domingo, 24 de diciembre de 2017

Apostillas al documento presentado por Iceta al Duodécimo Congreso del psC. II


Segunda entrega:

La pérdida de vitalidad de nuestro proyecto no nace de la derrota de noviembre de 2010 o del retroceso en las pasadas elecciones municipales. Hace mucho tiempo que tenemos dificultades para vertebrar una mayoría social, para *representar a sectores juveniles y emergentes, para atender a sectores dinámicos e innovadores. Hemos perdido capacidad de atracción y hemos dejado de ser la referencia política para mucha gente.
         *Dudo seriamente de que esta concepción sectorial de la sociedad tenga un respaldo sociológico que permita usar este lenguaje con un significado unívoco. Por el contrario, y es tendencia que he observado en todas estas reflexiones, nos movemos, casi a cada frase, en el ámbito de la inconcreción, de la vaguedad, cuando no de la ignorancia pura y dura de lo que es la realidad, algo que suele ocurrir cuando los clichés lingüísticos sustituyen el auténtico pensamiento y su capacidad analítica. ¿Ha de tenerse una política por franjas de edad? Porque del mismo modo que ha de atenderse a los sectores juveniles, ¿Por qué hemos de desentendernos de los sectores ancianos? Me temo que tras estos clichés hay una ausencia evidente de una concepción seria de lo que es la persona y una sobreabundancia de paternalismo que, paradójicamente, es lo que acaba alejando a aquellos a quienes se aspira a representar o unir a las propias filas. Por otro lado, y concediendo, que no es poco, la existencia de “sectores dinámicos e innovadores”, porque intelectualmente la expresión es tan vacía que resulta casi imposible buscarle un referente unívoco, ¿no es razonable pensar que ese dinamismo e innovación suelen definirse por oposición a lo socialmente establecido, como los propios partidos políticos? Nos moveríamos, pues, en una especie de bucle absurdo que sólo llevaría al suicidio político por indefinición de a quiénes se representa, que es algo de lo que le ha sucedido al PSC. Este deseo de converger con esos “sectores emprendedores” se opone radicalmente a la concepción de la unidad a toda costa del mítico “pueblo catalán” y se enfrenta al férreo afán reglamentista con que se concibió el último Estatut. En términos epistemológicos podríamos decir que al PSC le hace falta una gran dosis de lógica difusa para entender la realidad, en vez de intentar hacerlo aplicando la plantilla dogmática de su ideología. La lógica difusa permite comprender situaciones complejas; la lógica dogmática actúa como Procusto con sus invitados…
No podemos resignarnos a una lenta decadencia, contemplando los éxitos del pasado y confiando en que los errores de nuestros adversarios harán que muchos ciudadanos vuelvan a confiar en nosotros.
La necesidad de renovar el proyecto político del socialismo democrático
Nuestro principal problema, que compartimos con todos los socialistas, socialdemócratas y laboristas de Europa y del mundo, es el de definir un proyecto de cambio social capaz de vencer la actual impotencia política que subordina la democracia a la ley de los mercados, *un proyecto capaz de domesticar el capitalismo global para someter la economía al bienestar de las personas y los pueblos, justo lo contrario de lo que sucede ahora. La apoteosis neoliberal que está en la base de la crisis económica del año 2007 y que todavía padecemos con dureza, no ha sido ni mucho menos vencida, ni ha encontrado todavía la respuesta adecuada desde la izquierda. **El cambio de civilización al que estamos asistiendo no está comportando una ampliación de los horizontes de progreso, más bien al contrario, suscita miedos e inseguridades, genera paro y desigualdades, agota los recursos naturales del planeta y condena a la precariedad y a la pobreza a la mayoría de los ciudadanos del mundo.
         *Más allá de la animalización ingenua del capitalismo –que parece contrarréplica de la animalización orwelliana del comunismo- y de las dificultades intrínsecas de tal acción, no parece que la formulación sea adecuada a lo que se espera de un proyecto político que pretende asegurar ese bienestar, porque “someter la economía al bienestar de las personas” se revela como un juicio no solo carente de lógica, sino incluso tan lleno de ingenuidad que no es digno de un responsable político de tu categoría, Miquel. De tu frase se deriva que la “economía global” y “el bienestar de la gente” son dos conceptos cuya relación ha de ser la de la sumisión del primero al segundo. Ahora bien, ¿acaso el “bienestar popular” y la “economía global” pueden entenderse como realidades que se oponen o que se excluyen, de tal modo que no haya una unión indisoluble entre ambos? Me parece indispensable que los discursos políticos no tiendan a la demagogia, sino al rigor conceptual exigible a quienes pretenden a dirigir una sociedad, a gobernarla. Al final de la frase advierto la coletilla nacionalista “y los pueblos” que le da cuerpo a un concepto tan vagaroso como caro a la derecha nacionalista. Te recuerdo que en la raíz del internacionalismo proletario no está el grito “pueblos de la tierra uníos”, sino “proletarios del mundo uníos”, que es lo que reza en el Manifiesto comunista, donde también se lee, como bien recordarás: “Los trabajadores no tienen patria”, algo en lo que coincide, ¡archiparadójicamente!, nada menos que con Emil Cioran, el filósofo nihilista rumano, de quien suelo repetir este aforismo con el que me identifico a carta cabal: “El hombre que se precie de serlo no tiene patria. La patria es un engrudo”.

