sábado, 1 de febrero de 2014

¿Quién teme a la tema feroz...?




El temor a la tema, a todas, de todos...

            Mucho me temo que la expresión patriotismo hiperbólico sea una redundancia insufrible y, como toda hipérbole, según la antigua estilística griega, algo imposible. Pero sobre lo que hoy quiero extenderme, con moderación, es sobre lo mucho que hemos de sufrir todos aquellos de quienes se cuelga un soberbio pesado, por adicto a una tema alrededor de la cual gira su vida en órbita milimétrica y aburridísima durante la que no cesa de abrumarnos hasta la desesperación, si no nos los quitamos antes de encima, con educación pero con  determinación. 
             Lo primero que llamará la atención a los también sufridos lectores de este cuaderno de civitalista urbano es que la palabra tema sea empleada aquí en femenino, pero tal es la naturaleza gramatical de la tema, opuesta, gracias a esa hiperbolización, al tema masculino, del que fue abanderado Miquel Roca en su época de diputado en el Congreso, como representante de lo que, entonces, se llamaba Minoría Catalana, denominación imposible hoy en día, porque todo lo catalán, sea lo que sea, sólo acepta lo mayoritario, sólo se nos presenta a l'engrós...
            Las personas pesadas y monotemáticas son una maldición social de la que no siempre podemos librarnos, so pena que decidamos convertirnos en Robinsones ciudadanos que de ninguna de las maneras buscan un Viernes, ni, menos aún, un hombre que sea Jueves. Sufrir a los pesados de marras es castigo que debería figurar en el Inferno de Dante, porque nada es tan cruel como la repetición ad náuseam de un delirio o de una monomanía: ya puede ser el Barça, ya la secesión, ya la insufrible madre, ya el odiado jefe, ya los méritos no reconocidos, ya la novela que va a cambiar el rumbo de la historia literaria, ya el éxito que tiene nuestra web o nuestro perfil o nuestra cuenta de Twitter o nuestro blog, ya las recurrentes batallitas de la puta mili, ya las gloriosas Cataluña o España, ya la Maripili de turno que no nos hace ni caso o el Jacinto sin tornillos del que en buena hora llegara una a casa y hubiera desaparecido como se lleva el agua caliente los restos de chocolate en la taza…
Antes, aún había algún y alguna filotemáticos que cometían el error de abrirnos la puerta: “Me parece que te estoy aburriendo, ¿verdad?”, glorioso momento que, sin embargo, solo aparecía tras haber ensayado las mil maneras de sentarnos en una silla, desencajar las mandíbulas bostezantes o dejar caer los párpados a nada seductora, sino abducida, cámara lenta…; pero de un tiempo a esta parte, porque todos aprenden de los errores menos el NH Mas, sólo oímos espeluznantes giros de llave que nos atan al potro del tormento: “Pues aún no sabes lo mejor, escucha…”, momento en el que la cámara se aleja de nosotros ascendiendo y abriendo el campo hasta ofrecernos a la contemplación ajena en el desolador final de La tormenta perfecta: flotando sobre olas de cincuenta metros con un ridículo salvavidas que no evitará que acaben engulléndonos.
  –Pues no haber nacido con cara de oreja, hombro y pañuelo, hombre.
Suelen defenderse sumisamente los esclavos de su ama tema, insinuando que han sido objeto de una provocación intolerable. 
Lo peor de los banderizos de la tema es que siempre te pillan por sorpresa la primera vez, porque les va en ello, en el no delatarse, la vida: rara vez, aunque hay calladas... excepciones, suplician dos veces a la misma víctima. 

domingo, 26 de enero de 2014

Las luchas intestinas en Barçaluña.


Elogio, con reparos, del individualismo: Jordi Cases contra Golisandro: 1-0.

