martes, 21 de noviembre de 2017

“La puerta del Infierno”, de Rodin, un proyecto creativo de 37 años.


El pensador, de Rodin, en su contexto preciso, pero con su incierto sentido.

Soberbia exposición sobre una aventura artística que duró 37 años, la creación de una puerta para el futuro Museo de las Artes Decorativas que nunca llego a construirse, del mismo modo que Rodin jamás vio la fundición de la obra, solo el molde definitivo al que llegó tras años y años de pruebas, cambios, retoques y  descartes que hoy contemplamos como obras de arte incomparables: El beso y Adán y Eva, por ejemplo. Del mismo modo, una de las figuras de La puerta del Infierno que se emancipó de ella fue El pensador, cuya presencia maciza, telúrica, imponente, en una habitación del Museo Mapfre donde comparte espacio con El beso, deja al espectador anonadado. La exposición sigue el recorrido cronológico de la creación  de la Puerta… y nos permite disfrutar de un sinfín de motivos narrativos que Rodin fue creando y corrigiendo hasta encontrar exactamente lo que se compadecía con el hilo narrativo que había de tener la obra: el Infierno de Dante. Está claro que Rodin no se ciñe al libro en todos los motivos escultóricos, porque la propia figura del pensador que corona el tímpano de la Puerta… nada tiene que ver con la obra literaria. Al parecer, la lectura de Las flores del mal, de Baudelaire, una de cuyas ediciones él ilustró, influyó no poco en la elección de los motivos para su Puerta... No hay un afán didáctico excesivo, que es el peligro que acecha a tantas exposiciones, pero tras haberla visto, el espectador tiene una idea clara del magnífico esfuerzo creativo que supuso una obra de arte que, sin embargo, y por razones obvias, no hemos podido ver en ella: el molde final de la Puerta…o una de sus fundiciones, lo que incita a cualquier que la vea a reservar billete a París para ver una de las 8 fundiciones que existen en el Museo Rodin o el modelo en yeso en el Museo de Orsay. La primera escultura que vemos es La edad de bronce, que fue acerbamente vapuleada por los críticos al denunciar que había sido construida a partir de un molde tomado del natural, lo cual obviamente, era falso. La gracilidad del movimiento levemente insinuado en la obra tiene un carácter musical, porque se trata de un gesto de danza. Posteriormente, dos figuras que fueron descartadas, y que fueron pensadas para los laterales de la puerta, como dos cariátides, Eva y Adán, nos introducen en el genio de Rodin: la fragilidad estilizada de Eva contrasta poderosamente con el poder gigantesco de Adán, quien, sin embargo, está captado en un gesto que se desdice de la rotundidez formal de su exaltada virilidad Hay una ternura ensoñadora en su gesto que nos recuerda el David de Miguel Ángel. Eva representa un gesto de la vergüenza que no acaba de entender el porqué de la misma. Hay arrepentimiento, pero, también, el candor del desconsuelo que despierta en quien la contempla la generosidad de la protección. Entre el más del centenar de figuras que contemplamos, me ha llamado la atención la Pequeña sombra mirando el abismo. Un ser retenido sobre sí, atreviéndose y retrayéndose a tiempo. Una pierna bien afincada sobre el terreno, en el espacio seguro de la protección, y la delantera, por el contrario, tanteando la frontera del abismo que lo atrae. ¡Qué facilidad, la de Rodin, para captar el conato de la emoción, ese momento auroral del sentimiento en que ha de definirse hacia una u otra manifestación! Ahí está la máscara de la llorona y los centauros. ¡Qué momento intenso del dolor que nos gobierna y que intentamos en vano sofocar! El labio entre tembloroso y mordido, la frente fruncida, los ojos cerrados y la mirada abierta solo a lo que duele por dentro, a la llama que nos consume… Entre las figuras descartadas, ¡qué delicada imaginación la de la cariátide caída que sostiene, sin embargo, la piedra cuadrangular donde se apoyaba cuanto no ha podido resistir! ¡Cuánta compasión en esa figura derrotada que se esfuerza por rescatar de su propia dignidad su razón de ser! Impresionante es, también, la versión en cobre de la cabeza cortada de Juan el Bautista, quien fija en su expresión la intensidad fulgurante del corte que la separa definitivamente del cuerpo. La cabeza, por su serenidad, se sabe ida más allá de la materia, pero aún ligado a ella, camino de la oscuridad a la que abrirá los ojos cegados por el brillo de la espada. Alguna relación hay entre ese dolor y el goce de la Cabeza de la lujuria, en forzado escorzo lateral de la reconcentración en un placer distante que nos recorre el cuerpo hasta la cabeza, la que, sin embargo, lo represa sin agitación, pero con la intensidad de quien paladea todas las sensaciones que ha ido hallando a lo largo del camino desde los puntos sensores hasta el rostro que no engaña sobre lo que siente.