         **¡Nada menos que cambio de civilización! Semejante afirmación tiene más de pirueta conceptual que de acierto expresivo. Si nos atenemos al magnífico e iluminador estudio de Gabriel Jackson, Civilización y barbarie, bien podría hablarse del “cambio de barbarie” en vez de del “cambio de civilización”, ¿no?, teniendo en cuenta el neocapitalismo decimonónico que están imponiendo los mercados de forma draconiana, ¿no te parece?

viernes, 22 de diciembre de 2017

Apostillas al documento presentado por Iceta al Duodécimo Congreso del psC. I


Un intento de crítica ideológica desde la base.

Me parece oportuno rescatar una serie de apostillas que tuve a bien dirigirle al entonces Viceprimer Secretario del psC, Miquel Iceta, cuando aún ni siquiera se había producido la escisión soberanista en el seno del partido, que ya comenzaba a apuntarse entonces. Al hilo del documento presentado para su discusión en el Congreso, hilé unas reflexiones cuya oportunidad en estos momentos trascendentes me parece fuera de toda duda, y ello al margen del acierto o desacierto del modo como las formulé. Me parece que hay en esas apostillas una crítica no solo del lenguaje político, sino, sobre todo, de una práctica política que basa en la vaguedad, la anfibología o directamente la trivialidad chapucera una manera de hacer política cuyas resultados estamos viendo. Discuto a través de ella, conceptos axiales en la práctica política de un partido que se preciaba de ser "el verdadero espejo de la sociedad catalana" y que, andando el tiempo, ha devenido apenas una pieza del puzzle endemoniado en que se ha convertido Cataluña. El método seguido es el habitual del fisking: aporto el texto de Iceta y, a continuación, figuran las apostillas. Espero que puedan ser de interés para la pequeña historia de nuestra movida vida política. Estamos en el 2011, es decir, se acaba de inciar la deriva independentista que nos ha traído a la postración actual. Nunca está de más, me ha parecido, echarle un vistazo a la actuación de un partido, entonces importantísimo y hoy en franco declive, porque no son pocas las lecciones que de esa experiencia pueden extraerse. 

