegados, hipermotivados, porque ese mismo entusiasmo acaba descalificándolos socialmente por exceso de parcialidad; sino militantes que se encarguen de labores a su alcance, compatibles con sus proyectos individuales de vida, y, sobre todo, que puedan cumplirlas con plena eficacia. Para que un partido sea una herramienta viva ha de mantener un debate constante, del mismo modo que ha de preservar consensos básicos inviolables. Lo antiguo son los personalismos de las baronías, que exhalan un tufillo a oligarquía caciquil que mata.
El botijo y el  pañuelo anudado en la cabeza.

La hipérbole de Guerra en el primer gobierno de Felipe González daba a entender con toda claridad la ética socialista: la austeridad como forma de vida. La virtud del ejemplo también ha de llevar a identificar a quienes defienden una ideología como la socialista. No es posible que se acabe abonando el tópico del “todos los políticos son iguales”, porque ello redunda en el alejamiento del que ya hemos hablado. Recientemente, hemos tenido la ocasión de contemplar  la boda del señor Collboni como un espectáculo mediático que ha “chirriado” a muchos votantes socialistas que no creen que sus representantes hayan de moverse en esos mundos de la alienación programada como pez en el agua. Es difícil escaparse de la circunstancia individual de cada cual, pero parece evidente que la identificación social de un “socialista” ha de ser inequívoca. Los electores han de estar convencidos de que un Millet es imposible entre sus militantes, por más que luego la realidad pueda desmentirlo, pero lo que no puede ocurrir es que caigan los socialistas dentro del “ya se sabe: todos son iguales”, porque ese es el fundamento de la desafección.  El partido ha de atarearse en la desmitificación del triunfo social basado en la banalidad y la explotación de las “bajas” pasiones; distinguir entre “fama” o “famoseo” y reputación; destacar los valores sólidos del trabajo bien hecho frente a la chapucería; reivindicar, en consecuencia, la tradición ilustrada que ha permitido el desarrollo de tantas ciencias y disciplinas con un nivel de exigencia que veda el paso a quienes no los cumplan. Es decir, frente al ideal del contertulio,  que sabe de todo y por ende de nada, el del investigador que “domina” determinada parcela del conocimiento, y lo hace gracias a un trabajo hercúleo. Por otro lado, el partido ha de aplicarse en la modificación, siquiera sea conceptualmente, de la jerarquía del éxito social, y no establecerla en función de la ganancia económica, sino de la dimensión social positiva, de modo que puedan congeniarse los intereses individuales y los sociales. Un bróker es, desde este punto de vista, justo lo contrario de un emprendedor a cualquier nivel que se plantee la iniciativa, siempre y cuando parte de ella revierta en el bienestar social.

lunes, 9 de junio de 2014

El precepto constitucional y el republicanismo místico...



Entre la abdicación y la *cabdillficació.
                 