El pensador es capítulo aparte. Aunque corona  La puerta del Infierno, tiene una vida propia al margen de ella, y pocos la relacionan con dicha Puerta…, como es mi caso. De hecho, no acabo de ver con claridad el porqué de su ubicación privilegiada en la Puerta…, como si pudiéramos sentarnos a pensar si podemos o no podemos adentrarnos en el infierno, caso de haber sido condenados o si, por el contrario, se trata de una apelación moral, una admonición sobre nuestra responsabilidad individual para evitar el hecho funesto de traspasar esa puerta que se abre bajo la piedra sobre la que el pensador discierne cuál ha de ser el camino de la vida que ha de escoger, según el bivio pitagórico. Este pensador gigantesco, cuyas dimensiones por fuerza han de impresionarnos a nosotros, débiles espectadores de su monumentalidad, piensa desnudo, sí, sentado sobre una piedra, hecho enorme bloque de piedra esclarecida, elucidado de lo informe hasta encontrar la dureza exacta de las proporciones aéreas, porque el pensador se lanza a un vuelo de preguntas entre nubes de hipótesis. La boca se agrieta en un gesto escéptico contra los nudillos esquinados de la mano y ambos brazos descansan sobre la misma pierna, la izquierda, lugar cordial del pensar. Visto desde el lateral son muchas las líneas creativas de la figura que se cruzan y descruzan hasta formar, incluso, una tela de araña o un laberinto. El gesto ceñudo es el propio el no saber, de no saber ni el qué ni el cómo ni el cuándo ni el dónde. Abstraído está, esto es, llevado fuera de sí, de la materia, hacia un laberíntico ecosistema de proposiciones. ¿En qué piensa El pensador? Todo él parece formado a golpes de pellas de barro endurecido por el dolor del pensamiento, ese “otro” parto. A su lado, qué anodino nos resulta El beso, una suerte de acuarela de la escultura, si comparada con la obra del inmortal Bernini.

domingo, 19 de noviembre de 2017

La "anomalía" histórica...

Ángel y Anna, hermanos.
La ¿imposible? convivencia

Lo escrito hace cuatro años no ha perdido vigencia. Hoy podría haber vuelto a escribir sobre lo que no nos pasa, porque se ha detenido sobre nosotros como la vieja espada mítica, y hubiera escrito exactamente lo mismo. Nada hemos adelantado, pero hemos retrocedido siglos hacia el tribalismo feroz.                                           

Es incómodo vivir en una región como Cataluña donde, aun teniendo como lengua habitual la hablada por más del 60% de los ciudadanos, te consideran, los poseedores del poder autonómico, "una anomalía histórica", un "error", que pretenden enmendar con la privación de algunos de tus derechos, el ninguneo y el recuerdo constante de esa anomalía para que no se te ocurra ni abrir la boca ante la corrupción nacionalista y su voluntad de secesión del reino de España. El poder que han ido acumulando los nacionalistas a lo largo del eterno mandato de Jordi Pujol se debe, por una parte, a las continuas cesiones del gobierno central para poder asegurarse el ejercicio del poder -cuya más excelsa manifestación fue la intimidad catalanoparlante del ignorante presidente de FAES, el del bodorrio de la hija y el del castellano atejanado- y, por otra, a que los nacionalistas del PSC apostaron por que CiU hicciera las políticas "nacionalizadoras, catalanizadoras" que ellos, con su base social, no podían llevar a cabo. Ahí esta la LEC, Ley de Educación Catalana,  propuesta por el submarino de CiU, Ernest Maragall, un consejero de educación prácticamente analfabeto -cosas del "fet diferencial catalá-, y servida en bandeja a CiU, quien la hizo suya enseguida a través de otra consejera de educación analfabeta en castellano. Sentirse continuamente señalado como un obstáculo para la consecución final de ese ideal secesionista no es cómodo. Con todo, más peligroso era en el País Vasco que tu rostro apareciera  tras una diana para que ETA se te llevara por delante... Las últimas elecciones han venido a aliviar un poco esa sensación, porque han permitido a un partido como Ciutadans representar a un cuarto de millón de votantes que se oponen radicalmente al ejercicio estalinista de reescritura histórica en el que está empeñado el "frente nacionalista", un frente disparatado en el que conviven xenófobos, racistas, marxistas, neoliberales y los desorientados del PSC, que se meten los pobres donde pueden, aunque ni sepan, ya, dónde se meten. La convivencia catalana, nunca del todo el oasis del que todos se enorgullecían, ha sufrido un duro golpe con las propuestas políticas de secesión llevadas a las últimas elecciones. Considero que nos hemos roto por la mitad y que va a ser muy difícil suturar esta herida provocada por los delirios nacionalistas. Se ha establecido una "lucha de propietarios" que nadie sabe cómo va a acabar. Los nacionalistas pretenden desahuciar a quienes constituimos la "anomalía histórica" para poder "limpiar" la propiedad y construir sobre ella el estado más corrupto del mundo, a juzgar por cómo llueven las piedras del 3% que, lanzadas hace algunos años, comienzan ahora a caer sobre tejados de vidrio. Esta lucha obliga a los contendientes a marcar su perfil, y ello es lo que acabará deteriorando una convivencia que puede convertirse, en palabras de un escritor desconocido pero más que notable, en conmorencia.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Epístola à clef


En temps d'esquerdament social, ni l'estimació pregona pot fer-se pública sense un cert encobriment...