HACIA EL 12º CONGRESO
Los retos del PSC
El PSC debe renovarse y ampliar su espacio. Tiene que encontrar fuerza en sus valores, en sus raíces y en su historia. Nuestro principal problema no es el de acertar en la elección del nuevo Primer Secretario o Primera Secretaria. Primero hace falta que nos pongamos de acuerdo sobre qué hay que hacer en la próxima etapa. Aquí tenéis mis reflexiones al respecto.
He aquí una de las clásicas peticiones de principio: dar por sentado aquello que ha de ser probado. Es evidente que si hay algo en cuestión desde los últimos fracasos electorales es, precisamente, cuál sea ese espacio y cuáles sus dimensiones. Es probable que todo un congreso dedicado a ese tema no arrojara más que ideas generales y juicios ultrasubjetivos imposibles de casar con la realidad. El espacio socialista se ha de ir construyendo con la praxis del día a día en función de las convergencias ideológicas de sus militantes, y no puede ser definido como algo fijo, inamovible, porque la realidad nos enseña que ha ocurrido todo lo contrario: las ideologías no tienen ya espacios fijos, ni dogmas irrefutables. Y lo peor de todo es definirse por vía negativa: el espacio socialista es el que no es convergente ni democratacristiano ni liberal ni comunista ni ecologista ni…
Nuestros valores siguen siendo los mismos: libertad, *igualdad, fraternidad, laicidad, justicia, **responsabilidad e internacionalismo. Pero nosotros tenemos que cambiar, nuestra organización tiene que cambiar, nuestra forma de hacer política tiene que cambiar, nuestra relación con la sociedad tiene que cambiar. Y los cambios tienen que comenzar aquí y ahora, en nuestro 12º Congreso. El congreso de la renovación del compromiso socialista, del compromiso nacional y del compromiso con todos los y las progresistas.
*Este es un de los conceptos que deberían ser repensados para evitar ciertas argumentaciones de peso que se han vuelto contra el ideario socialista. La igualdad ha acabado confundiéndose con el igualitarismo y, por ende, con la desincentivación de cualquier esfuerzo que no halla recompensa ni reconocimiento. Una prueba de ello la tenemos, por ejemplo, en el ámbito de la enseñanza, donde la desaparición de la carrera docente, en la que estaban marcadas las responsabilidades de cada cuerpo docente, ha promovido una equiparación “a la baja” con los resultados académicos consiguientes; y no digamos ya con la actual política de difuminación de responsabilidades incluso entre cuerpos distintos, como el de Primaria y el de Secundaria, con la nefasta reordenación de la ESO. Repensar un concepto tan aparentemente bien intencionado como la igualdad supone reconocer la radical desigualdad de partida de los seres humanos y la “obligación” socialista de garantizar la única igualdad que tiene significado en nuestros tiempos: la igualdad de oportunidades para que, después, cada cual pueda escribir libremente su destino, algo que, desgraciadamente sigue ignorándose incluso con cierta pertinacia, como la negativa de Ernest Maragall a promoverla mediante la reasignación de las cuotas de inmigrantes entre la escuela pública y la concertada. Es decir, que se ha de ascender desde el empedrado infierno de las buenas intenciones, desde la inmaculada retórica de los valores incontaminados, hasta la dura realidad en la que ha de lucharse contra la desigualdad con medidas auténticamente socialistas, que no pasan, por cierto, seguimos en el campo de la enseñanza, por rebajar los niveles hasta ese infierno, para ofrecer una promoción educativa que ni por asomo puede ser considerada como tal desde un mínimo de exigencia social.
**No ignoro que uno de los grandes males de la política es el encadenamiento de conceptos y frases repetidas hasta la saciedad como una especie de mantra para huir del horror vacui, algo que, sin embargo, le rinde excepcionales intereses electorales a la derecha robótica, máxime cuando la acción socialista traiciona sus orígenes y se ancla a una identidad no renovada. Lo propio es preguntar, Miquel: ¿Hay algún partido que predique la irresponsabilidad? Porque se vuelve un sinsentido la reclamación de ese espíritu de responsabilidad como algo específicamente socialista. Otro tanto de lo mismo ocurre con el internacionalismo. En este mundo global ningún partido puede concebirse sin una dimensión internacional, ni aun siquiera, aunque parezca paradójico, los nacionalistas. De lo que se trata es, a estas alturas, de marcar de forma inequívoca el signo político de ese internacionalismo: gobierno central europeo, reforma de la ONU para evitar la capacidad de veto heredada de la II Guerra Mundial, Instancias judiciales con jurisdicción mundial, desaparición de los paraísos fiscales, comercio mundial basado en el respeto al precio justo, etc. 
Son muchos los catalanes y catalanas que pueden compartir los valores que integran nuestra Declaración de principios, tenemos que construir con ellos un proyecto que aspire a representarlos y una organización útil para hacer vivir los valores compartidos y promover la participación y la creatividad.
La renovación del PSC exige claridad en la definición de un proyecto de progreso para Catalunya, y rotundidad en su defensa dentro y fuera de Catalunya. Un proyecto que asegure *el progreso económico sostenible, la cohesión social y la calidad ambiental, que impulse el autogobierno de Catalunya **y preserve la unidad civil erosionada por tensiones identitarias y el impacto de la inmigración.
         *Hay conceptos mitificados desde la izquierda, y uno de ellos es el ambiguo concepto “progreso”. Del mismo modo que las raíces socialistas nos hablan de la Historia como un proceso con un destino, con un objetivo, el gobierno de los trabajadores y la creación de la gran patria del socialismo, donde ya no exista el capitalismo, algo que ya ningún partido de izquierdas se atrevería a vocear públicamente, salvo los muy fieles a las raíces estalinistas del mismo, ¿no sería conveniente comenzar a hablar de una “actividad económica razonable que permita el mayor bienestar posible de los ciudadanos”? La idea de que la economía implica “progreso” es algo que no se sostiene ni teórica ni prácticamente, atendiendo al deterioro del planeta y a las abismales diferencias entre unos y otros países y entre unos y otros ciudadanos dentro de los propios países avanzados. Las condiciones de vida pueden mejorar, pero en ello no hay ningún progreso, sino el mero proceso lógico del desarrollo del pensamiento, de la técnica.
         **Me consuela que, aunque sea de forma tan atenuada, se mantenga públicamente que la famosa “unidad civil”, un concepto tan resbaladizo que pocos que se atrevieran a definirlo se mantendrían en pie, ha sido erosionada, es decir, que corremos, en Cataluña, un serio riesgo de fractura social que, en el fondo, a nadie debería de asustar, porque cualquier sociedad democrática se estructura en función de esas  “fracturas” que representan las diversas ideologías de sus ciudadanos y de sus intereses de todo tipo: económicos, intelectuales, religiosos, deportivos, ecológicos, etc. El PSC, sin la coletilla logotípica del PSOE, se ha apuntado a la concepción unitarista y milenarista de “pueblo catalán” y de su “unidad sacrosanta”, que únicamente le ha hecho el juego al nacionalismo mercantilista que ha acabado recuperando el poder sin apenas hacer otra cosa que esperar a ver el naufragio de lo que sólo podía entenderse como una impostura, una impostación ideológica que, como era previsible, no ha sido entendida por nadie, ni dentro ni fuera de Cataluña. La unidad, la cohesión de una sociedad no se mide en los términos impuestos por el discurso nacionalista, sino en la calidad del ejercicio de los derechos individuales que garantiza la Constitución y un Estatut que, con su modificación, pretendía, más allá de mejorar el autogobierno, convertirse en otra Constitución en igualdad de condiciones, de lo que se ha derivado una tensión soberanista cuyos frutos están recogiendo ahora aquellos a quienes ha beneficiado políticamente ese disparate socialista incomprensible, esa sobreactuación nacionalista, esa impostación ridícula de una fe sobrevenida quién sabe si entre chistes sobre la coronas de espinas del dios de los cristianos. La teoría germánica de la patria, el pueblo, el caudillo y la lengua está bien para los nacionalistas, que maman desde pequeños el rechazo al otro, el chovinismo y la exaltación de lo propio en términos de competitividad con lo ajeno; pero no para el socialismo del siglo XXI.