           Hemos de celebrar una noticia que en este país, Barçaluña, ha sacudido las estructuras del poder desde una iniciativa estrictamente individual: Un hombre, una denuncia, y que actúe la justicia. Ése camino de resistencia cívica individual es un ejemplo perfecto de lo que se puede conseguir con meditadas acciones contra las iniciativas separatistas y disgregadoras del secesionismo y del desgobierno de la actual Particularidad. El farmacéutico Jordi Cases, a quien se supone que el gobierno del NH Mas deberá dinero, como a casi todos los sufridos empresarios de esa actividad, se ha hartado de la opacidad de nuestras instituciones y ha arremetido judicialmente contra lo que a él le parecía un desprecio insufrible hacia un socio de su entidad, que se alardeara de haber pagado un precio de "ganga" por el fichaje del tercer mejor jugador del mundo. La primera reacción chulesca de Rosell: "Acepte a trámite la denuncia, señor Juez, que estaré encantado de ir a declarar" -su señora no dejará de repetirle aquello de "Sandrito, bonita oportunidad de haberte quedado calladito has perdido, bocazas"- ha sido seguida, sin embargo, una vez que el juez le ha hecho caso, de su precipitadísima renuncia al cargo de presidente del Barça, institución troncal del país, como bien se sabe. David le ha dado a Golisandro con  la piedra de la denuncia en toda la frente -lo cual no deja de tener mérito, porque ya se ha visto que el ex presidente Rosell no tiene ni dos dedos de frente jurídica- y lo ha dejado tumbado a los pies de los desenfrenados caballos, que han pasado sobre él sin respetar dignidades ni votos. Los antisecesionistas hemos de convertir a Jordi  Cases en una suerte de inspiración constante para que nos ilumine en esta tarea de oposición racional a los desvaríos políticos de quienes nos gobiernan, desde el poder y desde la oposición -único país del mundo en el que tal cosa sucede, lo cual nos convierte en un régimen político único en el mundo: el jefe del gobierno y el jefe de la oposición gobiernan conjuntamente: todo queda en casa, y quienes se opongan a ellos son anticatalanes, claro, como los viejos antiespañoles que creó el franquismo, pero no se vea en esta alusión una insidia contra el actual Movimiento Nacional secesionista, sino que léase El XVIII Brumario de Luis Napoleón Bonaparte, de Carlinhos Marx y se verá el porqué de la referencia. Ave, Jordi! Seguiremos tu ejemplo*!

*Espero que C's recoja el guante y se interese por esa partida opaquísima -al estilo tío Paco...- de unos ingresos que vendrán de los negocios de Jauja... 

P.S. ¡Lo que son las cosas! Años después de esta noticia, Rosell ha sido absuelto, a pesar de las sospechas sobre las irregularidades de su actuación en Brasil y el nunca aclarado caso del hígado comprado para Abidal, y está en trámite su denuncia al Estado por haberlo tenido injustamente en prisión preventiva dos años. De todos modos, la iniciativa jurídica, a toro pasado, más parece obedecer a una jugada de quienes lo forzaron a dimitir para colocarse ellos al timón de la primera empresa del país hasta que la arruinaron, como hizo Bartomeu, quien le sucedió.

viernes, 17 de enero de 2014

Barçalunya, capital Portaventura, a la conquista del mundo mundial.


Los delirios estatales del independentismo...