            Hay asuntos sobre los que volver al cabo de los días en que han ocupado todo el espacio social, desde los media hasta las barras de bar pasando por los comedores de cualquier casa de clase media o los bancos de los parques resulta poco menos que una crueldad. Así pues, con bien se vaya el cazador de elefantes súbitamente aniñado en el perdón pedido, y con bien venga un  Felipe VI que nos impida, al común de los mortales amparados por la constitución del 78 que aprobó la monarquía constitucional y democrática, reeditar las negras páginas del pasado. En los ríos revueltos de las crisis siempre se gestan los fascismos. La demagogia reinante -entre los republicanos idealizadores, que esas paradojas nos da la vida- es el primer vagido del totalitarismo. No sé qué pudiera venir. Por si acaso es la entronización republicana de Aznar, prefiero quedarme como estoy. Y si es la del Anguita a quien le contemplé una entrevista en la Sexta, más aún. Y si vienen de la mano, reeditando aquel prodigio de estrategia política que fue la famosa pinza contra Felipe, entonces me exilio...
Ni quito ni pongo rey, porque me trae al pairo; pero sí quiero que se cumpla lo previsto por la constitución. De momento, y, tal y como se respira socialmente, por mucho tiempo. Hay en ciertas mitificaciones la expresión de pulsiones atávicas muy peligrosas. Esta del fervor republicano acrítico es quizás la más espeluznante de todas ellas.
Pero he dicho que renunciaba a entrar en los comentarios de corrillo de la actualidad, porque, si así lo hiciera, quizás me parezca más trascendente, para la política nacional, el portazo de UDC a CDC, que propiamente la sucesión en la jefatura del estado, algo irrelevante, desde el punto de vista democrático. Nos falta, a pesar de estos 39 años, ese poso de "lo que toca", contra el que tanto luchó el virrey -y ya es curioso que así se le conociera...-, y que constituye algo así como el sustrato básico de un régimen de libertades.
Me he dedicado durante dos días de fiesta a pasear por las riberas del Ebro en buena compañía y con mejor desconexión, salvo esa entrevista a Anguita que me llevó al paleolítico político, ese pedantesco maestrillo con su librillo y hombre de mesa de camilla y aparato telefónico de los años 40, y la contemplación de la gesta deportiva de Nadal en Roland Garros. Sí, yo, como GdB también soy hijo de los tiempos de la pérgola y el tenis, aunque a destiempo.
Miravet es un pequeño pero encantador pueblo de Tarragona, coronado por un castillo templario y con unas vistas magníficas sobre el río-madre de la península. Además de comer un cordero excelente, tuvimos la oportunidad de asistir a un concierto de dos corales hermanadas, la del pueblo y la de los funcionarios del Departament de Ensenyament, ambas en la línea de esa dedicación a la música tan propia del levante, y que baja por todo el litoral hasta Murcia y Almería. El repertorio del coro local estaba muy enfocado hacia la temática patriótica, pero los trabajadores d'Educació, la Coral Edu.cant nos deleitaron con una suite de canciones inglesas, The Sprig of thyme y con un breve repertorio de canciones sudamericanas que supuso un desahogo ideológico-canoro. Conjuntamente, como fin de fiesta, interpretaron el Va pensiero del Nabucco de Verdi, de indudable metafórica secesionista y No sentiu la gent cantar? de Los miserables, de idéntica connotación. Con todo, la interpretación fue magnífica. Los asistentes, familia y pocos vecinos del pueblo, más algunos visitantes, como yo.
Al día siguiente, desde el comedor, me llegaron ecos aún más patrióticos: en la orilla del río actuaba una colla castellera, como si fuese día d'aplec.
Hoy lunes, sin embargo, me entero de que formaba parte de una "plantada" simultánea como prueba y demostración, al decir de la Muriel convocadora de que "los catalanes podemos hacer de todo y todo hacerlo muy bien", cito de memoria, pero no yerro en lo esencial.
¡Y yo que quería perderme un par de días en un pueblo recóndito donde no me llegara la voncinglería secesionista, ni la prensa del Movimiento... que buscan cabdillficar  a Gregorio XVIII! De hecho, ya no llega ni El País, que tuve que comprar, de vuelta, en la estación de Sants, a las 22h. No somos naide.

sábado, 31 de mayo de 2014

Sábados de intendencia o la microeconomía en día de cobro.