 Finalmente, que el “impacto” de la inmigración erosione la “unidad civil” es una tesis que se acerca peligrosamente al discurso derechista de Albiol et alii, porque, desde una óptica defensiva nacionalista, el inmigrante se presenta como la amenaza, como el enemigo. No dudo, Miquel, de la bonhomía desde la que has formulado tu análisis, pero, más allá de las intenciones, está la objetiva textualidad de lo dicho, cuyo significado puede incluso sorprender a quien la ha producido. Las palabras tienen eso, a veces hablan ellas a través de nosotros, y no al revés.

martes, 19 de diciembre de 2017

Un relato erótico de Marsé llevado al cine por el director suizo Markus Fisher: "La liga roja".


Un curioso thriller erótico de lo que los especialistas llaman porno soft, es decir, una sexualidad insinuada, no explícita. Breve, intenso y estilizado, Marsé, y todos los provincianos, pueden verlo aquí.

Gracias a un informador que ha leído con atención mi reseña del acto de presentación de los cuentos de Marsé, en esta Provincia, llevado a cabo en la biblioteca Jaume Fuster, diseñada, por cierto, por el hijo de una antigua compañera de trabajo de mi Conjunta, el arquitecto Josep Llinàs, me ha sido revelado el extraño modo de acceder a la película erótica que Marsé dijo que se había hecho de uno de sus cuentos, La liga roja en el muslo moreno.El enlace que gentilmente me ha sido facilitado está nada menos que en ruso, y responde a estos caracteres: кино 18+...Красная подвязка!!! El mediometraje, porque dura escasamente media hora, fue dirigido por Markus Fisher, autor cuya única película en el banco de datos de FilmAffinity es Marnorera, 2007, y de la cual ignoro si se ha llegado a estrenar en España o no. En cualquier caso, la película sobre el cuento de Marsé forma parte de una serie de películas de erotismo light, lo que en la época del destape se clasifico como películas S, titulado Erotic Tales, en cuyo volumen 5 aparecen  Das rote Strumpfband (La liga roja)junto a la explícita Can I be your bratwurst, please?, de Rosa von Braunheim y la enigmática Georgische Trauben (Uvas georgianas), de Georgi Shengelaya. El relato, adaptado a la realidad germánica, se plantea como un caso de secuestro con el objetivo de, mediante la amenaza física expeditiva, abusar sexualmente de la secuestrada, vecina del secuestrador. Toda la acción transcurre, pues, en el piso de él,  en el que la televisión emite, de fondo, permanentemente programas en castellano, pues el inquilino responde al nombre de Juan y se entiende que es un inmigrante. Se establece un insinuante juego de dominaciones que, sorpresivamente, en un momento dado, cambia de protagonistas, pues ella se apodera del cuchillo que confiadamente ha dejado él y  gira la situación 180º, para intranquilidad de los espectadores, quienes en los dibujos de la punta del cuchillo por la morfología del vecino se teme lo peor de la venganza. Antes de ese giro, lo más "transgresor" del relato es la masturbación que él le hace a ella, maniatada, estando ambos frente al aparato de televisión en el que se retransmite una corrida de toros. Adelanto que la película no está subtitulada, que no entiendo del alemán sino palabras sueltas que comparten la raíz con el inglés y que no he leído el relato de Marsé, pero el lenguaje de los actos es transparente, y, en definitiva, la película no busca teorías ni explicaciones ni elucubraciones retóricas, sino excitar a los espectadores, que es lo propio del cine erótico. No estamos, sin embargo, ante una película porno, lo que permite intuir que habrá, me imagino, algo de torturada psicología seductora en personajes que han de recurrir a la amenaza, cuchillo en ristre, para disfrutar de la sexualidad que, al final... No, no, aquí me paro. Dejo en manos de los provincianos pasearse por esta auténtica rareza que es una película erótica suiza a partir de un cuento de Marsé. Agradezco al enigmático provinciano accidental Fazer 30-30 que me haya permitido acceder a esta curiosidad de la que me limito a dejar constancia y a invitar a visitarla a cuantos quieran ver otra adaptación de una obra de Marsé al cine, en el que no ha tenido, a decir verdad, siendo él un cinéfilo de pro, excesiva fortuna. Juzgue cada cual cómo ha sido tratado en el ámbito del cine erótico suizo...