                La retórica política se ha teñido de retórica deportiva, si es que alguna vez han sido diferentes, y el hooliganismo se ha apoderado tanto de la calle como de los medios de comunicación a las masas –cada vez más reducidas y de miembros más dispersos, por cierto, porque los canales por los que viaja la información se han multiplicado como la trampa geométrica del inventor del ajedrez–, de ahí que cueste mucho trabajo distinguir entre el objetivo de una manifestación política y de una deportiva: las banderas son las mismas, los gritos idénticos, la soberbia exacta…
               No sé si han leído alguna vez un diario deportivo, que, a su vez, es lo más parecido a un programa del corazón en el que se sustituyen los lances de cama por los lances de césped y las heridas sentimentales por las lesiones musculares; o si han asistido a una tertulia deportiva, hipóstasis de las políticas, con milimétricas imitaciones de los mismos métodos dialécticos que ha popularizado la “verdulera nacional”, Pilar Rahola; pero si han hecho ambas cosas –y aún conservan íntegra la capacidad de raciocinio y una buena parte del sentido común que en perfecto prorrateo les toca– se darán cuenta de la dimensión exacta del movimiento secesionista: el Movimiento Nacional Catalán –tan cercano a la Padania y a los padaneros,  como ha demostrado el Caudillo Mas recibiendo a uno de sus máximos dirigentes– es un club, es “nuestro club”, son “nuestros colores”, es “nuestro himno” y, por supuesto, “somos los mejores” y no admitimos ni comparación ni equiparación posible. Insatisfechos con haber conquistado el planeta del fúmbol, nos parece pequeña tal hazaña y ahora nos hemos propuesto conquistar el mundo político mundial para que el universo entero –agujeros negros incluidos– sepa que, al estilo de la vieja película: “Ha nacido una estrella”, ahora “Ha nacido un nuevo estado”, porque nación lo hemos sido siempre.  Gaudí ha dejado de ser el santo y seña de nuestra presencia referencial en el mundo, hasta el punto de que bien podía ser considerado como  nuestra capital, dado que sus obras son lo más visitado por los turistas, junto con el sagrado museo que da nombre a nuestra tierra, Barçalunya, que tiene ahora no solo un estado nuevo que ofrecer al mundo para que admiren la entereza de un clubpueblo capaz de tamaña  hazaña nobélica –no de premio Nóbel, sino de no bélica– y nos dejen convertirnos en lo menos que debemos ser: una potencia económica que ha de entrar por derecho propio en el G7; sino también una nueva capital: Portaventura, corazón del distrito ludópata de la antigua Tarraco. 
                   De momento ya contamos con dos importantes avales internacionales: Lituania, que le niega la ciudadanía a sus habitantes de origen ruso, los equivalentes a los charnegos barçaluñanos y la Padania irredenta de la fascista Liga Norte de Umberto Bossi, cuyo máximo representante, Maroni, acaba de ser recibido de forma casi clandestina y vergonzosa por nuestro caudillo secesionista. 
Con esos presupuestos ideoilógicos, la calle y el Movimiento Nacional, sin embargo, sufren aún un divorcio alarmante. Es cierto que son muchos los consumidores de los diarios deportivos, pero suelen ser gentes de escasa preparación intelectual y pocas luces, las suficientes, eso sí, para dejarse arrastrar, los más cebolludos, por las soflamas incendiarias de los Caudillos del duunvirato gobernante. Otros, la mayoría, aún confían en que Barçalunya deje de serlo y que Barcelona vuelva a ser, algún día, la capital que fue antes del hundimiento del Titánic, que, como saben, ocurrió en nuestras calles hace ya algunos lustros.

sábado, 11 de enero de 2014

El gran espectáculo.




Improviografías prêt à rester.

 (La praxis)

Pl. Goya (sin la segunda lectura de los desastres), jueves (no el de los milagros de Berlanga), 13 (no el de los viernes aciagos ni el de los martes embarcados), a las 19’30h (sobre horas non est disputandum).

