sábado, 16 de junio de 2018

Mercado de San Antonio: De la plaza de abastos al Mercat de Disseny o de Disney...


El fantasma del pueblo en el desangelado mercado "de qualité"...

He esperado hasta que me "tocara ir", como he hecho siempre desde hace 32 años que vivo en el barrio. He ido solo, con mi Conjunta y solo con mi prole, de días, de meses y de años... Lo han inaugurado deprisa y mal porque el contrato con el Lidl penalizaba los retrasos. No fui a la inauguración. He ido hoy, sábado, que me tocaba. Ha sido un alivio salir de los barracones en que apenas se podía circular. La mejora del viejo mercado que era seña real de identidad de nuestro barrio y de la propia ciudad, porque se le suman los encantes de ropa y las paradas de libros viejos los domingos, es evidente. Otra cosa es que esa remodelación haya respetado el símbolo sobre el que operaban los arquitectos, y a mí me parece que no. Son pocas las paradas que se comunican, y los arreglos de las mismas, que han corrido por cuenta de los propietarios, nos han deparado una sucesión de "boutiques" de la alimentación que compiten en elegancia y fachada para atraer no sé aún bien bien a que público, porque mucho me temo que muchos desertores durante las obras han encontrado acomodo en otros negocios que han sabido jugar con esa ausencia: Consum, entre Urgell y Villarroel, por ejemplo, que, remodelado y ampliado, ve ganar clientes a mansalva. Otros negocios han salido de los alrededores del mercado y se han metido dentro, porque ya tenían su puntito de "exquisitos" y ahora han encontrado su puesto en una plaza de la que ya me va a ser imposible decir, por ejemplo, "mañana tengo que ir a la plaza", a tenor del ambiente "selecto" que se respira en su interior; una atmósfera muy seria, muy educada, muy rígida, con paradas de lujo y género también de lujo, caro y selecto. La impresión primera ha sido decepcionante, pero reconozco que las instalaciones aún funcionan a medio gas. Hoy no he visto los encantes abiertos, aunque el hecho de que no "den" al exterior, como en el Mercat del Ninot, por ejemplo, le va a restar al perímetro exterior una vida que hubiera conectado mejor con lo que antes era y significaba el mercado. He tenido la misma sensación que tuve al entrar, por curiosidad, en el del Ninot,, ¡exacta! Y esa clonicidad es lo que me tiene mohíno. ¡Qué desgracia que no se haya sabido ni captar la esencia del mercado ni disponer sus paradas de tal manera que los usuarios habituales de él tuviéramos la sensación de estar "en casa", en "nuestra plaza"! Me produce tristeza reconocerlo, pero hoy me he sentido un extraño, un intruso en "mi" mercado de toda la vida. Y la presencia de los seguratas me ha hecho pensar exactamente en eso: estaba en un templo dedicado al turismo, y se había de asegurar que nada ni nadie los molestara. Ni una voz de reclamo loando el genero, ni un reina, mira quines sardines tinc, que es belluguen..., ni nada por el estilo. Quienes compraban lo hacían en un silencio respetuoso. ¡Ni siquiera desde los bares salia una algazara que indicara un resto de la vida que tuvo ese espacio tan deteriorado entonces y tan lleno de verdadera alegría popular, la que combatía las penas de la miseria y celebraba la virtud del culto a los buenos alimentos!  De momento, por fuera, el mercado impone por sus dimensiones, pero la ausencia de vida en el perímetro de la fachada le otorga un aire de fortín poco amable y poco propenso a las fotos turísticas, a diferencia de lo que ocurre con los planos superiores del edificio. En la pequeña gradería sobre los restos de murallas antiguas, en la bajada al supermercado Lidl, se apreciaban desde primera hora los restos de latas y papeles del minibotellón de quienes en ella se hayan instalado para esparcirse. Tiene unas entradas decepcionantes, porque no permiten una visión que "succione" a quien atraviese sus puertas, pues para "palpar" el frígido ambiente de esta boutique de boutiques en que han convertido el viejo y venerable mercado de San Antonio se han de recorrer sus pasillos, poco dados a la vida popular del barrio. No sé, parece como si un hipotético modelo del barrio de San Gervasio o de San Cugat, la pijovilla cercana, nos lo hubieran metido con calzador en nuestro popularísimo San Antonio, y nos lo hubieran desfigurado por completo. Insisto, se trata de una aproximación primera y a una hora temprana. Pero no sé yo si habré de rectificarme. ¡Ojalá! Mientras tanto, seguiré yendo cada vez que me toque reponer el pescado, por fidelidad a Miquel, donde compro tras la jubilación de Jaume y Ana, sus vecinos de parada; pero, con pena lo digo, me he sentido hoy como un extraño, como el turista al que le dicen "tienes que ver ese mercado, ya verás...". Hoy he ido, he comprado, lo he visto, y me he marchado desilusionado. ¡Y es tan necesaria la ilusión para ir a comprar a la "plaza"! Sin embargo, hoy me sentido desplazado...




martes, 12 de junio de 2018

Crónicas de Robinson desde Laputa...



La intrahistoria  contemplada desde la suspensión lúcida del agrimensor de la nesciencia social...