Molt estimat BP:
¿Quants anys fa que ens coneixem i ens estimem? ¿Més de quaranta? Hem crescut junts des d'aquells temps obscurs del franquisme, tan lluminosos, però, per les nostres esperances de llavors, un nosaltres, tu i jo, tan plens d'elles com de vida i de desitjos que hem anat realitzant com hem pogut i hem sabut, fins arribar aquí, a aquests temps d'incerteses, de rancúnia, d'irracionalitat, i fins i tot de por, perquè és molt el que està en joc i sembla que, socialment, ens hem entestat en cercar el camí que no porta enlloc, ans que una solució que ens complagui a tots, potser perquè la radicalització que estem vivint ho impedeix com a una mena de mandat religiós impossible de profanar. Tu mai havies estat independentista i, com jo mateix, tota la teva vida política, que jo sàpiga, pel que tu m'has dit, has estat votant dels socialistes, com jo. Fa temps, però, que no sé que votes i que també jo he canviat el meu vot. Sí sé que, al menys abans, "odiaves" cordialment ERC, perquè, per motius laborals, coneixies la seva intolerància i la seva incompetència. Vas ser crític amb els tripartits, com ho vaig ser jo mateix, i, després del segon, fins i tot vas veure quelcom de seny al discurs d'un Artur Mas que tornava de la travessia del desert amb un cert esperit de centre progressista. Tot es va començar a tòrcer quan, després de la manifestació del 2010, Mas abraçà el messianisme patriòtic i va començar oficialment un procés que ens ha portat fins a l'atzucac actual. Tu i jo som germans de fet, perquè ens vam escollir com a tals voluntàriament, no ho som, doncs, per l'obligació del pack familiar. Hem treballat junts, hem fet carreres molt diferents, jo Filologia Hispànica, i tu Pedagogia, però desprès et vas reconvertir cap al Dret esportiu i jo em vaig mantenir a la meva opció. Les nostres famílies han anat creixent alhora, i els teus fills me'ls estimo tant com els meus, perquè són una mena d'extensió de la nostra pròpia estimació. Hem compartit tot allò que la nostra generació dels nascut als anys 50 havia de compartir, però d'un temps ençà semblava com que aquesta dèria del independentisme s'havia instal·lat entre nosaltres com a una mena de buit que no gosaven omplir amb les paraules que, de fet, ens deixàvem de dir. Quedàvem i ens vèiem i parlàvem com si tot aquest moviment cap a la divisió del nostre poble no existís o com si tu donessis per fet allò que mai ni havíem verbalitzat: que tu ets d'un poble, del "sol poble" i que jo sóc d'un altre, dels exclosos d'aquella quimèrica entitat popular uniforme i de base identitària. Alguna vegada sí que havíem deixat clar que teníem punts de vista molt diferent quant a la suposada opressió de Catalunya per la resta de l'Estat -que no pas un injust tractament fiscal, quelcom en què hi estàvem d'acord- i el no menys absurd dret al "dret d'autodeterminació" -que era, com ara s'ha vist, allò que amagava el absurd, des del punt de vista jurídic, "dret a decidir"- sobretot si basat en una tergiversació de la Història. Per fi, però, fa unes setmanes, tot just abans de l'1 O, vam poder estar parlant una hora sobre tot això amb tota la tranquil·litat de sempre, amb tota la cordialitat i amb tota la "duresa" que suposava haver de mantenir posicions encontrades. No repetiré ara i aquí, fil per randa, la nostra conversa, perquè hom n'és conscient, si em coneix, per haver-me llegit, de quin peu calç. Dies desprès vaig enviar-te l'article de Juan José Burniol, Per què no aniré a votar, i m'ho vas agrair, perquè, com jo ja sabia, era un home en el pensament del qual podries veure't reflectit, i així va passar, a nivell conceptual, tot i que tu, i ho entenc -i no ho entenc...- vas decidir que sí votaries i que volies que el teu vot fos comptat, tal com m'imagino acabaries fent. Fa poc, quan la colla d'irresponsables del Govern fa declarar la República vaig rebre un guàsap teu que em va confortar: Se suposava que era un dia feliç i ni tu et senties així, ni tenies clar que la manera com s'havien fet les coses des dels dies 6 i 7 de setembre era la manera correcta per fer les coses bé i amb sentit. Després, com sempre, hem canviat impressions sobre les nostres xacroses saluts,  i quedarem un d'aquests dies per veure'ns i passar una estona amb el teu fill petit. Hem arribat fins aquí, doncs, i la millor notícia de tot aquest maleït procés, BP, és que la nostra estimació recíproca ni tan sols s'ha esquerdat, i tot i que no gosaré dir que s'ha enfortit, perquè es quelcom difícil, sí que em consola sentir-la tan viva com sempre. Perdre-la hauria estat un cop molt difícil d'encaixar... Tornem a aquell bon punt en què vam deixar de saber què votava l'altre, i cap al 21D sí que em faig creus de quina pot ser la teva opció electoral. La meva la pots intuir més fàcilment. M'hagués agradat poder parlar amb tots els ets i uts de la nostra ferma amistat, amb noms i cognoms, però ja entenc que en aquest temps de faccions i bàndols poc menys que irreconciliables potser no t'hauria fet cap favor, raó per la qual he hagut de refugiar-me en inicials poc menys que impossibles de traduir. Una epístola à clef, doncs, com en aquells temps de clandestinitat i lluita antifranquista en què ens vam conèixer. Curiós. 
Una abraçada ben forta.

domingo, 29 de octubre de 2017

Terror nocturno.


Ese mosquito de finales de octubre...