          La tarde es desapacible, pero de las calles que cruzan, nacen o mueren en la plaza Goya no dejan de afluir gentes de toda laya, algunas de las cuales pasan por delante del banco donde el improviógrafo, bien abrigado, aunque con modesto atavío, se ejercita en su arte sintético, casi lacónico, contundente, poco dado a la paráfrasis y a la amplificatio.
Para un observador atento, como yo creo serlo,  es evidente que este artista callejero atisba en cada una de las retrancas y trampas de su relato la reacción, en este caso, de su audiencia singular, porque la vanidad anida en el más modesto de los artistas como el cangrejo ermitaño en la caracola. Como intuyo que he de limitarme a cumplir lo que en la lingüística llaman, con mucha pompa pavirreal, la función fática, reduzco mis contactos con el narrador a la mínima expresión: algún “ya, ya”, algún “sí, sí”, algún atrevido “por supuesto”, y jamás de los jamases la extralimitación en que caí, por inadvertencia, una sola vez: “¡qué me va usted a contar!”, que recibió el breviógrafo (aquello ocurrió en la concurridísima Plaza de Cataluña) como la más descarnada forma de agresividad, oída la cual puso fin a sus relatos, me miró como se mira a una vomitona de sábado noche el domingo mañana y se alejó con una altivez propia del más exquisito de los artistas. Escarmentado, poco después tuve la feliz ocurrencia de cambiar aquella petición de cese por el entusiasta: “¡pero qué razón lleva usted!”, que es petición de seguir sentado e hilando breviografías, como estas que oí ese jueves, 17:
Muchas prisas llevas tú, infeliz, que no sabes que cuando llegues a casa te vas a encontrar al maromo follando con una chorbita del quinto, porque estás en la higuera siempre, y la cena por hacer, y tu Paquito en casa de tu madre, atontá, y encima llamarás antes al timbre, porque él, pedazo de bragueta alegre, te ha amaestrado para hacerlo, y llevas añós sin caer en por qué te tienes que anunciar para entrar en tu casa
Ahí lo tienes, serio como un relojero ante las tripas de un Duward Aquastar, aquejado del hígado y sin haber probado una gota de alcohol en su puta vida… La migraña lo maltrata y el lumbago le tumba, y hasta los pantalones se le escurren caderas abajo, porque se le agotan los agujeros del cinturón. Está más solo que la una y cinco. Y tiene menos amigos que un muerto en la fosa común. Y quiere desquitarse agarrando una cogorza para saber lo que es, el sueco aburrido éste…
Los niños, el trabajo, la compra, la madre anciana, la suegra en casa, el dinero escaso, la responsabilidad multiplicada, los callos que achuchan, el marido comodón y jeque, y ella que llega la noche y él que poco menos que lo seduzcan, que se le insinúe con toda la sexybilidad de la que sea capaz para que al Manolo se le levante y arme un jaleíllo de andar por casa, estilo orangután, de o a 100 en diez segundos y de cabeza a los ronquidos para acabar en la apnea del guerrero obeso…
No, me parece que no ha sido una buena compra. ¿Cómo van a ser las inmobiliarias, a estas alturas, una buena inversión? Ahora hay que buscar valores refugio, como Gas Natural, con encefalograma entre plano y algún repunte. Y nunca punto.com, ya. El tinglado se ha desmoronado. Ni tampoco deuda pública griega, ¡pero a quién les has oído tú decir que es un buen negocio “a la larga”? Ni “a la larga” ni “a la corta”, chalao. Y todo por no buscarte quien te lleve la cartera, miserable. Claro que si tanto saben por qué no se han hecho de oro, eso está bien, ahí te doy la razón, pero para hacerse de oro se necesita estar forrado ya, no te jode…
Et sic de caeteris…

lunes, 6 de enero de 2014

Navidad y sus insinceras dádivas...


                                                               

 El extraño síndrome del Dr. Capra y Mr Scrooge.