Escribir es adoptar siempre un punto de vista y una personalidad que lleva la voz cantante y cuya coherencia difícilmente puede ser puesta a prueba más allá del propio espacio en el que se manifiesta, es decir, las paginas de esta Provincia Mayor donde es acogida. Yo no soy nadie, ciertamente, de ahí que haya escogido como alias el de un superviviente clásico, ingenioso, eficaz, metódico e industrioso. Alojado temporalmente en Laputa, esta crónica mía, la de un Robinson-sin-Viernes, pretende echar un vistazo a hechos acaecidos en un país diminuto, mucho más que Balnibarbi, pero lleno de contradicciones y disparates, tantos cuantas ambiciones políticas esos animales dóciles a los que llaman "votantes" son capaces de proveer con ingenuo entusiasmo cada cierto tiempo, legal o ilegalmente, porque en ese diminuto país, vanidoso y soberbio, hay quienes votan según la ley de leyes que los gobierna a todos, la Constitución, y otros que lo hacen por las bravas y a la intemperie, sin encomendarse ni a dios ni al diablo, aunque pretenden darle impronta de realidad incontrovertible y sagrada que obliga, como voto religioso o como código deontológico, a no sé qué mandamientos que condicionan su insubordinación política frente a la capital de su reino, Madrid, un nombre que representa, para estos últimos, las seis letras del fuego eterno de la maldición, la condenación, la esclavitud y algunos agravios más de inaudita gravedad.  Las clásicas hormigas con que se compara a los humanos cuando contemplados desde la altura, es comparación ridícula, si oída desde esta Laputa aérea, porque, como pasa en los globos aerostáticos, llegan hasta aquí las estridentes voces de sus disidencias, sus desencuentros, sus arrogancias y sus chulerías de medio pelo, por lo que, por pequeños que se les vea, sus voces los engrandecen y finchan sus bultos hasta el ridículo de los globos de bazar o de las gomas de mascar. Andan los tales revueltos por dos acontecimientos notables en sus anales, ridículos en mi Crónica de esa intrahistoria banal. En una parte del territorio, con autonomía administrativa, han elegido Mandamás de ella a un sujeto que ha regalado a una parte de sus compatriotas los más fieros, desagradables, humillantes, agresivos, descalificadores y vomitivos  insultos que imaginarse puedan, mucho más, está claro, que los que aquí en Laputa puedan oírse respecto de los necios capitalinos de Lagado.  Son gente racista, al parecer, esto es, que solo admiten como interlocutores a quienes son exactamente como ellos, y desprecian a todos los demás, excepto que reúnan dos condiciones: que sean ricos y les hagan préstamos, uno, y, otro, que les regalen los oídos con alabanzas y la vista con cirigañas constantes. El otro acontecimiento sonada ha sido la destitución de quienes gobernaban porque han sido condenados, miembros de ese partido, por corrupción, esto es, aprovecharse de su posición de privilegio en el Poder para aumentar sus propios bienes y competir deslealmente en las elecciones contra los adversarios. Todos estaban de acuerdo en desalojarlos del Poder; pero no todos ni con la forma de hacerlo, ni con el diseño del calendario político que acompañaba tal expulsión del Poder. Sus diarios, unas gacetillas menesterosas pero fanfarronas y tendenciosas, echaban chispas dialécticas, esto es, fuegos de artificio o de san Lorenzo o fatuos, a cuenta de si la suma de fuerzas votantes de la moción eran incompatibles entre sí y solo se habían compatibilizado por pactos vergonzosos o, como ellos dicen, "contranatura", un concepto cuya comprensión, a estas alturas, se me escapa por completo. Es el caso que andan tirándose los trastos unos a otros, de forma muy diferente a como nuestros sabios de la Academia de Lagado los intercambian, los trastos, para poder entenderse cabalmente. Son curiosos esos seres poco inteligentes, por lo general, muy dicharacheros, también por general, y poco propensos a concordar acción y pensamiento. El país es hermoso, sobre eso no hay duda, y suelen ponerlo, hospitalariamente, o por precios asequibles, a disposición de todo el mundo, lo que les granjea "la admiración de propios y extraños", como ellos dicen, aunque ni ellos mismo saben, tengo para mí, qué quieren decir exactamente. En esa díscola comarca del noreste andan muchos de sus habitantes amarillos de ira, e incluso de iras varias, y dispuestos a llegar a las manos contra sus compatriotas, que traducido quiere decir, obligar pro la fuerza a los demás a cantar la palinodia de sus errores, entre los cuales el más grave es, por supuesto, el de no reconocer sus ictéricas virtudes, la belleza de su territorio, la hermosura de su lengua y el derecho a que todos piensen como ellos. Aunque Laputa es ciudad animada, yo vine con la condición de que se respetara mi avatar biográfico, esto es, poder vivir aislado para pensar mejor, para sentir mejor y para comunicarme mejor. Poco a poco, quiero creerlo así, podré ir entrando en los intríngulis -a los miembros de esa península les encanta esa palabra, la reverencian como si estuvieran usando una fórmula mágica del grimorio- de naturalezas complejas a fuerza de primitivas; primitivas a fuerza de nesciencia y complacencia en la superioridad de sus prejuicios... 

viernes, 25 de mayo de 2018

La lengua ideológica del amor...


Los amantes monolingües.


