miércoles, 17 de junio de 2026

La degradación de la política o el desesperado numantinismo de vía estrecha.


Un caso patológico de lapismo político.

 

          La política es el mundo del que se puede hablar con mayor libertad en esta vida, porque el hecho, lamentable, de no tener filtro alguno para el ejercicio de las responsabilidades a que se pueden optar a través de la representación popular nos convierte a todos en doctores de dicha ciencia, sin haber tenido que superar crédito alguno de ningún tipo, ni académico ni laboral ni personal. No diré que es el famoso Patio de Monipodio, o la Bribia quevedesca, pero hasta la extensión, vía redes sociales, del poder de opinar, a cualquiera que a ello se atreva, sin otro púlpito que una plataforma a cuyos algoritmos se someta, el mundo de la acción política y el de la opinión «formada» habían estado «secuestrados» por un cuarto poder demasiado estrechamente unido al primero, lo cual dejaba «fuera de juego» a centenares de miles de ciudadanos, cada uno de ellos con su currículo, sus méritos, su prestigio social, académico,  personal, o bien todo lo contrario, como las propias plataformas muestran con insultante generosidad (y ello sin contar los famosos bots fraudulentos que amplifican la voz de su amo desde las técnicas de reproducción «in cloaca»).

No es fácil, así pues, detectar cuáles son los resortes efectivos del Poder, aunque la corrupción del (des)gobierno de Su Excelencia, P.S. nos ha permitido ver que se siguen reproduciendo como en los viejos tiempos de aquellas otras cloacas del Estado desde las que Felipe González reclamaba poder luchar contra la violencia homicida de ETA, y alguna palada de cal viva apareció por los escaños antes del abrazo que estrechó la erótica del poder entre quienes lo representaron con toda clase de dulzura político-emocional. Sí sabemos que una «moción de censura destructiva» nos instaló en un ciclo de degradación política que parece estar llegando a su fin, dada la gravedad de todos los casos judiciales que se le han abierto al (des)gobierno numantino del lapista número 1 de nuestra clase política: heredero infumable del viejo poltronismo franquista al que se supone que quería enterrar a paladas de cieno de ese lodazal inexpropiable al que ha denominado «el lado bueno de la Historia». El antidemocrático hecho de no presentar Presupuestos durante tres años consecutivos —lo que habría hecho dimitir a cualquier otro Presidente de nuestras democracias más cercanas—, amén de la explícita  voluntad de seguir (des)gobernando sin el concurso del Poder Legislativo y amedrentando al Poder Judicial desde la colonizada Fiscalía del Gobierno son, todos ellos, motivos harto suficientes como para presentar —una vez retirado el apoyo de una fuerza de la que dependía su precaria mayoría parlamentaria (de hecho nunca existente salvo para auparlo al Poder y regalar el retorcimiento de la Constitución para conceder una amnistía a los golpistas que lo auparon a su cargo/prebenda)— una moción de confianza que verificase el hecho de seguir contando, o no, con la mayoría que, con muy distintos intereses, lo situó en la Moncloa, degradada, tras estos ocho años, en moncloaca.

Se agotan los calificativos para describir las tropelías contra nuestro sistema democrático que están cometiendo quienes convirtieron en faro moral de su obra política a un chorizo que se ha presentado ante el juez para dar explicaciones sobre unos cargos que pueden dar con sus huesos de títere de dictadores en la cárcel. Sí, pongamos que hablamos de zp, a quien aún defienden desde el psoe de Su Excelencia como antes pusieron las manos en el fuego por el cariñosísimo y sobón Cerdán y dedicaron una larguísima ovación parlamentaria a Ábalos, en reconocimiento de su feminismo socialista y su defensa del socialismo allá donde hubiera pupilas dispuestas a recibir el ardoroso mensaje  e intermediarios propensos a reconocerle sus muchas influencias políticas. Valle-Inclán escribió El ruedo ibérico sobre el reinado de Isabel II, que daba para lo   que escribió y para más, pero mucho me temo que los niveles patéticos de miseria moral que hemos conocido en la corte de Pdr Snchz van a necesitar algo más que el esperpento para ser retratados convenientemente. Quizás las sentencias judiciales acaben conformando el mejor relato sobre el *octenio ominoso que estamos viviendo. En breve caerá la primera de un rosario de ellas que nos ilustrarán sobre las prácticas mafiosas en que ha acabado cayendo quien, dueño de una mediocridad insultante y un afán de arribista sin escrúpulos, ha pagado, como Dorian Gray, su paso por la vida-jet entre las cirigañas y adulaciones de quienes lo han rodeado y cortejado como en las viejas cortes faraónicas, y no precisamente las del Ay, va, ay, va... Pero está escrito que se va. Lo hará tarde y mal. Pero pasará a la historia de las crónicas de tribunales, que leerán, si aún existen, los aprendices de periodistas a los que les encarguen buscar las fuentes de, pongamos por caso, la corrupción política, porque en ese futuro en el que escriban, estos hechos de hoy serán el antecedente de los de su presente...

La más clara sensación de agotamiento de un político, de su partido y de una legislatura es el aburrimiento profundo en que nos sume a los interesados por lo que alguna vez se consideró «un arte», y cuyas historias hemos leído con mucho más interés en los clásicos grecolatinos que en la degradada actualidad, indigna de que gastemos el tiempo en prestarle una atención que podemos emplear en otros menesteres de mayor enjundia y más gratos a los sentidos, a la razón y a la imaginación. Dicho en plata: «¡Que les den!»

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