En perfecta situación especular del mes de mayo, siempre hay una noche a finales de octubre en que irrumpe en nuestro dormitorio ese mosquito cuyo zumbido, después de escapar ileso del manotazo con que me azoto el pabellón auditivo, dejándome sordo por unos minutos..., logra ponerme el cabello de punta, hacerme levantar de la cama para iniciar la dificilísima caza de animal salvaje y astuto donde los haya, y desplegar unas estrategias que no siempre dan el resultado apetecible. Lo primero que pruebo, siempre, es meterme en el cuarto de baño, entornar la puerta, aunque mi Conjunta está tan despierta como yo, y llevarme el libro de cabecera o el de los crucigramas de Fortuny para sentarme en la taza, desnudo -aún agreden los calores con su silenciosa y pegajosa lengua húmeda-, y esperar que ese temible zumbido irrumpa en el sencillo palacio de azulejos. Algunas veces funciona el reclamo, momento en el que cierro la puerta y solos los dos, en apenas dos metros cuadrados, sé que lo tengo acorralado y que mi visión de halcón sin plumaje acabará estampándolo contra el espejo, la ventana o el techo de la ducha. El otro día, sin embargo, hizo caso omiso del reclamo y, confiado en que hubiera tomado las de Villadiego para irse al salón, volví a meterme en la cama, cubierto como un amortajado. "¡Esta aquí!", susurró mi Conjunta y lo vi, en efecto, después de encender la lamparilla de mi mesa, sobre su frente, pero el miedo a que mi golpe consiguiera dormirla con un K.O. indeseado impidió que saldara cuentas con el intruso. Salté de nuevo de la cama y, ahora sí, tuve que encender las luces del techo y las de las dos mesillas: un quirófano, parecía la habitación con ese exceso de luz totalmente inusual, pero era lo que necesitaba para, ¡en veinte metros cuadrados -dormitorio y estudio-!, perseguir al más experto camaleón imaginable, el rey del trampantojo... Toalla en mano, retorcida y tensa para descargar el latigazo, voy recorriendo milímetro a milímetro todas las superficies posibles, y pido siempre al señor mosquito en el bufido que intuyo es capaz de descifrar que no se pose sobre alguno de los retratos de la cómoda, ¡veintitrés!, lo que me llevaría a  provocar un sonoro estropicio descomunal. Me muevo también milímetro a milímetro porque, a veces, incluso el muy osado se ha atrevido a posarse sobre uno de mis hombros, el cogote o un muslo..., pero no, ¡ay!, esa noche fatídica de mi pesadilla. Ignoro qué ciencia infusogenética adquieren los mosquitos para eludir tan habilidosamente el acecho de un depredador humano que solo busca defenderse y poder dormir. En otras ocasiones, en verano, que vuelan con algo más de ahogo, por el pesado calor, me lo llevo tras de mí como Hamelín hasta el salón, donde me instalo en el sillón orejero, iluminándome con el brazo articulado de la lámpara, lo que proyecta un cono de luz sobre mi desnudez que ayuda lo suyo a que el mosquito "pique" e incluso llegue a posarse sobre las páginas del libro con el que me acompaño el insomnio correspondiente. Lo que no hago nunca es cerrar el libro de golpe, por no dejar huellas de mi mosquitocidio sobre las líneas de ni me imagino qué trama podría ser la salpicada, porque ese mosquito siempre anda con el depósito de sangre lleno.... Ese mosquito, sin embargo, estaba en nuestra habitación, escondido, esperando que depusiera mi actitud cazadora y volviera a acostarme, a oscuras, para reiniciar su sanguinario cometido. Mi Conjunta fue capaz de volver a troncarse, aun a pesar de la luz, y acaso por la hora, las 4'30 -la hora más peligrosa del mundo, según Sarah Kane para la inestabilidad psicológica- , mientras yo perseveraba en ese ojeo, y me río yo del de los amantes de las aves, del que esperaba la sólida prueba de un cadáver y unas gotas de sangre, antes de convertirme en rama de ese dulce tronco... Finalmente, hallélo majestuosamente posado junto al hilo de la lamparilla, muy cerca, sin embargo del frasco con la ocre arena del Sáhara que me regaló mi fraternal amigo J.C., y ahí me entraron todos los temores, porque errar el golpe y dar sin querer en el frasco iba a provocar una lluvia de arena que se me representó como una escena imposible de sufrir. Había, pues, de adelgazar la toalla al máximo, retorciéndola hasta llegar al cordoncillo, y ser capaz de ejecutar ese latigazo certero con la precisión del puntillero que odia hacer sufrir al toro en el descabello. Me acerqué con el sigilo con el que ese mismo mosquito suele hacerlo amparado en la oscuridad total y, tras tensar el arma, ¡zas!, visto y no visto, cayó fulminado el horrísono bicho terrible, aunque hasta que no rescaté del parqué el cadáver de la bestia feroz y lo arrojé, victorioso, a la papelera, no me restituí al lecho conyugal...
P.S. ¿A que se agradece olvidarse aunque sea por unos minutos del miserable esperpento del secesionismo? De nada.

lunes, 9 de octubre de 2017

Desde dentro: la manifestación del 8 de octubre.


Manifestarse para destruir un relato.