Tengo observado que entre la juventud catalana se está produciendo un fenómeno que afectará al  futuro de la comunidad a no muy largo plazo: el establecimiento de lazos amorosos -y a la larga es posible que la descendencia correspondiente- entre  quienes comparten la misma lengua, una tendencia que excluye la fértil unión de parejas mixtas, que, hasta la fecha, eran las más comunes en nuestro territorio. Es sabido que los jóvenes tienen un alto sentido del grupo y de la cohesión grupal, a la que someten cualquier rasgo individual de personalidad por valioso que les pueda parecer. La ideologización abusiva del uso del catalán ha llevado a que nuestros jóvenes se separen por la lengua a la hora de establecer relaciones de amistad y amorosas. Cada vez resulta más extraña la creación de parejas bilingües, en el sentido de la unión de dos lenguas maternas diferentes, y hablamos del catalán y del castellano, porque otros bilingüismos diferentes sí que ganan terreno día a día, y cada vez son más frecuentes las parejas internacionales. En Cataluña, sin embargo, la radicalización del debate secesionista va de la mano de esa división de la juventud  que prefiere emparejarse exclusivamente en una lengua, algo que reza, sobre todo, para el catalán, más cerrado en este aspecto. El dicho coloquial castellano asevera que "tiran más dos tetas que dos carretas", pero si a la carreta va subida la defensa heroica y minyonesca de la lengua catalana, poco pueden las "tetas" castellanas, todo sea dicho con pesar y como demérito de los insensibles a los triunfos del amor. Ahí están los de la CUP, pseudoprogres donde los haya, totalitarios acreditados e ilusos manifiestos, que cortan en seco cualquier intento de aproximación de cualquiera a quien se le ocurra dirigirse a ellos en castellano. El panorama amoroso de Cataluña quizás tenga poca importancia a día de hoy, pero evoluciona, a mi parecer, hacia la clausura de dos comunidades que complicarán, y mucho, la convivencia en el futuro a medio plazo. La quimera de que formemos, los catalanes,  "un solo pueblo", esgrimida por los secesionistas como argumento es falsa de raíz, y este apunte sociológico que aporto insinúa que más nos acercaos al caso belga de escisión comunitaria que al melting pot norteamericano. A mí me parece lamentable, pero el poder de las ideologías se pone de manifiesto en la orientación  de conductas que van incluso contra la naturaleza. Me pongo en la piel de  un nano al que li agradi una Carmen "de bandera" a la que haya de renunciar para que el resto del grupo no se le eche encima y lo machaque por el hecho de que le guste una espanyolista, porque las ideologías tienen eso, son capaces de borrar  incluso la percepción de lo objetivamente bello, ¡no digamos de lo bueno! Hace poco emitieron por televisión la película sobre el infiltrado en ETA, Lobo, que tanto contribuyó a la lucha contra los asesinos. Lo mejor de la película, con ser, al tiempo, lo aparentemente más inverosímil, eran las reuniones de la banda y sus intentos de pseudorazonamiento. A la que surgía el más mínimo atisbo de discrepancia, uno del grupo entonaba el Eusko Gudariak, todos le seguían, puño en alto y voz en grito, y ahí se acababa la dialéctica, que continuaba, después, con la de las pistolas que eliminaban "físicamente" a quienes se habían atrevido a discrepar, caso Yoyes, por ejemplo.  Mucho me temo que más de un joven catalanoparlante debe de estar hasta los mismísimos de Els Segadors, aunque si supieran que tiene su origen en una canción erótica, y que el bon cop de falç es metáfora transparente, es posible que vieran bien "desviarse" desde la sublimidad del carro hasta donde no es necesario ser un héroe para ser bien recibido.

viernes, 4 de mayo de 2018

Eta y yo...


El terrorismo siempre interpela individualmente; y exige, sin embargo, una respuesta colectiva.

Que nadie malentienda lo que mi malicia expresiva ha querido dar a entender para llamar la atención del hipotético lector: un titular así quiere decir, lo que el subtitulo aclara suficientemente. Y lo terrible es que, en España, todos podemos hacer nuestro ese titular, porque todos hemos convivido, a duras y hondas  penas, con esa barbarie criminal desde edades, como en mi caso, tan tempranas como los 15 años, en 1968, cuando leí en los titulares de los diarios de la época, en Madrid, uno de los primeros asesinatos de ETA, sin acabar de comprender exactamente el modo brutal como iba a convertirse en un sucesión inacabable de golpes dolorosos a o largo de los años de mi juventud y de mi madurez. Con la misma sinceridad he de reconocer que el misterioso asesinato de Carrero Blanco, magnificado después por la película de Pontecorvo, con la excelente escena de la voladura del coche en maqueta por encima del edificio contiguo al atentado, lo viví, en la estela de "los que sabían", como el augurio de la imposibilidad de la continuación del Régimen. El clima de ansiedad, temor y hostigamiento hacia las fuerzas de seguridad del Estado y hacia el Ejercito tuve ocasión de vivirlo en mi propia casa -soy hijo de militar- cuando, pasando las Navidades en casa -yo vivía habitualmente en Madrid como becario de la Blume-, y tras un nuevo atentado de ETA,  una noche, mi padre, salió en pijama empuñando la pistola y gritando que los de ETA venían a por él y que ahí, en pleno diciembre helado, los esperaba, dispuesto a descerrajarles cinco tiros... Aún tengo grabada aquella patética imagen que solo muchos años después reviví viendo La patrulla fantasma, de John Ford. Hasta la llegada de la democracia, hubo una suerte de "reconocimiento" de la acción de ETA contra el Régimen, como si fuera una "fuerza" más en la dirección del cambio para acabar con la Dictadura. Ahora bien, llegada la democracia y el momento del abandono de las armas, como sí