            Entre mis diversas dedicaciones caseras, el apartado de la intendencia, que llevo a cabo todos los sábados con exquisita y rigurosa puntualidad -aunque a lo largo de las semanas se hayan de hacer discretas compras de reposición- es uno de los más gratificantes. Hoy ha coincidido con día de paga, y ello se ha notado. Un cambio de la noche al día. En el mercado, el pescadero estaba rendido, y buena parte de la jornada laboral ha empezado con los encargos por teléfono, que lo han desbordado. No he encontrado los gallos, y ha tenido que salir a pedirlos para mí a un colega, que ha respetado el precio de mi pescadero. El rape, sin embargo, era espléndido y a un precio, 15'80€, que tampoco puede considerarse su compra como lanzar la casa por la ventana. Pero el ambiente de hoy era el propio de alguna celebración especial, popular, entrañable. Supongo que cobrar y tener "líquidez" casi puede considerarse, en estos tiempos duros, motivo de celebración. Esto me recuerda que ayer mismo, el dueño de la pequeña tienda donde suelo comprar los cartuchos para la impresora me ha comunicado que el próximo 21 de junio baja la persiana para siempre.  Pone fin a unos diez años de existencia en el barrio. Y así, la ley de la oferta y la demanda, y algunas sentencias judiciales, como la del desalojo de Can Vies, van transformando incesantemente los barrios. De cuando me instalé en esta Izquierda del Ensanche hasta hoy, bien pocos son los negocios que han sobrevivido a la vorágine de las quiebras y los cambios de gustos, de tendencias, etc. ¡Como para que luego vengan hablándote de la Barcelona de toda la vida o de la Barcelona eterna o de la Barcelona Cap i Casal de la Catalunya eterna, y medieval...! Los vecinos van muriendo por ley de vida y no son sustituidos por otros como ellos, sino que los pisos se convierten en apartamentos turísticos y vamos quedando los pocos propietarios que en este mundo somos, relegados a la categoría de "cuerpo a extinguir", como los funcionarios de Educación, que en el inmediato futuro serán sustituidos por monitores de esplai titulados, a juzgar por cómo el Departament azuza el descenso de calidad de los centros públicos.
        No sé si todos los encargados de la intendencia familiar tenemos los mismos problemas, pero no es inusual que durante el sábado recale, quien esto escribe, en, al menos, siete u ocho comercios, grandes y pequeños, donde cumplir con  su cometido. El pan en la panadería -que suena a tomadura de pelo cuando no lo es, porque hoy en día te venden pan hasta en las gasolineras, como todo el mundo intendente sabe; el periódico, en el quiosco; lo integral, en Véritas; lo básico en Lidl; la carne, los quesos y el fiambre en el súper pequeño cercano; lo vegetal en la frutería de toda la vida; la leche de soja con menos azúcar en el Carrefour de Las Ramblas, que ya es apartarse, por cierto...; las bolsas de basura orgánicas, en el Bon Preu; el pescado en el mercado, y de vez en cuando en Consum, donde suelen tener unas cigalitas frescas para hacer salteadas con pimienta que son caprichos de primeros de mes, como para el resto de los mortales.
           En Fortunata y Jacinta aparece un entrañable personaje, Estupiñá, al que podríamos considerar como nuestro santo patrón laico, los intendentes. Animo a descubrirlo. Y ahora que hemos mencionado a Galdós, que tan bien describió la manirrotura de los madrileños del quiero y no puedo, es evidente que el cargo de intendente o ecónomo mayor lleva aparejado el de tesorero, porque no es tarea fácil la de intentar cuadrar los gastos y los ingresos en los hogares de clase media-baja. En quienes viven en precario, ya ni te cuento. Más aún si todavía hay bocas filiales que se apuntan al banquete, en modo alguno platónico, porque jalan la boquitas que es un bel contento... La preocupación de no llegar a final de mes es una de las principales y más duras angustias que cualquier ser humano puede sufrir, y se han de tener muy claros los límites del gasto para no incurrir en esos desequilibrios que resuelve el arroz a la cubana durante siete días ininterrumpidamente... No estoy muy seguro de que todo esto de lo que hoy hablo sea materia comprensible para quienes confunden el valor y el precio, y me temo que quizás unos cursillos adecuados podrían ayudar a quienes no saben organizarse a conseguir los resultados deseados por necesarios. Ayuda mucho haber tenido padres manirrotos, desde luego, porque la angustia de esperar el "sobre" a fin de mes no se la deseo a nadie.
          La largueza en el gasto que nos caracteriza, catalanes incluidos, que en eso hace mucho ya que dejó de haber aquella diferencia abismal entre Cataluña y el resto de España; del mismo modo que dejó de existir el culto al trabajo y a la labor bien hecha: nos hemos vueltos chapuceros y algo más perezosos; puede comprobarse, en día de cobro, en la abundancia del gasto en flores y plantas, y, sobre todo, en las terrazas abarrotadas donde, como el milagro de los panes y los peces, aparecen raciones de patatas bravas y cervezas bidónicas...
           Un día hermoso, preludio de otros tristes a partir del 20 del próximo mes, como se podrá comprobar por el inevitable descenso en la compra de artículos pirotécnicos con que saludar al santo de mi onomástica, ese del que aquí decimos: De joans, joseps i ases, n'hi ha a totes les cases... También a la mía, con descuento...
       




martes, 27 de mayo de 2014

Elecciones europeas 2014: 43% de participación...



Triste campaña; apagado desenlace...