Ayer domingo salí a la calle con tiempo insuficiente para poder acercarme a donde no se sabía dónde podía estar la cabecera de una manifestación cuya asistencia desbordó a los organizadores y, sobre todo, desarmó a los manipuladores del discurso del "pueblo único". Los alrededores de la plaza del obispo Urquinaona estaban llenos de gente muy apretada, tanto que la perspectiva de quedarme parado en Fontanellas sin dar un paso en horas me consumió la sangre. Me escapé por un lateral para bajar en perpendicular hasta la paralela y salí, por fin, con cierto desahogo relativo a Vía Layetana, donde la marcha ya caminaba hacia la estación de Francia.Creí que iba detrás de la cabecera y resultó que andaba una hora por delante de ella...En fin, que no éramos unos manifestantes"cuadriculados" como los de la ANC, cada uno con sus coordenadas de situación, su color y su coreografía bien aprendida. Éramos un pueblo libre que salíamos para juntarnos en la reclamación de nuestra defensa acérrima del orden constitucional gravemente amenazado por la demencia separatista de los secesionistas. Aunque por biografía personal no soy amigo de banderas ni himnos, soy más de Brassens, ayer la manifestación toda era un mensaje:las banderas constitucionales: la española, la catalana y la europea. Frente a la cubanyera ilegal, tres banderas solemnemente oficiales se enarbolaban para oponernos a un golpe de estado hacia el que los secesionistas se han deslizado porque el Gobierno Central les ha dado carrete para llevarlos hasta el borde del precipicio, consciente de que, si no dan el paso, se desacreditarán ante sus secuaces y de que, si lo dan, la justicia los acogerá con la cortesía justa. A eso le llaman, los mandamases, el juego de las subestimaciones, y las consecuencias no serán imprevisibles, pero sí dolorosas las consecuencias, porque si la fiebre de la demencia secesionista se empeña en dar el golpe de estado por la fuerza bruta, serán reprimidos con toda la contundencia que permite la ley. Pero, en esta Provincia acogedora, yo quería narrar brevemente cómo se movió un ser alérgico a las masas y a las efusiones patrióticas en un ambiente dominado por esa reivindicación que comparto con ellas, sin que me posea una identificación soberbia "soy español, español, español" que hace abstracción de lo que es el azar y no se hace cargo de la necesidad de autodefinirse por algo más que por un territorio o un estado, que eso es siempre "poco" frente a la totalidad que supone cada individuo. Es evidente que existen las naciones y que exigen del individuo una renuncia limitada a su individualidad para permitir que estas existan y, además, nos impongan no pocos códigos de todo tipo, legales y sentimentales. Ayer advertí sentimientos a mi alrededor, y mucho énfasis en defender la nación española frente a la nación catalana excluyente de los secesionistas, algo así como un "¡Te vasa enterar tú de lo que vale un peine" que incluía la petición  de cárcel para Puigdemont, por ejemplo, o, en afortunada rima de un gorjeador, las galeras para Junqueras... Lo importante es que no había crispación, que predominaba el ambiente festivo y familiar, y, por suerte, era mínimo el numero de niños que asistieron a ella, en comparación  con la pederastia ideológica de que ha hecho gala el prusés secesionista. Lo que sí advertí a mi alrededor era el orgullo y la satisfacción de estar allí  para plantar cara a un desafío identitario y supremacista que se ha afirmado con unos tintes xenófobos y autoritarios imposibles de aceptar desde nuestra experiencia democrática de tantos años. Advertí una alegría que compartía plenamente: la de la mera presencia, la de "estar" cuando se debía estar: el día preciso y en el momento justo, para advertir a quien ha de tomar la última decisión, romper Cataluña y España, que nos tiene enfrente con todas las de la ley. Fueron muchos los momentos en que caminábamos sin corear ninguna consigna. De hecho, como no había consignas uniformadas, como las secesionistas, aquellos que llevaban megáfono -¿se compra uno un megáfono y lo tiene en casa, así porque sí...?-pretendían imponer consignas que duraban un suspiro, y chocaban con otras que se oían fugazmente, chocaban con la cercana y se deshacían todas como se desvanece el humo al salir de la chimenea. Éramos gentes plurales que caminábamos juntos ese día porque no ignorábamos que se había de emitir un mensaje contundente a quienes han perdido la razón política y quieren imponer un ideal de polis a sus conciudadanos, por eso estábamos ayer allí, en aquella macromanifestación. Ni siquiera saber el número de los que éramos tenía valor alguno: el impacto visual estaba conseguido y al día siguiente seríamos portada en toda Europa.Cuando una hora después de estar contemplando la pantalla gigante aparecieron los vip y los políticos, sí que advertí una diferencia de reacciones: fue, al menos en el perímetro reducido que podía abarcar, la cercanía de Arrimadas la que mayor reacción de simpatía produjo. De hecho, la Aguirre estaba en una de las puertas de la estación ante la ignorancia popular hacia ella, como si no existiese. Pero Arrimadas despertó una esperanza cierta de un posible triunfo electoral que nos sirviera de "desquite" ante la sinrazón del secesionismo. Iceta estaba ausente, por su reconocida alergia íntima a compartir escenario con C's y PP, y prefirió manifestarse el sábado, con los blancos engañosos de Podemos y al lado de la Colau en Sant Jaume, con quien aún no ha roto el pacto de gobierno en la ciudad. Cada uno es muy libre de escribir su propia deblacle electoral, sin duda. Me animó mucho que el psC decidiera asistir a la manifestación, y estoy convencido de que muchos seguidores del psC asistieron, viniendo de los barrios periféricos, donde sigue sin poder entrar el Movimiento Nacional, lo que los honra. Estoy convencido de que por mis aficiones, mi formación y mis defectos ayer era algo así como el famoso pato en el garaje, pero he de reconocer que coreé con ganas y chorro de voz algunos eslóganes como el "tevetrés, manipuladora" o el clásico "Viva España i visca Catalunya" que ha dominado en las manifestaciones del 12 O a las que he ido asistiendo regularmente con afán de testimoniar que el territorio no "es" exclusivamente de los secesionistas, por más que tengan un plan, que arranca desde la escuela y llega hasta el uso privado de la Generalidad, convirtiéndola en Particularitat, algo que se advierte, sobre todas las cosas en el derroche de los fondos públicos parta"crear opinión" favorable a sus intentos de quiebra severa de la legalidad constitucional. En cuanto a los discursos, que no se oían muy bien, en eso fallo la organización, poco se puede añadir a lo que ya han glosado personas más competentes que yo, pero dejo constancia del feliz desempeño mitinero de Vargas Llosa, recuperando el tono de la campaña electoral cuando se postuló como Presidente de Perú, y la excelente pedagogía de Josep Borrell cuyo cartesianismo explicativo chocaba no poco con el ambiente reivindicativo de quienes lo oíamos con la misma aprobación de siempre y con idéntico agradecimiento, aunque para quienes hayan visto el debate entre él y Junqueras su intervención de ayer no superaba aquel derroche de habilidad dialéctica que dejó a Junqueras hecho unos zorros, casi en el mismo estado en que quedó Puigdedmont tras entrevistarse con Évole. Que la manifestación iba en serio lo supe cuando, dejando a Villarejo en el uso de la palabra inaudible, decidí regresar como Ulises al hogar. Entonces fue, a punto de acabarse, propiamente, el acto, cuando advertí que por Via Layetana aún seguía bajando gente, que la Plaza de Sant Jaume estaba casi llena, protestando contra los mossos y Puigdemont, y que la calle Fernando y las Ramblas eran una continuación pacífica, como había sido toda la jornada, de la manifestación de la paralela Vía Layetana. En fin, que lo más importante de la manifestación no fue que se produjera, con tanto éxito de público, sino el germen de la rebeldía frente a cualquier imposición de un relato de nuestra vida en común que sea excluyente, esencialista y autoritario, porque eso y no otra cosa era el grito de lamentable reconocimiento de nuestro "dejar hacer":"Hemos estado callados mucho tiempo", un grito, así mismo, para no permitir que el silencio vuelva a paralizarnos. Si el Gobierno central era una máquina de hacer independentistas, el independentismo lo ha sido de hacer constitucionalistas. Y en esas estamos. Y por esas estuvimos, ayer.