hicieron los poli-milis, la sorpresa de todos fue la decisión de ETA de continuar su cadena de asesinatos con la vista puesta en esa "liberación nacional de Euskalherría" contra todas las vías democráticas habidas y por haber. De vanguardia de la lucha antifranquista a verdugos de las libertades, así podría resumirse el cambio de paradigma. Desde el empecinamiento en la vía del terror, la crudeza inexplicable -injustificable lo fue siempre, antes y después de la muerte de Franco- de la cadena de asesinatos de ETA han jalonado la vida de todos y cada uno de los españoles que hemos convivido con esa barbarie que solo hallaba refugio, complicidad y apoyo en algunos sectores de la sociedad vasca, los mismos que contribuyeron a esa perpetuación que no parecía acabar nunca: la iglesia vasca; los partidos abertzales, concretamente lo que solíamos definir como "brazo político de ETA", es decir, Herri Batasuna; el mismísimo PNV, a pesar de haber sufrido en sus carnes ese mismo terror; el terror de los empresarios amenazados de muerte que se sometían a la extorsión económica que financiaba a la banda terrorista..., es decir, un escenario favorable a esa relativa impunidad de que gozaba la banda en el País Vasco. La nula influencia de esa vía terrorista en la política española, que seguía afirmándose en la vía democrática, incluso contra asonadas nostálgicas del franquismo como el intento de golpe de  estado, forzó a ETA a un crescendo de su actividad mortífera que nos llevó a los grandes atentados que nos han marcado a sangre y fuego con un horror insufrible y una firmeza democrática inquebrantable. Todos hemos hecho nuestra la lucha contra esa barbarie criminal, y a todos nos hundieron en la tristeza infinita atentados como el de Zaragoza, el de Vic, el de Hipercor, el asesinato de Tomás y Valiente o el de Ernest Lluch y, por sus especiales circunstancias dramáticas, la "ejecución" de Miguel Ángel Blanco, que supuso algo así como el punto y aparte definitivo en la movilización social contra esa barbarie que, aun a pesar de haber entrado en la vía de su desaparición, aún nos seguiría afligiendo muchos años más, y sirvan los mencionados como representación de todas y cada una de las víctimas de aquel delirio asesino. La  manifestación de rechazo a la muerte de Blanco fue la primera y última vez que he llevado a mis dos hijos -muy pequeños entonces- a una manifestación, y por el carácter cívico, no político, de la misma. Ha habido tiempo incluso para que ETA llegara al cine, y si La fuga de Segovia, de Imanol Uribe, al margen de la condición de miembros de ETA de sus protagonistas, era una buena película del género de evasiones carcelarias, Días contados, del mismo autor, me produjo un rechazo visceral intensísimo, porque entendía que allí se daba una intolerable "complicidad" emocional con la barbarie en un momento, además, en el que era imposible ningún tipo de ambigüedad, porque eso ha tenido siempre el terrorismo: no caben equidistancias ni terceras vías: o estás con él o contra él. Ahora, desde el presente desde el que nos quieren edulcorar con el perdón y el olvido aquellos brutales asesinatos, es necesario que todos y cada uno de nosotros recordemos que en nuestras vidas hay un capítulo, aún sin cerrar, que se titula como esta breve memoria: ETA y yo. Cada cual sabrá el contenido de ese capítulo de su vida, pero, atento como he estado a las declaraciones de la banda y a la expresión de su confusísimo ideario supuestamente ideológico -en realidad un pastiche de tópicos mal digerido-, lo que me ha aterrorizado siempre ha sido la posibilidad de que ese tipo de discursos pudiera acabar "cuajando" en una fuerza política mayoritaria que hiciera imposible la simple convivencia en un territorio, al modo como ha acabado sucediendo en tantos y tantos pueblos pequeños y medianos del País Vasco, un proceso que, desgraciadamente, estamos viendo que vuelve a ocurrir, ahora en Cataluña, tras la fallida declaración de la nonata república catalana de la demencia separatista. Si alguien tiene un momento para acercarse a la mgnífica película El Lobo, de Miguel Courtois, en el que aparece un magnífico retrato de aquella demencia paraideológica de los asesinos que recomiendo vivamente. Durante algunos años alimenté la idea de una narración en la que la banda, después de tomar con una estrategia de comando israelí la RTVE, exigía que se transmitise lo que tenían que "revelarle" al pueblo español. Las autoridades dudan entre cortar la señal, sacrificando a los rehenes, o dejarles que "larguen" cuanto tengan que decir. Deciden lo segundo y la lógica expectación del país, ¡share del 100%!, deja paso, a medida que avanza la exposición demencial de los terroristas, a una hilaridad nacional que acaba disolviendo el drama en el más espantoso de los ridículos jamás televisados... Recientemente, la publicación de Patria, de Aramburu, que aún no he leído, me reservo hasta que nadie se acuerde ya de ella..., y películas como La casa de mi padre, de Gorka Merchan, además de documentales básicos como La pelota vasca, de Medem, nos han permitido un acercamiento a la explicación del conflicto que aún está vivo en la vida y en la política española y del que no nos vamos a librar tan fácilmente. Irene Villa, nadie más autorizado que ella, para comentar la "despedida" de ETA, ha dicho que a los criminales no hay que prestarles atención. Hacerlo, como lo han hecho el PNV y Podemos, por ejemplo, supone tomar partido contra las víctimas, ensanchar su dolor y hacerle un flaco favor al proyecto de convivencia que jamás de los jamases ha de olvidar cuantísimo dolor sembró y cosechó una banda criminal como ETA. Ni ellos, ni sus herederos políticos en activo merecen nada que no sea el desprecio más profundo de quienes tanto hemos sufrido sus delirios asesinos.