                              ¡Por fin! ¡Qué ganas tenía de que se acabaran estas fiestecitas! ¡Estaba hartito ya, de tantas celebraciones! ¡Pero quién coño se inventó esto de las Navidades, ¿El corte inglés?! ¡Y para postre, los regalitos de los huevos! A mí el año que viene no me pillan, ¡vaya que no! Y este año, además, me ha tocado todo a mí, en mi casa; claro, con eso de que “como tu comedor es tan grande…” ¡El año que viene, de vacaciones a Mozambique! ¡Saturadita estoy, saturadita; menudo hartazgo…! ¿Navidades? ¡Sacaperras!, eso es lo que son las navidades; se lo montan de coña para dejarte a dos velas
Todas esas expresiones están “tomadas del natural” durante estos días de fiestas: en el ascensor, en la panadería, en el quiosco de prensa, cazadas al vuelo en la plaza, en la cola del cine… Revelan la otra cara, la scroogiana –preconversa– del empacho de bondad caprana con que nos regala la tradición y el capital. Del mismo modo que hay un síndrome stendhaliano que explica el vértigo que se apodera de quien consume una ración excesiva de arte en poco tiempo, lo que nos sucede a todos los turistas que no podemos pagarnos más de una semana en destinos que requieren casi un mes; de igual manera hay un síndrome caprano que explica el exceso de bondad que somos capaces de experimentar y que nos conduce a un estado de postración que, sin solución de continuidad, nos hace convertirnos en su contrario: Mr. Scrooge, antes de su bobalicona y cobarde conversión forzada con las peores malas artes del más tramposo de los autores burgueses.
A nadie en su sano juicio le pueden parecer razonables estas fiestas que explotan los bajos instintos emocionales para birlarte la extra que te permitiría ir un poco más desahogado durante un par de mesecillos. Son nocivas e inmorales, y deberíamos formar una suerte de Movimiento Scrooge que reivindicara el derecho a pasar de ellas desde el 24 de diciembre hasta el 7 de enero, como si no existieran; reivindicar que no nos atosiguen emocionalmente –una versión hardcore  del acoso comercial– y no tener que dar explicaciones por no “alegrarnos” al usísono de todos los ¡sí, sí, sí! borreguiles que se embarcan en este tren con los ojos chispeantes por la “ilusión” navideña.
La realidad, sin embargo, está más cerca de la esquizofrenia del título que de la unanimidad entusiasta y consumista, y en no pocos hogares se vive con delectación el momento estelar de ajustar cuentas pendientes con el padre intransigente, el hermano borde, la hermana imbécil, la madre insoportable, el cuñado coñazo, el primo ¡te doy una hostia que…!, etc., porque las posibilidades son infinitas y todas ellas se practican con una entrega inexplicable si no se asiente a la escisión que todos sufrimos entre el merengue caprano y la atrabilis scroogiana.
El remate de las fiestecitas es la festividad cruel de los Reyes Magos –y eso no lo digo yo, pobre de mí, que soy Juan Poz Sinmás, sino la psiquiatra Alice Miller en La llave perdida, creo recordar-, una epifanía cuya magia anda tan devaluada como la ilusión infantil de unos niños que hace tiempo que saben, desde que para Zapatero la crisis era un invento de quienes conjuraban contra España, que los reyes no son los padres, sino los abuelos. Quienes hayan visto la película Un padre en apuros (Jingle All the Way) y se hayan sentido identificados con el padre agobiado que tan bien interpreta Terminator, con un lado cómico muy potente, se habrán reído lo suyo con  una película que te divierte de puro boba. Se trata de una de esas películas malas de solemnidad cuya inverosimilitud capta a la perfección, sin embargo, el drama de las fiestas navideñas, sobre todo para quienes las viven como una imposición, es decir, como el 50% de la población, según encuesta hecha por los propios Reyes Magos y cedida gentil y republicanamente al CEO… En definitiva, que hemos de preguntar, a parientes, vecinos, amigos y colegas, qué tal las fiestas, cómo se lo han pasado y qué piensan  de la Navidad, ahora que ya todo ha pasado, y todo es lo peor, porque, a poco que se hurgue en la herida, podemos captar nuevos socios para el Club Scroogista con el que poner de moda la insumisión navideña que muestre ese Mr. Scrooge que todos llevamos dentro y del que, por una u otra razón, queremos desentendernos cuando tocan a rebato las campanas del exceso saturnal. ¡No al chantaje emocional! ¡No al consumo irracional!, podrían ser los lemas que presidieran nuestra movilización por las calles más céntricas para animar a los timoratos a liberar la individualidad *contestaría que llevan dentro y oponerse al despilfarro y a la alienación de unas fiestas que, bajo la apariencia de entrañables, te roban hasta las entrañas, y, si no, te las descomponen a fuerza de comilonas disparatadas… ¿Las Navidades? Dalas, dalas, no te las quedes, libérate…