viernes, 22 de septiembre de 2017

El pasado vasco, ¿el futuro de Cataluña?: La casa de mi padre, de Gorka Merchán.


Cine político con resonancias chabrolianas: “La casa de mi padre” o la herida incicatrizable, un estremecedor choque de relatos.


Sigo estremecido aún, tras la tensa contemplación de una película sobre el drama familiar vasco que supuso, y sigue suponiendo, la irrupción del terrorismo como arma política en aquella privilegiada zona geográfica española. Tras la dictadura, todos pensamos que ETA renunciaría a la violencia y se “incorporaría” a la vida política española en igualdad de condiciones con los otros partidos para defender pacíficamente, mediante la palabra, un ideal de independencia al que, por lo que vemos ahora en Cataluña, no le parece fácil encajar la derrota legal que supone ser incapaz de luchar contra un estado de derecho que prácticamente hace imposible la consecución de ese ideal fantasioso, autoritario y criminal, si nos atenemos a la realidad histórica de España en sus más de quinientos años de Historia. Sigo en estado de choque, porque no solo la película, sino el coloquio posterior, con el director, con Gorka Landáburu, víctima del terror, y una estudiosa de la violencia y su traslación cinematográfica compactaron un estado de ánimo y una reflexión que por fuerza le dejan a uno, por insensible que quiera o finja ser, sumido en un dolor sordo, constante y agudo. He visto la película con una doble visión: la de la propia película y la de los tumultos orquestados contra la acción de la ley en defensa de la democracia en Barcelona, frente a un gobierno, el de la Generalidad, que los días 6 y 7 de setiembre se colocaron del otro lado de la ley, en una acción de desafío al estado que ha hallado una justa respuesta en la desarticulación del referéndum ilegal propuesta por el gobierno catalán y en la consiguiente puesta a disposición judicial del nivel no aforado de funcionarios y cargos políticos empeñados en llevar tal referéndum a cabo. No he leído Patria. O, mejor dicho, la he leído indirectamente a través de mi Conjunta. Pero ahí la tengo, en el estante-vestíbulo, no ignorando que mis pocas prisas nacen del seguimiento doloroso que he hecho toda mi vida, a golpe de siniestros titulares, de ese fenómeno a medio camino entre la delincuencia común y la política descerebrada. Sé que se trata de una historia “concreta”; pero haber leído tanto de tantos le deja a uno la falsa sensación de estar “al cabo de la calle”. La película por fuerza tiene mucho que ver con la novela, porque se trata de un enfrentamiento familiar que toma como pretexto el regreso de un empresario amenazado por ETA para acompañar a su hermano, exactivista de la banda, de la que ya ha renegado, en los últimos momentos de su enfermedad terminal. El empresario y su mujer vuelven de Argentina, donde ha vivido casi todos los años de su vida su hija, esta con un fuerte acento argentino que no tienen los padres, lógicamente. Se trata de un estupendo recurso narrativo, de un factor de distanciamiento, para que, con ojos externos, exentos de la contaminación de las pasiones que afectan al resto de personajes, veamos la índole peculiar de un conflicto que rompe familias en enfrentamientos que pueden llegar incluso a desear la desaparición del miembro de la familia que no se aviene a comulgar con el ideal patriótico que domina la vida cotidiana con un poder de coerción que Haneke plasmó a la perfección en La cinta blanca, una radiografía exquisita de la genealogía del nacionalismo autoritario (si es que hay alguno que no lo sea…).El hijo del hermano enfermo es militante de la kale borroka y está a un paso de empuñar la pistola para proseguir ese camino que lleva de la ikastola a la kale borroca y a las pistolas y las bombas. El encargo del hermano enfermo es que lo aparte de ese camino. Las tensiones entre la mujer del empresario, la cuñada viuda, que pretende “seducir” para la causa a la sobrina llegada del más allá del océano y alguna historia paralela, como la del periodista que renuncia a los escoltas para no “perder” su vida, que sigue haciendo con total heroísmo día tras día hasta que es asesinado con el famoso “tiro en la nuca”, o la propia historia amorosa entre los primos, el “preetarra” y la “argentina” sirven para describir, a grandes rasgos, una vida social en un pequeño pueblo costero no identificado, aunque fue rodada