viernes, 20 de abril de 2018

Diario de un martirio…





La urticaria colinérgica o el sufrimiento autoinmune.



22-3.
Noche. Ataque en las piernas y el vientre. (He cenado queso fresco, jamón serrano, lomo ibérico y yogur). Antes de acostarme, tomo la primera toma del nuevo antihistamínico, cetirizina 10mg, prescrito por la dermatóloga, quien me retira el obalix y el Atarax que tomaba hasta entonces.
23-3
Como siempre, al irme a acostar, se me declaran los picores. Ahora en las ingles, la cara interior de los muslos y el lateral de la pierna tocando a la cadera. A poco que me rasco, los habones se extienden casi en progresión geométrica. Me pica con fuerza y he de usar Lexxema crema para apaciguarlos. He cenado tortilla francesa, queso y jamón. Café descafeinado y una onza de chocolate.
24-3
Me desvelo a las 3’30, acuciado por el picor en las ingles y la zona del perineo. Me he de aplicar de nuevo el Lexxema para poder volverme a dormir. Día de lluvia, de humedad y, como me sucede siempre en este tipo de días, de picores. Ahora misma en el empeine y la pantorrilla. He comido fideos con costilla de cerdo. ¡Y venga Lexxema, de nuevo! Como pipas de girasol – que positivamente sé que me provocan los picores, pero quise “testar” la eficacia del nuevo antihistamínico- por la tarde, y, por la noche, se me declara una reacción insufrible: cara interior de los muslos, hueco del codo y tobillo, se me hinchan los dedos de la mano derecha… Creí que el nuevo antihistamínico me “protegería”, pero advierto, con estupor, que no es así. Procedo a poner Lexxema, porque veo en lontananza otro insomnio como el de ayer.
25-3
Me desvelo a las 2’30 y se acentúan los picores en la zona de las nalgas. Más Lexxema. Antes de ir al cine, por la noche, picor intenso en la parte derecha del muslo y en brazo izquierdo. He comido fresas, y es posible que hayan influido en mi estado.
26-3
De nuevo desvelado a las 3. Picor extremo en el mismo sitio quela noche anterior: el lateral del muslo derecho. Por el día lo paso más o menos normal. No parece que el nuevo antihistamínico me haga mucho efecto. Tomo 3 al día. Ahora que voy anotando el proceso de los picores y los habones, advierto que se recrudece mi estado siempre a la hora de irme a acostar. Ahora mismo tengo irritadísimas ambas piernas. Hoy, además del antihistamínico nuevo, he añadido 2 Atarax de 25mg, a ver si logro dormir de un tirón, porque mucho me temo que vaya a desvelarme de nuevo.
27-3
Hoy no me he desvelado, acaso por el “refuerzo” del Atarax. Me levanto, desayuno y me acomete un picor intenso en la espalda. Como tengo hora en el médico, no me pongo Lexxema, y espero que remita, pero, si no, cuando vuelva, me unto. Por la mañana tomo siempre colágeno con ácido hialurónico, pastillas de cartílago de tiburón, pastillas de omega-3 y arcilla blanca. Las medicinas mías habituales son: Ursobilane, 900 mg. OmnicOcas 0’4 mg. Llega la noche y me vuelven los picores intensos. Ración de Lexxema y vuelvo a añadir 1 atarax al nuevo anthistamínico. Duermo bien. Por segundo día consecutivo. No me levanto a las 3, aunque añado que también tomo melatonina…, que se me había olvidado.
28-3
Me levanto bien y sin picores  que me incomoden. De momento todo bien. Un día bastante llevadero, pero son las 22’00 y me comienza una irritación en la espalda que amenaza con lo peor. A ver cómo evoluciona la cosa. Bastante bien. Por la noche, picores en las piernas y en el empeine. Lexxema y desvelado.
29-3
Me levanto bien. Buen día. Voy al gimnasio y a última hora, picores potentes en la espalda y el lateral izquierdo. Añado 2 Atarax Y a ver si hay suerte o me tengo que levantar por los picores.
30-3
Me levanto a las 3 con un intenso picor en los tobillos que, como me incitan poderosamente a rascarme, se acrecienta. Lexxema y de nuevo a intentar conciliar el sueño. Me levanto bien. Salgo de viaje. Nada digno de reseñar hasta que por la tarde usé unas zapatillas nuevas Reebok para caminar que me provocaron una reacción alérgica total en ambos pies. Ya me pasó una vez, pero creía que era por estrenarlas. Ahora veo que, como dicen de algunos zapatos chinos, estas zapatillas también tienen poder alérgeno. Lexxema total, pero noche incómoda. Tuve que quitar el protector del colchón del hotel y el edredón: todo poliéster, muy agresivo…

31-3
Sin haber perdido la urticaria de los pies, un día con algún exceso: una pizza y una ensalada con algunos frutos secos. Para rematarlo, y aun sabiéndolo como lo sé, que me provocan la urticaria, me comí una bolsa de 100 g de pipas y me aparecieron u nos habones en el canal de las nalgas como guijarros de playa, como garbanzos crudos; abultados y durísimos. Por la noche se me extendieron, los habones, por la cintura y el resto de las nalgas, y ahí sí que ya me desvelé por completo y no he pegado ojo en toda la noche, salvo de 6 a 7’30 y supongo que por agotamiento.
1-4
El día ha ido bien, pero, después del viaje en coche, me he duchado y me ha aparecido un pico tremendo en la espalda. Vaya por delante que he comido un arroz negro y una fritura de calamares, que no son, precisamente, lo que mejor me sienta. En fin, aguardo a ver si cede el ataque, porque ya me he tomado el anthistamínico más 2 Atarax para reforzarlo. Espero no desvelarme…
2-4
Pues sí, a las 3’30, que es la hora habitual de mis desvelos, un fortísimo picor en el área de los tobillos y el empeine ha hecho que me incorpore para aplicarme un poco de Lexxema. Después, me he vuelto a dormir sin complicaciones, pero porque ayer no pegué ojo, conduje y, al final, los dos Atarax y la melatonina hicieron el resto. No ha pasado ni una hora desde el desayuno y me han vuelto fuertes picores en la espalda. Me rasco y dilato el momento de recurrir al Lexxema. He tomado, como cada día,  mermelada de arándanos, avena con yogur y café con leche de avena.
3-4
Tras el viaje, y porque elegí mal el pantalón, que me apretaba el vientre, se me puso un cinturón de habones impresionante en todo el perímetro del cuerpo que me ha hecho el día imposible. Reacción en la espalda y en los brazos, a mi modo de entender, insospechadas. Hoy he ido al gimnasio y parece que, como en otras ocasiones, me pasa factura por el material sintético que uso para las protecciones de los gemelos. En fin. Y como hay partido de fútbol, pensaba comer unas pipas de girasol -¡mal de males!-, pero no sé…porque puedo acabar pasando una noche toledana de aúpa…
4-4
Como era de prever, después de consumir las pipas y de haber tomado dos trozos minúsculos de torrija -llena de ingredientes que me provocan la urticaria-, he pasado una noche de perros. Se me han puesto unos habones en las nalgas que parecía que llevara doble piel. Ante la imposibilidad del Lexxema para calmar y controlar la situación, y desesperado de dolor y picor, he recurrido a la cortisona: 15 mg de prednisona a las 4’30 de la madrugada.
5-4
He amanecido algo calmado y durante el día notaba molestias en los pulsos de los brazos, sobre todo, pero controlables. Al mediodía he tomado 10mg de cortisona, bajando, para ir reduciendo la dosis y evitar el rebote. Lo he pasado mal, pero que muy mal. Hoy he ido al gimnasio, pero no he empeorado. Por la noche, antes de acostarme, vuelvo a tomar 5 mg, dosis que repetiré mañana en las 3 tomas, antes de pasar a 2’5 mg en la otra semana y dejar de tomar la cortisona, que tanto miedo me da.
6-4
Por obra y gracia de la cortisona, claro, un día sin amago de urticaria y con solo algún brote minúsculo en las piernas, acaso por la ropa de correr en el gimnasio. En resto del día bien, tranquilo.
7-4
Aún todo en calma. Sigo el camino descendente de la prednisona y hoy empiezo con 2’5 mg, y así estaré 3 días antes de dejarlo. Para entonces, me figuro, volverán los achaques, pues esa es mi experiencia habitual.
8-4
Después de haber salido a correr ayer, hoy se me ha declarado la urticaria en las piernas, desde la rodilla hasta los empeines, sin duda por las protecciones para los gemelos. Hoy inicio la bajada de Prednisona a 2’5 mg durante seis días y con eso daré por terminada la “crisis· que me forzó a tomarla.
9-4
Sigo bajo los efectos de la cortisona, aunque ayer ya se iniciaron algunos picorcillos por la espalda y el brazo izquierdo que no fueron a más, sin embargo. Curioso, me he tomado el colágeno, con la pastilla de cartílago de tiburón, el omega3 y el OmnicOcas y me ha salido una erupción molestísima en la espalda… Unas veces pasa y otras no. Eso es lo que me desespera, que solo en contadas ocasiones, como la ingesta de pipas de girasol, se mantiene el patrón de aparición de los ataques.