sábado, 16 de diciembre de 2017

Las razones y sinrazones del voto.


Una megaencuesta urgente: ¿por qué votamos lo que votamos?

No voy a recordar aquello cervantino de la razón de la sinrazón que a mi razón se hace..., sino a sugerir que ya va siendo hora de que en España se haga un estudio serio sobre las razones y sinrazones del voto, no solo porque podría ser esclarecedor de nuestra experiencia de la política, sino porque podría convertirse, a pesar del rigor insoslayable con que hubiera de plantearse y redactarse, en una inesperada fuente de excelente humor. Aún recuerdo, a modo de batallitas electorales, cuando siendo yo apoderado de un partido de izquierdas, se presentó una viejecita en el colegio electoral mascullando que quería votar "al del bigote", uséase, en aquel entonces, el inefable Ánsar, sin saber siquiera que había de hacerlo mediante una papeleta. La perplejidad de muchos fue que tomara yo la iniciativa, con harto dolor de mi corazón, pero mayor compasión, de meterle en el sobre a la señora la papeleta que quería. Quizás desde entonces  no ha dejado de darme vueltas en la cabeza la idea de ese macroestudio (no menos de 50.000 entrevistas como fundamento del análisis) que nos informara a los españolitos curiosos del variado mundo de las razones y sinrazones que tuvo y  tiene habitualmente el voto en nuestro país. Lo intenté con dos hijos, para que lo escogieran como tema del trabajo de investigación del último año de bachillerato, pero se olieron que aquello tenía un trabajo para el que no se veían con ánimos, y no estaban equivocados. Con todo, alguien habrá, sigo pensando, que vea en esta sugerencia mía una posibilidad de investigación social con futuro. No ignoro que este tipo de investigaciones no tiene mucha tradición en nuestro ámbito académico, pero estoy convencido de que, bien hecha, arrojaría mucha luz sobre algo trascendental para la vida pública, como los considerandos de la sentencia que cada cual dicta con su voto cuando es llamado a elegir un parlamento y un gobierno. A ver si antes de que me metan en la última urna, en esa suerte de voto definitivo que es la incineración, puedo ver satisfecha mi curiosidad política...

miércoles, 13 de diciembre de 2017

"Las Hurdes, tierra sin pan" en el Reina Sofía.


Entre el panfleto militante, la pasión etnográfica y el fictodocumental: Las Hurdes, tierra sin pan a dos pasos del Guernica...