en Hernani, Fuenterrabía, Rentería y Tolosa, en la que, por mor de la narración, se concentran unos personajes y unos actos que se ajustan a la intención expositiva del relato, aunque choque, a simple vista, la libertad de acción de los terroristas. Queda claro que el empresario que vuelve renuncia a que le asignen la escolta que le ofrecen, lo que lo deja expuesto a que sea asesinado, como su compañero periodista. Esa “tensión” de la amenaza constante es una presencia fílmica de primer orden que, sin llegar al Mcguffin del maestro, nos tiene atados a la silla y sospechando de cualquier sombra. Estamos ante una película que sin los actores y actrices que tiene podría haber sido un bodrio espantoso. Pero la labor de los cinco principales: Gómez, Suárez, Echegui, Angulo y un excepcional Juan José Ballesta, que me recordó enormemente la actuación de otro gudari, Óscar Jaenada, en Todos estamos invitados, de Gutiérrez Aragón, una película que, para más casualidad, se estrenó el mismo año que la presente y con la que guarda no pocas similitudes, sobre todo por lo que al posicionamiento crítico frente al terror se refiere. Landáburu destaca de aquellos años de plomo algo en lo que no he dejado de pensar obsesivamente desde que empaticé con las víctimas: el silencio espeso y viscoso que se cierne sobre toda una comunidad; un silencio cómplice; un silencio Albal que todo lo envuelve y casi adecenta: si no se habla de ello, no existe. Si existe y no te toca, cojonudo… Ver La casa de mi padre no es fácil, sin que a uno se le dispare la vena vengativa, el odio que alienta a la parte filoterrorista de la población que, como en el caso de la cuñada, se siente agraviada por haber padecido el abuso de la autoridad y cree, en estremecedora respuesta que “hay motivos por los que es necesario dar la vida”, opuesta a la convicción de la sobrina de que ningún motivo justifica matar a nadie. Estamos, pues, ante dos concepciones de esas que se llaman “diametralmente opuestas”, porque se trata de un enfrentamiento, de posiciones que no se está dispuesto a reconsiderar ni por un momento. Que, además, anden de por medio, las rencillas de la vida cotidiana, las pequeñas historias de los rencores, los agravios o los desencuentros de una vida en una pequeña localidad, otorga a la película ese aire chabroliano que menciono en el título, un espacio reducido en el que las pasiones parecen dispararse en relación con la opresión del medio. La película, teniendo en cuenta la fortísima carga ideológica que hay en ella, no se ve con los ojos críticos habituales. Fluye, por así decirlo, con una caligrafía transparente que permite seguir la historia con agilidad y una buena planificación de los momentos esenciales que forman parte de la historia. Hay encuadres y secuencias muy conseguidas, pero la sensación de vida conseguida es de tal naturaleza que vamos más allá del concepto de documental y entramos directamente en “la vida misma” representada ante nuestros ojos atónicos con un extraordinario convencimiento que va mucho más allá de la lectura simbólica que admite y del uso discriminado de las señas de identidad. Insisto, la situación golpista que vivimos en Cataluña me ha hecho ver la película con un ojo puesto en la historia que cuenta y con el otro en las noticias alarmantes de los tumultos callejeros que intentan hacer triunfar un golpe de estado que en modo alguno puede ni debe triunfar. Me ha parecido una película valiente, desacomplejada, efectiva argumentalmente y con la virtud de poner las cartas sobre la mesa para que los espectadores lleguemos a nuestras propias conclusiones. El director se quejaba del silencio que halló como respuesta a su propuesta; la indiferencia de quienes, imagino, hubieran querido que “machacara” hasta el aniquilamiento a esta o a aquella parte, en función de las ideas que cada cual defiende. Lo que no sea “hacer sangre”, en este país tan apasionado, ya sabemos que no se estila y que se tacha de “equidistante”, sino de “complaciente” con el terror, por ejemplo. En fin, a mí me parece una película muy interesante y positiva, que toma partido por la vida e incluso, en el futuro inmediato, por el amor, como se manifiesta en la caricia con que se separan los dos jóvenes enamorados a los que separa la trinchera del odio…Hay que verla, de verdad. Por la verdad.

lunes, 18 de septiembre de 2017

La "fallida" secesionista...