10-4
Ayer tuve una cena con amigos y no sé si fue un bacalao con patatas al horno -que llevaba patatas y vino blanco- o qué., pero tuve un ataque de urticaria brutal. Lo que lo consolidó fue que se me olvidó -¡para mi mal!- apagar la calefacción, por lo que a la 1’30, siéndome imposible concluir el sueño, me fui al salón. Apague la calefacción y salí en calzoncillos a la galería descubierta para aliviar el horno que era, sobre todo, el torso. Llevo un día tan nefasto, con tantos picores intensos que ni siquiera me he atrevido a ir al gimnasio, para no ponerme en riesgo de tener que acabar yendo de urgencias para que me chuten el Urbasón de tantas otras veces. En fin…
11-4
Y así ha sido, un ataque “en toda regla” del que me quería aliviar frotando la espalda contra la pared rugosa del gotelé, como un oso, a partir de las 2 a.m. Al final, desesperado, me he chutado 10 mg de Prednisona (añadidos, pues, a los 5 mg de por la noche) más 2 Atarax (50 mg) y, gracias a eso, acabé volviendo a la cama a las 3’30 a.m. mareado perdido.Hoy, quizás por ese extra, me he levanto sin picores, completamente “pacificado”. Es cierto que no me he tomado mis suplementos para la rodilla, y no lo haré. Lo haré mañana, no vaya a ser que sea esa la fuente de mis picores. Por una inspiración, he ido a comprobar los ingredientes del compuesto de colágeno y ácido hialurónico y me he encontrado que añaden ácido cítrico, al cual soy totalmente intolerante, y añaden, así mismo, acidulante y aroma de limón, que tampoco me hacen mucho bien, la verdad.
12-4
Un día normal, ¡tras tantos contratiempos! Ningún picor de consideración, pero sigo con la cortisona, aunque de baja, de nuevo.
13-4
He tomado el viejo colágeno -que no tiene el ácido cítrico ni aromas ni nada semejante- y no he tenido reacción. He ido al gimnasio y tampoco. Pero aún estoy bajo el paraguas de la cortisona.
14, 15 y 16 de abril
A la reacción del colágeneo se ha sumado un hecho que me trae mártir desde el sábado por la noche. He tragado restos de aceite de masaje, lo que me ha provocado una reacción que me tiene en un puro escozor ya desde esa noche en que hube de levantarme a la 1’30 acosado por picores, sobre todo en las ingles, el perneo y los brazos que me martirizaban. A las 5 me duché para tratar de relajar los focos de picor y tras lavarme la cabeza con el champú (Eleve) de mi hija, me comenzó un picor fortísimo en toda la cabeza, me aparecieron habones duros en el cuello y tras las orejas, que aun hoy, lunes 16, no me han abandonado. Ahora mismo, rabio por la espalda, el pie derecho y por la nalga derecha como si tuviera algún parásito que me mortificara. Iba de bajada con la cortisona, dos tomas de 2’5mg y he vuelto a 5 mg, aunque estoy tentado de subir a 10 mg o a 15, si me siguen estos picores insufribles. Trato de aguardar hasta el miércoles, pues tengo hora en el hospital, pero ya veremos. Ahora mismo, en este preciso instante, estoy sufriendo lo peor de un ataque que me tiene la espalda a 40º y con un picor insufrible. He olvidado añadir que estos últimos días hemos tenido mucha  humedad y lluvia, un factor, la humedad, que me suele o provocar los ataques o “prepararme” para sufrirlos.
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Son las 0’30 y aún sigo con unos picores muy agresivos que me están destrozando. Desesperado, me he tomado 10mg de Prednisona y 50 mg de Atarax, más la medicación diaria de Ursobilane. Después de comer, mi Conjunta me cubrió de Lexxema la espalda, pero sus efectos no pasaron de las tres horas. A media tarde, me duché con agua caliente y luego fría y se me pasó, pero a las 22’00 me volvieron con igual o peor intensidad… ¡No sé qué hacer…! Después del “chute” de ayer, me levanto mareado, pero sin ningún picor, Eso sí, me aterroriza el “precio” que tendría que pagar para así evitarlos  amanecer con esa beatífica situación… Caigo rendido de sueño desde las 9’00h hasta las 13’00h. Por la tarde, sin embargo, soy capaz de salir a correr y hago 14 km con buen ánimo. Sigo todo el día sin picores, sin duda protegido aun por el chute. Por la noche, me limito a 5mg de prednisona y la melatonina, además del ursobilane, claro.
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Me levanto de nuevo sin picores. Comienzo, pues, a rebajar la dosis de prednisona: 2’5 mg. Hoy tengo la cita.


jueves, 12 de abril de 2018

Dos días de distancia y sosiego: Valencia como salida...


Las comparaciones son odiosas; viajar a Valencia, escapando del odio secesionista, un oasis incomparable...