Una brevísima escapada de unas horas al Reina Sofía, como magro botín de unas jornadas familiares con dedicación exclusiva, me han permitido ver en un escenario inusual, un museo, en vez de en una sala de cine, un documental propiamente mítico, como Hombres de Arán, de Flaherty: Las Hurdes, tierra sin pan, de Luis Buñuel, rodado cuando el aragonés abandonó el surrealismo y se afilió al Partido Comunista. El documental, que propiamente deberíamos calificar de fictodocumental, pues se trata de una obra escenificada conforme a un guion inspirado en el documentadísimo estudio del antropólogo Maurice Legendre, Las Jurdes: étude de géographie humaine, lo que requirió incluso ensayos y actuaciones retribuidas, amén de algunos "trucajes", como el "accidental" despeñamiento de la cabra  o el intercambio de la dentadura de una niña por el de una vieja, amén del sacrificio del burro, atacado por las abejas; el documental, digo, significó un ataque en toda regla a las políticas de la recién nacida Segunda República e incluso llegó a ser prohibido por las autoridades republicanas. Las imágenes, al margen de los "apaños" y de la posible intencionalidad política de la película, son estremecedoras y nos trasladan a una España que en modo alguno podemos entender como una sinécdoque, sino como un caso ni excepcional ni general, sino fruto de una condiciones geográficas y sociales muy particulares. De hecho, si algo me vino a la memoria mientras contemplaba el documental en la sala desangelada del museo fue la película Los santos inocentes, de Camus, basada en la excepcional obra literaria de Miguel Delibes, cuya lectura deparará una grata sorpresa a quienes solo hayan visto la excelente adaptación cinematográfica. Las condiciones de vida de esos Inocentes, sobre todo en La Raya, aislados del mundo, viviendo casi en una cueva, pertenecen a los años 60, treinta después de las miserables condiciones de vida que recoge el documental de Buñuel. Vidas infrahumanas, aquellas de la comarca de las Hurdes y las de los Inocentes sometidos, como Pco el Bajo, al capricho de un señorito fascista. Al margen de la polémica ética sobre la filmación del documental, de su carácter de instrumento político y de su relativo valor antropológico, lo cierto es que las condiciones de vida que se reflejan en él, de una dureza extraordinaria, remueve cualquier conciencia. Más allá de los gallos decapitados, del bocio efectista o del cretinismo rampante en la comarca, hay una galería de rostros, de ademanes, de espacios, de intentos de supervivencia que se le agarran a uno al torozón de la congoja y no le suelta durante la media hora escasa que dura la crónica de un aislamiento, de un olvido, de la incuria política y de la maldición geográfica. Aunque filmado desde la militancia comunista recién asumida, lo cierto es que buena parte de la película, si no toda, nos parece salida de un delirio surrealista instado por la lectura del Infierno de Dante. El traslado del cadáver de la criatura, atravesando sierras  y un río, como un antimoisés, para llegar al lejano cementerio, resulta espeluznante; del mismo modo que los rudimentarios cultivos en terrazas expuestas a ser devastadas por una riada que se lleve por delante tantos ímprobos esfuerzos nos parece algo así como el mito de Sísifo. Las imágenes del pueblo, con sus tortuosas calles de piedras, el hambre, los tétricos interiores de las casas con "cama única", y la sobreabundancia de chiquillería sin futuro, nos meten el corazón en un puño revestido de guantelete que nos lo oprime hasta la extenuación. De poco o nada vale, a posteriori, leer al respecto, sobre las luces y sombras del fictodocumental: hay rostros anfractuosos, juventudes inverosímiles, ropas de escaso abrigo, ignorancias abismales, resignaciones pétreas, calzados que no calzan, hambres de muchas jornadas, silencios desamparados, seriedades de ultratumba y ninguna sonrisa ni mirada clara ni atisbo de esperanza... Muy cerca estaba el Guernica, que vi en el MOMA, en el exilio, y de nuevo en España, a su regreso, pero todo el drama de una guerra civil no puede competir con la guerra sempiternamente perdida de esos antepasados nuestros... A su lado, la excelente obra de Juan Gris y la de tantos cubistas en salas próximas parece, por contraste, el encuentro entre el antropólogo y las tribus perdidas de Papúa Nueva Guinea. El severo recinto del Reina Sofía, que fue hospital en su tiempo, contribuyó con su seriedad desnuda, camino de la salida, a paliar la conmoción sufrida...

viernes, 1 de diciembre de 2017

La lógica "rancional".


La lógica de la Torilandia carpetovetónica.