Un conflicto entre la democracia española y el totalitarismo del Movimiento Nacional catalán

Vivimos ahora mismo un curioso tiempo de interregno parlamentario que coincide con el apogeo del movimiento totalitario que aspira a instaurar una dictadura nacionalista de pensamiento único en Cataluña, tierra plural donde las haya, aunque sometida a una dictadura mediática de lo políticamente correcto que, a lo largo de casi 30 años de ocupación del poder, ha sido hecho coincidir con las aspiraciones identitarias de carácter xenófobo que avergüenzan a cualquiera que comparta mínimamente los rudimentos de la democracia tal y como se entiende en la propia España constitucional y en  los países de nuestro entorno. Desde hace ya cinco años la escalada secesionista ha ido preparando un asalto al Estado que, a mi modo de ver, ha hecho perder a sus impulsores el sentido de la realidad, porque andan, esos activistas a sueldo de los presupuestos públicos -los dineros de todos-, confiados en su famoso "ara sí" que acabará seguramente en un buen puñado de oraciones ante las aras de los templos pidiendo que llegue esa independencia que de estar "a tocar" se convertirá en un cometa como el Haley, de espaciadísimas apariciones ante los ojos de los terrícolas. Tras el bochornoso espectáculo vivido en el Parlamento catalán por parte de una mayoría de escaños que no refleja, paradójicamente, la minoría de votos a la que representan -gracias a la ley electoral española a la que se acogen de mil amores, porque una ley propia (Cataluña es la única comunidad autónoma del estado español que no tiene ley electoral propia, como es bien sabido...) les dejaría sin esa mayoría de la que tanto se ufanan-, esa mayoría parlamentaria ha decidido cerrar a cal y canto el Parlamento a la espera de lo que ocurra el pregonado 1O en el que habrá, al decir de los secesionistas totalitarios, un supuesto choque de legalidades, y, al decir de los constitucionalistas, la prohibición de ese intento de referéndum que incumple todos los requisitos que, para ser considerado como tal, establecen los más reputados organismos internacionales, como la Comisión de Venecia, por ejemplo. Así pues, y a pesar de que las leyes españolas están más que vigentes, y con arreglo a ellas se juzgará a quienes las están violando y ultrajando, los golpistas secesionistas creen que vivimos en la legalidad de una ley de Transitoriedad que nos llevaría a los catalanes, con un puñado de síes que surjan en esas urnas de cuya presencia en los colegios electorales aún se duda con bastante credibilidad, nada menos que a establecer de facto e ipso facto una República Catalana.  Esta situación reverdece en la memoria aquel interregno que significó la Guerra Civil en los pueblos de Aragón en los que los anarquistas establecieron su ideal de la sociedad sin estado, algo que reflejó, para vergüenza fílmica ajena, Ken Loach en Tierra y libertad, en la que las discusiones de los anarcosindicalistas, tan sonrojantes, están a la altura de lo que hoy oímos a activistas de la supuesta ultraizquierda, diseminados por un abanico de entidades políticas que más forman un  guirigay que un frente popular. Quiere pues, el gobierno de un Presidente de la Generalidad no escogida por los ciudadanos en las urnas, que nos sintamos cómodos en este interregno autoritario y delictivo, porque va a ser, nos dicen, el trampolín para la DUI y la convocatoria de las futuras elecciones constituyentes de la nueva república. Como se advierte, por la descripción, nos movemos en la política-ficción vendida con la garantía de hecho consumado, y ahí es cuando comienzan a suscitarse todo tipo de interrogantes acerca de la viabilidad de este tercer conato, desde 1934, de proclamación de una república independiente catalana en España. La imprudencia y el populismo de honda raigambre fascista de los dirigentes que nos han puesto en esta situación es posible que se traduzca en un apartamiento judicial de la vida política de esos dirigentes y que todo acabe en la convocatoria de unas nuevas elecciones autonómicas a las que ninguno de ellos, probablemente inhabilitados, se podrá presentar. El gobierno hará bien en garantizar, sobre todo, el orden público, cuya degradación fue causa de tantos males en la Segunda República, al decir de Payne. Y la política de paños calientes seguida por el indolente Presidente del Gobierno Central, Mariano Rajoy, una vergüenza democrática en el poder, por cierto, es probable que solo consiga enconar la situación. Se ha de pasar por ello y se ha de dejar claro que frente a las amenazas golpistas ha de prevalecer la ley, igual para todos. Si el inefable Homs, tan dicharachero antes, tan callado ahora, nos amenazó con el hundimiento de la democracia española si el salía condenado, ¿cómo tomar en serio esas supuestas y bobaliconas amenazas de que "Europa no permitirá que..." tan en boga en boca de delincuentes que han perpetrado un golpe de Estatuto y un golpe de Estado en dos sesiones que han quedado para el archivo de las infamias contra la democracia. Vivimos, pues, tiempos de tensa espera y de cruce de declaraciones, amenazas, juramentos, chulerías, desplantes y ni se sabe cuántas escenificaciones de la impotencia de unos y el temor de los otros a activar el victimismo que condicione negativamente la única salida posible: las elecciones autonómicas. En fin, que estamos entretenidos, es cierto; pero, a decir verdad, es posible que estuviéramos más tranquilos si, además, hubiera, ya, algunos detenidos.