Uno viaja poco y cuando puede hacerlo escoge destinos que, por su cercanía al lugar de residencia, Barcelona, no parecen, a priori, tener muchos alicientes para los "verdaderos" viajeros, esos que necesitan leguas al cuadrado para sentir la experiencia del viaje. Reconozco que para quienes viajamos como Xavier de Maistre por nuestra celda/habitación día tras día, un discreto viaje a Valencia es una aventura tan exótica -en su planteamiento- como para otros un viaje a Papúa Nueva Guinea. Un viaje familiar, además, tiene algunos alicientes que reformulan el concepto de "aventura", porque concertar los intereses de tres personas distintas y un solo presupuesto verdadero para dos días y medio de actividades, no es tarea fácil, que conste. El objetivo era Valencia, cercana y compleja, distinta y muy próxima, una Comunidad en la que hemos pasado muchos veranos familiares junto al Peñón de Ifach, con gloriosas ascensiones al mismo con las criaturas en los hombros..., y en la que están los orígenes paternos de mi Conjunta. Cuando han pasado más de 30 años sin visitar de nuevo una ciudad, nada puede estar más claro que esa ciudad va a ser tan distinta que, salvo los "monumento imperecederos", todo lo demás te parecerá "nou de trinca". La urbanización de las orillas del Turia es el caso paradigmático, con el gran complejo futurista que alberga muy cerca ya de la desembocadura y que atrae a los turistas tanto o más que el Modernismo arquitectónico barcelonés. Ni siquiera se nos había pasado por la imaginación que Valencia fuera capaz de atraer un turismo masivo, al estilo del de Barcelona, de ahí nuestra sorpresa cuando nos vimos inmersos en la  marabunta de visitantes que lo ocupábamos todo, a todas horas y con una tenacidad visitante a prueba de bombas. Comparar ciudades es absurdo. Cada una tiene su personalidad, y a veces la de no tener ninguna, que ya sucede. Instalarse en la capital valenciana en un hotel cómodo y funcional, bien comunicado por el metro, permite al turista saber de inmediato que está en "otro" lugar muy distinto del "agitado" por los demonios nacionalistas con tendencia golpista. En Valencia -tópica ciudad de las flores...- se disfrutan todos los colores, frente al amarillo canario con que se han empeñado en vestir Cataluña los supremacistas, para mortificación de quienes asociamos dicho color con lo que se asocia tradicionalmente: los celos, la traición y los esquiroles, en el lado de los sentidos negativos, claro.
Desde la estación y la plaza de toros, hasta la maravilla de su incomparable Mercado Central de Abastos o la Lonja de la seda, pasear por la ciudad de Valencia, a pesar de la masificación turística, tiene un punto de relajación que se ha vuelto casi imposible en Barcelona, una ciudad no sé si ya definitivamente crispada, por mor de la intolerancia supremacista de los xenófobos nacionalistas aldeanos.
Sufrimos durante los dos días un viento con aire justiciero que, por las noches, en un decimocuarto piso, envolvía la habitación, pegándose a los cristales de la fachada, a medio camino entre el sudario y el cobertor de sofá. Alejarse de ciertos conflictos aunque sea durante breve tiempo, como en este viaje, permite oxigenarse, liberarse de la sutil presión ambiente que intenta hegemonizar la vida ciudadana a todos los niveles, políticos, sociales, deportivos, lúdicos, artísticos... Nada quieren que se escape del chapapote amarillo/amarillista que pretende, en vano, ¡por suerte!, inundarlo todo y se queda, ¡y cómo no!, a medias, e incluso diría yo, a ojo de buen cubero, que a una cuarta parte... Pasear por Valencia, por lo tanto, ha sido un placer, una recompensa, un premio extraordinario en la lotería del sosiego anímico y en la del placer estético. Nos hubiera vustado coger el tranvia para ir a la Malvarrosa, pero una inoportuna huelga nos privó del placer literario, pero no de disfrutar, gracias al autobús, de las playas a las que abría las ventanas de su palacete Blasco Ibáñez cuando en él se alojaba. Decimos que Barcelona ha recuperado la playa. En Valencia, puede decirse que la playa ha conquistado una ciudad... Como siempre, un creador pega la oreja a las conversaciones para coger el pulso de la calle. Y en esa encuesta de urgencia, y en unos espacios poco propensos, todo se ha de decir, advierte, no sin sorpresa, el restringidísimo uso del valenciano en la vida cotidiana, algo que ya recuerda de los veranos en Calpe. En cualquier caso, lo que se nota, a pesar de las posibles luchas políticas que pueda haber de fondo, que haylas, una distensión ciudadana que no se ve alterada por los ramalazos de intolerancia con que en Barcelona sufrimos el delirio del prusés en pos de la quimera. Nos hemos sentido, los tres viajeros, cada uno de forma diferente, muy libres y relajados en nuestra efímera estancia. España es un país en el que se come bien en cualquier parte, y en la playa de la Malvarrosa hubiera sido un delito de lesa majestad no hacerlo. Aunque costó, por la fiesta y por la hora, encontrar un sitio sin reserva previa, lo logramos y triunfamos, gastronómicamente, aunque con un clásico modesto: el arroz negro y fritura de calamares, de unos calamares que se deshacían en la boca de puro tiernos. A mi Conjunta y a mí nos supo mal no tener tiempo para ir al IVAM, porque somos amigos de los cementerios, como diría Ramón Gómez de la Serna, y también hubiéramos añadido con gusto algún espectáculo de ópera en la Ciudad de las Artes, pero entendimos que eso requiere ulteriores visitas aún más rápidas y concretas. Visitamos, sí, la Catedral, y mereció la pena, siquiera fuera por contemplar la escultura del mal ladrón, ese del que todo el mundo ignora su nombre de pila, frente al recordado Dimas del buen ladrón: Gestas, se llamaba el orgulloso desgraciado. Como buenos turistas -siempre despierto a quien conmigo vaya diciendo que el turismo es un trabajo duro y que, donde quiera que estemos, hemos ido a trabajar...- no pudimos dejar de tomarnos la sacrosanta horchata en la horchatería a la que contemplan casi tres siglos de existencia, aunque de poco fue, porque el buen tiempo fresco amenazaba con impedírselo a mi Conjunta -un delicado sistema térmico complejísimo...-, aunque yo -un basto aguantar carros y carretas térmicas- me la hubiera tomado. Viajar sin lujo pero con comodidad es una recompensa que nos merecemos todos.  Los amantes de la lectura, además, lo agradecemos.  Aparcado Galdós durante esos días, en los tiempos muertos de las esperas solía avanzar en el segundo volumen de Antonio de Torquemada: Jardín de flores curiosas, que contrastaba, con sus ficciones geográficas, con la verdad de tomo y lomo de una ciudad llena de Historia por todos sus rincones.  Tuvimos a suerte de ser jornada de puertas abiertas del Palau de la Generalitat y pudimos ver una espectacular y poderosa escultura/chimenea de Benlliure sobre el Infierno de la Divina Comedia que he colgado al final de esta evocación. El hecho de que la avenida por la que circunvalamos la ciudad para llegar al hotel -gracias al exacto gps de nuestra hija- se llamara De los Hermanos Machado nos trajo inmediatamente a la memoria el paso del poeta republicano por la ciudad, y a mi Conjunta y a mí no nos pareció mal que ambos hermanos estuvieran unidos en el homenaje, como ellos lo estuvieron emocionalmente en vida, aunque no políticamente, pero esta distancia jamás menguó aquella cercanía íntima. Valencia está comenzando a comerle el terreno a nuestra hermosa ciudad Condal, y, poco a poco, la amabilidad de la ciudad levantina se va convirtiendo en un destino turístico que permite esquivar el desagradable brote nacionalista de unos jóvenes agitadores que amenazan con hacer imposible la vida tranquila en la ciudad, y que tienen al turista como enemigo, y a quienes no son de su secta como potenciales objetivos de sus represalias. Poco a poco vamos volviendo  a donde parece que las autoridades de nuestro Ayuntamiento se sienten cómodas: las barricadas y la agitación pseudorevolucionaria. Esperemos que no acaben trayéndonos el pistolerismo de los años 30 del pasado siglo... Son muchas, pues, las razones que nos han permitido disfrutar durante dos días de la vida de una ciudad hermosa, limpia, dinámica y sosegada: un más que posible destino en caso de que la demagogia populista del nacionalismo ultraconservador catalanista nos empujara a abandonar nuestra ciudad, desde luego. La conclusión es que no tardaremos otros 30 años en volver, seguro. Sé que nunca iría en Fallas, eso sí, pero, fuera de ellas, me imagino que cualquier época del año es buena para dejarse caer y callejear y leer y empaparse de un ritmo de vida humano, muy humano, y cordial, muy cordial. Y, finalmente, para un par de filólogos enamorados del cantar de Mio Cid, Valencia es parte de ese recorrido que  incluyó nuestra visita, en su tiempo, a Santa Gadea o al monasterio de Cardeña.