Ni los que supuestamente han ganado, porque en realidad han perdido todos, hemos perdido todos, en las pasadas elecciones al parlamento europeo tenían el cuerpo para descorches ni jaranas ni gritos de euforia ni apenas sonrisas que no fueran las muy archisabidas de circunstancias. Ganó la abstención por goleada, a pesar de que Podemos sólo pudo asomar la cabeza para devenir casta en cuanto hayan de organizarse, tomar decisiones y, si ello llega, asumir responsabilidades. Ni una sola palabra en el trabajo el lunes siguiente a la más sosa de las noches electorales que me hayan sido dadas vivir. Ni una miserable conversación sobre las mismas en los refilones callejeros para los que dilato los pabellones auditivos hasta la paquidermia. Nada. Desierto de juicios. Cada uno a sus asuntos. Y todos, muy lejos de vibrar ni lo más mínimo con esos resultados que, a pesar de las anécdotas sorprendentes —para eso están esas vacaciones electorales que nos permitimos los europeos cada cinco años: para descansar del ejercicio del voto responsable o el útil o el comprometido—, apenas han significado un corrimiento de opinión que nos lleve a una situación peligrosa, insostenible o caótica. Los votantes nos hemos dado el gustazo de votar libérrimamente y así, en cada país, se han ajustado cuentas que nada tienen que ver con el proyecto europeo, una realidad que sigue mereciendo todo el apoyo del continente en su conjunto. La alternativa sí que es, realmente, el ¡sálvese quien pueda!, y, en ese caso, España puede poco, y Podemos, nada.
En conjunto, a nivel individual, no estoy descontento. He ejercido un derecho al que no quiero renunciar. Antes que abstenerme votaría en blanco -ya lo he hecho alguna vez- y los resultados españoles nos han dejado mensajes que, como es de rigor, no tendrán buenos lectores que sepan calar en su último significado.
El bipartidismo está tocado de muerte. Y se lo han ganado a pulso. Toda la campaña del PSoE se basaba en una idea-fuerza (que así las llaman los cursis estrategas electorales, versión moderna de los viejos fablistanes o charlatanes de feria):   «no somos lo mismo que el PP», y, sin embargo, después de dos semanas y cientos de miles de euros gastados, no parece que hayan convencido a los electores de la bondad del enunciado. El PP, siempre osado como los ignorantes, se ha atrevido a cantar la patética victoria de los derrotados, y el ridículo se pasa una y otra vez de móvil a móvil, con los brazos en uve de vino de Cañete. Al inefable Cayo Lara, dispuesto a converger con el diablo, a través del norteño Meyer, taciturno como una urna en el depósito entre elección y elección, enseguida le salen las cuentas del frente popular para el que Podemos puede ofrecerse, a la espera de ver las condiciones onerosas de la confluencia entre la rigidez del viejo aparato comunista y la labilidad del militante cibernético. En Cataluña la bofetada al secesionismo ha sido tan sonora como patéticos los esfuerzos que hacen los requetés políticos y mediáticos secesionistas por disimularla. Querrán reescribir sus declaraciones preelectorales, porque en Cataluña ya se reescribe todo, con un desparpajo sólo comparable a la atrevida incompetencia comunicativa de Marta Rovira, pero bien clarito —y acaso hijo del clarete— quedó: Una oportunidad de oro para que los catalanes le demostrásemos al mundo lo siguiente: que la gran mayoría (pongamos ese 80% del que no se apea el NHMas) votaría a partidos que defienden la consulta y la creación del nuevo estado; que somos un solo pueblo con una sola alma con una sola lengua y con dos o tres banderas: la senyera y dos cubanyeres; que las urnas iban a rebosar de votos entusiastas, al paso alegre de la paz cataláunica de cara al sol del nuevo estado europeo, ése del estado somos nosotros y seremos, y ojito con el que nos lo discuta...,  y que, de paso, íbamos a demostrar que para europeístas nadie como nosotros... A la primera ocasión en que los castillos aéreos —por otro nombre onanismo mental, dicho así a lo fino, para no ofender— han tenido que sufrir la dura prueba de las urnas, ésa en la que no votan las palabras mentirosas, falaces, tramposas, embaucadoras y perversas de los secesionistas, sino cada hijo de vecino con la papeleta que le da la gana escoger, o bien acogiéndose al derecho democrático de no votar —y entonces vaya Vd. a saber qué significado puede tener esa negativa, aunque no parece aventurado intuir que algo de rechazo, en el grado que sea, parece manifestarse hacia el sistema, ¿no?—, entonces, el resultado ha sido de chasco mayúsculo: el 25% del censo electoral ha respaldado con entusiasmo  genital el nacimiento del nuevo estado catalán. ¿Nadie celebró el inicio del largo parto? ¿No corrió el cava? ¿No hubo un concierto de e-mails, teletipos, llamadas, noticias de prime-time, de late-show, de ediciones electrónicas celebrando la gran noticia del mundial acontecimiento? Algo falla en este sainete que se va acercando al final que le pondrán las urnas en las próximas elecciones autonómicas, aunque bien pudiera ser que en las municipales se avanzara algo de esa agonía que acaba de comenzar, porque las agonías de sainete son así, de guardarropía, es decir, de nadar y de guardar la ropa, esto es, el sueldo mensual, como el chaquetero de Ernest Maragall ha probado con eficacia sólo comparable a la de Mascarell.
Acabado todo, he tenido la sensación de que Europa está deseando que la rapten de nuevo para refugiarse en Creta y llevar una vida más plácida, y humilde...