*Si será conservador el Word de Microsoft que apenas escrito contestataria, va y me la transforma en este contestaría que hasta ahora me había pasado desapercibido. Queda anotado. Tengo que desactivar el corrector automático..., y alertar el mío propio.









domingo, 29 de diciembre de 2013

Un banco, una plaza, una mirada...



El gran espectáculo:
Improviografías prêt á rester.
 (Breve introducción teórica)

               Se ha ofrecido, sobre todo en la despiadada publicidad, la figura de los jubilados en los bancos de los parques ciudadanos, y aun de los paseos, como una suerte de desván de trastos viejos arrumbados cuando, en realidad, son, aunque nadie repara en ello, una inagotable cantera de relatos biográficos cuya breve extensión compite con la intensión compulsiva con que se enuncian. Digámoslo sin reparo y cuanto antes: es un arte. No tiene público, pero sus obras existen y están al alcance de muy pocos, un desconocimiento que este observador (también convulsivo) quiere remediar, o intentarlo, al menos. Se trata de un arte milenario plagiado, aunque no siempre mejorado, por escritores de toda laya. No se trata de los conocidos cuentacuentos tribales, auténticos correveidiles, glosados en el magnífico libro de Vagas Llosa sobre el arte de novelar, Viaje a la ficción, sino de un género distinto que se ha perfeccionado a lo largo del tiempo, si bien no siempre, cuando uno toma asiento junto a los artistas, puede tener la seguridad de hallarse junto a un maestro, a un pobre imitador o a un principiante prometedor, duda que se disipa apenas han comenzado a brotar de sus bocas, manantial caudaloso, las biografías efímeras, porque esta condición añade a este arte narrativo una dimensión muy peculiar y le confiere buena parte de su encanto y de su valor. Asentir a los primeros es garantizarse unos momentos extraordinarios de intenso placer literario; sufrir a los segundos, un tormento fácilmente excusable; tolerar a los últimos, una benemérita acción que otros oyentes agradecerán. 
              En la teoría literaria moderna se presta cada vez más atención al receptor. Las audiencias de este arte desconocido tienen, también, una gran importancia, en la medida en que los creadores son muy receptivos a las manifestaciones de agrado o desagrado de su público, lo que les lleva a potenciar sutilmente aquello que es mejor recibido, lo cual redunda en la perfección de su arte, al revés justamente de lo que ocurre con los artistas reputados, que tienden a la repetición vulgar para mantener el fervor del favor ya conquistado.   Los narradores nunca repiten la misma biografía, aunque muchas de ellas se parezcan hasta casi confundirse, pero la improviografía –que así la podríamos clasificar, con la v transgresora y normativa a un tiempo– es el privilegiado espacio de los matices definidores, singularizadores, y si ínfimos, de mayor mérito. El rizo rizado de las improviografías es hacerlas de quienes, acaso en alguna de esas sillas solitarias de las plazas, desde las que es imposible acceder a este nuevo arte que descubro, se dedica a lo mismo, en un ejercicio narcisista, con los transeúntes de quienes los metaimproviógrafos han distraído la atención, si bien ahí se mezclan ingredientes como la rivalidad, los celos y otros que modifican el género hasta casi alterarlo radicalmente. Quienes quieran iniciarse en la audición de este género forzosamente han de compartir el mismo banco con el narrador y mantener un consistente aire de distracción, para el que hojear el periódico, pero lentamente, de modo que el artista perciba ese lento paso de las páginas como una invitación, es un recurso comúnmente aceptado. Es absolutamente irrespetuoso atreverse a ir más allá de las normales muestras de asentimiento, que han de hacerse con delicada cortesía. Contraproducente al máximo es interrumpir al artista con una petición de aclaración o de repetición de algún pasaje o detalle. Hemos de sufrir en silencio nuestros despistes o nuestra falta de atención y mejorar la capacidad de concentración en el hilo, ¡tan pasajero, ay!, del relato. ¿Cuál es el detonante de una improviografía? ¡Ah, ése es el gran misterio de la creatividad de los veteranos artistas! No todas las persona que pasan por delante del improviografiador son capaces de suscitar la dinámica narrativa, e incluso bien puede decirse de muchas de ellas que antes la sofocan que la encienden. Hay personas que llevan escritas sus biografías en el gesto, el andar, el modo de gesticular al hablar por el móvil, el modo de vestir e incluso en la manera de llevar bultos. Son anodinas para nuestros artistas. Otras, sin embargo, revelan en un detalle insólito, y que sólo el artista experto sabe captar, la existencia de un misterio atractivo que les empuja con inexplicable fuerza a iniciar la improviografía, siempre y cuando halle a su lado un destinatario, por supuesto. Pueden decírselas para sí, en silencio, y en cierta forma debe de formar parte de su aprendizaje, pero la manifestación plena de esta arte sólo se produce cuando el poder evocador de la palabra se sonoriza. No es lo mismo leer un resumen-recuerdo de una improviografía que oírla íntegra en directo, pero en atención a los amables lectores de estas observaciones de la vida cotidiana, traeré en la próxima entrega un pálido reflejo de la práctica de este nuevo arte.   