Así abrí las puertas de esta Provincia sin fronteras hace algunos años:
Paseando con mi muy amada interlocutora predilecta, mi Conjunta,  me ha venido con el vértigo de la inspiración el descalificativo con que describir el modo de pensar que se ha extendido en Torilandia: rancional. Hemos reído con ganas porque ha funcionado la ley del gazapo, como aquellos que cazaban en La Cordorniz, o la del lapsus linguae freudiano, más antiguo pero más moderno, para entendernos. El caso es que desde mi atalaya, un modesto observatorio privilegiado, la política nacional se contempla como un eterno sainete en el que esa lógica rancional se multiplica a cada nuevo cráneo previlegiado que abre la boca para exhalar regüeldos que quiere hacer pasar por pensamientos. Prestémosle atención al último exabrupto del sector autonómico: equiparar el uso del castellano y del catalán en el sistema educativo catalán es un atentado contra el catalán como no se había visto desde 1978, ha venido a decir la consejera autonómica del ramo con un despliegue de ofendido papo valleinclanesco. Y quedose tan pancha y oronda y filológica. Prohibir una de las dos lenguas oficiales en Cataluña (los progres acomplejados han de escribir Catalunya, como Girona o A Coruña...) se ve que es una defensa de la cultura. Impedir que los escolares se formen sólida y propiamente en las dos lenguas propias y oficiales de la comunidad autónoma es, así mismo, otra defensa, en este caso acérrima -que está más cerca de lo que en realidad es, una cerrilidad-, de la educación y, de rebote, de la cultura. De igual manera, esa ministra a medio camino entre el cubismo picassiano y los esperpentos de Solana, Fátima Báñez, aplicando los principios universalmente reconocidos de la lógica rancional, pretende hacernos creer que van a prohibir que los jubilados fleten autobuses para ir a su ministerio a agradecerle que les priven de la revalorización de las pensiones. ¿No se advierten en estas maneras penseriles -sí, sí, muy cerca del pienso, pero ya sabemos de cuál...- un sí sé qué de la inefabilidad anguitiana excatedrista? Se ha de reconocer que la lógica rancional es, como dicen ahora los modernos, "transversal". Es acogida en cualquier formación política de, como dicen los politicronistas, todo el espectro ideológico, una expresión que asusta bastante más que el referente, la verdad, que ya es decir. Recalaremos, con más calma, en los postulados fundamentales de esa lógica rancional, aún por elucidar. Tiempo habrá, que eso te regalan la crisis y la pobreza, ¡y nosotros, desagradecidos, nos quejamos!

Y lo cierto es que hoy las muestras de esa rancionalidad dominante son de tal envergadura que bien podríamos hablar de que constituyen ya una neolengua alternativa a la descrita por Orwell en 1984. Entonces, 2012,  aún estaba en cierne el prusés como Movimiento Nacional conspirativo dispuesto a romper el Reino de España para desgajar un pequeño estado independiente contra la mayoría de los habitantes de dicho territorio y más en pañales aún la existencia de los defensores de las soberanías compartidas, la tribu podemita ramificada en grupúsculos de variopinta y se supone que convergentes ideologías, que tantas alegrías rancionales nos deparan continuamente, para regocijo común y particular del provinciano mayor que ostenta la propiedad de tan parvo como inagotable espacio, es decir, mi menda leyenda que dijo mi otro Juan. En fin, quería recordarlo, sencillamente, por hacer memoria del esfuerzo continuado de atención social que supone mantener abierta esta Provincia, tan olvidada como la mayoría de las de nuestro territorio. Mi solidaridad con todos esos espacios dejados de la mano de los presupuesto es total. Y sí, si Teruel también existe, ¡y cómo no, provincia tan bella!, Provincia mayor no se queda chica;  ni en la Torilandia carpetovetónica a la que se abre le falta su torico,  que embiste con la dialéctica afilada como que el que más. O con eso me consuelo, vamos…

martes, 21 de noviembre de 2017

“La puerta del Infierno”, de Rodin, un proyecto creativo de 37 años.


El pensador, de Rodin, en su contexto preciso, pero con su incierto sentido.