jueves, 15 de marzo de 2018

El matadero como templo expiatorio en homenaje a una de nuestras fuentes de vida.



La arquitectura del agradecimiento: los mataderos, obras de arte.

Desde que me detuve ante la fachada del matadero de Tortosa, enamorado de la arquitectura modernista que había alojado el cruento sacrificio de los animales que nos han facilitado durante tantos siglos la salud, no he dejado de preguntarme sobre el porqué de esa tendencia arquitectónica a revestir el acto sacrificial con  un  continente artístico tan exquisito.
Es evidente, me parece, que se trata de un homenaje merecido a una de nuestras principales fuentes de vida, un cordial agradecimiento erigido con la delicadeza compasiva con que el verdugo suele ahorrar sufrimiento  a las víctimas, aunque los métodos sacrificiales solo hayan mejorado en cuanto al ahorro de sufrimiento en las víctimas desde hace relativamente poco. La exquisitez del diseño de tales edificios, a medio camino entre lo industrial y lo ornamental tiene que ver, imagino, con la necesidad de plasmar el insólito contraste entre el acto sanguinario y la concepción artística del edificio que lo alberga, de modo que se viera a través de él una suerte de celebración solemne del último trance, acogido entre muros que no lo celebran, sino que lo acogen, con respeto e incluso con devoción.
Es un rito, no hay duda. Y no se busca un lugar apartado y oscuro, donde perpetrar una profanación, sino un edificio estilizado y hermoso donde se verifique la ceremonia de la necesidad y de donde salga, con todas las garantías de salubridad, el producto hacia los mercados -¡ágoras selectos de la socialización!- para acabar, posteriormente, en los estómagos de la población agradecida. Contraste, esa es la ley humana básica que opera desde los albores de la humanidad. Y cuando se acentúa de la manera que lo hace en los mataderos, hemos de reconocer en tal realidad una muestra exquisita de nuestra más noble condición.
Arropar arquitectónicamente el sacrificio de las reses y otros animales con tantas galas airosas, en las que predomina el uso del ladrillo, ¡la arcilla!, elemental y metáfora de nosotros mismos…, dice mucho de nuestra condición y de los progresos morales e la especie. Prueba de la intencionalidad reverencial de esos templos de diseños humanistas es que, cumplida su labor y superado su espacio por las exigencias  higiénicas del proceso de las carnes, es que han sido destinados, en buen número de casos, a templos de la cultura, a albergue acogedor de la expresión artística en sus muy variadas facetas, cuando no se han reconvertido en hiperalmacenes del saber escrito y audiovisual, bibliotecas y mediatecas que acogen la doble sed de conocimiento y de diversión que nos aqueja a los humanos.
Si repasamos lentamente las arquitecturas de esos templos, advertimos enseguida el mimo exquisito con que los arquitectos que los diseñaron se preocuparon por  que la luz tuviera matices de catedral en el interior de las naves, o la profusión de arcos, con la solemnidad clásica de los mismos. A mí me impresiona, sin embargo, la imagen de la ruina de ese matadero argentino erguido en la nada y desafiando con su desvencijado cuerpo, atravesado de las inmisericordes heridas del tiempo y del olvido, la memoria de quienes lo animaron: animales y humanos.
Si hoy son bibliotecas, ese solemne edificio impresiona como las ruinas de las grandes salas de cine en el Detroit fantasmal de la poscrisis, los restos varados en tierra de nadie de lo que fue una pujante ciudad industrial. Sí, los mataderos han sido templos y lo siguen siendo: cambian los materiales de construcción; permanece la devoción, la compasión y el agradecimiento.