sábado, 24 de mayo de 2014

Los santos entresijos del 9 de noviembre de 2014


Pocos ignoran, en España, nadie en Cataluña, y casi todos en el resto del mundo, que el día del título el gobierno catalán cuya legitimidad se la otorga la constitución española pretende convocar una "consulta" para atentar contra esa constitución y robarle la soberanía al pueblo español, de la que emana la legitimidad de esa constitución gracias a la cual gobiernan, para romper la unidad nacional establecida en esa constitución.
Es de perogrullo, recordar lo anterior.
Es de linces en peligro de extinción  aguzar el ingenio para descubrir por qué ha sido elegida esa fecha, para sorpresa e indignación de los secesionistas que a ella se adhieren como las rémoras a los buques y a los cetáceos -que conviene, de vez en cuando, salir de las lapas y las piedras..- a poco que lean esta indagación. Es obvio que si después de ella no cambian la fecha, ello responderá a la asunción acrítica de uno de los signos de identidad del catalanismo político: el victimismo, que, contradiciendo lúdicamente el significante, quiere decir ensimismamiento en la derrota.
El santoral del día 9 de noviembre no constituye, precisamente, un motivo de gozos y alegrías premonitorias para los alegres votantes secesionistas. Repasémoslo santo a santo. Como hay santos y santas de diferentes categorías, también en esto de la santidad hay clases y divisiones, iremos de la principal hasta el último de la fila, hasta el telonero, por así decirlo.
(Inciso: ¡Ay, aquellos tiempos en los que a los zagales les caía encima el nombre que tocaba en el santoral para el día de su llegada al mundo! Y entre Rútilo y Nicerata era una suerte descomunal nacer el día de San Juan, está claro...) 
 El día 9 de noviembre está dedicado muy principalmente a Nuestra Señora de la Almudena, ¡patrona de Madrid!, como nadie ignora, y albergada en uno de los más sosos y desangelados templos que erigirse puedan. Pero, además, almudena, palabra de origen árabe, significa ciudadela, cuya relación  con el imaginario victimista nacionalcatalanista está fuera de toda duda...
Le sigue en orden de importancia Teodoro, de quien se dice que, como aguerrido San Jorge, derrotó a un peligroso dragón. Fue ajusticiado porque, al parecer, entró una noche en el templo de Cibeles y lo incendió.
Eustolia y Sopatra, monjas y vírgenes -y si se señala que lo fueron, por algo será...- fundaron un monasterio que sometieron a la regla de San Basilio, que es el nombre que en la tradición griega lleva San Nicolás, es decir, el equivalente de nuestros Reyes Magos, o sea, quienes por arte de magia y birlibirloque han de traernos nuestros más queridos deseos, siempre independientes de las crisis.
Orestes es el próximo, y su nombre significa habitante de los montes, que es lo que ha hecho CiU, tirarse al monte -y disculpen la insorteable ambigüedad de la expresión-. Se cuenta de él que derribó de un soplo las estatuas paganas y que nació en Tiana... de la Capadocia. 
Agripino fue obispo de Nápoles, es decir, de la cuna de la cosa nostra mafiosa, que es el fundamento, reiteradamente expuesto, del nuevo estado de nueva planta, porque som com  som y som i serem significan exactamente, en buen castellano: yo me lo guiso y yo me lo como. Agripino, además, tuvo la mala fortuna de no poder competir con  el sanguíneo San Genero en esa dura competición por el patronazgo de las ciudades, regiones y estados.
Benigno fue discípulo de San Patricio, patrón de Irlanda, aguerrida tierra que se secesionó, a sangre y fuego, de Inglaterra, perdiendo su lengua propia en la batalla, por cierto. De él se dice que está enterrado en la abadía de Glastonbury, donde se cree que fue enterrado el rey Arturo, sí, sí, el de Camelo...t, en efecto. Por si fuera poco, el último abad de la desaparecida abadía, Richard Whiting fue colgado, ahogado y descuartizado como traidor, en 1539, que así se las gastaban en los ideales tiempos milenarios de donde, en algunas mentes delirantes, procede la grandeza de las naciones.
Timoteo, el discípulo predilecto de Saulo, el converso, como lo son el NHMas y tantísimos pobres de espíritu más.
Ursino de Bourges, casi de Borges..., significa osito muy feliz, que, simbólicamente, viene a describir la felicidad abraciva (léase a la catalana) rovirana en su intervención congresual.
Y, finalmente,  un Erifredo, ermitaño aislado, al que ni se le encuentra en Google, casi como al futuro estado secesionista en la comunidad internacional.
Si con estos antecedentes la caverna secesionista aún baila alrededor del tótem consultor del 9 de noviembre, obrarán como se espera de sus genes políticos victimistas, y se añadirá a la larga lista de fechas para la que ya se inventará algún pastel conmemorativo con o sin cubanyera.