sábado, 21 de diciembre de 2013

Carta, en catallano, de la Forcadell al Poz.



Malquerido Juan Poz:
                                    li escribo porque me an dicho que es vosted un crítico feros del nuestro movimiento nacional para la independensia que, de una vez per totes, nos separi de un país tan endarrerido i poco desenvolupado como la Espanya que, parece ser, segon me disen quienes toman nota de todos vostedes pera elaborar las llistas de los enemigos del nuestro pueblo, vosted defiende a capa i espasa. Li quiero desir que vosted no entenderá nunca lo que significa el nuestro movimiento nacional, porque vosted es incapaç d’entender què significa ser catalán i el urgullo que tenemos todos nosotros de serlo, que es lo más grande que se puede ser en esta vida. A vosted le carcome la envedia, porque nunca ha sentido aqueste esperit de “germanor” –que li desimos en catalán- i que no es exastamente la solidaritat, que disen vostedes. És vosted un descregudo i un escéptico i por les venes de vosted no correrá nunca el sentido de pertenença a un pueblo tan fuera de mida como el nostro poble catalán. Me hace lástima que vosted sia incapaç d’entendrer la dimensión trascendental d’aquesta pertenença, perquè todo y que s’afani en escribir en catalán, con eisó solo no basta per a sentirse catalán com nosaltros. És igual que haigui vivido quasi toda la seva vida entre nosaltres. Nunca arribará a ser com nosaltres. Somos de una otra clase. Podria haver li escrito en catalán, porque vosted lo escribe, peró he querido tornarle el “favor” i enviarle el mio menysprecio en la seva llengua, peraque vea que no “em duelen prendes” –como dicen vostedes– i no “se me cain els anellos”. Como hasía mucho tiempo que no lo escribía, hasta y todo me ha hecho grasia adresarme a vosted en la llengua en que vosted siente i que tanto nos ha fecho sofrir a nosaltros. Somos una nació milenària i tornaremos, puede ser, a sofrir, peró también a vencer, i nunca gente com vosted podrá impedir que los catalanes reeiximos en la defensa de les nostras convinsiones.
Li deseo lo pior.

Carme Forcadell