Soberbia exposición sobre una aventura artística que duró 37 años, la creación de una puerta para el futuro Museo de las Artes Decorativas que nunca llego a construirse, del mismo modo que Rodin jamás vio la fundición de la obra, solo el molde definitivo al que llegó tras años y años de pruebas, cambios, retoques y  descartes que hoy contemplamos como obras de arte incomparables: El beso y Adán y Eva, por ejemplo. Del mismo modo, una de las figuras de La puerta del Infierno que se emancipó de ella fue El pensador, cuya presencia maciza, telúrica, imponente, en una habitación del Museo Mapfre donde comparte espacio con El beso, deja al espectador anonadado. La exposición sigue el recorrido cronológico de la creación  de la Puerta… y nos permite disfrutar de un sinfín de motivos narrativos que Rodin fue creando y corrigiendo hasta encontrar exactamente lo que se compadecía con el hilo narrativo que había de tener la obra: el Infierno de Dante. Está claro que Rodin no se ciñe al libro en todos los motivos escultóricos, porque la propia figura del pensador que corona el tímpano de la Puerta… nada tiene que ver con la obra literaria. Al parecer, la lectura de Las flores del mal, de Baudelaire, una de cuyas ediciones él ilustró, influyó no poco en la elección de los motivos para su Puerta... No hay un afán didáctico excesivo, que es el peligro que acecha a tantas exposiciones, pero tras haberla visto, el espectador tiene una idea clara del magnífico esfuerzo creativo que supuso una obra de arte que, sin embargo, y por razones obvias, no hemos podido ver en ella: el molde final de la Puerta…o una de sus fundiciones, lo que incita a cualquier que la vea a reservar billete a París para ver una de las 8 fundiciones que existen en el Museo Rodin o el modelo en yeso en el Museo de Orsay. La primera escultura que vemos es La edad de bronce, que fue acerbamente vapuleada por los críticos al denunciar que había sido construida a partir de un molde tomado del natural, lo cual obviamente, era falso. La gracilidad del movimiento levemente insinuado en la obra tiene un carácter musical, porque se trata de un gesto de danza. Posteriormente, dos figuras que fueron descartadas, y que fueron pensadas para los laterales de la puerta, como dos cariátides, Eva y Adán, nos introducen en el genio de Rodin: la fragilidad estilizada de Eva contrasta poderosamente con el poder gigantesco de Adán, quien, sin embargo, está captado en un gesto que se desdice de la rotundidez formal de su exaltada virilidad Hay una ternura ensoñadora en su gesto que nos recuerda el David de Miguel Ángel. Eva representa un gesto de la vergüenza que no acaba de entender el porqué de la misma. Hay arrepentimiento, pero, también, el candor del desconsuelo que despierta en quien la contempla la generosidad de la protección. Entre el más del centenar de figuras que contemplamos, me ha llamado la atención la Pequeña sombra mirando el abismo. Un ser retenido sobre sí, atreviéndose y retrayéndose a tiempo. Una pierna bien afincada sobre el terreno, en el espacio seguro de la protección, y la delantera, por el contrario, tanteando la frontera del abismo que lo atrae. ¡Qué facilidad, la de Rodin, para captar el conato de la emoción, ese momento auroral del sentimiento en que ha de definirse hacia una u otra manifestación! Ahí está la máscara de la llorona y los centauros. ¡Qué momento intenso del dolor que nos gobierna y que intentamos en vano sofocar! El labio entre tembloroso y mordido, la frente fruncida, los ojos cerrados y la mirada abierta solo a lo que duele por dentro, a la llama que nos consume… Entre las figuras descartadas, ¡qué delicada imaginación la de la cariátide caída que sostiene, sin embargo, la piedra cuadrangular donde se apoyaba cuanto no ha podido resistir! ¡Cuánta compasión en esa figura derrotada que se esfuerza por rescatar de su propia dignidad su razón de ser! Impresionante es, también, la versión en cobre de la cabeza cortada de Juan el Bautista, quien fija en su expresión la intensidad fulgurante del corte que la separa definitivamente del cuerpo. La cabeza, por su serenidad, se sabe ida más allá de la materia, pero aún ligado a ella, camino de la oscuridad a la que abrirá los ojos cegados por el brillo de la espada. Alguna relación hay entre ese dolor y el goce de la Cabeza de la lujuria, en forzado escorzo lateral de la reconcentración en un placer distante que nos recorre el cuerpo hasta la cabeza, la que, sin embargo, lo represa sin agitación, pero con la intensidad de quien paladea todas las sensaciones que ha ido hallando a lo largo del camino desde los puntos sensores hasta el rostro que no engaña sobre lo que siente.


El pensador es capítulo aparte. Aunque corona  La puerta del Infierno, tiene una vida propia al margen de ella, y pocos la relacionan con dicha Puerta…, como es mi caso. De hecho, no acabo de ver con claridad el porqué de su ubicación privilegiada en la Puerta…, como si pudiéramos sentarnos a pensar si podemos o no podemos adentrarnos en el infierno, caso de haber sido condenados o si, por el contrario, se trata de una apelación moral, una admonición sobre nuestra responsabilidad individual para evitar el hecho funesto de traspasar esa puerta que se abre bajo la piedra sobre la que el pensador discierne cuál ha de ser el camino de la vida que ha de escoger, según el bivio pitagórico. Este pensador gigantesco, cuyas dimensiones por fuerza han de impresionarnos a nosotros, débiles espectadores de su monumentalidad, piensa desnudo, sí, sentado sobre una piedra, hecho enorme bloque de piedra esclarecida, elucidado de lo informe hasta encontrar la dureza exacta de las proporciones aéreas, porque el pensador se lanza a un vuelo de preguntas entre nubes de hipótesis. La boca se agrieta en un gesto escéptico contra los nudillos esquinados de la mano y ambos brazos descansan sobre la misma pierna, la izquierda, lugar cordial del pensar. Visto desde el lateral son muchas las líneas creativas de la figura que se cruzan y descruzan hasta formar, incluso, una tela de araña o un laberinto. El gesto ceñudo es el propio el no saber, de no saber ni el qué ni el cómo ni el cuándo ni el dónde. Abstraído está, esto es, llevado fuera de sí, de la materia, hacia un laberíntico ecosistema de proposiciones. ¿En qué piensa El pensador? Todo él parece formado a golpes de pellas de barro endurecido por el dolor del pensamiento, ese “otro” parto. A su lado, qué anodino nos resulta El beso, una suerte de acuarela de la escultura, si comparada con la obra del inmortal Bernini.